Por que mataram Jesus?

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Com base na Lei da Reencarnação, poderíamos perguntar: Por que matamos Jesus?

Quantas vezes criticamos um personagem da história, um carrasco equivocado, sem desconfiar que podemos estar falando de nós. Aquele soldado que teria dado violenta estocada no Cristo, segundo os Evangelhos, poderia ser um de nós, hoje escandalizados e penalizados com o ocorrido:

“Um soldado tomou uma lança e furou-lhe o lado, e saiu sangue e água. Novamente Jesus clamou com alta voz e entregou seu fôlego. E eis que a cortina do Santuário rasgou-se em dois, do alto a baixo, e a terra tremeu, e as rochas se fenderam” (Mateus – Cap. 27, Vs. 49/51)

O que nos falta ainda aprender é que ninguém é gênio para a sua própria geração. Os sábios fazem revelações que só podem ser compreendidas depois que a vida provar a sua verdade, o que geralmente só acontece depois de muito sofrimento. Isto ocorreu e continuará acontecendo em todas as épocas da humanidade. Além de Jesus, quantos líderes foram perseguidos, feridos ou mortos e mais tarde reverenciados pelos homens. Seja na religião, na política, na arte, na filosofia ou qualquer tipo de atividade onde atuaram.

Fôssemos nós viventes da época de Jesus e também não teríamos concordado com Ele em tudo o que dizia e fazia. Para Ele foi difícil semear o fruto do futuro porque o povo daquela época estava com os costumes mosaicos arraigados e dizer-lhes que tudo aquilo era grande tolice haveria de chocá-los. Como dizer que as oferendas não tinham nenhum poder para sensibilizar Deus! Ainda hoje, quando dizemos que promessas e penitências são tolices, somos combatidos. Para nós ainda é o caminho mais curto e cômodo para solucionar problemas.

Esta é a razão por que Jesus teve de fazer um ajuste nas suas palavras e sugerir que antes de fazer a oferenda nos reconciliássemos com os adversários, porque este, sim, era um sacrifício agradável a Deus (Mateus V, 23/24).

Se transferirmos a proposta de Jesus para os nossos tempos, veremos que, ainda hoje, poucos de nós estamos dispostos a aceitá-la com a simplicidade como nos foi deixada. Preferimos as facilidades das oferendas modernas, acendendo velas ou usando talismãs. “Velho adágio já nos adverte que se pé de coelho desse sorte o coelho não teria morrido.”

Jamais censuremos os que traíram Jesus porque poderá ser uma autocensura. Se vivemos por lá naquele tempo, mais fácil que estivéssemos entre os fariseus, saduceus, escribas, vendilhões do templo do que tivéssemos sido um dos Apóstolos de Jesus ou seguidores de seus principais divulgadores. Basta ver-nos hoje, egoístas e orgulhosos, para saber que nunca fomos melhores e que, continuamos traindo Jesus, negando-nos a seguir suas sábias lições.

Quando retratam o sofrimento de Jesus nas representações de teatro ou cinema, tenhamos a certeza de que por mais violentas que as cenas pareçam, seguramente, elas foram na vida real muito piores.  Afinal, Jesus mexeu com os poderosos da época, desmascarando – ainda que apenas por exemplos e atitudes – a mentira e a falsidade. E quando os poderosos se sentem acuados, reagem de maneira intempestiva e violenta, desrespeitando qualquer regra de respeito e hierarquia. Defende-se a qualquer preço porque se dar bem é só o que lhes importa. Certamente, Jesus não escapou à ira daqueles que tinham o privilégio do manejo da sociedade da época. A ponto de ter sido morto após julgamento ilegal. Nem os mais elementares direitos humanos de justiça foram respeitados.

Em vez de ter pena de Jesus, tenhamos pena de nós, por não termos ainda, depois de quase vinte séculos, entendido nada sobre as orientações do Meigo Rabi da Galileia que nos deixou as verdadeiras receitas de felicidade.

