Octávio Caumo Serrano
Traducción Maria Renee San Martin Gomes – relu2521@yahoo.com

 

Al examinar las actividades del movimiento espiritista, en cualquier lugar, tenemos muchos asuntos para meditar y analizar.

Observemos el comportamiento del frecuentador de Centros, que solo por esa práctica se considera espirita. Llega al auditorio, se sienta pasivamente y oye la conferencista que divulga los principios espíritas. Al final, satisfecho por lo que oyó y por la energía del ambiente, vuelve para su casa con la sensación del deber cumplido. Eso, si no es de los que duermen, se acarician el cabello todo el tiempo o de los que se concentran en los celulares, tablets y similares, durante la conferencia, lo que ya se vio.

Mal comparando, es como la visita que hacemos a la Iglesia para escuchar la misa. Oímos al padre, al joven, carismático, buen orador, cantor y bien humorado, que expone el evangelio con mucha belleza; o la participación en el culto de cualquier doctrina, para oír a los maestros de la institución, conocedores profundos de la Biblia, que nos explican conforme la visión de ellos. Oímos callados y volvemos a casa.

¿Valió la pena? Claro! Cada momento de vida vale la pena, sea para aprender lo que hacer o no hacer. ¡Porque no valiera la pena un encuentro religioso cuando oímos orientaciones sobre moral, caridad y otras acciones que demuestran amor al prójimo!

Solo que es poco. Poquísimo, para quien consiguió a duras penas una nueva oportunidad de renacimiento en la Tierra, especialmente en una época en que eso es privilegio cada vez más difícil de conseguir. La sociedad, al limitar la natalidad dificulta la vuelta de los Espíritus a la carne y quien consigue debería aprovechar un poco más.

El día de la conferencia semanal, cuando también recibimos el pase, notamos que la casa se llena. Pero el día de estudio, encontramos público bastante disminuido en relación al de la conferencia pública. Si el estudio – que a veces no es, a pesar de tener este nombre – es administrado por un orientador, cuando solo el habla, el publico aun es un poco mayor. Fuera de eso, la reunión generalmente es vaciada.

El número pequeño de personas, por eso, no debe causarnos preocupación ni servir de desanimo. Recordemos que el primer lugar creado por Kardec para el estudio regular del Espiritismo, la Sociedad Parisiense de Estudios Espiritas, en 1r de abril de 1858, era y una sala con poco más de veinte metros cuadrados para diez o quince personas. El codificador era adepto de reuniones con poca gente porque, decía, son más productivas. En sus visitas afirmaba que eran preferibles diez centros con diez personas en cada uno que uno con cien. Este generalmente queda impersonal y dificulta la armonía entre los participantes.

En las reuniones con pocas personas, hay mas oportunidad para preguntas y esclarecimientos de dudas, con oportunidad de interacción. Siempre respetando el tema que esta en discusión, es importante que preguntemos y hablemos de nuestras experiencias. Más allá de ser orientados, la lección sirve, también, para los demás. Diferente de las grandes reuniones o conferencias cuando apenas oímos y salimos llenos de dudas, sin poder discutirlas. Y espiritismo se aprende estudiando. No basta saber; es necesario, sobretodo, comprender. Y solo con estudio perseverante podemos conseguirlo.

“Años son necesarios para formarse un medico mediocre y tres cuartas partes de la vida para llegar a ser un científico. Como pretender en algunas horas adquirir la Ciencia de lo Infinito? “comenta Kardec en la introducción del Libro de los Espíritus – ítem XIII. Y completa: “(…)el estudio de una doctrina, cual la Doctrina Espirita, que nos lanza de súbito en una orden de cosas tan nueva cuál grande, solo puede ser hecho con utilidad por hombres serios, perseverantes, libres de prevenciones y animados de firme e sincera voluntad de llegar a un resultado”. (instrucción Libro de los Espíritus – ítem VIII) “Nunca (…) dijimos que esta ciencia fuese fácil, ni que se pudiese aprenderla jugando, lo que, más allá, no es posible, cualquiera que sea la ciencia. Jamás habremos repetido bastante que ella demanda estudio asiduo y a veces muy prolongado.” Aumentamos nosotros, ¡y por varias encarnaciones! 

 Es necesario aprovechar este precioso y corto tiempo em la tierra, ya que descubrimos el Espiritismo para nuestra vida. Felices los que reciben el Evangelio de Jesús con la asesoría de los Espíritus Superiores. Sin fantasías, sin subterfugios, sin misterios. Todo con clareza. Y no reclamamos que nos faltan informaciones. Más Allá de la codificación organizada por Kardec, tenemos más  de cuatrocientos libros psicografiados por Chico Xavier, más de dos centenas y media por la mediumindad de Divaldo Pereira Franco, cerca de  ciento y treinta del lúcido Roque Jacintho, más allá de una vastísima biblioteca de muchos otros renombrados autores, brasileños y extranjeros.

Podemos afirmar periódicos y revistas serias que traen artículos revisados por los editores y que sirven de soporte para el estudio del Espiritismo. Por el precio de un almuerzo de domingo, hacemos una inscripción anual de una revista. Más allá de eso hay una infinidad de blogs espiritas que pueden ser acompañados por el internet y que se disponen, gratuitamente. Libros para lectura “on line” o download, para lo que prefieren imprimir y leer en el papel.

No podemos perder más el tiempo porque los días están con prisa. Muchos espíritus están hoy en la erraticidad soñando con una nueva vida en la Tierra para avance en el conocimiento y aprimoraniento moral. Y tienen que esperar porque la cola es grande y las oportunidades son pocas. Peor de lo que acontece en los bestibulares para las universidades. No es necesario abandonar la vida, ni privarse de los placeres del mundo, que son también dadivas divinas. Sin embargo, que nadie se compromete como si fuera a vivir para siempre porque, inesperadamente, podemos recibir la invitación para regresar. Y volver con las manos vacías es lo peor que puede pasar. Cambiemos con más frecuencia la Tv por una lectura. Substituyamos los bailes que nos llenan de vicios por placer edificante, instructivo, esclarecedor, que al final deje algo que valga la pena. Que sirva de equipaje para el alma en la hora de la gran e inevitable viaje de retorno al mundo de la verdad.

Un comentario final: Lea cuidadosa y atentamente la Introducción al estudio de la Doctrina Espirita en el Libro de los Espíritus para conocer mejor al Codificador. El volvió a la espiritualidad el 31 de marzo de 1869 a los casi sesenta y cinco años de edad, pero nos dejo material de estudio para muchas encarnaciones.

Quien no estuviera interesado, después no se queje, “A cada uno, según sus obras”, enseño Jesús, conforme registra el apóstol Mateos.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – marzo de 2013