Os Essênios e Jesus

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Que haces de tu vida?

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“el rosedal solo da rosas por que tiene raíces en el suelo” – Chico Xavier

Octávio Caúmo Serrano [caumo@caumo.com]
traducción Maria Renee San Martin Gomes – relu2521@yahoo.com
 

Era el 31 de marzo de 1869. Allan Kardec se preparaba para cambiar la sede de la Sociedad Parisiense de Estudios Espiritas para un espacio más amplio, cuando a las 14 horas, fue victimado por el rompimiento de un aneurisma, desencarnando inesperadamente en su domicilio en Paris, en la calle Ste. Anne, nº 59.

Después de lanzar los cinco libros de la Codificación y viajar para diferentes ciudades y países próximos a Francia, decidí dinamizar la divulgación del Espiritismo y, por tanto, quería instalaciones más adecuadas. No sabía, por entonces, que su tarea en la presente encarnación ya estaba completada. Destacamos que él tenía gran preocupación con lo que se haría de la Tercera Revelación después de su muerte, pues ya había hasta idealizado un Comité Central de Espiritismo para la mejor organización de la doctrina a largo plazo.

Hombre con experiencia tenía el conocimiento de que todo necesitaba se cuidadosamente planeado y elaborado, dejo también, este ejemplo de responsabilidad para todos nosotros, a la par de que debemos estar atentos al día de hoy porque desconocemos lo que nos ocurrirá de aquí a minutos. Kardec ya tenía problemas de salud y sabía que debería controlar su impetuosidad delante del trabajo, aun que desease dejarnos el Espiritismo cada vez mas organizado. Por eso no disminuyo el ritmo de trabajo.

Si observamos nuestra propia vida, podremos tener señales claras que nos indiquen si estamos haciendo lo correcto, en la debida dosis, con equilibrio delante de las leyes naturales, sea si estamos desgastándonos más allá de lo que podemos y debemos, cuando por ejemplo nos empeñamos en ganar dinero o cuando exageramos hasta mismo en la práctica de la caridad.

Como nuestro principal compromiso es nuestra propia educación y salvación, no podemos ultrapasar los límites de la naturaleza cuando es la ejecución de nuestras tareas, sean  ellas del orden que sean. Es necesario tener equilibrio y saber que, como encarnados, estamos sujetos a las leyes de la materia.

Tenemos que descansar, alimentarnos correctamente y también  divertirnos, porque la alegría es la mayor terapia contra enfermedades inconvenientes, entre ellas la depresión y el estrés. Es necesario combatir siempre la tristeza porque ella es el mayor veneno para el alma y tiene en la alegría el principal antídoto. Nunca desprecie la oportunidad de ser alegre. La alegría tranquiliza el corazón y deja el alma feliz.

No compre mas allá de lo que puede pagar, para no culpar después a los espíritus por sus trastornos mentales. Hay más auto-obsesión que obsesión espiritual, porque la imprevisión es la mayor causa del sufrimiento.

Nadie imagina que estamos haciendo la apología a la flojera o insinuando que caridad hace mal. Apenas alertamos que todo debe ser endosado. Si necesitamos dormir ocho horas y alimentarnos diversas veces para reponer el desgaste del día, justo también que trabajamos en la dosis exacta.

El trabajador, después de doce meses, tiene derecho de vacaciones. No tiene sentido venderlas al patrón para tener un poco mas de dinero en prejuicio de la salud. Más adelante la vida cobra.

Cierta vez, Chico Xavier se quejo a Emmanuel de que estaba enfermo y cansado y el mentor le dijo: “Tú estás trabajando mucho”. Chico  argumento que trabajaba para el bien de las personas. Emmanuel concluyo: “No  pregunte en que trabajas. Dije que tu estas trabajando mucho”.

En la espiritualidad, la mayoría de los hombres es recibida como suicida, mismo sin haberse matado por las vías del aitocidio convencional. Es que nosotros abreviamos el tiempo programado para la vida del cuerpo con los excesos que nos debilitan físicamente. Placer con noches mal o poco dormidas, trabajo más allá de lo normal, vicios que debilitan el cuerpo y comprometen el carácter, irritabilidad, manías o fobias que causan insomnio o enfermedades, aquí algunas razones que reducen nuestros años de vida y nos catalogan como suicidas indirectos. 

En estos casos, desembarcarnos en la espiritualidad “debiendo” la ley de la reencarnación algunos meses o años que nos causaron desconfort y desagradables rescates en vida futura. Eso no es castigo; es la ley se cumplió para que sea quitada hasta el último centavo. Nuestra vida es nuestra y nadie vive por nosotros. Ni cónyuges, ni amigos, ni gobiernos. Y no nos iludamos a pensar que, cuando desencarnamos, el mundo quedara huérfano de algo importante que podrá comprometerle al progreso.

Volvemos para la espiritualidad dejando en la Tierra el trabajo ahí realizado, pero el también sigue con nosotros en forma de patrimonio espiritual. Si el trabajo fue bueno y ayudamos a mejorar el mundo, cogeremos buenos frutos. No olvidemos que personas mucho más importante que nosotros ya nos dejaron y el mundo siguió su curso.

Estamos presentes – o no – en el corazón de los que se quedan, dependiendo de cómo vivimos. Jesús vive; Chico Xavier vive; Teresa de Calcuta vive. Por qué?  Porque fueron la materialización del amor. Solo el servicio en el bien dará noticiad de nosotros. Si queremos ser recordados para siempre, amemos. Y sin olvidar de amar, inclusive, a nosotros mismos.

Ya dice el proverbio latino: in médium virtus, la virtud esta en medio término. Feliz quien consigue ser de esa manera, porque es la única forma de vivir con equilibrio para hacer justicia a la reencarnación que, por misericordia, nos fue presentada por la Ley Divina.

