Muchos de nosotros espíritas hacemos mucho por el espiritismo, pero, irónicamente, no permitimos que el espiritismo haga mucha cosa por nosotros!

Octávio Caúmo Serrano [caumo@caumo.com] Traducción Maria Renee San Martin relu2521@yahoo.com

 

Puede parecer un contrasentido lo que afirmamos arriba porque dando recibimos, según la Ley Mayor. Pidiendo obtenemos, enseña el Evangelio. Todavía es necesario ver si damos como conviene dar y pedimos como conviene pedir.

Por más dedicados que seamos en el trabajo, generalmente lo ejecutamos automáticamente, sin humildad y desprendimiento. Por esta razón, es común entre nosotros los espiritas, que el orgulloso, el vanidoso, el egoísta, el prepotente, el agresivo, el que tiene complejo de superioridad, el rencoroso, el vengativo, el que tiene rasgos de estrellismo y solo hace trabajos que lo dejen en evidencia, lucha y tiene apego por los cargos, todo igual a la mayoría de los seres comunes, no importa la religión.

Esto no significa que no seamos colaboradores útiles a la doctrina, pues realizamos mucho a favor del prójimo. La oportunidad que perdemos es de no hacer por nosotros lo mismo que hacemos por nuestro semejante.

   Recuerdo a la fallecida poetiza goiana, Ana Lins dos Guimarães Peixoto Brêtas, que adopto el pseudónimo  Cora Coralina y publico su primer libro a los 75 años de edad, cuando dijo mas o menos los siguiente: feliz quien divulga lo que sabe; es más feliz, sin embargo, quien aprende lo que enseña. O como se  comenta en el medio espírita, “el entro en el Espiritismo pero el Espiritismo no entro en él”.

Actuamos como el que tiene facilidades financieras y construye obras sociales, pero que no abre mano de tener su nombre en las placas de honras en el hall noble de la institución.

Cambia a las bendiciones eternas de Dios por la gloria efímera de los hombres. Por la satisfacción del ego, tenemos aquí en la Tierra la recompensa por todo lo que hacemos nada mas restando que recibir.

Lo que debemos considerar, todavía, es que la obra tiene también valores y meritos porque es preferible lo que hace, mismo por vanidad, que aquel que se omite delante de los dolores del mundo. Más feliz, sin embargo, el que da sin esperar cualquier retribución, porque acumulara meritos en el cielo que le servirán de amparo en el día del cambio de plano. Llegara a la espiritualidad enriquecido por el bien que hizo al prójimo. Eso no depende del tamaño del servicio, pero es necesario que también sepa recibir ayuda y orientación con humildad, sin ofenderse por verse, en ciertas circunstancias, en posición de inferioridad. En la vida siempre estaremos arriba de alguien o debajo de otro, sea cual sea nuestra posición. Del que pide en la calle al presidente de la republica.

Ora servimos, ora precisamos ser servidos. Todos, sin excepción.  

La mayor dificultad para ser espírita, sin embargo, consiste en vivir exactamente como recomendamos en las conferencias, por la prensa especializada, en las adoctrinaciones o en el atendimiento fraterno que existe en la mayoría de las instituciones. Y la parte practica puede ser ejercitada en la casa espirita, en la calle, en la escuela, en el trabajo y principalmente, en el seno de la familia.

Este comentario está lejos de ser una censura. Es antes una “mea culpa” y un lamento por constatar que el Espiritismo, a ejemplo de lo que acontece con Jesús, aun no consiguió reformarnos masivamente. En pleno siglo XXI continuamos siendo los mismos espíritus atrasados de la Edad Media y de otros tiempos remotos. Nuestro crecimiento espiritual es lento y los muchos siglos avanzados nos modifican casi en nada. Hoy sabemos de reencarnación, de acción y reacción, de causas y efectos, siembra y cosecha, todo en teoría que repetimos mecánicamente sin darnos cuenta que realmente significan y que implicaciones tiene de verdad en nuestra vida  presente y futura.

En esta encarnación,  a los setenta y siete años de vida, pienso que será difícil que yo haga parte de una humanidad espiritualizada, formada dentro de los principios enseñados por la Doctrina de los Espíritus.

Tengo poco tiempo y no me parece posible que la Tierra de regeneración pueda instalarse en ese corto plazo. Yo mismo no tendré condiciones de corregir todas las fallas para calificarme como seguidor de Jesús. En la presente reencarnación seguramente no conseguiré, tal es la cantidad de errores y defectos a ser arreglados. Si pudiera crecer un poco, para ser agradecido a Kardec, ya  me daré por satisfecho. Un solo defecto que yo corrija y la encarnación habrá valido la pena.

En el campo de los vicios, fui fumante por veinte ocho años, de los trece a los cuarenta y uno. Pare en 1975, por tanto hay treinta y siete años. De este carma pienso que ya me libre aun en esta vida.

Otros vicios no tuve. Ni alcohol, ni droga o cualquier tipo de dependencia. En el campo de los defectos, las llamadas depuraciones de carácter, aun estoy lejos de ser ejemplo. Soy ansioso y preocupado más allá de lo normal, aun que  jamás haya practicado la ingratitud, traicionado a la confianza o usado de deshonestidad contra alguien.  Soy puntual y asiduo en los compromisos asumidos. Pero como eso no pasa de obligaciones es poco delante de lo que me falta conquistar. Hice hasta ahora, sin arrepentirme de nada, lo que mi grado de evolución me permitió. Pero continúo luchando.

No soy muy diferente de la mayoría, infelizmente. Recuerdo cuando Chico Xavier afirmo que si nosotros usásemos con los de la casa un diez  por ciento de la cortesía que usamos con los de afuera, los hogares estarían salvos. Somos gentiles afectados, no verdaderos. Tenemos apenas el barniz de la educación, por ahora.

Como  la esperanza, hermana de la fe, siempre nos acompaña, me empeño para merecer, aun que parcialmente, el rotulo de espirita. Quien ya conoce la verdad tiene más posibilidad de  liberarse de las amarras del mundo. Saber yo ya sé; solamente me falta vivir lo que conozco. En el día que consiga, seré espirita. Mejor aún, seré Cristiano!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – mayo de 2012 

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