Competições

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O mal do mundo são as disputas. Para que alguém vença sempre há outro, ou muitos outros, que perdem. Isso significa que a alegria e o riso de alguém são sempre conquistados à custa da tristeza e do choro dos demais. Não somos educados para competir, mas para ganhar.

Embora as competições possam parecer um estímulo para que o homem vença e se supere cada vez mais, o ideal seria que ele lutasse contra si próprio, combatendo tenazmente os seus defeitos, principalmente no sentido de ser mais humano, mais fraterno, mais tolerante e olhasse o semelhante como alguém igual a ele mesmo, com os mesmos sentimentos, com as mesmas necessidades e com os mesmos desejos de ser feliz.

Além disso, geralmente, o vencedor tripudia sobre o perdedor, como se não lhe bastasse o fato de haver vencido. Vejam o que acontece num campo de futebol. Fora simplesmente um extravasar de alegria e até poderíamos compreender, mas estabelece-se uma rivalidade tal que chega à agressão física, muitas vezes, com graves conseqüências.

Quando levamos a competição para o campo religioso, aí fica incompreensível. A pretensão de certas igrejas de terem o monopólio da salvação é algo que não podemos aceitar em se tratando de analisar Deus, o Pai de extrema misericórdia, que julga seus filhos apenas pelos atos e não pelos rótulos religiosos de seitas criadas por homens para seus próprios interesses.

Por isso é que o Evangelho do Cristo, que nada mais é do que a orientação e explicação da Lei Maior, é alvo de tantas interpretações. Já se diz popularmente que cada um lê o Evangelho  no versículo que lhe convém, dando interpretação  conforme suas conveniências.

Fora tão simples chegar ao chamado Reino dos Céus pela simples adesão a uma doutrina, seja qual for, e o problema das dores na Terra estariam resolvidos. Todos nós nos converteríamos à tal igreja milagrosa e seríamos salvos. Ainda que fosse necessário dar o dízimo. Afinal a salvação tem seu preço. Pena que o valor da salvação não seja pago com dinheiro, mas com obras. Em favor do próximo e em favor de nós mesmos. Caridade com todos sem desprezar a auto-caridade. Quem não se ama não pode amar o próximo.

Isto tudo acontece porque somos espíritos atrasados, habitantes de um planeta de provas e expiações. Enquanto perdurar esse estado de coisas, inútil esperar pela paz na Terra. A paz só existirá quando pensarmos mais nos outros do que em nós. Utopia? Fantasia? Não. Alternativa única para conquistarmos a felicidade.

Se quisermos entender porque isso acontece é fácil. Porque esse tipo de ação nos deixa de consciência tranqüila. Enquanto magoarmos alguém, não seremos plenamente felizes; enquanto nos omitirmos diante da dor do semelhante não curaremos nossas próprias dores.

Jesus já nos ensinou esse mecanismo com tanta clareza. Entretanto, continuamos incapazes de entender. Que pena!… O prejuízo é somente nosso e a Terra continuará sendo esse vale de lágrimas!

Estes tempos de festas são um belo período para meditação e análise de nossas vidas e o que devemos mudar em nós para apressar a nossa evolução na direção da espiritualidade e assim voltar para casa em melhores condições do que aqui chegamos.

Feliz Natal e ótimo 2012!

Dia-a-Dia do Jornal O Clarim de dezembro de 2011 – Octávio Caúmo Serrano

 

El tiempo sigue en frente

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… ¡pero continúa todo igual! 

Octávio Caumo Serrano
Traduccion Octavio Caumo Serrano

¿Sería el tiempo qué pasa o nosotros qué pasamos por el tiempo? Allá se va el primer año de la segunda década del tercer milenio. Y todo continúa como antes. En medio al Apocalipsis, nosotros, los actores de esta triste novela del final de los tiempos, insistimos en continuar viviendo.

¿Hay alternativa? No, no hay. Tenemos de vivir porque nuestra vida no pertenece a nosotros, sino al Padre que nos creó. Si intentamos abandonar el barco en medio a la tormenta, tendremos problemas futuros aun peores de que los actuales. Si queremos nos matar, no conseguiremos porque somos inmortales. ¿Qué hacer, entonces?

Solo nos queda una opción: seguir enfrente, aprovechando la oportunidad y comprender que los males del mundo son producidos por los hombres. Dios nos creó para la dicha y se no la encontramos es porque a buscamos de manera y en lugar equivocados. Ya dice el poeta santista Vicente de Carvalho, en un de sus sonetos, “Viejo Tema”, que “esa dicha que suponemos, árbol milagroso que soñamos, toda enjaezada de dorados frutos, existe, sí: pero no la alcanzamos, porque está siempre solo donde a ponemos y nunca a ponemos donde nosotros estamos”.

Falta al hombre descubrir que la dicha solo puede ser lograda cuando producida en el interior del corazón es en los laberintos de la conciencia. Inútil buscarla del lado foráneo, en las cosas del mundo porque ellas pueden nos traer alegría efímera, pero nunca la dicha. El placer que nos dan el coche nuevo, el diploma de doctor, la casa en la playa o el viaje al exterior, son pequeños cuando comparados a la dicha que el Plan Divino tiene a nosotros. ¡Ya dijo Jesus “vosotras sois dioses”, pero nosotros no entendemos lo que Él afirmó o no lo creemos por ser aún niños espirituales!

