Octávio Caúmo Serrano
Traducción Maria Renée San Martin – relu2521@yahoo.com

No es difícil contestar a esa pregunta. Somos seres imperfectos, pues habitamos en un mundo de pruebas y expiaciones. Parecenos una explicación perfectamente razonable.

¿Por cuanto tiempo seguiremos imperfectos y con tendencias más malas que buenas? Ahora, la respuesta se torna más dificil, porque eso va depender de cada uno, individualmente, aunque el colectivo pueda ejercer alguna influencia para que el hombre sea mejor o peor. Incluso, porque la humanidad es la suma de todos nosostros. Es la consciencia planetaria. Sin embargo, todos tenemos un derecho sagrado que se llama libre albedrío lo que decide se vamos mejorar o desmejorar.

¿Por qué razón nosotros aún somos tan imperfectos? La respuesta primera es: por ignorancia. El desconocimiento de los valores verdaderos nos perjudica más de lo que los errores que cometemos. Hay ocasiones en las que hacemos el mal, imaginando que es un bien.

¿Por qué somos ignorantes? Porque fuimos criados por Dios simple y sin ningún conocimiento y, desde el momento en el que migramos del raciocinio hacia la razón, nos llenamos de necesidades que nos crearon más problemas que alegrías. Después de pasar por los reinos primarios de la creación, donde solamente nos defendíamos, sobrevivíamos y procreábamos, empezamos a tener deseos: pasiones, vanidades, avaricias, aflicciones, etc. Sofocamos las virtudes de la paciencia, de la resignación, de la fe y del deseo de crecimiento moral que generalmente conflictan con el desarrollo material. “¡Nadie puede adorar a dos señores”, ya nos enseñó Jesus!

¿Cuánto tiempo nosotros tuvimos para aprender lo que aún desconocemos?

Podríamos decir que eso es variable de individuo para individuo. Unos ya vivieron muchas encarnaciones; otros, menos que ésos y, otros, hasta mucho más. ¿Cuántas? Cientos, millares. ¿Quién sepa? El cierto es que fueron innumeras, y eso puede ser constatado por nuestro actual momento. Si, con el conocimiento del Evangelio y,  para nosotros, con  las orientaciones del Espiritismo, nuestro avance es tan pequeño, imaginemos nuestra estagnación, cuando desconocíamos las informaciones básicas que la Doctrina Espiritista nos ofrece. Nos dice Emmanuel, en el libro “Viña de Luz”, que “el Evangelio no habla a los embriones de la espiritualidad, sino a las inteligencias y corazones que ya se muestran interesados de recibirle el concurso”.

Aún somos de aquellas personas que faltan con la palabra, que sienten desánimo delante de los menores obstáculos y que son insensibles frente a las miserias del mundo. Cómo no nos comportábamos, entonces, ¿cuándo vivíamos cual si esta vida fuese la única? Si nuestro egoísmo, hoy, es avasallador, podemos imaginar como era antes de este conocimiento.

Cuál la ventaja de mejorar, espiritualmente, ¿mientras vivimos en un planeta inferior cómo nuestro? ¿Dónde iremos a reencarnar, después de vencer esa etapa? ¿Va a valer a pena? Las respuestas son muchas…

Estamos enterados de que la Tierra está en transición y será, muy breve, un planeta mejor, pues se quedará entre los llamados mundos de regeneración. Todavía, nada extraordinario cuando comparado a los mundos felices o puros, habitados por espíritus que se aproximan a la perfección y que, según el Sermón de la Montaña, serán los puros de corazón que, bienaventurados, verán Dios.

Considerándose el avance de la Tierra para un planeta de regeneración, sus habitantes deberán tener un esmero bien mayor que nuestro actual, para ser dignos de hacer parte de su humanidad. Por tanto, quedarse en la Tierra, en una nueva encarnación, ya será un progreso extraordinario. Basta que nos recordemos de la expurgación de los habitantes de Capilla  y otros análogos  que fueron desterrados de sus mundos, cuando ellos progresaron, en episodios análogos a lo que está ocurriendo con la Tierra. Si no somos los Exiliados Terráqueos, ya debemos nos sentir recompensados por cualquier esfuerzo que hayamos hecho, porque viviremos en la nueva Tierra de menos enfermedades y conflictos, aunque el trabajo y el esfuerzo de evolución sigan siendo primordiales para el crecimiento espiritual.

¿Por qué se da ese tipo de exilio? Porque la sintonía entre el planeta y su habitante es fundamental para que las partes se armonicen. Emmanuel ya dijo que, sin antes cuidar de nuestra mejora individual, sera inútil intentemos nuestra entrada en mundos adelantados, porque estaríamos huérfanos de sintonía para corresponder a los apelos de la Vida Superior. O sea, nadie llega a los Planes Elevados por favores, sino que por conquista personal e intransferible.

¿Y si no conseguimos progresar, qué pasará con nosotros?

Va a revivirse el episodio de Capilla, cuando seremos transferidos para mundos primitivos o inferiores, para ayudar con el conocimiento que aquí adquirimos. Sin embargo, caso no pasemos en esa selección para ingresar en el nuevo mundo, dondequiera que reencarnemos, ya seremos personas mejores, y tendremos tareas de auxilio al prójimo, amparados por la Espiritualidad Mayor.

Sirviendo el semejante, estaremos ejercitando nuestra bondad, caridad, benevolencia. Una ala ya estaría emplumada: la del conocimiento. La otra estaba aún implume: la de la moral. Y, sin las dos alas completas, nadie vuela. Por la misericordia de Dios, recibimos nuevas oportunidades para un crecimiento que podría haber sido natural, espontáneo, pero que no encontró eco en nuestro corazón y solo se dará bajo coacción. No la coacción del castigo, sino de la conciencia que se verá cada vez más cobrada por la vida, a fin de que el ser se humanice y comprenda que nadie puede ser feliz solo.

Finalizamos con palabras de Kardec, del Libro “De la Comunión del Pensamiento”, editora CELD: “El conocimiento del Espiritismo no es indispensable a la dicha futura, porque no tiene el privilegio de hacer electos. Es un medio de llegar más fácilmente y más seguramente al objetivo, por la fe razonada que él da y a la caridad que inspira. Alumbra el camino, y el hombre, no más siguiendo a ciegas, marcha con más seguridad, pues él comprende el bien y el mal; da más fuerza para practicar uno y evitar el otro. Para ser agradable a Dios, observar sus Leyes, esto es, practicar la caridad que las condensa la todas. Ora, la caridad puede ser practicada por todo el mundo. Despojarse de todos los vicios y de todas las inclinaciones contrarias a la caridad es, pues, condición esencial de salvación.”

Quien quiera, por tanto, trate de salvarse, porque el Espiritismo, o cualquiera otra religión, no salva a nadie. Solamente da el guión. ¡Y el guión espiritista es lo más lógico y lo más seguro!

Finalizamos con la afirmativa de Emmanuel: “el espiritista no es mejor que nadie, pero tiene de ser siempre mejor de lo que es.”

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Julio 2010