Traducción Octávio Caúmo Serrano

Todo ha empezado el 9 de agosto de 1863.

En esa fecha, el escritor Allan Kardec recibió una comunicación de sus Guías cuanto a la elaboración de un nuevo libro que empezara a escribir. Ya había lanzado El Libro de los Espíritus, en 1857, y El Libro de los Médiums, en 1861, y la comunicación decía lo siguiente: “Este libro de doctrina tendrá influencia considerable, porque enseña cuestiones de interés capital. No solamente el mundo religioso encontrará en él las máximas de que necesita pero también las naciones, en su vida práctica, de él tendran instrucciones excelentes. Hiciste bien en enfrentar las cuestiones de elevada moral práctica, del punto de vista de los intereses generales, de los intereses sociales y de los intereses religiosos.”

Poco más tarde, el 14 de septiembre de 1863, complementaban: “Con esta obra el edificio comienza a libertarse de los andamios y ya podemos verle la cúpula a dibujarse en el horizonte.”

Los espiritistas ya saben que estamos tratando de El Evangelio Según el Espiritismo, cuya primera edición fue lanzada el 29 de abril de 1864 con el nombre “Imitación del Evangelio Según el Espiritismo”.

La inteligencia del escritor Allan Kardec se observa en la introducción, en el prefacio y en los comentarios que hace a lo largo de los 28 capítulos que forman el tercer libro de la Codificación.

Cuidó el notable y lúcido escritor de incluir apenas cuestiones de moral evangélica, dispensando los asuntos de rituales, dogmas y todo lo más que causa conflicto entre las diferentes doctrinas. Moral es moral, en todos los tiempos de la humanidad y en todas las naciones. Hablamos de la Moral Divina y no de las costumbres diseminadas entre los pueblos, porque éstos alteran de país para país y de siglo para siglo.

Cada capítulo cuidadosamente elaborado comienza, generalmente, con el enunciado del Nuevo Testamento – texto original – seguido de la explicación del autor de la obra y finalizado con el mensaje de los Espíritus.

Incluso en esta composición, Allan Kardec demostró grande lucidez porque no puso solamente mensajes de orientadores, sino también de espíritus que han fracasado en el mundo y ahora dan testimonio de los errores cometidos, sirviendo de ejemplo para que no repitamos sus engaños. Un de esos ejemplos es el extraordinario mensaje de la Reina de Francia (Havre 1863), constante del Capítulo II de la obra ora en estudio. Dice ella, en un ademán de humildad, que en su soberbia de reina en el mundo esperaba ser también reina en la espiritualidad donde encontró en planes superiores al suyo, muchos hombres  que merecían su desaire por que no tienen sangre azul. Deja como clara lección que se perdió por el orgullo en la Tierra y que ahora sabe que para tenerse un lugar en el reino de los cielos son necesarias la abnegación, la humildad, la caridad en toda su celeste práctica y la benevolencia para con todos.

Deja claro, como mensaje, que están engañados todos los hombres que corren por alcanzar los bártulos terrenos como si fuesen guardarlos para siempre. Aquí, dice ella, todas las ilusiones se desaparecen.

En el capítulo XXI, incluye un texto de Jeremias, profeta del Viejo Testamento, cuando él ya hablaba de los Falsos Profetas, instrucciones complementada con grande inteligencia por João, el Evangelista, cuando sugerió que verifiquemos primero si los Espíritus con los cuales nos aconsejamos son de Dios. Kardec demuestra con eso que todo está intimamente relacionado. Viejo y Nuevo Testamento son mensajes divinos. Un necesitaba venir antes del otro porque cada un encontró la humanidad en un momento diferente. Por eso El Evangelio Según el Espiritismo, luego en el Capítulo I, nos explica que Moisés (El Viejo Texto) fue la primera revelación. Después vino Jesus (Nuevo Texto) hasta la humanidad tener condiciones de recibir el Espiritismo (Tercer Texto).

Recordamos que cierta vez un pastor protestante preguntó a Chico Xavier lo que era la Biblia. Chico se sorprendio que un hombre evangélico, conocedor profundo de las escrituras, preguntase a un espiritista sobre tal asunto. Fue cuando Emmanuel se ofreció para contestar y dijo: “El Viejo Testamento es el grito sufrido de la humanidad en busca del Señor.” ¿Y el Nuevo Testamento, indagó el pastor? “El Nuevo Testamento es la respuesta del Cielo.”

Hoy podríamos complementar que el Espiritismo es la explicación clara de esa respuesta, en lenguaje accesible a todas las inteligencias. Y en ese particular El Evangelio Según el Espiritismo es llave importante para que los hombres entiendan los mecanismos de la vida. Es hoy el libro Espiritista más leido en el mundo, vertido para muchos idiomas, incluso de los países donde el Espiritismo es aún poco difundido – Japón, por ejemplo.

El Evangelio Según el Espiritismo hoy es objeto de estudio en los hogares y en las casas espiritistas. No es apenas leído, sino estudiado, disecándose el contenido de cada párrafo y de cada capítulo.

Kardec cierra la obra con una antología de oraciones, una para cada situación. Hoy ya sabemos hacer nuestras propias oraciones y agradecimientos, pero cuando el libro fue lanzado todo era novedad y esas orientaciones fueron importantes.

El Evangelio Según el Espiritismo balanceó a las estructuras débiles de otras doctrinas que predican las cuitas eternas, porque informó que todo es provisorio y que, según prometió Jesus, ninguna oveja del rebaño será perdida. Cielo e Infierno están en el corazón de los hombres y cabe a él transformarse para llegar al Reino de los Cielos.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – fevereiro de 2012