É primavera

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“Fica sempre um pouco de perfume nas mãos de quem oferece flores.”

A beleza deste provérbio chinês cabe ser lembrada a cada setembro, quando no hemisfério sul nasce uma nova primavera. A estação que faz a alegria das abelhas, dos românticos, dos paisagistas e dos pintores. Dálias, lírios, rosas, cravos e as singelas margaridas enfeitam vasos e jardins. Sem falar nas flores silvestres de beleza espontânea, bonitas por virtude própria, que dispensam os cuidados humanos porque recebem a energia que vem diretamente do Criador. É o tempo em que os pássaros começam a preparar seus ninhos porque logo o alimento será abundante e a espécie precisa ser perpetuada…

Neste clima, neste mês, as almas também se enfeitam um pouco mais, contagiadas pela beleza da eflorescência que se espalha aos quatro cantos. Os olhos, acostumados à feiura do orgulho e do egoísmo, fazem uma pausa no negrume das incertezas e do pessimismo e passam a enxergar o colorido da vida. O mesmo colorido que está sempre presente, mas para o qual não temos ainda olhos de ver.

Aproveitando-se dessa sensibilidade, por vezes sem dar-se conta, as criaturas ficam mais solidárias e as mãos que entregam flores tornam-se também mais generosas. Doam-se e, ao oferecer rosas de caridade, perfumam-se também; e não apenas as mãos, mas, sobretudo, o coração. Assim como o Evangelho do Cristo não é a letra que mata, mas o espírito que vivifica, os ditos populares tem sua simbologia espiritual. As flores do provérbio acima são, principalmente, as oferendas de amor que entregamos ao irmão necessitado. E o perfume que fica em nós é a doce alegria provocada pelo sorriso de quem se beneficiou da nossa despretensiosa generosidade. Ao dar um pouco recebemos muito. A alegria de quem dá é sempre maior do que a de quem recebe.

Francisco Cândido Xavier várias vezes citou esse anunciado que se misturou às inúmeras frases de sabedoria que o médium mineiro nos deixou. Frases suas, frases dos Espíritos, frases dos filósofos. Não importa o autor, embora devamos decliná-lo sempre que for de nosso conhecimento. Mas se não soubermos, diremos  “como alguém já disse” ou algo similar. Só não podemos ser indevidamente o autor daquilo que não criamos.

Inquilinos que não pagam aluguel, vivemos de favor na casa de Jesus. Pensamos que já é hora de respeitá-la e ser mais agradecidos; não só não a destruindo, mas também ajudando a preservá-la.

Comecemos o treinamento nesta primavera e, depois de habituar-nos, façamos do ano inteiro uma estação de flores. Mesmo quando as flores ainda não nasceram elas já existem no cerne das árvores, na semente dos frutos que gerarão novas plantas, como as células humanas da criança que guardam todos os atributos humanos que precisarão quando for viver a vida adulta.

No dia 23 de setembro começa, oficialmente, mais uma primavera. Tomará que ela seja bastante perfumada para dissipar os odores putrefatos dos pensamentos de ódio e de todo o negativismo que toma conta da humanidade pela supervalorização da violência, da corrupção e da miséria! Tomara que seu perfume nos encha de otimismo e esperança! Tomara!

Jornal O Clarim – Dia a dia de outubro de 2012

Promesas y penitencias

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La luz que ilumina el alma es solamente la de la oración

Octávio Caúmo Serrano – caumo@caumo.com

Traducción- Maria Renee San Martin – relu2521@yahoo.com

 

Desde las eras más remotas, se instituyo ofrendas con el fin de agradar a Dios y a los santos a fin de obtener beneficios de orden material. Tales actos, por ejemplo, eran habituales en el Templo de Jerusalén y, por su inutilidad, fueron objeto de censura del propio Jesús.

Por eso, la recomendación de que, antes de hacer la ofrenda, deberíamos reconciliarnos con el adversario.

La finalidad comercial de tales prácticas es evidente. En el Templo de Jerusalén solo personas autorizadas podían vender los animales y los objetos porque estos eran santificados. Semejante, hoy en día la venta de las velas o cintas en las diferentes religiones tienen solamente objetivo financiero.

