Octávio Caúmo Serrano
Traducción Maria Renee San Martin – relu2521@yahoo.com

En este 03 de octubre, en 1804, nacía el codificador del Espiritismo

Kardec fue un gran defensor del Centro Espirita y creía que pequeños grupos son generalmente más productivos que una casa de grandes proporciones.

Pero, ¿qué es un Centro Espirita?

Podemos definir, como una institución benéfica y religiosa, con propósitos definidos. Esos objetivos vendrían a depender de la localización geográfica del sector o su entorno y el tipo de público que participará de sus actividades.

Formar un Centro Espirita es algo muy simple.

Se resume a un grupo de personas, o a alguien con vocación para la práctica de la caridad, se compra, se alquila o se consigue un local  para la realización de los trabajos.

El paso siguiente, es formar con ese grupo o con terceros, una directoria que deberá ser responsable por el centro. Jurídica y doctrinaria.

Se crea un estatuto, cuyo padrón está disponible en cualquier federación o mismo en el internet, y se registra en una notaria propia, un relato de fundación que lleva adjunto el mencionado reglamento.

Se coloca algún mueble básico (mesa, silla, archivo, etc.), todo conforme al tamaño del local y las ambiciones que los dirigentes tengan con relación a los objetivos de la entidad.

 En ese aspecto, el centro puede tener, más allá del trabajo de divulgación doctrinaria por la teoría y el estudio de sus principios básicos, también  actividades que demuestren en la práctica la ejecución de la caridad a favor de los más necesitados materialmente. Puede servir sopa, donar ajuares para las gestantes, hacer un bazar de beneficencia, distribuir cestas con alimentos, enseñar trabajos profesionales, artes y toda una gama de posibilidades que se encuentran en las casas espiritas de nuestros días.

Por más simple que sea la institución, ella siempre podrá realizar un servicio social a favor de la comunidad donde se instale, especialmente en el campo del estudio y de la divulgación del Espiritismo, coadyuvado por el Evangelio de Jesús, o si, prefieren, vice-versa, el Evangelio de Jesús explicado por el Espiritismo. Este es el principal departamento de un centro espirita, sin lo que no hay Espiritismo, por que los demás son complementos y sirven para enseñar a las personas a abrir la mano y meditar sobre su vida por la observación de las miserias del mundo. Para aprender a agradecer más y reclamar menos.

En este aspecto, una reunión espirita por medio de conferencias publicas debe ser algo muy serio. Conforme los encarnados hablen, piensen, vibren, oigan y se comporten, tendremos el equipo de la espiritualidad que se hará presente en los trabajos. Jamás olvidar que para los espíritus de alguna elevación, la seriedad y la responsabilidad es lo que cuenta.

La simple presencia física, sin la debida atención a los propósitos del día, nada adelanta al practicante de la doctrina. Y si más allá de la desatención, aun haya liviandad, futilidad, pensamientos desviados para los valores mundanos, estamos seguros de que no tendremos un equipo espiritual serio. Seremos un grupo en servicio más de la obsesión que del Evangelio.

El dirigente de una casa espirita es el guardián de la doctrina dentro del centro. Pero es importante que más que las casas espiritas, es la causa espirita. Para ser coherente con el Espiritismo, hay veces que debemos corregir a algún compañero de la tarea, cuando este no se conduzca dentro de los principios doctrinarios. De ahí vemos grandes grupos sin el aval del Plan Espiritual, debido a las prioridades que tienen, recreativas o basadas en necesidades materiales para generar obras que no pueden se auto sustentar. Mientras tanto otras organizaciones, aparentemente modestas, son pilares con que cuenta la espiritualidad para la construcción de las sólidas bases del verdadero cristianismo en nuestro planeta.

Cuando entramos en una casa espirita debemos mantener respeto y hacer silencio, físico y mental, porque  ya desde ese momento estamos siendo amparados por la espiritualidad. No es un hecho raro que alguien que esta apenas oyendo una conferencia pueda ser operado o tratado de enfermedades que ni imaginaba tenerlas. Y también es común que la espiritualidad se sirva de nuestros fluidos para ayudar a algún sufridor. Todos son necesitados, sin embargo todos también pueden donar algo.

Una de las recomendaciones que habitualmente nos son hechas es que no debemos tener prisa en abrir un nuevo trabajo sin que hayamos realizado bien los compromisos ya asumidos. Antes de tener una nueva tarea, es necesario ver que recursos están disponibles y con qué personas el centro puede contar para realizar el trabajo con seriedad y seguridad. Peor que no comenzar un nuevo departamento es tener que cerrarlo ya que no funciono porque fue mal paneado o está ejecutando las tareas fuera de los principios cristianos.

Es normal el entusiasmo del dirigente con su casa y el empeño para tener el salón siempre lleno. Se olvida que su parte es realizar el trabajo con toda dedicación sin dejar de considerar que cada persona tiene sus propias necesidades y su entendimiento personal. El responsable no se puede decepcionar con el desinterés que ciertas veces se observa en el trabajador espirita o en el frecuentador de la casa. Nos son todos que se integran en el espíritu de equipo y entiendan que su participación efectiva es importante. Que todo le dice respecto. Si la casa está  organizada y todo funciona es gracias al trabajo del equipo. Nadie realiza solito una tarea. Todos necesitan de todos, sin que un sea más importante que el otro. Del presidente al de la limpieza.

El espirita es publicista del Espiritismo por acción y conducta, más que por las palabras que divulga. Ya dijo un proverbio oriental “que un gramo de ejemplo vale más que una tonelada de palabras”. De ahí, sin ser complaciente con el error, el espirita debe ser paciente con el equivocado; sin aceptar la deshonestidad debe comprender la debilidad del deshonesto; sin ser perfecto le cabe, entender la imperfección del prójimo. No podemos ser los dueños de la verdad ni tener nuestra religión como la salvadora de toda la humanidad. Todavía tenemos que ser coherentes y creer con firmeza en todo lo que decimos, a la par de vivir, con ejemplos, los discursos proferidos. Dentro y fuera de la casa espirita.

El espirita de verdad es, por tanto, el que coloca la colectividad más allá de la individualidad y las necesidades generales y mucho más allá de sus intereses particulares. Un conjunto de personas con ese comportamiento formará siempre un verdadero Centro Espirita.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Octubre 2010