Queremos la paz en el mundo y mientras ella no viene también no conseguimos tener nuestra propia. Condicionamos nuestra paz interior a la paz colectiva y en la ausencia de ella olvidamos que podemos tener nuestra, independiente de la paz del mundo.

Vivimos presos a la aflicción, miedosos y asustados. Sentimonos víctimas de la corrupción, de la polución, del tráfico, de la inseguridad y del abandono delante las enfermedades. Esto impide que tengamos serenidad, paciencia y esperanza, lo que demuestra nuestra poca fe. Tenemos la conmoción que el barco está a la deriva en medio a la tempestad y que el timonel perdió el control. Sin embargo quien dirige el barco es Dios y Él nunca deja el timón.

La Doctrina de los Espíritus nos dice que somos espíritus inmortales en prueba y expiación en un planeta inferior que está, como nosotros, progresando también. Será brevemente un mundo de regeneración, habitado por espíritus un poco mejores de lo que los actuales. Y la selección ya está se procesando.

Todos nosotros podemos nos calificar a vivir en el nuevo mundo desde que construyamos nuestra propia historia de vida. Ella se hace por las obras que ejecutamos y también por la aceptación de la vida que tenemos actualmente. Sabedores de que nuestra historia no comenzó en la Tierra, en esta encarnación, entenderemos qué muchos misterios envuelven nuestra caminata espiritual. Si estamos viviendo más una experiencia concedida por la misericordia divina, tratemos de aprovechar la oportunidad para ser mejor de lo que ya somos. Por eso debemos agradecer a Dios por los tests porque es superando barreras que crecemos como espíritus.

Muchas otras cosas nos sacan la paz: la enfermedad, el pariente difícil, la dificultad financiera, el amigo desagradecido. Observen que todo esto son defectos del mundo que es habitado por espíritus en aprendizaje. Unos más otros menos, somos todos alumnos de una escuela primaria en se tratando de graduación espiritual. Por eso no conseguimos administrar nuestra mente que generalmente se liga a las cosas inferiores. Un mínimo de contrariedad provoca total desequilibrio, haciéndonos errar contra los otros y en contra de nosotros mismos. Habitualmente decimos que uno nos hizo perder la paciencia. ¿Pero cómo podemos perder lo que no tenemos? El verdadero paciente jamás pierde la paciencia. Somos, a lo más, controlados que nos esforzamos para ser elegantes, educados, camuflados bajo un barniz de superioridad que en verdad no muestra lo que somos.

Para tener paz es preciso que la construyamos individualmente. Para tanto es necesario vencer nuestras inferioridades, en una lucha titánica de nosotros contra nosotros propios. El mayor enemigo del hombre mora adentro de él. Nadie puede le hacer mal sino él mismo. Los desastres del mundo son experiencias necesarias y solamente encarándolos con fe y serenidad podremos vencerlos.

El Espiritismo nos enseña que es preferible ser víctima a ser reo. Cuando somos víctimas el error es del otro y es él que tendrá de responder de lo que hizo. Cuando somos nosotros el verdugo, el error es nuestro y nosotros es que tenemos que prestar cuentas. ¿No es preferible ser víctima ahora sin tener de cargar para la espiritualidad una conciencia manchada qué podrá costarnos siglos de obscuridad y pruebas?

El tiempo en la Tierra es muy breve cuando comparado al tiempo de la espiritualidad. Si allá siglos son segundos, imaginemos lo que representan noventa o cien años de encarnación en el cuerpo físico.

Vamos a construir nuestra propia paz, esperando que podamos ser ejemplos de fe para los que nos rodean. Entre las definiciones de paz en el diccionario Aurélio, hay una que dice: “paz es la ausencia de conflictos íntimos; tranquilidad de alma; sosiego”. Solo cuando las partes son buenas es que el todo será bueno. No se puede esperar un planeta feliz si sus habitantes son personas desdichadas. Ya dice el cancionero Nando Cordel que “la paz del mundo comienza en mí; ¡si yo tengo amor con certeza yo soy feliz!”

A mis posibles lectores, deseo Feliz Navidad y Buen Año Nuevo.

RIE-Revista Internacional de Espiritismo – Dezembro 2011

O tempo segue em frente

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Seria o tempo que passa ou nós que passamos pelo tempo? Lá se vai o primeiro ano da segunda década do terceiro milênio. E tudo continua como antes. Em meio ao Apocalipse, nós, os atores desta triste novela do final dos tempos, insistimos em continuar vivendo.Há alternativa? Não, não há. Temos de viver porque a nossa vida não pertence a nós, mas ao Pai que nos criou. Se tentarmos abandonar o barco no meio da tormenta, teremos problemas futuros piores do que os atuais. Se quisermos nos matar, não conseguiremos porque somos imortais. Que fazer, então?