Se observa que el pago de las promesas casi siempre está condicionado el benefició recibido. Después que la joven encuentra marido,  el joven es aprobado el examen de ingreso es que ofrecen al santo las velas o hacen las penitencias. ¡Primero el favor y después el pago!

¿Si para nada se aprovecha, qué sentido puede tener para las divinidades el gasto o el sacrificio de las personas? Podríamos hacer una trova diciendo: “La luz que enciende la llama/ es solamente de la oración/ porque de la luz de la vela prendida/ solo genera más polución”.

El espiritismo nos trae clareza sobre el asunto en el capitulo V de El Libro de los Espíritus, en Privaciones Voluntarias. Mortificaciones. La pregunta 720 es: “¿son meritorias a los ojos de Dios las privaciones voluntarias con el objeto de una expiación igualmente voluntaria?” Respuesta: “Haced el bien a vuestro semejante y mas merito tendrás.”

En la pregunta 721, tenemos: ¿Es meritoria, de cualquier punto de vista, la vida de mortificaciones escépticas que desde la más remota antigüedad tuvo practicantes en el seno de diversos pueblos?” Respuesta: “Procurad saber a quién ella aprovecha y tendréis la respuesta; si solamente sirve para quien la practica y lo que impide de hacer el bien, es egoísmo, sea cual fuera el pretexto con que entiendan de coloréala. Privarse a sí mismo es trabajar para los otros, tal la verdadera mortificación, según la caridad cristiana.”

La conclusión la que nos llevo el Espiritismo es que el dinero gastado en las velas, en las cintas, en las flores, debería se gastado en pan para un hambriento. La energía dispensada para subir la escalera de rodillas o para la larga caminada, las veces con flagelo de una cruz en los hombros, debería ser  usada para ayudar a alguien a erguir su casa, para cuidar de un niño pobre, para llevar a un enfermo al hospital. Esa energía gastada tiene su recompensa porque se fundamenta en la caridad sin egoísmo y sin esperar retribuciones.

En lo que concierne las autoflagelaciones que existen en muchas partes del mundo, cuando el hombre se crucifica o agrede con chicoteadas u otros pertrechos, sangrando su espalda, la pregunta 725 nos enseña: P: “¿que se debe pensar de las mutilaciones operadas en el cuerpo del hombre o de los de los animales?” R: “¿A que propósito semejante pregunta? Aun una vez: preguntaos siempre a sí mismos, si es útil aquello de que por ventura se trate.

A Dios no puede agradar el que sea útil y que sea nocivo Le será siempre desagradable. Porque, queda sabiendo, Dios solo es sensible a los sentimientos que eleven para el alma. Obedeciéndole a la ley y no violándola es que podréis alienar al yugo de vuestra materia terrestre”.

Pensamos que basta a penas un poco de buen censo para saber que las ofrendas o las penitencias visando beneficios propios no tiene el menor sentido. Cuanto  a las romerías o procesiones a locales santos, más allá del valor turístico y cultural otra finalidad no tiene. Si para librarnos de los pecados tenemos que ir a Santiago de Compostela, a Jerusalén o Roma, a Fátima o Lourdes, a Meca o Medina la gran mayoría que es pobre en este planeta quedara sin acceso a estos beneficios. Cuando el hombre tiene el corazón abierto y se abriga en la simplicidad y en la solidaridad, Dios – y sus emisarios – vienen hasta el, sin que precise viajar. El único viaje que debe hacer es para dentro de sí mismo, renovándose en la fe y creyendo que es hijo predilecto del Creador y merecedor de toda Su protección. La sintonía con la divinidad no se hace en lugares determinados, pero en la intimidad del propio corazón.

Para reforzar lo que dijimos, aun El Libro de los Espíritus, en la pregunta 726, está dicho que: “los sufrimientos voluntarios para nada sirven, cuando no concurren para el bien de los demás. ¿Suponen que se adelantan en el camino del progreso lo que abrevian la vida, mediante rigores sobre humanos, como hacen los bonzos, los faquires y algunos fanáticos de muchas sectas?