RIE-Revista Internacional de Espiritismo-marzo 2012 

Que faz você de sua vida?

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 “A roseira só dá rosas por ter raízes no chão” – Chico Xavier 

Era 31 de março de 1869. Allan Kardec preparava-se para mudar a sede da Sociedade Parisiense de Estudos Espíritas para um espaço mais amplo, quando, às 14 horas, foi vitimado pelo rompimento de um aneurisma, desencarnando inesperadamente em seu domicílio em Paris, na rua Ste. Anne, no 59.

Depois de lançar os cinco livros da Codificação e viajar para diferentes cidades e países próximos à França, decide dinamizar a divulgação do Espiritismo e, para tanto, queria instalações mais adequadas. Não sabia, no entanto, que sua tarefa na presente encarnação já estava completada. Frisemos que ele tinha grande preocupação com o que fariam da Terceira Revelação depois de sua morte, pois já havia até idealizado um Comitê Central do Espiritismo para a melhor organização da doutrina ao longo do tempo.

Homem experiente e sabedor de que tudo precisa ser cuidadosamente planejado e elaborado, deixou mais este exemplo de responsabilidade para todos nós, a par de que devemos estar atentos ao dia de hoje porque desconhecemos o que nos ocorrerá daqui a minutos. Kardec já tinha problemas de saúde e sabia que deveria controlar sua impetuosidade diante do trabalho, ainda que desejasse deixar-nos o Espiritismo cada vez mais organizado. Por isso não diminuiu o ritmo do trabalho.

Se observarmos a nossa própria vida, poderemos ter sinais claros que nos indiquem se estamos fazendo o certo, na devida dosagem, com equilíbrio diante das leis naturais ou se estamos nos desgastando além do que podemos e devemos, quando, por exemplo, nos empenhamos em ganhar dinheiro ou quando exageramos até mesmo na prática da caridade.

Como nosso principal compromisso é a nossa própria educação e salvação, não podemos ultrapassar os limites da natureza quando da execução de nossas tarefas, sejam elas de que ordem sejam. É preciso ter equilíbrio e saber que, como encarnados, estamos sujeitos às leis da matéria. Temos de descansar, alimentar-nos corretamente e mesmo divertir-nos, porque a alegria é a maior terapia contra doenças inconvenientes, entre elas a depressão e o estresse e até mesmo o câncer. É preciso combater sempre a tristeza porque ela é o maior veneno para a alma e tem na alegria o principal antídoto. Nunca despreze a oportunidade de ser alegre. A alegria tranquiliza o coração e deixa a alma feliz.

Não compre além do que pode pagar, para não culpar depois os espíritos pelos seus desarranjos mentais. Há mais auto-obsessão que obsessão espiritual, porque a imprevidência é a maior causa do sofrimento.

Ninguém imagine que estamos fazendo a apologia à preguiça ou insinuando que caridade faz mal. Apenas alertamos que tudo deve ser corretamente dosado. Se precisamos dormir oito horas e alimentar-nos diversas vezes para repor o desgaste do dia, justo também que trabalhemos na dose certa. O trabalhador, depois de doze meses, tem direito a férias. Não tem sentido vendê-las ao patrão para ter um pouco mais de dinheiro em prejuízo da saúde. Lá na frente, a vida cobra.

Certa vez, Chico Xavier queixou-se a Emmanuel de que estava doente e cansado e o mentor lhe disse: “Você está trabalhando demais”. Chico argumentou que trabalhava para o bem das pessoas. Emmanuel aduziu: “Não perguntei no que você trabalha. Disse que você está trabalhando demais”.

Na espiritualidade, a maioria dos homens é recebida como suicida, mesmo sem ter-se matado pelas vias do autocídio convencional. É que nós abreviamos o tempo programado para a vida no corpo com os excessos que nos debilitam fisicamente. Lazer com noites mal ou pouco dormidas, trabalho além do normal, vícios que debilitam o corpo e comprometem o caráter, irritabilidade, manias ou fobias que causam insônia ou enfermidades, eis algumas razões que reduzem nossos anos de vida e nos catalogam como suicidas indiretos.

Nesses casos, desembarcamos na espiritualidade “devendo” à lei da reencarnação alguns meses ou anos que nos causarão desconforto e desagradáveis resgates em vida futura. Isso não é castigo; é a lei se cumprindo para que seja quitada até o último centavo.

Nossa vida é nossa e ninguém a vive por nós. Nem cônjuges, nem amigos, nem governos. E não nos iludamos a pensar que quando desencarnamos o mundo ficará órfão de algo importante que poderá comprometer-lhe o progresso. Voltamos para a espiritualidade deixando na Terra o trabalho aí realizado, mas ele também segue conosco em forma de patrimônio espiritual. Se o trabalho foi bom e ajudamos a melhorar o mundo, colheremos bons frutos. Não esqueçamos que pessoas muito mais importantes que nós já nos deixaram e o mundo seguiu em frente. Estaremos presentes – ou não – no coração dos que ficam, dependendo de como vivemos. Jesus vive; Chico Xavier vive; Teresa de Calcutá vive. Por quê? Porque foram a materialização do amor. Só o serviço no bem dará boas notícias de nós. Se quisermos ser lembrados para sempre, amemos. E sem esquecer de amar, inclusive, a nós mesmos.

Já diz o provérbio latino: in medium virtus, que se traduz por a virtude está no meio termo. Feliz quem consegue ser dessa maneira, porque é a única forma de viver com equilíbrio para fazer jus à encarnação que, por misericórdia, foi-nos presenteada pela Lei Divina.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – março de 2012