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Traducción Maria Renee San Martins
relu2521@yahoo.com

La Codificación ya esta ultrapasada?

Discusiones estériles contaminan, de vez en cuando, el Movimiento Espirita, porque falsos sabios quieren demostrar una sabiduría y un entendimiento que son imposibles de ser conquistados por el espíritu con el cerebro humano actual.

En muchas oportunidades, los Espíritus nos aconsejaron a no entrar en contiendas o sutilezas que se asemejen a debates políticos; cada lado cree haber sido vencedor, y los dos son, casi siempre, igualmente mediocres.

Ya en la codificación, en la pregunta 14, de El Libro de los Espíritus – Panteísmo -, Allan Kardec, después de haber hecho muchas preguntas sobre la existencia y la naturaleza de Dios, indaga:

–          Dios es un ser distinto, o seria, según la opinión de algunos, la resultante de todas las fuerzas y de todas las inteligencias del Universo? 

Las Entidades contestaron:

–          Sin así fuese, Dios no existiría, pues sería el efecto y no la causa. El no puede ser, al mismo tiempo, uno y otro.

Lo interesante, sin embargo, es complemento  de la enseñanza, cuando los Venerables dicen:

–                     Dios existe, no lo puedes dudar, y eso es lo esencial. Crea o no va más allá. No se pierda en un laberinto de donde no pueda salir. Eso no le tomara mejor, pero un poco más orgulloso, quizá, ya que juzgaría saber, cuando, en la realidad nada sabe. Entonces deje de lado todos esos sistemas; ya tiene mucha cosa que le toca directamente, al comenzar por usted mismo. Estudie sus propias imperfecciones para librarse de ellas; así será más útil que querer penetrar en lo que es impenetrable.

Son lecciones de 1857, cuando del lanzamiento del libro básico de la Codificación, que, a lo largo del tiempo, viene siendo corroboradas por toda la espiritualidad encargada de traernos nuevos y actualizados conocimientos.

Alguna de esas informaciones están en la presentación del libro “El Consolador”, de Emmanuel, por Chico Xavier, lanzado en 1940.

Como si fuera un prefacio, el libro comienza con la pagina “DEFINICION”. Allí somos informados por el médium psicografo que en una reunión del 31 de octubre de 1939, aun en Pedro Leopoldo, fue sugerido por un espíritu la necesidad de estudio por medio de preguntas y respuestas. Después de ser consultado, Emmanuel estableció un programa de trabajo que daría origen a la obra en cuestión.

El mentor espiritual dejo clara la posición de los espíritus en el contacto con los encarnados, cuando dice:

“Puede preguntar, sin que podamos nutrir la pretensión de responderles con soluciones definitivas, aun que cooperemos con ustedes con la mejor buena voluntad”. Resalta que, “Más allá del túmulo, el espíritu no  encuentra los milagros de la sabiduría y que las nuevas realidades del plano inmortal ultrapasan los cuadros del conocimiento contemporáneo, conservándose en una esfera casi inaccesible a las cogitaciones  humanas, escapando, pues, nuestras posibilidades de exposición, en virtud de la ausencia de comparaciones analógicas, único medio de impresiones en la tabla de los valores restringidos de la mente humana.”

Después de presentar aun más algunos argumentos, completó Emmanuel: “más allá de todo, aun nos encontramos en un plano evolutivo y no podemos traer el articulo de aprendizaje de ustedes a las ultimas ecuaciones en este o en aquel sector de investigaciones y análisis”.  Como tal, respetando esa relatividad, prometió traernos experiencia, sin detenerse en los cuadros técnicos de las cuestiones científicas o en la polémica de las Filosofías y Religiones, ya bastantes movidas en los bastidores de las opiniones, a fin de considerar solamente a la luz espiritual que se irradia de todas las cosas. El mentor de Chico Xavier dejo bastante claro que somos muy pretenciosos y queremos saber siempre  lo que nuestra inteligencia mediana no puede comprender.

Entre las realidades del mundo espiritual, y mismo de los planos físicos en mundos más adelantados, y en nuestro planeta, hay un inmenso abismo que aun no podemos ultrapasar. Seria como enseñar ciencia cuántica a un niño de la pre-escuela, o como correr en una Fusca y pretender vencer una competición de Formula 1, o un virtuoso tocar un violín desafinado; la melodía seria perjudicada.

