Preste muita atenção

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Almoçávamos na Galileia num kibutz, forma de coletividade comunitária israelense, por onde viajávamos minha mulher e eu, sob o comando de guia particular, um judeu francês de nome Benjamin.

Num bom espanhol nos entendíamos quando ao falar de religião ele explicou:

O Pai Nosso da nossa religião pede “dai o pão para eu comer e dai a água para eu beber”. Porque, completava ele, de nada adianta Deus me dar o pão se não posso comer e me dar a água se não posso beber.

Sugerimos no título que é preciso prestar atenção às pequenas coisas da vida, sobre as quais transitamos sem nos dar conta e sem considerá-las importantes: olhamos a paisagem, enquanto há tantos que não enxergam; caminhamos, quando há muitos sem perna; comemos, mas há quem não tenha o alimento; movemos braços, pernas, respiramos, pensamos enquanto há tantos alienados.

Quantas pessoas há, cheias do dinheiro que lhes permite comprar tudo, mas de nada adianta, pois não podem usar. Podem viajar, mas são inválidos, podem comprar caviar, mas não pode comer porque lhes faz mal…

Devíamos ter o hábito de prestar atenção às bênçãos que a vida nos dá e agradecer. Ao acordar, agradecer pela noite de sono tranquila, quando há tantos que sofrem de insônia e são dependentes de remédios; ao deitar, agradecer por mais um dia vivido, com saúde e tendo um emprego.

Preste atenção você que reclama do emprego, do patrão e do salário. Sempre acreditamos que o que fazemos vale mais do que nos pagam. No entanto, quantos gostariam de estar no nosso lugar…

O estudante negligente, quase sempre o de mais posses, deveria agradecer pela boa escola e pelos pais que o levam e vão buscar depois do estudo. Ou quando lhe dão de presente o carro novo, como prêmio porque passou de ano. Reclama das tarefas, dos professores porque preferia curtir os amigos no Shopping. Esquece-se ou desconhece que há estudantes que vão a pé, de barco, carroceria de caminhão ou lombo de jumento, viajando por várias horas, para ter acesso ao estudo. Quase sempre recebendo o conhecimento de professores de boa vontade, mas despreparados e mal remunerados. Uma fotografia comum neste nosso país continente.

Usamos mal a vida. Jogamos, bebemos, fumamos, irritamo-nos. E quando adoecemos revoltamo-nos contra Deus sem reconhecer que fomos o dono da ação que agora criou em nós a desagradável reação. Para ter mais dinheiro e mais bens, trabalhamos em excesso e negligenciamos no repouso e na alimentação. Afrontamos as leis da natureza e a vida mais cedo ou mais tarde manda a conta. Ai é tarde. Sobe a pressão, vêm o infarto, a úlcera  e outra dezena de males.

Você reclama da sua encarnação em provas e expiações, mas você está no corpo. Diz que sofre, mas está longe de imaginar as dores dos espíritos do umbral, das trevas ou do vale dos suicidas, que imploram para nascer de novo, mas que precisam purgar ainda por mais tempo o seu passado espiritual.

Se você prestar atenção verá que tem muito mais a agradecer do que a reclamar. Esteja saudável, esteja doente! Está crescendo e para tanto só basta estar atento.

Por isso, preste muita atenção!

Jornal O Clarim – Agosto 2012

Mecanismos de la caridad

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Lo que el ladrón roba, la herrumbre corroe, y la polilla consume, enseño Jesús, no es nuestro.

Octávio Caúmo Serrano – caumo@caumo.com

Traducción Maria Renee San Msartin – relu2521@yahoo.com

 Cuando pensamos poseer un bien de la Tierra, en la verdad, no lo tenemos. ¡La madre afirma: “mi hijo!”. Si el desencarna, ella no tiene más a ese hijo; el hombre dice: “me carro”. Pero, si el ladrón se lo lleva, ya no tiene más a “su” carro. Tenemos dinero en el banco, y el gobierno lo confisca, un secuestrador exige de nosotros un pago para el rescate. ¿Donde esta nuestro dinero? Eso incluye el cuerpo, al cual tenemos tanto apego y arreglamos al exagero. Luego el desencarne, se transforma en cabellos y huesos, simplemente, y vuelve al laboratorio de la Naturaleza. ¿Donde esta “mi” cuerpo?

