Medicina y espiritualidad

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Traducción  Maria Renee San Martin

relu2521@yahoo.com

El tratamiento espiritual no dispensa el tratamiento médico.

Cuando vamos a una casa espirita por la primera vez, generalmente procuramos la sección de atención fraterna, que es un tipo de consulta que hacemos como cuando nos dirigimos al médico o a un psicólogo. Vamos allá porque tenemos alguna enfermedad física o espiritual.

Después de desahogarnos y contar al que atiende sobre nuestros problemas, nos es recomendado que recibamos una serie de pases y que, paralelamente, escuchamos las conferencias que toda casa espirita ofrece en los días del conocido tratamiento espiritual.

El uso de nombre tratamiento, privilegio de los médicos, puede generar problemas como el de ejercicio ilegal de la medicina, la denuncia de charlatanismo y semejantes. Por eso cuando las casas nos ofrecen alguna papeleta con control de los pases a ser recibidos se acostumbra colocar que “EL TRATAMIENTO ESPIRITUAL NO DISPENSA EL TRATAMIETNO MEDICO”.

Nada más justo, porque los médicos son una creación de Dios. El coloca en las manos de esos profesionales nuestras vidas y por tanto ellos estudian exhaustivamente y permanentemente, necesitando estar actualizados con las nuevas técnicas y las nuevas medicaciones, ya que la medicina no para de desarrollarse.

Lo que no podemos ignorar, sin embargo, que los médicos también son seres humanos, con limitaciones de poder sobre la vida de las personas, sujetos a errores y engaños, por más competentes que sean. En este caso, la espiritualidad puede ayudarlos, y mucho para que tengan éxito en su trabajo.

Un ejemplo digno de ser mencionado es lo que vivió el Dr. Eurycledes de Jesús Zerbini, el pionero de los trasplantes cardiacos en el Brasil, técnica que conoció con el Dr. Christian Barnard, cirujano sud africano, que hizo el primer trasplante en el mundo en fecha 03 de diciembre de 1967.

Publicado por Anibal Leite de Abreu, con el título “Dr. Zerbini opera asistido por los espíritus” en el Periódico Espirita, S.P, 05/92 (articulo transcrito del “Anuario Espirita 1993”, pág. 85), el médico  narra su experiencia diciendo que dos espíritus médicos, viejos profesores lo asistieron a un de sus primeras cirugías.

Posteriormente, después de la lectura de El Cielo y el Infierno, necesitando creer en algo, cuenta que, aun bien joven, medico recién egresado, precisamente en los últimos años de la década de 1930, trabajaba en ingleun consultorio en São Paulo Capital. Cierto día, entro al consultorio en señor de mediana edad, presentándose como director de la revista espirita “La Centella”.

Continuo, que en el  Centro Espirita donde el frecuentaba, un Espíritu le  había dicho que el debería pasar por una cirugía de hernia en la ingle. El Espíritu le advirtió que en el acto operatorio el paciente no podría ser sometido a la anestesia tradicional, pero que buscase, en aquella calle, un consultorio médico, donde un facultativo, el Dr. Zerbini, había descubierto en nuevo proceso de anestesia (Protóxido de azoto) que seria naturalmente benéfico e indicado para su caso.

Todavía, el joven médico, en su humildad, alego al paciente que él era recién egresado y no disponía de mucha práctica para realizar la cirugía solicitada. Pero el paciente insistió tanto que el doctor acabo por aceptar el pedido. Marcado el día de la intervención y sus detalles, el paciente tenía un pedido especial: que en la sala de cirugía fuese permitida la presencia de una señora (naturalmente una médium) que debería allí permanecer debidamente concentrada orando.

El Dr. Zerbini acepto y luego del acto quirúrgico se dirigió a ella y  le dijo: discúlpeme, hasta me olvide de usted. Acaso vio o noto alguna cosa?

A dicha señora movió la cabeza afirmativamente y respondió:

–        Vi sí señor. Dos Espíritus de médicos a si retaguardia conversando sobre el suceso de la cirugía y comentando el método usado de anestesia.

Zerbini, curioso, deseando obtener mayores informaciones al respecto de lo inucitado hecho, pregunto a la médium: – La señora podría decirme los nombres de ellos?

