La luz que ilumina el alma es solamente la de la oración

Octávio Caúmo Serrano – caumo@caumo.com

Traducción- Maria Renee San Martin – relu2521@yahoo.com

 

Desde las eras más remotas, se instituyo ofrendas con el fin de agradar a Dios y a los santos a fin de obtener beneficios de orden material. Tales actos, por ejemplo, eran habituales en el Templo de Jerusalén y, por su inutilidad, fueron objeto de censura del propio Jesús.

Por eso, la recomendación de que, antes de hacer la ofrenda, deberíamos reconciliarnos con el adversario.

La finalidad comercial de tales prácticas es evidente. En el Templo de Jerusalén solo personas autorizadas podían vender los animales y los objetos porque estos eran santificados. Semejante, hoy en día la venta de las velas o cintas en las diferentes religiones tienen solamente objetivo financiero.

Se observa que el pago de las promesas casi siempre está condicionado el benefició recibido. Después que la joven encuentra marido,  el joven es aprobado el examen de ingreso es que ofrecen al santo las velas o hacen las penitencias. ¡Primero el favor y después el pago!

¿Si para nada se aprovecha, qué sentido puede tener para las divinidades el gasto o el sacrificio de las personas? Podríamos hacer una trova diciendo: “La luz que enciende la llama/ es solamente de la oración/ porque de la luz de la vela prendida/ solo genera más polución”.

El espiritismo nos trae clareza sobre el asunto en el capitulo V de El Libro de los Espíritus, en Privaciones Voluntarias. Mortificaciones. La pregunta 720 es: “¿son meritorias a los ojos de Dios las privaciones voluntarias con el objeto de una expiación igualmente voluntaria?” Respuesta: “Haced el bien a vuestro semejante y mas merito tendrás.”

En la pregunta 721, tenemos: ¿Es meritoria, de cualquier punto de vista, la vida de mortificaciones escépticas que desde la más remota antigüedad tuvo practicantes en el seno de diversos pueblos?” Respuesta: “Procurad saber a quién ella aprovecha y tendréis la respuesta; si solamente sirve para quien la practica y lo que impide de hacer el bien, es egoísmo, sea cual fuera el pretexto con que entiendan de coloréala. Privarse a sí mismo es trabajar para los otros, tal la verdadera mortificación, según la caridad cristiana.”

La conclusión la que nos llevo el Espiritismo es que el dinero gastado en las velas, en las cintas, en las flores, debería se gastado en pan para un hambriento. La energía dispensada para subir la escalera de rodillas o para la larga caminada, las veces con flagelo de una cruz en los hombros, debería ser  usada para ayudar a alguien a erguir su casa, para cuidar de un niño pobre, para llevar a un enfermo al hospital. Esa energía gastada tiene su recompensa porque se fundamenta en la caridad sin egoísmo y sin esperar retribuciones.

En lo que concierne las autoflagelaciones que existen en muchas partes del mundo, cuando el hombre se crucifica o agrede con chicoteadas u otros pertrechos, sangrando su espalda, la pregunta 725 nos enseña: P: “¿que se debe pensar de las mutilaciones operadas en el cuerpo del hombre o de los de los animales?” R: “¿A que propósito semejante pregunta? Aun una vez: preguntaos siempre a sí mismos, si es útil aquello de que por ventura se trate.

A Dios no puede agradar el que sea útil y que sea nocivo Le será siempre desagradable. Porque, queda sabiendo, Dios solo es sensible a los sentimientos que eleven para el alma. Obedeciéndole a la ley y no violándola es que podréis alienar al yugo de vuestra materia terrestre”.

Pensamos que basta a penas un poco de buen censo para saber que las ofrendas o las penitencias visando beneficios propios no tiene el menor sentido. Cuanto  a las romerías o procesiones a locales santos, más allá del valor turístico y cultural otra finalidad no tiene. Si para librarnos de los pecados tenemos que ir a Santiago de Compostela, a Jerusalén o Roma, a Fátima o Lourdes, a Meca o Medina la gran mayoría que es pobre en este planeta quedara sin acceso a estos beneficios. Cuando el hombre tiene el corazón abierto y se abriga en la simplicidad y en la solidaridad, Dios – y sus emisarios – vienen hasta el, sin que precise viajar. El único viaje que debe hacer es para dentro de sí mismo, renovándose en la fe y creyendo que es hijo predilecto del Creador y merecedor de toda Su protección. La sintonía con la divinidad no se hace en lugares determinados, pero en la intimidad del propio corazón.

Para reforzar lo que dijimos, aun El Libro de los Espíritus, en la pregunta 726, está dicho que: “los sufrimientos voluntarios para nada sirven, cuando no concurren para el bien de los demás. ¿Suponen que se adelantan en el camino del progreso lo que abrevian la vida, mediante rigores sobre humanos, como hacen los bonzos, los faquires y algunos fanáticos de muchas sectas?

Vistan al indigente, consuelen al que llora, trabajen por que está enfermo; sufran privaciones para alivio de los infelices y entonces sus vidas serán útiles y por tanto, agradables a Dios. Sufrir alguien voluntariamente, apenas para su propio bien, es egoísmo; sufrir por los otros es caridad: tales son los preceptos de Cristo.”

Para finalizar, diremos que quien desea progresar, que trabaje y estudie siempre y mucho. Quien desea tener felicidad, que modifique su manera de ser y de pensar, conviene recordar el pasaje de la madre que pidió ayuda al viejo negro para que su hijo apruebe los exámenes escolares. El buen hombre mando el siguiente recado:” hable al niño que meta su cara en los libros, día y noche, que el viejo negro lo ayudara.”  ¡Una receta simple para el suceso!

Que nuestra penitencia sea siempre la de esforzarnos para mejorar y combatir nuestros defectos; y nuestra promesa, la de trabajar por el semejante para ayudar en la armonía del mundo. El resto es tiempo perdido y pura ilusión.

La soberana propuesta del espiritismo es que luchemos por nuestra renovación. Es esta la finalidad que nos trae de vuelta al mundo material. Nada tiene merito si no es conquistado con el propio esfuerzo, porque cada virtud adquirida corresponde a la superación de un defecto. No se puede ser humilde y orgulloso al mismo tiempo. Imaginar que podemos comprar nuestra reforma intima con una vela prendida, un bouquet de flores o una penitencia sin provecho es pura tontería. Son los talismanes y amuletos usados por espíritus atrasados. Quien quiere recibir el bien, haga el bien. ¡No hay otro camino!

RIE-Revista Internacional de Espiritismo-Octubre 2012