Vistan al indigente, consuelen al que llora, trabajen por que está enfermo; sufran privaciones para alivio de los infelices y entonces sus vidas serán útiles y por tanto, agradables a Dios. Sufrir alguien voluntariamente, apenas para su propio bien, es egoísmo; sufrir por los otros es caridad: tales son los preceptos de Cristo.”

Para finalizar, diremos que quien desea progresar, que trabaje y estudie siempre y mucho. Quien desea tener felicidad, que modifique su manera de ser y de pensar, conviene recordar el pasaje de la madre que pidió ayuda al viejo negro para que su hijo apruebe los exámenes escolares. El buen hombre mando el siguiente recado:” hable al niño que meta su cara en los libros, día y noche, que el viejo negro lo ayudara.”  ¡Una receta simple para el suceso!

Que nuestra penitencia sea siempre la de esforzarnos para mejorar y combatir nuestros defectos; y nuestra promesa, la de trabajar por el semejante para ayudar en la armonía del mundo. El resto es tiempo perdido y pura ilusión.

La soberana propuesta del espiritismo es que luchemos por nuestra renovación. Es esta la finalidad que nos trae de vuelta al mundo material. Nada tiene merito si no es conquistado con el propio esfuerzo, porque cada virtud adquirida corresponde a la superación de un defecto. No se puede ser humilde y orgulloso al mismo tiempo. Imaginar que podemos comprar nuestra reforma intima con una vela prendida, un bouquet de flores o una penitencia sin provecho es pura tontería. Son los talismanes y amuletos usados por espíritus atrasados. Quien quiere recibir el bien, haga el bien. ¡No hay otro camino!

RIE-Revista Internacional de Espiritismo-Octubre 2012

 

Promessas e Penitências

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         A luz que ilumina a alma é somente a da oração.

Desde as eras mais remotas, instituíram-se as oferendas para agradar a Deus e aos santos a fim de obter benefícios de ordem material. Tais atos, por exemplo, eram habituais no Templo de Jerusalém e, por sua inutilidade, foram objeto de censura do próprio Jesus.Por isso, a recomendação de que, antes de fazer a oferenda, deveríamos reconciliar-nos com o adversário.

A finalidade comercial de tais práticas é evidente. No Templo de Jerusalém só pessoas autorizadas podiam vender os animais ou objetos porque estes eram santificados. Semelhantemente, hoje em dia a venda de velas ou fitas nas diferentes religiões tem somente objetivo financeiro.

Observa-se que o pagamento da promessa quase sempre está condicionado ao benefício recebido. Depois que a moça arranja marido ou o jovem passa no vestibular é que ofertam ao santo as velas ou fazem as penitências. Primeiro o favor e depois o pagamento!

Se para nada se aproveita, que sentido pode ter para as divindades a despesa ou o sacrifício das pessoas? Poderíamos fazer uma trova dizendo: “A luz que ilumina a alma/é somente a da oração/porque a luz da vela acesa/só gera mais poluição.”

O Espiritismo traz-nos clareza sobre o assunto no Capítulo V de O Livro dos Espíritos, em Privações Voluntárias. Mortificações. A pergunta 720 é: “São meritórias aos olhos de Deus as privações voluntárias com o objetivo de uma expiação igualmente voluntária?” Resposta: “Fazei o bem ao vosso semelhante e mais mérito terás.”

Na questão 721, temos: “É meritória, de qualquer ponto de vista, a vida de mortificações ascéticas que desde a mais remota antiguidade teve praticantes no seio de diversos povos?” Resposta: “Procurai saber a quem ela aproveita e tereis a resposta; se somente serve para quem a pratica e o impede de fazer o bem, é egoísmo, seja qual for o pretexto com que entendam de colori-la. Privar-se a si mesmo e trabalhar para os outros, tal a verdadeira mortificação, segundo a caridade cristã.”