Por eso es que hay muchos espiritas queriendo reformar los libros de la codificación. Si es cierto que entre las preguntas hay cuestiones ya plenamente absorbidas por los practicantes y estudiosos del Espiritismo, no nos olvidemos de que, todos los días, llegan nuevos adeptos a los Centros Espiritas. Y esos no pueden comenzar con lecciones avanzadas, necesitando, como todo estudiante que inicia, del uso de la cartilla. En ese punto, la Codificación aun perdurara por mucho tiempo. Y los que la tienen, como enseñanza superada, traten de estudiarla con mas profundidad, porque descubrirán, todos los días, sutilezas que les escaparan, en ocasionales y superficialidades ojeadas.

El gran problema del hombre de nuestros tiempos es que él no consigue ser simple. Precisa exhibir sabiduría y decirse conocedor de verdades trascendentes, aun que no sepa controlar  el propio pensamiento, ni dominar sentimientos inferiores, aquellos que los llevan a las caídas diarias, por la exagerada pretensión. Aun no aprendio a amar al prójimo, pero juzga merecer privilegios de Dios.

La gran tarea del ser humano, en este mundo de pruebas y expiaciones, es la del autoconocimiento. Equivocadamente, tenemos la receta para arreglar al mundo, pero ni conseguimos arreglarnos a nosotros mismos. Sabemos siempre lo que compete a los otros, y donde se localizan sus fallas e imperfecciones. Pena que no apliquemos ese mismo discernimiento en la mejoría de nosotros mismos. Y es para eso que reencarnamos. En vez de corregir a los otros, por palabras, tratemos de ser ejemplos. Dice cierto proverbio oriental: “lo que eres grita tan alto que ni escucho lo que dices”.

Es este mes del 154 aniversario de esta extraordinaria obra, El Libro de los Espíritus, visitemos las preguntas 919 y 919ª, dictadas por San Agustín, y tendremos una guía segura para el autoanálisis, reflexión importante para todo aquel que desea, afectivamente, ser mejor a cada día. Y no nos perdamos en filosofías estériles o falsas impresiones de conocimiento superior. Es una vanidad que en nada nos ayuda.

Amigo Kardec, acepte nuestra gratitud y los deseos de que Dios lo bendiga!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – abril 2011 –

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 A Codificação já está ultrapassada?

 Discussões estéreis poluem, de vez em quando, o Movimento Espírita, porque falsos sábios querem demonstrar uma sabedoria e um entendimento que são impossíveis de serem conquistados com o cérebro humano atual.

Em muitas oportunidades, os Espíritos aconselharam-nos a não entrar em contendas ou sutilezas que se assemelham a debates políticos; cada lado acredita ter sido vencedor, e os dois são, quase sempre, igualmente medíocres.

Já na codificação, na questão 14, de O Livro dos Espíritos – PANTEÍSMO –, Allan Kardec, depois de ter feito muitas perguntas sobre a existência e a natureza de Deus, indaga:

– Deus é um ser distinto, ou seria, segundo a opinião de alguns, a resultante de todas as forças e de todas as inteligências do Universo?

As Entidades responderam:

– Se assim fosse, Deus não existiria, pois seria o efeito e não a causa. Ele não pode ser ao mesmo tempo um e outro.”

O interessante, porém, é a complementação do ensino, quando os Veneráveis dizem:

– Deus existe, você não pode duvidar, e isso é o essencial. Creia e não vá além. Não se perca num labirinto de onde você não pode sair. Isso não tornará você melhor, mas um pouco mais orgulhoso, talvez, já que julgaria saber, quando, na realidade, nada sabe. Então, deixe de lado todos esses sistemas; você já tem muita coisa que o toca diretamente, a começar por você mesmo. Estude as suas próprias imperfeições para livrar-se delas; isso será mais útil do que querer penetrar no que é impenetrável.

São lições de 1857, quando do lançamento do livro básico da Codificação, que vêm sendo, ao longo do tempo, corroboradas por toda a espiritualidade encarregada de trazer-nos novos e atualizados conhecimentos.

Algumas dessas informações estão na apresentação do livro “O Consolador”, de Emmanuel, por Chico Xavier, lançado em 1940.

