El ideal sería un idioma en el cual cada palabra tuviese un significado único y particular. La afirmación no es nuestra, sino del Espiritismo.
• Octávio Caúmo Serrano – traducción Maria Renee San Martin Gomez – relu2521@yahoo.com

Es común encontrar en El Libro de los Espíritus comentarios de los Venerables sobre el leguaje de los hombres, diciendo que eso poco los preocupa. Lo importante es que nosotros nos entendamos, lo que muchas veces no acontece.
Como ejemplo, tomemos la pregunta 28: “ya que el propio espíritu consiste de alguna cosa, no será más exacto, y menos controvertido, designar esos dos elementos generales por los términos materia inerte y materia inteligente?” a lo que ellos respondieron: “las palabras poco se nos importan. Cabe a ustedes formular el lenguaje de manera que se entiendan. Vuestras controversias advienen casi siempre del hecho de no entenderse en cuanto a las palabras, porque vuestro lenguaje es incompleta para exprimir lo que nos toca a los sentimientos.”
Eso se repite diversas veces, cuando ellos responden a las preguntas diciendo simplemente: “pobresa de lenguaje” o “definición incompleta”. Caso de la pregunta No. 3
Independiente de la falta de clareza por las limitaciones de las palabras para sacar las ideas, también habrá de considerarse la falta de vigilancia y la liviandad de las personas que no saben guardar las palabras dentro de la boca para dejarlas salir solo después de la correcta avaluación de lo que pretenden decir. Por eso repetimos siempre que la primera cualidad de un buen médium es saber callarse.
Vamos a ejemplificar:
Recientemente personas de nuestro relacionamiento se vio alcanzada por una enfermedad grave que demandaba cirugía urgente de intestino. Aunque comprobado por exámenes especializados, antes de la operación, decidieron consultar a un médium que se propuso a operarla. Al final del procedimiento espiritual, él dijo al operado y a sus familiares que los médicos tendrían una gran sorpresa al abrir al paciente.
Como no podía dejar de ser, la declaración genero una expectativa en las personas, que fueron para el hospital más confinantes de lo normal. Los familiares repetían la frase al médico, que poca importancia dio al comentario. Cuando el profesional llego a la enfermedad, durante el acto quirúrgico, tuvo realmente una sorpresa: el problema era mucho más grave de lo que los exámenes habían demostrado. Desnecesario decir que la frustración fue total, creando, más allá del dolor, un gran desanimo delante lo ocurrido.
¿Cuál debería ser el comportamiento del médium? De equilibrio, evidentemente. Si no pudiese quedar sin comentar algo, podría decir a las personas que hiciera todo lo que fuera permitido por Dios y que los médicos serian ayudados en su trabajo. Pero el, vanidosamente, intentó adivinar una cura que no se efectuaría y que él no podía garantizar. Se perdió por la boca y, quiero creer, ya no merece credibilidad por parte de los que formaban parte, que no lo recomendaran a otros. Genero una desnecesaria expectativa que provoco un efecto contrario. Un médium espirita no puede tener tal comportamiento. No puede prometer cura ni informar que el mal es incurable. Haga su parte y listo. Eso también es caridad.
Dijimos que la comunicación es un arma de doble filo, exactamente por eso. Las palabras que elogian son las mismas que critican. Las expresiones que animan pueden generar desestimulo, cuando están torcidas. Los mismos vocabularios que componen una frase de amor pueden formar un mensaje de odio. Es preciso cuidado en el uso de las palabras. Y si las palabras cargan ofensas o liviandades, mejor dejarlas en la boca. Cuando no podemos hablar bien de una persona, mejor quedarnos callado. Después que escapan, hacen estragos y no pueden ser recogidas. Dice antiguo proverbio: “Tu eres dueño de la palabra contenida y el esclavo de la palabra proferida.
Cuando analizamos la vida del mayor médium brasilero de todos los tiempos, Francisco Cândido Xavier, constatamos que él nunca hizo previsiones de fin de año, como los tarólogos, los jugadores de caracoles, los adivinadores, porque él sabía que solo Dios conoce el futuro de las cosas y de las personas. Siempre dejo mensajes de esperanza, sin falsas promesas, y consejos de cuño moral para la mejora de la criatura. Cada uno tiene su historia y sus necesidades, que se alteran todos los días en razón del comportamiento delante la vida. Todo es mutable. El destino es construido el día a día.
Aprendamos a usar las palabras para distribuir dulzura, optimismo, esperanza. Y cuando vemos o percibimos algo de mal o grave en una persona, transmitamos aliento, advertencia, consejo, pero nunca hagamos cualquier tipo de terrorismo. No ayuda, más allá de entorpecer. Tenemos lo mal hábito de poner más leña al fuego o de apagar incendio con gasolina, cada vez que sabemos de una noticia mala, o cuando alguien herido por un acontecimiento nos pide consejos. Jamás aconsejamos la quietud de amor, sino el ruido del ojo por ojo. Generalmente hacemos la apología de la venganza.
Quien usa cualquier de los sentidos para destruir, registra en sí mismo los rescates que deberán ser corregidos un día. ¡Si no deseamos nacer sordos o mudos, cuidemos de nuestras palabras para que sean siempre útiles a nuestra comunicación, hablada o escrita!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – junio 2013