Jornal O Clarim – fevereiro de 2013

 

 

 

 

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Ah!, se yo supiera…

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¡Esta frase fue usada hasta como título de libro espírita!

Octávio Caúmo Serrano – caumo@caumo.com 

Taducción Maria Renee San Martin relu2521@yohoo.com

A pesar de ser advertidos, y mucho, en cuanto a los compromisos que tenemos delante la vida, en vez de ser espirituales insistimos en ser mundanos. Invertimos todo nuestro potencial físico e intelectual en la obtención de placeres y confort que nos den condiciones sociales de respetabilidad y destaque. ¿Quién de nosotros osa decir que esto no es verdad? ¿Que no es así que pensamos y actuamos? ¿Quien no quiere la mejor casa, la mejor ropa, el mejor carro? Y otras muchas cosas más…  

El tiempo pasa, por eso, el vicio se instala en nosotros. La felicidad que buscamos como posición delante de la sociedad, no llega como imaginábamos ni nos da la garantía de un futuro o de una vejez serena. Con la edad llegando, un vacio se apodera de nuestros proyectos y quedamos perdidos por la falta de un alivio que nos sustente con seguridad. A la menor enfermedad, a la simple contrariedad, la ingratitud que siempre nos visita o un declive en cualquier área – económica, sentimental, intelectual – nos causan gran sufrimiento.

Como no invertimos para aprender lo que es realmente la vida, quedamos sin estructura cuando vientos más fuertes nos balancean, dada la poca solidez de nuestras convicciones sobre lo que realmente debemos esperar como encarnados de un planeta inferior. Solo cuidamos de un lado de nuestra vida. Nos hace recordar del soneto de Olavo Bilac – Cuerpo y Alma – cuando dice:

Si tienes un alma y si esa alma criatura,

Que te fue dada como un gran bien,

Quiere un día encender, ganar altura,

Ser un astro en el más allá…

 

Tú tienes un cuerpo y un cuerpo que necesita

Raestear em el lodo que del instinto adviene.

Cuando sin tragarlo la cueva oscura.

Sera lodo también.

 

¡En esa finalidad, atiende, oh loco!

Cuerpo y alma son tus: babosa y astro;

Un quiere subir y el otro andar de rastro.

 

Pues lo que me sorprende y en que me espanto,

Es que del cuerpo que es nada, cuidas tanto

Y del alma que es todo cuidas poco!

 

¿Como se cuida del alma, alguien podría tener curiosidad en saberlo? Responderíamos que es contrariando a las necesidades y los asedios extremos del cuerpo. Vivir com moderación cuando se trata de atender a los llamados materiales en relación a las comidas, a los placeres, a las fiestas, a los vicios y a las  necesidades intimas del mundo, a fin de no comprometer mas allá de lo necesario y crear problemas difíciles de solucionar: enfermedades, enemistades, insatisfacciones y desarmonías de toda orden.

Nadie desconoce la importancia del cuerpo, como el templo sagrado del espíritu, que debe ser tratado con el mayor respeto y gratitud porque abriga un alma en tarea de crecimiento. Maltratarlo significa enfermar y reducir el tiempo de encarnación, clasificándonos como suicidas indirectos. ¡Es lo que casi todos nosotros somos y tendremos que completar, un día, quien sabe cuándo, el periodo que esbasnjamos!

Si consideramos que la vuelta a la vida en la materia es aun para nosotros, por mucho tiempo, inevitable, debido a la gran imperfección que nos caracteriza, el conocimiento debería hacernos más prudentes, para aprovechar más este periodo de vida en el cuerpo, cada día más difícil de conseguir. Con la proliferación de la sexualidad irresponsable, cuando el sagrado acto de la creación paso a ser banalizado como instrumento de placer y comercio, sea por los propios agentes sea por los comerciantes, nacer en el mundo paso a ser una tarea heroica.

