Traducción Maria Renee San Martin Gomes
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Cada noviembre se conmemora el día de los santos y de los muertos.

Octávio Caúmo Serrano

 

Según el Espiritismo, hay mucho que considerar cuando analizamos santos y muertos. Los santos son canonizados por la Iglesia de Roma. De ahí la gran cantidad de santos europeos. No vemos ser canonizadas a personas de otras religiones, por mayor que haya sido su amor por la humanidad y el sacrificio del interés personal a favor del semejante. Si así fuera, uno de los que tiene mayor merito para ser santificado es nuestro Chico Xavier. Y para los que contestan, diremos que los milagros de Chico fueron más de cuatrocientos libros dictados con orientaciones de los Espíritus para el entendimiento y liberación de la humanidad, más allá de millares de madres afligidas por la pérdida de sus hijos aun jóvenes que fueron consoladas por el médium minero. No carecen de comprobación o testimonio porque fueron  hechos públicos y solo no vio el que no quiso.

Cuanto a los muertos, sabemos que ellos no existen en el sentido real, pero que son apenas desencarnados en fase de prueba o aprendizaje, que se preparan para nuevas encarnaciones en los diferentes mundos, según su grado de evolución espiritual. En el día de los finados, podemos estar adorando un antepasado más querido y, sin embargo, el ya puede estar reencarnado entre nosotros. Con mucha posibilidad de estar en nuestra propia familia, a veces, en la figura de un pariente difícil.

Lo que nos interesa aquí es realzar que todo atiende a la ley de la evolución y aquel que un día sea ángel (o santo), según las Leyes de Dios lo será por sus propios meritos sin que sean necesarias comprobaciones de los milagros, algo siempre subjetivo cuando pasa por el cribo de la razón de los hombres. Basta que alguien  haya evocado un padre o monja o tenga una fotografía y ore delante de ella o de su tumba para considerarse un milagro caso alguna cura se opere.

Los espiritas han aprovechado mucho la oportunidad de los muertos para divulgar los postulados de Kardec comentando sobre la inmortalidad del alma y, principalmente, sobre la ley de la reencarnación. Quedan en frente a los  cementerios distribuyendo mensajes y conversando con las personas, las cuales  demuestran cada día más interés por el tema.

La humanidad ya no acepta pasivamente que vivimos una sola vida y al final todo se acaba. No condice con la justicia divina, especialmente si analizamos las diferencias de la vida de cada persona.

El buen censo ya no deja más dudas en las personas y ellas saben que las oportunidades son siempre renovadas porque, dependiendo de la vida que la criatura llevo, pudo realizar más o menos, estudiar más o menos, servir más o menos, errar o acertar más o menos. Merecen, por tanto, nuevas oportunidades. Si ni todos son ricos, bonitos, saludables e inteligentes en esta encarnación, las diferencias se deben a lo histórico espiritual de cada criatura. Al final, somos herederos de nosotros mismos. Como vivimos en un mundo de pruebas y expiaciones, la característica básica de sus habitantes es la imperfección, a veces por maldad, a veces por ignorancia, pero todos victimas del desconocimiento más amplio de las Leyes del Creador. Cuando no erramos por acción, erramos por omisión…

Estamos todos en nuestro mejor momento espiritual. Si ya tuvimos posiciones sociales mejores que las actuales, nunca fuimos más adelantados espiritualmente de lo que somos hoy. Ni más pacientes, ni más resignados, ni más inteligentes. De ahí la espiritualidad recomienda que no busquemos mover el pasado espiritual porque encontraremos más desilusiones que alegrías.

Cuando explicamos eso a quien no es espirita, en el momento viene el contra argumento:- ¿si ya vivimos otras vidas, porque no nos acordamos? Y no sirve explicar que el olvido del pasado es misericordia de Dios, porque la mayoría tendría más para avergonzarse que de enorgullecerse.

Como el momento, por lo tanto es totalmente favorable, cabe a nosotros divulgar las enseñadas por los Espíritus  Superiores, acompañadas de argumentaciones seguras, basadas en la Codificación Espirita. Aunque el otro no acepte o concorde con nosotros, si es bien fundamentado podemos estar seguros de que la persona va a pensar en el asunto.

En lo mínimo lo llenaremos de dudas que la persona procurara solucionarlas. Y la duda es el primer paso para buscar el conocimiento. ¡Poco a poco todos llegaremos allá!.

Bendito el espiritismo que nos hace conocer la verdad que hoy nos libera. Sabemos ahora que nadie muere, nadie sufre lo que no le sea útil para su progreso y nadie paga deudas ajenas o que no contrajo en esta o en encarnaciones pasadas. Sabemos que todo sufrimiento es aprendizaje, no castigo, porque Dios es absolutamente misericordioso para castigar a sus hijos que el ama incondicionalmente. Lo que popularmente clasificamos como deudas del pasado no pasan de engaños cometidos que demandan aprendizaje. De ahí las múltiples encarnaciones por que pasan los espíritus en el camino de la purificación.

Lloren a sus muertos  lo que de ellos sienten nostalgias porque cuando en la Tierra mucho se amaron. Tenemos todos el derecho de tener sentimientos. Pero que nadie demuestre resentimiento por la ausencia del ente querido que partió, muchas veces, para nosotros, prematuramente, porque no conocemos los planes de Dios en relación a cada uno de nosotros. Y no importa como desencarno, si natural o violentamente, porque todos deberán morir de alguna cosa. Exceptuándose los suicidas, directos o involuntarios, todos desencarnamos en la hora debida. Quien tiene fe sabe que eso es una verdad.

Rie – Revista Internacional de Espiritismo – Noviembre 2011