–        Si – respondió la señora-, uno dijo llamarse Batista y el otro Werneck.

El hecho singular es que esos dos médicos desencarnados cuando en vida física, habían escrito, en equipo, una obra titulada: Semiología Quirúrgica, volumen que permanecía en la mesa del Dr. Alípio Corrêa Neto, dueño del consultorio, y que era por el consultado casi siempre.

Los dos médicos eran: Dr. Fabio Leoni Werneck, entomólogo, medico y farmacéutico por la Facultad de Medicina de Rio de Janeiro, que trabajo en el Instituto Oswaldo Cruz, habiendo publicado trabajos sobre insectos, el Dr. João Benjamim Batista, medico profesor de técnica operatoria y medicina experimental de la Facultad de Medicina de Rio de Janeiro.

Dijo finalmente en Dr. Zerbini, que nunca más entro en una sala de cirugía sin invitar a los profesores desencarnados para acompañarlo.

Contado por uno de los mayores cirujanos que el Brasil ya tuvo, con la naturalidad de quien después de eceptico paso a creer en la espiritualidad, el episodio gana mayor valor.

Como dijimos, los médicos son criaturas de Dios y reciben de El toda asistencia para que puedan hacer el bien. Se Dios cree tanto en los médicos pensamos que es hora que los médicos crean en Dios.

El tratamiento espiritual de la casa Espirita es un coadyuvante en el tratamiento de las enfermedades. Es común que cirujanos declaren, después  ciertas operaciones que se presentaron como muy difíciles, que, sorprendentemente, todo transcurrió con gran normalidad. Un paciente que hace tratamiento espiritual pre y post-operatorio ayuda mucho en el trabajo de los médicos cirujanos.

En este mes de octubre, cuando conmemoramos un aniversario más del nacimiento de Allan Kardec, en fecha 03 de octubre de 1804, creemos que los Buenos Espíritus siempre ayudan cuando nuestro propósito es la práctica del bien. En todas las profesiones, inclusive en la medicina. Es necesario que no haya preconceptos creyendo que eso disminuya la competencia profesional.

RIE – Revista Internacional de outubro de 2011

Medicina e espiritualidade

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Quando vamos a uma casa espírita pela primeira vez, geralmente procuramos o atendimento fraterno, que é um tipo de consulta que fazemos como quando nos dirigimos ao médico ou ao psicólogo. Vamos lá porque temos alguma enfermidade, física ou espiritual.

Após desabafarmos e contar ao atendente sobre nossos problemas, é-nos recomendado que recebamos uma série de passes e que, paralelamente, ouçamos as palestras que toda casa espírita oferece nos dias do conhecido tratamento espiritual.

O uso do nome tratamento, privilégio dos médicos, pode gerar problemas como o do exercício ilegal da medicina, a denúncia de charlatanismo e semelhantes. Por isso quando as casas nos fornecem alguma papeleta com controle dos passes a receber costumam ter anotado que “O TRATAMENTO ESPIRITUAL NÃO DISPENSA O TRATAMENTO MÉDICO”.

Nada mais justo, porque os médicos são uma criação de Deus. Ele coloca nas mãos desses profissionais as nossas vidas e para tanto eles estudam exaustiva e permanentemente, precisando estar atualizados com as novas técnicas e as novas medicações, já que a ciência não para de se desenvolver.

O que não podemos ignorar, no entanto, é que os médicos são também seres humanos, com limitações de poder sobre a vida das pessoas, sujeitos a erros e enganos, por mais competentes que sejam. Nesse caso, a espiritualidade pode ajudá-los, e muito, para que tenham êxito no seu trabalho.

Um exemplo digno de ser mencionado é o que viveu Dr. Eurycledes de Jesus Zerbini, o pioneiro dos transplantes cardíacos no Brasil, técnica que conheceu com o Dr. Christian Barnard, cirurgião sul africano, que fez o primeiro transplante no mundo em 3 de dezembro de 1967.

Publicado por Aníbal Leite de Abreu, sob o título “Dr Zerbini opera assistido pelos Espíritos” no Jornal Espírita, S.Paulo, SP, 05/92) (artigo transcrito do “Anuário Espírita 1993”, pág. 85), o médico narra sua experiência dizendo que dois espíritos médicos, velhos professores, assistiram a uma de suas primeiras cirurgias.