Son ejemplos simples para constatar que los bienes del mundo son de posesión transitoria y pueden ser quitados en cualquier momento; son bienes diferentes de los espirituales, que son tesoros, cualquiera que sea el plano en que estemos.

Pensemos, si vendemos nuestro carro y usamos el dinero en un gesto de beneficencia, seremos propietarios de ese valor, nadie podrá quitárnoslo. Pero, cuando somos propietarios del bien físico, corremos el riesgo de perderlo, a cualquier momento. ¡Pensamos que así esta fácil entender lo que es realmente nuestro y lo que es prestado para el uso provisorio, aun que concordemos que el ejemplo es un exagero, y pocos están preparados para eso! Chico Xavier hizo eso: ¡cambio una Fusca por comida para sus pobres!(extraído del libro “Lecciones de Sabiduría – Chico Xavier, a los 22 años de la Hoja Espirita”, Marlene Rossi S. Nobre – FE Editora Jornalística Ltda.- 241).1

Con la convicción de esa verdad, los hombres comenzaron a invertir en otro tipo de ahorros. El ahorro que garantiza el futuro del espíritu inmortal que va a necesitar de esas conquistas, por toda la eternidad.

Infelizmente, con los apegos materiales de los mundos inferiores como el nuestro, donde el cuerpo prevalece sobre el alma, es realmente difícil esa concientización, al no ser cuando vencidos por los dolores. Pero, poco a poco, vamos entendiendo y nos arriesgamos a diversificar las inversiones.

Ese pensamiento permite entender que es dando que se recibe. O sea, cuando damos, ya recibimos, sea bueno, sea malo.

¡Ante el desencarne de un ser querido, la primera pregunta que nos viene a la mente es como llegara a la espiritualidad! Duda sin sentido, si conocíamos bien lo que partió. Basta ver cómo vivió para saber cómo llegara al mundo de verdad. Hacemos un análisis sin agitación, independiente del grado de parentela de nuestro querido ser, mismo que sea nuestra madre.

La encarnación tiene como finalidad el preparo del espíritu para nuevas etapas de vida, en la materia o fuera de ella. Quien fue solidario en la Tierra cosechará los frutos, en la erraticidad, y no necesitamos temer por su futuro. Pero, si el egoísmo prevaleció, no hay porque eludirnos, no está muy bien en el mundo de los espíritus. Tendrá cuentas a acertar, antes de ajustarse a la nueva situación y tener otra oportunidad para renacer en la Tierra.

Basta entender que “la justicia divina es justa”, de verdad, para saber que no puede ser diferente. Las soluciones rápidas de los hombres no hacen parte de las Leyes de Dios. Cuando aprendemos sobre acción y reacción, es así que debemos entender el futuro espiritual de las personas.

El sentimentalismo, generalmente cargado de emociones, nos hace ver a las criaturas con ojos coloridos, poniendo cualidades donde no existen. Y lo contrario también ocurre, a menudo. Tenemos que medir todos con una misma vara, como aprendimos por el espíritu de Jesús.

Lo que plantamos cosechamos. La reencarnación, lejos de ser un castigo, es la mayor expresión de la misericordia de Dios, por que se repite las veces que sean necesarias, hasta que consigamos pasar de año. Cabe a cada uno el deber de aprovechar el tiempo. Necesitamos leer más, estudiar más, trabajar más y ser más fraternos. Tenemos que prestar atención al prójimo para suavizarle la carga, en la medida de nuestras competencias. El bien que hacemos a él va a nuestro salvoconducto para viajar a la espiritualidad superior. 

