Traducción  Maria Renee San Martin

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El tratamiento espiritual no dispensa el tratamiento médico.

Cuando vamos a una casa espirita por la primera vez, generalmente procuramos la sección de atención fraterna, que es un tipo de consulta que hacemos como cuando nos dirigimos al médico o a un psicólogo. Vamos allá porque tenemos alguna enfermedad física o espiritual.

Después de desahogarnos y contar al que atiende sobre nuestros problemas, nos es recomendado que recibamos una serie de pases y que, paralelamente, escuchamos las conferencias que toda casa espirita ofrece en los días del conocido tratamiento espiritual.

El uso de nombre tratamiento, privilegio de los médicos, puede generar problemas como el de ejercicio ilegal de la medicina, la denuncia de charlatanismo y semejantes. Por eso cuando las casas nos ofrecen alguna papeleta con control de los pases a ser recibidos se acostumbra colocar que “EL TRATAMIENTO ESPIRITUAL NO DISPENSA EL TRATAMIETNO MEDICO”.

Nada más justo, porque los médicos son una creación de Dios. El coloca en las manos de esos profesionales nuestras vidas y por tanto ellos estudian exhaustivamente y permanentemente, necesitando estar actualizados con las nuevas técnicas y las nuevas medicaciones, ya que la medicina no para de desarrollarse.

Lo que no podemos ignorar, sin embargo, que los médicos también son seres humanos, con limitaciones de poder sobre la vida de las personas, sujetos a errores y engaños, por más competentes que sean. En este caso, la espiritualidad puede ayudarlos, y mucho para que tengan éxito en su trabajo.

Un ejemplo digno de ser mencionado es lo que vivió el Dr. Eurycledes de Jesús Zerbini, el pionero de los trasplantes cardiacos en el Brasil, técnica que conoció con el Dr. Christian Barnard, cirujano sud africano, que hizo el primer trasplante en el mundo en fecha 03 de diciembre de 1967.

Publicado por Anibal Leite de Abreu, con el título “Dr. Zerbini opera asistido por los espíritus” en el Periódico Espirita, S.P, 05/92 (articulo transcrito del “Anuario Espirita 1993”, pág. 85), el médico  narra su experiencia diciendo que dos espíritus médicos, viejos profesores lo asistieron a un de sus primeras cirugías.

Posteriormente, después de la lectura de El Cielo y el Infierno, necesitando creer en algo, cuenta que, aun bien joven, medico recién egresado, precisamente en los últimos años de la década de 1930, trabajaba en ingleun consultorio en São Paulo Capital. Cierto día, entro al consultorio en señor de mediana edad, presentándose como director de la revista espirita “La Centella”.

Continuo, que en el  Centro Espirita donde el frecuentaba, un Espíritu le  había dicho que el debería pasar por una cirugía de hernia en la ingle. El Espíritu le advirtió que en el acto operatorio el paciente no podría ser sometido a la anestesia tradicional, pero que buscase, en aquella calle, un consultorio médico, donde un facultativo, el Dr. Zerbini, había descubierto en nuevo proceso de anestesia (Protóxido de azoto) que seria naturalmente benéfico e indicado para su caso.

Todavía, el joven médico, en su humildad, alego al paciente que él era recién egresado y no disponía de mucha práctica para realizar la cirugía solicitada. Pero el paciente insistió tanto que el doctor acabo por aceptar el pedido. Marcado el día de la intervención y sus detalles, el paciente tenía un pedido especial: que en la sala de cirugía fuese permitida la presencia de una señora (naturalmente una médium) que debería allí permanecer debidamente concentrada orando.

El Dr. Zerbini acepto y luego del acto quirúrgico se dirigió a ella y  le dijo: discúlpeme, hasta me olvide de usted. Acaso vio o noto alguna cosa?

A dicha señora movió la cabeza afirmativamente y respondió:

–        Vi sí señor. Dos Espíritus de médicos a si retaguardia conversando sobre el suceso de la cirugía y comentando el método usado de anestesia.

Zerbini, curioso, deseando obtener mayores informaciones al respecto de lo inucitado hecho, pregunto a la médium: – La señora podría decirme los nombres de ellos?

–        Si – respondió la señora-, uno dijo llamarse Batista y el otro Werneck.

El hecho singular es que esos dos médicos desencarnados cuando en vida física, habían escrito, en equipo, una obra titulada: Semiología Quirúrgica, volumen que permanecía en la mesa del Dr. Alípio Corrêa Neto, dueño del consultorio, y que era por el consultado casi siempre.

Los dos médicos eran: Dr. Fabio Leoni Werneck, entomólogo, medico y farmacéutico por la Facultad de Medicina de Rio de Janeiro, que trabajo en el Instituto Oswaldo Cruz, habiendo publicado trabajos sobre insectos, el Dr. João Benjamim Batista, medico profesor de técnica operatoria y medicina experimental de la Facultad de Medicina de Rio de Janeiro.

Dijo finalmente en Dr. Zerbini, que nunca más entro en una sala de cirugía sin invitar a los profesores desencarnados para acompañarlo.

Contado por uno de los mayores cirujanos que el Brasil ya tuvo, con la naturalidad de quien después de eceptico paso a creer en la espiritualidad, el episodio gana mayor valor.

Como dijimos, los médicos son criaturas de Dios y reciben de El toda asistencia para que puedan hacer el bien. Se Dios cree tanto en los médicos pensamos que es hora que los médicos crean en Dios.

El tratamiento espiritual de la casa Espirita es un coadyuvante en el tratamiento de las enfermedades. Es común que cirujanos declaren, después  ciertas operaciones que se presentaron como muy difíciles, que, sorprendentemente, todo transcurrió con gran normalidad. Un paciente que hace tratamiento espiritual pre y post-operatorio ayuda mucho en el trabajo de los médicos cirujanos.

En este mes de octubre, cuando conmemoramos un aniversario más del nacimiento de Allan Kardec, en fecha 03 de octubre de 1804, creemos que los Buenos Espíritus siempre ayudan cuando nuestro propósito es la práctica del bien. En todas las profesiones, inclusive en la medicina. Es necesario que no haya preconceptos creyendo que eso disminuya la competencia profesional.

RIE – Revista Internacional de outubro de 2011