Lo que el ladrón roba, la herrumbre corroe, y la polilla consume, enseño Jesús, no es nuestro.

Octávio Caúmo Serrano – caumo@caumo.com

Traducción Maria Renee San Msartin – relu2521@yahoo.com

 Cuando pensamos poseer un bien de la Tierra, en la verdad, no lo tenemos. ¡La madre afirma: “mi hijo!”. Si el desencarna, ella no tiene más a ese hijo; el hombre dice: “me carro”. Pero, si el ladrón se lo lleva, ya no tiene más a “su” carro. Tenemos dinero en el banco, y el gobierno lo confisca, un secuestrador exige de nosotros un pago para el rescate. ¿Donde esta nuestro dinero? Eso incluye el cuerpo, al cual tenemos tanto apego y arreglamos al exagero. Luego el desencarne, se transforma en cabellos y huesos, simplemente, y vuelve al laboratorio de la Naturaleza. ¿Donde esta “mi” cuerpo?

Son ejemplos simples para constatar que los bienes del mundo son de posesión transitoria y pueden ser quitados en cualquier momento; son bienes diferentes de los espirituales, que son tesoros, cualquiera que sea el plano en que estemos.

Pensemos, si vendemos nuestro carro y usamos el dinero en un gesto de beneficencia, seremos propietarios de ese valor, nadie podrá quitárnoslo. Pero, cuando somos propietarios del bien físico, corremos el riesgo de perderlo, a cualquier momento. ¡Pensamos que así esta fácil entender lo que es realmente nuestro y lo que es prestado para el uso provisorio, aun que concordemos que el ejemplo es un exagero, y pocos están preparados para eso! Chico Xavier hizo eso: ¡cambio una Fusca por comida para sus pobres!(extraído del libro “Lecciones de Sabiduría – Chico Xavier, a los 22 años de la Hoja Espirita”, Marlene Rossi S. Nobre – FE Editora Jornalística Ltda.- 241).1

Con la convicción de esa verdad, los hombres comenzaron a invertir en otro tipo de ahorros. El ahorro que garantiza el futuro del espíritu inmortal que va a necesitar de esas conquistas, por toda la eternidad.

Infelizmente, con los apegos materiales de los mundos inferiores como el nuestro, donde el cuerpo prevalece sobre el alma, es realmente difícil esa concientización, al no ser cuando vencidos por los dolores. Pero, poco a poco, vamos entendiendo y nos arriesgamos a diversificar las inversiones.

Ese pensamiento permite entender que es dando que se recibe. O sea, cuando damos, ya recibimos, sea bueno, sea malo.

¡Ante el desencarne de un ser querido, la primera pregunta que nos viene a la mente es como llegara a la espiritualidad! Duda sin sentido, si conocíamos bien lo que partió. Basta ver cómo vivió para saber cómo llegara al mundo de verdad. Hacemos un análisis sin agitación, independiente del grado de parentela de nuestro querido ser, mismo que sea nuestra madre.

La encarnación tiene como finalidad el preparo del espíritu para nuevas etapas de vida, en la materia o fuera de ella. Quien fue solidario en la Tierra cosechará los frutos, en la erraticidad, y no necesitamos temer por su futuro. Pero, si el egoísmo prevaleció, no hay porque eludirnos, no está muy bien en el mundo de los espíritus. Tendrá cuentas a acertar, antes de ajustarse a la nueva situación y tener otra oportunidad para renacer en la Tierra.

Basta entender que “la justicia divina es justa”, de verdad, para saber que no puede ser diferente. Las soluciones rápidas de los hombres no hacen parte de las Leyes de Dios. Cuando aprendemos sobre acción y reacción, es así que debemos entender el futuro espiritual de las personas.

El sentimentalismo, generalmente cargado de emociones, nos hace ver a las criaturas con ojos coloridos, poniendo cualidades donde no existen. Y lo contrario también ocurre, a menudo. Tenemos que medir todos con una misma vara, como aprendimos por el espíritu de Jesús.

Lo que plantamos cosechamos. La reencarnación, lejos de ser un castigo, es la mayor expresión de la misericordia de Dios, por que se repite las veces que sean necesarias, hasta que consigamos pasar de año. Cabe a cada uno el deber de aprovechar el tiempo. Necesitamos leer más, estudiar más, trabajar más y ser más fraternos. Tenemos que prestar atención al prójimo para suavizarle la carga, en la medida de nuestras competencias. El bien que hacemos a él va a nuestro salvoconducto para viajar a la espiritualidad superior. 

El bien que hacemos puede ser la ayuda material o el apoyo espiritual. La palabra confortante o el silencio respetuoso. No debemos comentar sobre un defecto físico que ya sirve de complejo para la persona. Los comentarios irrespetuosos crean dolores y enemistades. Expresiones como calvo, sin dientes, dentudo, y otras liviandades pueden generar el odio de las personas con nosotros.

La verdadera caridad es aquella que pone una sonrisa en los labios del otro y hace sentir placer con nuestra presencia. Cuando somos aguardados y alguien dice: “qué bueno que viniste”, estamos en el camino acertado. Hacer al otro lo nos gustaríamos que el otro nos hiciera, en situaciones idénticas, es la mejor receta para ser amado.

Dice el Espiritismo: “fuera de la caridad no hay salvación”. Conveniente, por tanto, investir mas en esa “moneda” que circula en los diferentes mundos. Así vivió y vive el médico Dr. Adolfo Bezerra de Menezes que, en este 29 de agosto, completaria 181 años de vida y continua haciendo el bien a todos cuanto piden su presencia en este planeta sufrido que escogió para proseguir sirviendo por su Casa de los Humildes, cedida en la espiritualidad de la Tierra.

Podemos cerrar este texto, repitiendo – lo que hicimos varias veces- una frase que extraemos de una crónica de Arnaldo Jabor: “nos somos un ser humano en una experiencia espiritual; somos un ser espiritual en una experiencia humana.” Esa afirmación resume toda nuestra naturaleza y la finalidad de la vida en la Tierra. ¡Vale la pena pensar en el asunto, con seriedad!

La caridad es un ahorro serio y no cambia como los bienes, al sabor de las conveniencias.

 

RIE-Revista Internacional de Espiritismo – agosto 2012