El bien que hacemos puede ser la ayuda material o el apoyo espiritual. La palabra confortante o el silencio respetuoso. No debemos comentar sobre un defecto físico que ya sirve de complejo para la persona. Los comentarios irrespetuosos crean dolores y enemistades. Expresiones como calvo, sin dientes, dentudo, y otras liviandades pueden generar el odio de las personas con nosotros.

La verdadera caridad es aquella que pone una sonrisa en los labios del otro y hace sentir placer con nuestra presencia. Cuando somos aguardados y alguien dice: “qué bueno que viniste”, estamos en el camino acertado. Hacer al otro lo nos gustaríamos que el otro nos hiciera, en situaciones idénticas, es la mejor receta para ser amado.

Dice el Espiritismo: “fuera de la caridad no hay salvación”. Conveniente, por tanto, investir mas en esa “moneda” que circula en los diferentes mundos. Así vivió y vive el médico Dr. Adolfo Bezerra de Menezes que, en este 29 de agosto, completaria 181 años de vida y continua haciendo el bien a todos cuanto piden su presencia en este planeta sufrido que escogió para proseguir sirviendo por su Casa de los Humildes, cedida en la espiritualidad de la Tierra.

Podemos cerrar este texto, repitiendo – lo que hicimos varias veces- una frase que extraemos de una crónica de Arnaldo Jabor: “nos somos un ser humano en una experiencia espiritual; somos un ser espiritual en una experiencia humana.” Esa afirmación resume toda nuestra naturaleza y la finalidad de la vida en la Tierra. ¡Vale la pena pensar en el asunto, con seriedad!

La caridad es un ahorro serio y no cambia como los bienes, al sabor de las conveniencias.

 

RIE-Revista Internacional de Espiritismo – agosto 2012

 

Mecanismos da caridade

1 Comentário

O que o ladrão rouba, a ferrugem corrói, e a traça consome, ensinou Jesus, não é nosso.

Quando pensamos possuir um bem da Terra, na verdade, não o temos. A mãe afirma: “meu filho!”. Se ele desencarna, ela não tem mais esse filho; o homem diz: “meu carro”. Mas, se o ladrão o leva, já não tem mais o “seu” carro. Temos dinheiro no banco, e o governo o confisca, ou um sequestrador exige de nós o pagamento do resgate. Onde está o nosso dinheiro? Isso inclui o corpo, ao qual temos tanto apego e enfeitamos ao exagero. Logo após o desencarne, transforma-se em cabelos e ossos, simplesmente, e volta ao laboratório da Natureza. Onde está o “meu” corpo?

São exemplos simples para constatar que os bens do mundo são de posse transitória e podem ser tirados, a qualquer momento; são bens diferentes dos espirituais, que são tesouros eternos, qualquer que seja o plano em que estejamos.

Raciocinemos. Se vendemos o nosso carro e usamos o dinheiro num gesto de benemerência, seremos proprietários desse valor; ninguém poderá mais tirá-lo de nós. Mas, enquanto formos proprietários do bem físico, corremos o risco de perdê-lo, a qualquer momento. Pensamos que assim fica fácil entender o que é realmente nosso e o que é emprestado para uso provisório, embora concordemos que o exemplo é um exagero, e poucos estão preparados para isso! Chico Xavier fez isso: trocou um Fuscão por comida para os seus pobres! (Extraído do livro “Lições de Sabedoria – Chico Xavier, nos 22 anos da Folha Espírita”, Marlene Rossi S. Nobre – FE Editora Jornalística Ltda. – pag. 241).1

Com a convicção dessa verdade, os homens começarão a investir em outro tipo de poupança. A poupança que garanta o futuro do espírito imortal que vai precisar dessas conquistas, por toda a eternidade. Infelizmente, com os apelos materiais dos mundos inferiores como o nosso, onde o corpo prevalece sobre a alma, é realmente difícil essa conscientização, a não ser quando convencidos pelas dores. Mas, aos poucos, vamos entendendo e nos arriscando a diversificar os investimentos.