Só nos resta uma opção: seguir em frente, aproveitando a oportunidade e compreender que os males do mundo são produzidos pelos homens. Deus nos criou para a felicidade e se não a encontramos é porque a buscamos de maneira e em lugar errados. Já diz o poeta santista Vicente de Carvalho, em um de seus sonetos, “Velho Tema”, que “essa felicidade que supomos, árvore milagrosa que sonhamos, toda arreada de dourados pomos, existe, sim: mas nós não a alcançamos, porque está sempre apenas onde a pomos e nunca a pomos onde nós estamos”.

Falta ao homem descobrir que a felicidade só pode ser obtida quando produzida no interior do coração é nos labirintos da consciência. Inútil buscá-la do lado de fora, nas coisas do mundo porque elas podem nos trazer alegria efêmera, mas nunca a felicidade. O prazer que nos dão o carro novo, o diploma de doutor, a casa na praia ou a viagem ao exterior, são pequenos quando comparados à felicidade que o Plano Divino tem para nós. Já disse Jesus “vós sois deuses”, mas nós não entendemos o que Ele afirmou ou não acreditamos por sermos ainda crianças espirituais!

Queremos a paz no mundo e enquanto ela não vem também não conseguimos ter a nossa própria. Condicionamos nossa paz interior à paz coletiva e na ausência dela esquecemos que podemos ter a nossa, independente da paz do mundo.

Vivemos presos à aflição, medrosos e assustados. Sentimo-nos vítimas da corrupção, da poluição, do tráfico, da insegurança e do abandono diante das enfermidades. Isto impede que tenhamos serenidade, paciência e esperança, o que demonstra nossa pouca fé. Temos a impressão que o barco está à deriva em meio à procela e que o timoneiro perdeu o controle. Todavia quem dirige o barco é Deus e Ele nunca deixa o leme.

A Doutrina dos Espíritos diz-nos que somos espíritos imortais em provação e expiação num planeta inferior que está, como nós, progredindo também. Será brevemente um mundo de regeneração, habitado por espíritos um pouco melhores do que os atuais. E a seleção já está se processando.

Todos nós podemos nos qualificar a viver no novo mundo desde que construamos nossa própria história de vida. Ela se faz pelas obras que executamos e também pela aceitação da vida que temos atualmente. Sabedores de que nossa história não começou na Terra, nesta encarnação, entenderemos que muitos mistérios envolvem nossa caminhada espiritual. Se estamos vivendo mais uma experiência concedida pela misericórdia divina, tratemos de aproveitar a oportunidade para ser melhor do que já somos. Por isso devemos agradecer a Deus pelos testes porque é superando barreiras que crescemos como espíritos.

Muitas outras coisas tiram a nossa paz: a enfermidade, o parente difícil, a dificuldade financeira, o amigo ingrato. Observem que tudo isto são defeitos do mundo que é habitado por espíritos em aprendizado. Uns mais outros menos, somos todos alunos de uma escola primária em se tratando de graduação espiritual. Por isso não conseguimos administrar nossa mente que geralmente se liga às coisas inferiores. Um mínimo de contrariedade provoca total desequilíbrio, fazendo-nos errar contra os outros e contra nós mesmos. Habitualmente dizemos que alguém nos fez perder a paciência. Mas como podemos perder o que não temos? O verdadeiro paciente jamais perde a paciência. Somos, no máximo, controlados que nos esforçamos para ser polidos, educados, camuflados sob um verniz de superioridade que na verdade não mostra o que somos.

Para ter paz é preciso que a construamos individualmente. Para tanto é preciso vencer nossas inferioridades, numa luta titânica de nós contra nós próprios. O maior inimigo do homem mora dentro dele. Ninguém pode lhe fazer mal a não ser ele mesmo. Os desastres do mundo são experiências necessárias e somente encarando-os com fé e serenidade poderemos vencê-los.

O Espiritismo nos ensina que é preferível ser vítima a ser réu. Quando somos vítimas o erro é do outro e é ele que terá de responder pelo que fez. Quando somos nós o carrasco, o erro é nosso e nós é que teremos que prestar contas. Não é preferível ser vítima agora sem ter de carregar para a espiritualidade uma consciência manchada que poderá custar-nos séculos de escuridão e provações?

O tempo na Terra é um átimo quando comparado ao tempo da espiritualidade. Se lá séculos são segundos, imaginemos o que representam noventa ou cem anos de encarnação no corpo físico.

Vamos construir a nossa própria paz, esperando que possamos ser exemplos de fé para os que nos rodeiam. Entre as definições de paz no dicionário Aurélio, há uma que diz: “paz é a ausência de conflitos íntimos; tranquilidade de alma; sossego”. Só quando as partes forem boas é que o todo será bom. Não se pode esperar um planeta feliz se seus habitantes são pessoas desventuradas. Já diz o cancioneiro Nando Cordel que “a paz do mundo começa em mim; se eu tenho amor com certeza eu sou feliz!”

Aos meus possíveis leitores, desejo Bom Natal e Feliz Ano Novo.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Dezembro de 2011