La mejor religión es la que mejora al hombre

Octávio Caúmo Serrano – caumo@caumo.com

Traducción- Maria Renee San Martin – relu2521@yahoo.com

 

Esta es una afirmativa tradicional, porque es preferible que alguien esté reconciliado con su doctrina, a que venga a la nuestra y no se cumplan sus necesidades, que consisten, básicamente, en el entendimiento de la vida y su verdadera razón de ser.

Las religiones no fueron creadas por ningún poder superior. Ellas son fragmentos de ideales y puntos de vista humanos que, con el pasar del tiempo, acaban por ser selladas en un tratado que le confiere el titulo de doctrina. Paulo de Tarso creó la doctrina Cristiana, Moisés, la judía, Seguidores del profeta Mahoma, el islamismo; adeptos de de Buda crearon el budismo y Allan Kardec codifico el Espiritismo.

El buen censo del codificador espirita, y ahí está la sabiduría, hizo con que el abriese un paréntesis para explicar que el Espiritismo no está listo ni acabado, pero que es una doctrina que atiende a un instante de la humanidad, condescendiente con los conocimientos de su época. Un día vendrá en que él será perfeccionado, porque los hombres estarán en condiciones de entender un poco más. Como en una clase de matemática, cuando primero se enseña las cuatro operaciones para después explicar sobre cálculos avanzados.

Percibimos, y eso es tan antiguo así como la humanidad, que hay intereses muy por encima de la divulgación de la verdad cuando alguien defiende su religión como siendo la única que tiene el poder de “salvación”. Quien nos salva no son las religiones, sino cada uno por sí  mismo; no adelanta nada rezar, no adelanta nada pagar, no adelanta nada hacer penitencias, si no actuar como personas de bien. Es el hombre que se salva, porque si dependiese de Dios, estaríamos todos salvos. Nada entristece más al poder divino que contemplar la inferioridad de los humanos desinteresados en ser mejores. La salvación del hombre consciente es la conciencia tranquila.

La competición que existe entre las diferentes doctrinas tiene más que ver con el comercio que envuelve – y siempre envolvió – las religiones. Jesús ya había criticado las ofrendas del Templo de Jerusalén, sugiriendo que era más importante que antes el hombre se reconcilie con su adversario. Las ofrendas eran vendidas por quien detenía el monopolio de los negocios en el templo. Y ese monopolio pertenecía al administrador, sus amigos y familiares. Dos o tres familias se turnaran por muchos años em la gerencia de aquella “casa de oración”.

Veinte siglos pasaron y las multinacionales de la fe continúan actuando sin cambiar una coma de la receta dejada por los hermanos de la vieja Palestina. Combaten la religión del otro e intentan arrebatar los fieles con todo tipo de promesas. Generalmente ofreciendo facilidades mediante pagos o diferentes tipos de donaciones o instandoles a las promesas. Todo muy bien orquestado como hacen los médios de comunicación en la búsqueda de la audiencia.

No ignoramos que el discurso de cada doctrina agrada a un tipo de adepto que com ella sintoniza con más afinidad, por su comprensión en este momento. El Espiritismo, por ejemplo, es víctima del preconcepto porque es la única doctrina cristiana que defiende y explica las razones de la reencarnación. Ni por eso deja de tener adeptos, que son más cada día, que se mantienen coherentes en sus principios. Defiende lo que cree, sin intenciones ocultas.

Lo que importa esclarecer encima de todo es la recomendación de Jesús, en quien se basaba el cristianismo, es que debemos amarnos unos a otros, sin dintinción de raza, cultura, edad o religión. Las religiones, principalmente, deberían unirse para fortalecer lo que es más importante: armonización del mundo y la unión entre los hombres. Lamentablemente ellas han sido enemigas. Quien no reza por la cartilla de cada una es enemigo declarado. Las Cruzadas, la Inquisición, las guerras entre sectas, los conflictos religiosos de Irlanda del Norte, son ejemplos que aún permanecen en nuestra memoria. Y mismo las guerras actuales, más económicas que armadas, están presentes en el día a día.

Recuerdo de un ejemplo cuando el ex presidente Jânio da Silva Quadros, candidato en São Paulo, fue acusado de ser abogado de puerta de cárcel, donde quedaba para sacar a los comunistas de la prisión. Dijo en la tribuna: “Los sacaba, los saco y los sacare porque entiendo que ellos tienen derecho de ser comunistas, como yo tengo de no serlo”.

Parodiando el viejo del Estado de Mato Grosso, aplicaríamos la misma premisa a los religiosos: ellos tienen el derecho de ser católicos, de ser ateos, de ser protestantes o lo que desean ser, como nosotros tenemos el derecho de ser espiritas. O partiendo del raciocinio de nuestro lado, de forma inversa, como deseamos ser espiritas tenemos que darles el derecho de tener la religión que pretendan o mismo no tener ninguna para nortear sus vidas. Se llama libre albedrio que es el bien más precioso del ser humano: o su derecho de ser y de hacer.

De la parte de la población se trata de fanatismo, mas se consideramos a los jefes de las sectas queda claro que el interés es más comercial que de ideologías. De todas maneras, por lo menos nosotros, los espiritas, vamos respetar la religión de los otros, mismo que ellos no tengan la misma actitud en relación a la nuestra.

Un día todos nosotros formaremos un solo rebaño guiado por el mismo pastor; y el no pertenecerá a ninguna iglesia actualmente conocida, porque ellas ya perdieron el tren de la historia. Las religiones están todas en la UTI, intentando sobrevivir con nuevas ideas, nuevos rituales y revolucionarias propagandas, respirando lo estertores finales de una fe enferma que no consigue mejorar al hombre para ayudarlo a encontrar el camino hacia Dios.

Pero no podemos desistir. Ya dice el Espíritu Meimei, en un mensaje dictado a Chico Xavier, sobre el nombre “Confía Siempre”: “De todos los infelices, los mas desdichados, son los que perdieron la confianza en Dios y en sí mismos, porque el mayor infortunio es sufrir la privación de la fe y proseguir viviendo”.

En este momento, cuando festejamos el nacimiento de Jesús, recojámonos a lo íntimo de nuestra razón de buen censo, para festejar una Navidad que sea realmente llena de Luz, preparándonos, desde ahora, para la inminente llegada del nuevo Planeta Renovado.

Los tiempos ya llegaron; no perdamos, nosotros también, el llamado divino a fin de incluirnos entre los escogidos.

Buenas Fiestas y Feliz Año Nuevo, a los estimados seguidores de la Doctrina de los Espíritus.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Deciembre 2012