Esse raciocínio permite entender que é dando que se recebe. Ou seja, quando damos, já recebemos, seja bom, seja mau.

Ante o desencarne de um ser querido, a primeira pergunta que nos vem à mente é como chegará ele à espiritualidade! Dúvida sem sentido, se conhecíamos bem o que partiu. Basta ver como viveu para saber como chegará ao mundo da verdade. Façamos uma análise sem pieguice, independente do grau de parentela do nosso querido ser, mesmo que seja nossa mãe.

A encarnação tem como finalidade o preparo do espírito para novas etapas de vida, na matéria ou fora dela. Quem foi solidário na Terra colherá os frutos, na erraticidade, e não precisamos temer pelo seu futuro. Mas, se o egoísmo prevaleceu, não há porque iludir-nos. Não estará muito bem no mundo dos espíritos. Terá contas a acertar, antes de ajustar-se à nova situação e ter outra oportunidade para renascer na Terra.

Basta entender que “a justiça divina é justa”, de verdade, para saber que não pode ser diferente. Os jeitinhos dos homens não fazem parte das Leis de Deus. Quando aprendemos sobre ação e reação, é assim que devemos entender o futuro espiritual das pessoas.

O sentimentalismo, geralmente carregado de emoção, faz-nos ver as criaturas com olhos coloridos, pondo qualidades onde não existem. E o inverso também ocorre, amiúde. Temos que medir todos com a mesma vara, como aprendemos pelo Evangelho de Jesus.

O que plantamos colhemos. A reencarnação, longe de ser um castigo, é a maior expressão da misericórdia de Deus, porque se repete tantas vezes quantas necessárias, até que consigamos passar de ano. Cabe a cada um retirar, desse tempo na matéria, as oportunidades que ela oferece. Por isso temos o dever de aproveitar o tempo. Precisamos ler mais, estudar mais, trabalhar mais e sermos mais fraternos. Temos de prestar atenção no próximo para suavizar-lhe a carga, na medida da nossa competência. O bem que fazemos a ele é o nosso salvo-conduto para viajar à espiritualidade superior.

O bem que fazemos pode ser a ajuda material ou o apoio espiritual. A palavra confortadora ou o silêncio respeitoso. Não devemos comentar sobre um defeito físico que já serve de complexo para a pessoa. Os comentários desrespeitosos criam mágoas e inimizades. Expressões como: careca, banguela, dentuço e outras leviandades podem gerar o ódio das pessoas contra nós.

A verdadeira caridade é aquela que põe um sorriso nos lábios do outro e fá-lo sentir prazer com a nossa presença. Quando somos aguardamos e alguém diz: “que bom que você veio”, estamos no caminho certo. Fazer ao outro o que gostaríamos que o outro nos fizesse, em situações idênticas, é a melhor receita para ser amado.

Diz o Espiritismo: “Fora da caridade não há salvação”. Conveniente, portanto, investir mais nessa “moeda” que circula nos diferentes mundos. Assim viveu e “vive” o médico Dr. Adolfo Bezerra de Menezes que, neste 29 de agosto, completaria 181 anos de vida e continua fazendo o bem a todos quantos pedem a sua presença neste planeta sofrido que ele escolheu para prosseguir servindo pela sua Casa dos Humildes, sediada na espiritualidade da Terra.

Podemos fechar este texto, repetindo − o que já fizemos várias vezes – uma frase que extraímos de uma crônica de Arnaldo Jabor: “Não somos um ser humano numa experiência espiritual; somos um ser espiritual numa experiência humana.” Essa afirmação resume toda a nossa natureza e a finalidade da vida na Terra. Vale a pena pensar no assunto, com seriedade! A caridade é uma poupança séria e não muda como a dos homens, ao sabor das conveniências.

RIE-Revista Internacional de Espiritismo – agosto de 2012