Independiente de los equívocos en el campo del sexo, la dificultad financiera de las personas hace con que ellas reduzcan sus compromisos familiares, teniendo menos hijos, especialmente lo de bajas condiciones financieras. Canalizan sus economías para otras prioridades, porque ignoran la importancia de la procreación cuando se da la oportunidad de que un nuevo espíritu cumpla su programación de crecimiento en la materia.

Nos enseña el espíritu André Luiz, que este momento de encarnados es el más importante en la vida del espíritu, por que el tiene la compañía del dolor, de la dificultad, que lo impulsa al progreso.

En dos siglos, nos dice el orientador, progresamos lo equivalente a un año luz caso vivenciemos solamente como espíritus desencarnados. Solo es necesario  creer en eso y que realmente aprovechemos el momento.

Esta es la razón porque la mayoría de nosotros se siente decepcionado al desembarcar en la erraticidad. Constamos por la película de la conciencia como perdemos nuestro tiempo en cuanto vivíamos en la materia. Podemos haber disfrutado de todo lo que Dios nos ofrece, desde que invertimos un poco de nuestra energía e inteligencia en la preparación del espíritu inmortal, porque es él quien sobrevive a todo y no desaparece en el laboratorio de la naturaleza como los componentes que forman el cuerpo material.

Es necesario aprovechar la vida, oímos frecuentemente. ¡De aquí a poco tu mueres y queda todo ahí! Ah! Si fuera así, como seria simple. Quien aprovechase o no aprovechase la vida como es aconsejado, tendría el mismo final. Después de la muerte, haber aprovechado, o no, no haría diferencia. Infelizmente, para nosotros, eso no es verdad. Aprovechar la vida es saber que este momento breve de la reencarnación se destina a la educación del espíritu que somos, para que en el futuro el tenga más alegrías, sea como desencarnado o como nueva persona, en mucho mejores condiciones, para vivir de nuevo en los mundos materiales, aquí o donde quiera que sea como desencarnados o como nueva persona, en muchos mejores condiciones, para vivir de nuevo en los mundos materiales. Aquí o donde quiera que sea. ¡Preparémonos porque eso aun va durar mucho y mucho tiempo!… ¡no nos equivoquemos!

 

Ah!, se eu soubesse

3 Comentários

RIE Fevereiro 2013   Esta frase foi usada até como título de livro espírita!

Apesar de sermos advertidos, à exaustão, quanto aos compromissos que temos perante a vida, em vez de sermos espirituais insistimos em ser mundanos. Investimos todo o nosso potencial físico e intelectual na obtenção de prazeres e confortos que nos deem condições sociais de respeitabilidade e destaque. Quem de nós ousa dizer que isto não é verdade? Que não é assim que pensamos e agimos? Quem não quer a melhor casa, a melhor roupa, o melhor carro? E outras muitas coisas mais…
O tempo passa, porém, e o vazio se instala em nós. A felicidade que buscávamos como posição diante da sociedade, não chega como imaginávamos nem nos dá a garantia de um futuro ou de uma velhice serena. Com a idade chegando, um vazio se apodera de nossos projetos e ficamos perdidos por falta de um alicerce que nos sustente com segurança. A menor doença, a simples contrariedade, a ingratidão que sempre nos visita ou uma debacle em qualquer área – econômica, sentimental, intelectual – nos causa grande sofrimento.
Como não investimos para aprender o que é realmente a vida, ficamos sem estrutura quando ventos mais fortes nos balançam, dada à pouca solidez das nossas convicções sobre o que realmente devemos esperar como encarnados de um planeta inferior. Só cuidamos de um lado da nossa vida. Faz-nos lembrar do soneto de Olavo Bilac – Corpo e Alma – quando ele diz:
Se tens uma alma e se essa alma criatura,
Que te foi dada como um grande bem,
Quer um dia ascender, ganhar altura,
Ser um astro no além…

Tu tens um corpo e um corpo que procura
Rastear na lama que do instinto advém.
Quando sem dó tragá-lo a cova escura
Será lama também.