A conclusão a que nos leva o Espiritismo é que o dinheiro gasto nas velas, nas fitas, nas flores, deveria ser gasto no pão para um faminto. A energia despendida para subir a escada de joelhos ou para a longa caminhada, às vezes com o flagelo de uma cruz nos ombros, deveria ser usada para ajudar alguém a erguer sua moradia, para cuidar de uma criança pobre, para levar um doente até o hospital. Essa energia tem seu gasto recompensado porque se fundamenta na caridade sem egoísmo e sem esperar retribuições.

No que concerne às autoflagelações que existem em muitas partes do mundo, quando o homem crucifica-se ou agride-se com chicotadas ou outros petrechos, sangrando suas costas, aquestão 725 nos ensina: “P: Que se deve pensar das mutilações operadas no corpo do homem ou dos animais?” R: “A que propósito, semelhante questão? Ainda uma vez: perguntai sempre a vós mesmos se é útil aquilo de que porventura se trate. A Deus não pode agradar o que seja inútil e o que for nocivo Lhe será sempre desagradável. Porque, ficai sabendo, Deus só é sensível aos sentimentos que elevem para ele a alma. Obedecendo-lhe a lei e não a violando é que podereis forrar-vos ao jugo da vossa matéria terrestre.”

Pensamos que basta apenas um pouco de bom senso para saber que as oferendas ou as penitências visando benefícios próprios não têm o menor sentido. Quanto às romarias ou procissões a locais santos, além do valor turístico e cultural outra finalidade não têm. Se para nos livrarmos dos pecados temos de ir a Santiago de Compostela, a Jerusalém ou Roma, a Fátima ou Lourdes, a Meca ou Medina, a grande maioria que é pobre neste planeta ficará sem acesso a esses benefícios. Quando o homem tem o coração aberto e se abriga na simplicidade e na solidariedade, Deus – e seus emissários – vem até ele, sem que precise viajar. A única viagem que deve fazer é para dentro de si mesmo, renovando-se na fé e acreditando que é filho dileto do Criador e merecedor de toda a Sua proteção. A sintonia com a divindade não se faz em lugares determinados, mas na intimidade do próprio coração.

Para reforçar o que dissemos, ainda em O Livro dos Espíritos, na questão 726, está dito que: “Os sofrimentos voluntários para nada servem, quando não concorrem para o bem de outrem. Supões que se adiantam no caminho do progresso os que abreviam a vida, mediante rigores sobre humanos, como fazem os bonzos, os faquires e alguns fanáticos de muitas seitas? Vistam o indigente, consolem o que chora, trabalhem pelo que está enfermo; sofram privações para alívio dos infelizes e então suas vidas serão úteis e, portanto, agradáveis a Deus. Sofrer alguém voluntariamente, apenas para seu próprio bem, é egoísmo; sofrer pelos outros é caridade: tais os preceitos do Cristo.”

Para finalizar, dizemos que quem deseja progredir, que trabalhe e estude sempre e muito. Quem deseja ter felicidade, que modifique sua maneira de ser e de pensar. Convém recordar a passagem da mãe que pediu ajuda ao preto velho para seu filho passar nos exames escolares. O bom homem mandou o seguinte recado: “Fala pro menino enfiar a cara nos livros, dia e noite, que preto velho vai ajudar.” Receita simples para o sucesso!

Que nossa penitência seja sempre a de esforçar-nos para melhorar e combater os nossos defeitos; e nossa promessa, a de trabalhar pelo semelhante para ajudar na harmonia do mundo. O resto é tempo perdido e pura ilusão.

A soberana proposta do Espiritismo é que lutemos pela nossa renovação. É esta a finalidade que nos traz de volta ao mundo material. Nada tem mérito se não for conquistado com o próprio esforço, porque cada virtude adquirida corresponde à superação de um defeito. Não se pode ser humilde e orgulhoso ao mesmo tempo. Imaginar que podemos comprar nossa reforma íntima com uma vela acesa, um buquê de flores ou uma penitência sem proveito é pura tolice. São os talismãs e patuás usados por espíritos atrasados. Quem quer receber o bem, faça o bem. Não há outro caminho!

RIE-Revista Internacional de Espiritismo – outubro de 2012