Octávio Caúmo Serrano

Los prejuicios son virus que matan a las almas; especialmente las de los que los procrean.

La mayoría de los hombres sabe qué ha pasado, en el tiempo de la Inquisición, instituida en 1232, por el papa Gregório IX. Por diversos siglos, la Iglesia cremó vivos los hombres que osasen discordar de sus postulados: más comerciales que espirituales; más humanos que divinos.

Los errores fueron tantos que la Iglesia hasta hoy si disculpa de lo que hizo. Lastima que sigue lo haciendo. Problemas con el geocéntrico, el abandono y la explotación de las mujeres, la pedofilia, la homosexualidad en los conventos, seminarios y en la propia Iglesia, entre otros, sin hablar en el lujo y en la ostentación de sus templos.

El Espiritismo también sufrió “en la carne” el poder de ese fuego. Todos se recuerdan del Auto de Fe de Barcelona, de 9 de octubre de 1861, cuando, a las 10 horas y 30 minutos de la mañana, las llamas inquisidoras, aún crepitantes, incineraban 300 libros espiritistas enviados por Kardec al librero Maurício Lachâtre, acompañados de la documentación para una exportación legalizada.

Como siempre, el tiro salió por la culata, y la multitud, ávida, salió a la cata de los quemados, para saber lo que de tan grave había en aquellos libros que el pueblo no debería leer. Kardec quiso procesar los responsables, pero los Espíritus dijeron para no preocuparse porque el Espiritismo ya había conseguido toda la propaganda de que necesitaba.

Aunque las llamas inquisidoras hubiesen dejado de arder, el prejuicio sigue quemando las almas, y el Espiritismo es una de las víctimas de ese comportamiento de las religiones. Afortunadamente, como la caravana que sigue, mientras los perros ladran, la doctrina organizada por Kardec sigue creciendo, desarrollandose y haciendo, a cada día, más adeptos. Delante de la lógica del pensamiento espiritista, las fuerzas del mal nada pueden hacer. Son piedras menudas que infestan el camino, pero que no impiden la resoluta y altiva caminata.

Lo que más enoja a algunas religions, no es el Espiritismo practicar la mediumnidad, sino la solidaridad; no es hablar con los “muertos”, sino amparar los “vivos”. Mientras seguimos dando gratis lo qué gratis recibimos, coherentes con los consejos de Jesús y de los Espíritus, otros cobran por cada acto que realizan. Hasta los sacramentos, tenidos como obligatorios por el clero, tienen que ser remunerados. Hay cachet hasta para las misas que encargan difuntos. El desprendimiento del espiritista es lo que más aburre las otras doctrinas, porque nuestras actitudes desapuntan los que viven presos a la codicia.

Uno de los episodios marcantes y que retractan el prejuicio contra el Espiritismo es el caso Humberto de Campos. Felizmente, después de la familia del escritor ir a los tribunales protestar contra a mediumnidad de Chico Xavier, hasta entonces, para ellos, un mistificador, todos se volvieron espiritistas, resultante a la contundente sentencia del magistrado, decidiendo que Espíritu no puede conseguir derechos autorales y que, despues del análisis especializado de técnicos de todas las áreas, se confirmó la autenticidad de los escritos de Humberto por la vía mediúmnica. Nadie falsificaría un estilo tan profundo y sui generis, con tanta perfección. Era el propio Espíritu que dictaba los textos en prosa o verso y, en cuanto a eso, no habiam dudas. Y si conociesen la vida simple y descolgada de Chico, no osarían imaginar que él pudiese beneficiarse de alguna burla.

Gracias a Dios, por lo menos en ese caso, hubo un final feliz y todos ganaron con eso: Humberto de Campos – Espíritu -, Chico Xavier – el médium -, y la familia del escritor que pudo enorgullecerse y disfrutar, sin enconamientos, de los beneficios que la mediumnidad seria ofrecía a los hombres, al traer Humberto de vuelta.

El escritor, que ingresó en la Academia Brasileña de Letras, en 1920, a los 34 años de edad, y fue diputado federal por Maranhão, su estado natal, usó, durante muchos años, para firmar crónicas periodísticas, el seudónimo Consejero XX. Ésta es también la razón por qué Chico Xavier pasó a firmar los mensajes de Humberto como Hermano X.

Otras alegrías tuvo nuestro misionero de la luz, Chico Xavier. Entre ellas, tuvo una comunicación mediúmnica anexada a un proceso de muerte que juzgo inocente el reo, bajo la alegación de que hubiera un accidente y no un asesinato. Solo un hombre de la estirpe moral de Chico Xavier podría merecer tal honor y reconocimiento del poder judicial.

Fue también indicado para el premio Nobel de la Paz, pero no venció los concurrentes. Posiblemente, porque su concepto de paz era diferente del convencional. Mientras nosotros buscamos la paz en el mundo, Chico siempre la tuvo adentro de sí propio.  

Ya se pasaron muchos años, desde que Kardec nos dejó, en 1869, y el propio Chico, que sensibilizó a sus seguidores con su partida, ya si fue, hace más de ocho años. Y la tristeza de aquel día 30 de junio de 2002 aún pone lágrimas en los ojos de todos nosotros. Sabemos, sin embargo, que, en las páginas de la codificación espiritista y en los más de cuatrocientos libros recibidos por Chico, están todas las explicaciones e interpretaciones del Evangelio del Cristo, para que recordemos siempre que sea preciso. Y su ejemplo de humildad, manteniéndose pobre, cuando podía ser millonario, es algo que debemos también imitar. Ya fue dicho que el mal del hombre es que él necesita de un trago d’agua para matar la sed, pero exige, para eso, que se le ofrezcan un río.

Las diferentes doctrinas son sendas diversas que nos llevan al mismo final feliz. Unas siguen caminos más simple; otras se pierden un poco, durante el trayecto. Todas, sin embargo, miran Dios como meta para el éxito del viaje.

Busquemos enterrar, definitivamente, las ideas de la Inquisición y los prejuicios que ella dejó arraigados en la humanidad. El nuevo mundo está llegando y, en él, no hay lugar para tales actitudes y sentimientos, mucho menos para los hombres que los practican.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Deciembre 2010