Como se fora um prefácio, o livro começa com a página “DEFINIÇÃO”. Ali somos informados pelo médium psicógrafo que, numa reunião de 31 de outubro de 1939, ainda em Pedro Leopoldo, foi sugerido por um espírito a necessidade de estudo por meio de perguntas e respostas. Após ser consultado, Emmanuel estabeleceu um programa de trabalho que daria origem à obra em questão.

O mentor espiritual deixou clara a posição dos espíritos, no contato com os encarnados, quando disse:

“Podem perguntar, sem que possamos nutrir a pretensão de lhes responder com soluções definitivas, embora cooperemos com vocês com a melhor boa vontade.” Ressalta que, “além do túmulo, o espírito não encontra os milagres da sabedoria e que as novas realidades do plano imortal ultrapassam os quadros do conhecimento contemporâneo, conservando-se em uma esfera quase inacessível às cogitações humanas, escapando, pois, às nossas possibilidades de exposição, em face da ausência de comparações analógicas, único meio de impressão na tábua dos valores restritos da mente humana.”

Depois de apresentar ainda mais alguns argumentos, completou Emmanuel: “Além do mais, ainda nos encontramos num plano evolutivo e não podemos trazer ao círculo de aprendizado de vocês as últimas equações neste ou naquele setor de investigação e análise.” Como tal, respeitando essa relatividade, prometeu trazer-nos experiência, sem se deter nos quadros técnicos das questões científicas ou na polêmica das Filosofias e Religiões, já bastante movimentadas nos bastidores das opiniões, a fim de considerarmos somente a luz espiritual que se irradia de todas as coisas. O mentor de Chico Xavier deixou bastante claro que somos muito pretensiosos e queremos saber sempre o que a nossa inteligência mediana não pode compreender.

Entre as realidades do mundo espiritual, e mesmo dos planos físicos, em mundos mais adiantados, e o nosso planeta, há um imenso abismo que ainda não podemos ultrapassar. Seria como ensinar ciência quântica a uma criança da pré-escola, ou como correr de Fusca e pretender vencer uma competição de Fórmula 1, ou um virtuose tocar num violino desafinado; a melodia seria prejudicada.

Por isso é que há muitos espíritas querendo reformar os livros da codificação. Se é verdade que entre as perguntas há certas questões já plenamente absorvidas pelos praticantes e estudiosos do Espiritismo, não nos esqueçamos de que, todos os dias, chegam novos adeptos aos Centros Espíritas. E esses não podem começar com lições avançadas, precisando, como todo estudante que inicia, do uso da cartilha. Nesse ponto, a Codificação ainda perdurará por muito tempo. E os que a têm, como ensino superado, tratem de estudá-la com mais profundidades, porque descobrirão, todos os dias, sutilezas que lhes escaparam, nas primeiras e superficiais olhadelas.

O grande problema do homem dos nossos tempos é que ele não consegue ser simples. Precisa exibir sabedoria e dizer-se conhecedor de verdades transcendentes, embora nem saiba, ainda, controlar o próprio pensamento, nem dominar sentimentos inferiores, aqueles que o levam às quedas diárias, pela exagerada pretensão. Nem aprendeu, ainda, a amar o próximo, mas julga merecer privilégios de Deus.

A grande tarefa do ser humano, neste mundo de provas e expiações, é a do autoaprimoramento. Equivocadamente, temos a receita para consertar o mundo, mas nem conseguimos consertar-nos. Sabemos sempre o que compete aos outros, e onde se localizam as suas falhas e imperfeições. Pena que não apliquemos esse mesmo discernimento na melhoria de nós mesmos. E é para isso que reencarnamos. Em vez de corrigir os outros, por palavras, tratemos de ser exemplos. Diz certo provérbio oriental: “O que você é grita tão alto que nem escuto o que você fala.”

Neste mês do 154º aniversário dessa extraordinária obra, O Livro dos Espíritos, visitemos as questões 919 e 919ª, ditadas por Santo Agostinho, e teremos um roteiro seguro para autoanálise, reflexão importante para todo aquele que deseja, efetivamente, ser melhor a cada dia. E não nos percamos em filosofias estéreis ou falsas impressões de conhecimento superior. É uma vaidade que em nada nos ajuda.

Amigo Kardec, aceite nossa gratidão e os desejos de que Deus o abençoe!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – abril 2011