Nessa finalidade, atende, ó louco!
Corpo e alma são teus: a lesma e o astro;
Um quer subir e o outro andar de rastro.

Pois o que me surpreende e em que me espanto,
É que do corpo que é nada, cuidas tanto
E da alma que é tudo cuidas pouco!
Como se cuida da alma, alguém poderá ter curiosidade em saber? Responderíamos que é contrariando as necessidades e os assédios extremos do corpo. Viver comedidamente quando se trata de atender aos apelos materiais em relação às comidas, aos prazeres, às festas, aos vícios e às necessidades íntimas do mundo, a fim de não se comprometer além do necessário e criar problemas difíceis de solucionar: doenças, inimizades, insatisfações e desarmonias de toda ordem.
Ninguém desconhece a importância do corpo, como o templo sagrado do espírito, que deve ser tratado com o maior respeito e gratidão porque abriga uma alma em tarefa de crescimento. Maltratá-lo significa adoecer e reduzir o tempo de encarnação, classificando-nos como suicidas indiretos. É o que quase todos nós somos e teremos de complementar, um dia, sabe-se lá quando, o período que esbanjamos!
Se considerarmos que a volta da vida na matéria é ainda para nós, por muito tempo, inevitável, devido à grande imperfeição que nos caracteriza, o conhecimento deveria fazer-nos mais prudentes, para aproveitarmos mais este período de vida no corpo, cada dia mais difícil de conseguir. Com a proliferação da sexualidade irresponsável, quando o sagrado ato da criação passou a ser banalizado como instrumento de prazer e comércio, seja pelos próprios agentes seja pelos comerciantes, nascer no mundo passou a ser uma tarefa heroica.
Independente dos equívocos no campo do sexo, a dificuldade financeira das pessoas fazem com que elas reduzam seus compromissos familiares, tendo menos filhos, especialmente os de mais condições financeiras. Canalizam suas economias para outras prioridades, porque ignoram a importância da procriação quando se dá oportunidade a que um novo Espírito cumpra sua programação de crescimento na matéria.
Ensina-nos o Espírito André Luiz, que este momento de encarnados é o mais importante na vida do Espírito, porque ele tem a companhia da dor, da dificuldade, que o impulsiona ao progresso. Em dois séculos, diz-nos o orientador, progredimos o equivalente a um ano luz caso vivêssemos apenas como Espíritos desencarnados. Só é necessário que acreditemos nisso e que realmente aproveitemos o momento.
Esta é a razão porque a maioria de nós se sente decepcionado ao desembarcar na erraticidade. Constatamos pelo filme da consciência, como perdemos nosso tempo enquanto vivíamos na matéria. Poderíamos ter desfrutado de tudo o que Deus nos oferece, desde que investíssemos um pouco de nossa energia e inteligência na preparação do Espírito imortal, porque é ele quem sobrevive a tudo e não desaparece no laboratório da natureza como os componentes que formam o corpo material.
É preciso aproveitar a vida, ouvimos frequentemente. Daqui a pouco você morre e fica tudo aí! Ah! se fosse assim, como seria simples. Quem aproveitasse ou não aproveitasse a vida como nos é aconselhado, teria o mesmo final. Depois da morte, ter aproveitado, ou não, não faria diferença. Infelizmente, para nós, isso não é verdade. Aproveitar a vida é saber que este momento breve da encarnação se destina à educação do Espírito que somos, para que no futuro ele tenha mais alegrias, seja como desencarnado ou como nova pessoa, em muito melhores condições, para viver de novo nos mundos materiais. Aqui ou onde quer que seja. Preparemo-nos porque isso ainda vai durar muito e muito tempo!… Não nos iludamos!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – fevereiro de 2013