Relata que após perder o filho Eduardo, médico, em trágico acidente no trânsito de São Paulo, mostrou-se adepto do nada e revoltou-se contra Deus.

Posteriormente, após a leitura de O Céu e Inferno, já querendo acreditar em algo, conta que, ainda bem moço, médico recém-formado, precisamente nos últimos anos da década de 1930, trabalhava num consultório em São Paulo, Capital. Certo dia, adentra o consultório um senhor de meia idade, apresentando-se como diretor da revista espírita “A Centelha”.

Dizia o consulente que no Centro Espírita onde ele frequentava, um Espírito havia lhe dito que ele deveria passar por uma cirurgia de hérnia na virilha. O Espírito o advertiu de que no ato operatório o paciente não poderia ser submetido à anestesia tradicional, mas que procurasse, naquela rua, um consultório médico, onde um facultativo, o Dr. Zerbini, havia descoberto um novo processo de anestesia (Protóxido de azoto) que seria naturalmente benéfico e indicado para o seu caso.

Todavia, o jovem médico, na sua humildade, alegou ao consulente que ele era recém-formado e não dispunha de muita prática para realizar a cirurgia solicitada. Mas o paciente insistiu tanto que o doutor acabou por aquiescer ao pedido. Marcado o dia da intervenção e seus detalhes, o paciente tinha um pedido especial a fazer: que na sala de cirurgia fosse permitida a presença de uma senhora (naturalmente uma médium) que deveria ali permanecer devidamente concentrada, orando.

Doutor Zerbini concordou e após o ato cirúrgico dirigiu-se a ela e lhe disse: Desculpe-me, até me esqueci da senhora. Por acaso viu ou notou alguma coisa?

A dita senhora acenou afirmativamente e respondeu:

– Vi sim senhor. Dois Espíritos de médicos à sua retaguarda conversavam sobre o sucesso da cirurgia e comentavam o método usado de anestesia.

Zerbini, curioso, desejando obter maiores informações a respeito do inusitado fato, perguntou à médium: – A senhora poderia me dizer os nomes deles?

– Sim – respondeu a senhora –, um diz chamar-se Batista e o outro, Werneck.

O fato singular é que esses dois médicos desencarnados, quando na vida física, haviam escrito, em parceria, uma obra intitulada: Semiologia Cirúrgica, volume que permanecia na mesa do Dr. Alípio Corrêa Neto, dono do consultório, e que era por ele consultada quase que diariamente.

Os dois médicos eram: Dr. Fábio Leoni Werneck, entomólogo, médico e farmacêutico pela Faculdade de Medicina do Rio de Janeiro, que trabalhou no Instituto Oswaldo Cruz, tendo publicado trabalhos sobre insetos, e Dr. João Benjamim Batista, médico, professor de técnica operatória e medicina experimental da Faculdade de Medicina do Rio de Janeiro.

Disse finalmente o Dr. Zerbini que nunca mais entrou numa sala de cirurgia sem convidar os professores desencarnados para acompanhá-lo.

Contado por um dos maiores cirurgiões que o Brasil já teve, com a naturalidade de quem depois de cético passou a acreditar na espiritualidade, o episódio ganha maior valor.

Como dissemos, os médicos são criaturas de Deus e recebem Dele toda assistência para que possam fazer o bem. Se Deus acredita tanto nos médicos pensamos que é hora de os médicos acreditarem em Deus.

O tratamento espiritual da Casa Espírita é um coadjuvante no tratamento das enfermidades. É comum cirurgiões declararem, após certas operações que se apresentavam como muito difíceis, que, surpreendentemente, tudo transcorreu com grande normalidade. Um paciente que faz tratamento espiritual pré e pós-operatório ajuda muito no trabalho dos médicos cirurgiões.

Neste mês de outubro, quando comemoramos mais um aniversário de nascimento de Allan Kardec, ocorrido em 3 de outubro de 1804, acreditemos que os Bons Espíritos sempre ajudam quando nosso propósito é a prática do bem. Em todas as profissões, inclusive na medicina. É preciso que não haja preconceitos acreditando que isso diminui a competência do profissional.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – outubro de 2011