En el día 18 de este mes, en 1857, surgió El Libro de los Espíritus, certificado de nacimiento del Espiritismo.

Octávio Caúmo Serrano

Traducción Maria Renee San Martin Gomes – relu2521@yahoo.com

 

Cuando escribimos el libro “Modo de Ver”, de la Casa Editora O Clarim, incluimos como primera materia el texto “Chico Xavier y su verdadero valor”. Deseábamos en la oportunidad, julio de 1998, enfatizar que si Chico era grande por su extraordinaria mediumnidad, era aun mayor por la dignidad. Si la mediumnidad no depende del individuo, la dignidad sí, porque resulta de un proceso de autoeducación que exige mucho esfuerzo de la persona para incorporarla a su carácter.

Lo que más se destacaba en el misionero de Uberaba era la coherencia como vivía en relación a lo que sabia y divulgaba. Serenidad, disciplina, desprendimiento, solidaridad, indulgencia, respeto por todos, ahí estan algunas de las innúmeras características de nuestro venerable amigo que termino conocido como “un hombre llamado Amor”. Llega a ser unanimidad entre las diferentes religiones. Algo raro.

Anotamos en el titulo de esta materia la oportunidad asociada a la disciplina, porque es la forma más simple de autocontrol y respeto al prójimo. Aprendemos con la naturaleza todos los días. La noche y el día, los mares, la producción de las plantas, las siete lunas de gestación, las estaciones del año, y por ahí va. Todo en equilibrio para generar harmonía. Si nos atrasamos en un compromiso, automáticamente generamos atrasos en los compromisos siguientes, de nosotros y de los otros, con perjuicio para todos.

Cuando participamos de eventos del movimiento espirita, observamos con tristeza que eso no es llevado en cuenta. Casi nunca los trabajos comienzan según establecido en la programación, lo que depone contra todo lo que divulgamos. Respeto al horario es también una forma de amor al prójimo. La falla comienza ya en público que nunca es puntual. Tal como la novia en el casamiento. Dicen que es charme, sin embargo es falta de educación.

Recientemente, fuimos a un importante congreso espirita en que, debido a los atrasos, hubo consecuencias negativas en la presentación. El tiempo destinado a las preguntas, al final de las discusiones de uno de los bloques, no fue disponible al público, de modo que una parte de este dejo de ser atendida, mismo tratándose de un evento pagado. Es en mal ejemplo dado por los adeptos de la propia doctrina, que prodigan y actúan de otra manera.

El problema es que esa actitud no choca más; el mal habito ya se arraigo en las tradiciones brasileñas, lo que nos torna albos de comentarios negativos en los países adelantados, donde el reloj aun tiene su utilidad.

La razón de estos comentarios, sin embargo, es mostrar algo positivo que observamos en el evento en cuestión. Nos referimos a la participación del hermano Divaldo Pereira Franco que disertó en una conferencia de hora y media en una noche y administro un seminario, antecedido de una mañana de autógrafos, haciendo un total de cuatro horas al día siguiente. Todo con absoluta puntualidad. Programo su horario de 8h30 a las12h, prometiendo iniciar con una mañana de autógrafos a las 8 horas. Exactamente conforme, a las 8 horas Divaldo tomo asiento, se formo la cola y el comenzó a firmar los libros. A las 8h30, según la programación, interrumpió la actividad, para comenzar la parte principal de la reunión matinal: la exposición doctrinaria.

Siguiendo rigurosamente el cronograma, cuando el reloj marco exactamente 10 horas, nueva pausa de 30 minutos para continuar la mañana de autógrafos. Rápido descanso de diez minutos y retomada de los trabajos a las 10h40, puntualmente, llevando la exposición hasta las 12 horas cuando comenzó la conocida Oración de La Gratitud, con la cual encierra sus presentaciones.

Nos llamo la atención ese britanismo del médium bahiano y entonces comprendemos como el consigue, a los ochenta y cinco años de edad, mantenerse en equilibrio y con la capacidad de trabajo absolutamente envidiable; de él transborda vitalidad y disposición.

Durante la conferencia, hablo de las cuatro horas de psicografía que tiene diariamente, del tiempo que destina a la lectura de revistas y libros, destacando los de la Codificación – como “El Libro de los Médiuns”- en lo cual, según él, generalmente encuentra detalles que le habían pasado sin percibirlos en lecturas anteriores. Terminada la reunión, debería volar para Salvado por vuelta de las 2 de la tarde.

No fuise el un perfecto administrador de su tiempo y jamás podría tener realizado la obra que hoy le confiere tanta importancia. Sea como idealizador y constructor de la Mansión del Camino, sea como médium psicógrafo de más de doscientos y cincuenta libros, sea como el gran conferencista espirita de la actualidad, inspirador y orientador de organizaciones doctrinarias que se instalan en todo el mundo, eso solo para hablar de algunas entre tantas otras tareas.

Al ejemplo de lo que dijimos sobre Chico Xavier, cuando enfatizamos su dignidad como aun mayor de que su mediumnidad, queremos que las personas observen que Divaldo Pereira Franco no es solamente el gran divulgador de la doctrina por las conferencias, sino el ciudadano del mundo que da ejemplos en cada gesto de su comportamiento. Puntual, gentil, imperturbable. Y no creo que él tenga menos problemas que lo común de las personas. Lo que acontece es que aquel que necesita de poco para vivir tiene siempre mucho, aunque que sea poco lo que tiene. Quien vive en paz consigo mismo no se deja perturbar por los desequilibrios del mundo. El ideal de Divaldo es servir, lo que hace muy bien y con mucho respeto por todos los locales por donde pasa.

Más allá de haber aprendido mucho de la doctrina en la reunión de la cual participe para asistir el trabajo del médium, estoy agradecido porque percibí en el un comportamiento humano que falta a la mayoría de las personas, lo que las lleva a un desnecesario desajuste que acaba respingando en los que viven a la vuelta. Vamos analizarnos para imitar el gesto de los buenos. “Quien es fiel en lo poco será fiel en lo mucho”, está registrando en el Evangelio de Lucas.

Como síntesis de lo que dijimos, resaltemos que no hay aquí la intención de criticar fallas de organización de los eventos espiritas que, aunque lamentables, son habituales, consecuencia de los malos hábitos de nuestra vida diaria. Quisimos, antes, destacar el ejemplo de una persona que ya aprendió y ofrece parámetros a quien desea seguirla porque ya tiene ojos de ver.

Si ya somos privilegiados por conocer a Jesús traducido por Allan Kardec, sentimos también mucho orgullo por hacer parte de una generación que tiene hombres como Divaldo para mostrarnos que la humanidad tiene salvación. Basta que colaboremos y el mundo será mejor.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – abril de 2013