Sobre os Evangelistas

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” Vê como vives; talvez sejas o único Evangelho vivo que teu irmão possa ler.”

Essa frase é atribuída à irmã Teresa de Calcutá, mas desconhecemos se a informação procede e em que obra ou texto ela estaria realmente mencionada. O mesmo podemos dizer desta outra, atribuída a São Francisco de Assis: “”Tome cuidado com a sua vida, porque talvez ela possa ser o único Evangelho que o teu irmão irá escutar”. Mas como a assinatura tem menos importância do que o conteúdo, já aprendemos nas advertências em O Livro dos Médiuns, decidimos divulgá-las por ser expressivos alertas para todos nós.
Após conhecer e estudar os quatro Evangelhos escolhidos pela Igreja para compor o Novo Testamento – Mateus, Marcos, Lucas e João – é preciso que nós sejamos o quinto Evangelho. Mas não escrito; vivido. Isso independe da religião que professamos, porque não é o rótulo que decide a qualidade do ser humano, mas o seu comportamento diante da vida e de si mesmo.
Os textos retratados na Bíblia devem servir de roteiro para nos orientar quando ao que fazer e como viver, de forma a dar vida às advertências de Jesus. Trazê-los decorados, prontos para serem recitados em capítulos e versículos, de nada valerá se não vivermos de conformidade com o proposto pelo Nosso Cristo. Em alusão às mensagens espíritas, já dissemos certa vez com base em frase de um confrade, que já não temos de distribuir mensagens; nós é que temos de ser a mensagem.
Entre os espíritas, temos recebido muitas advertências dos luminares Emmanuel e Bezerra de Menezes, entre tantos outros de igual lucidez, que temos de falar menos de caridade e ser mais caridosos. Os tempos são de ação, não de discurso. É preciso interação no estudo e no trabalho. Há cerca de vinte séculos já recebemos a informação de um dos apóstolos do Cristo: “Assim também a fé, se não tiver obras, é morta em si mesma” (Tiago, 2:17). A fé espírita é raciocinada e para tal é preciso fundamentar-se em procedimentos e não em dogmas. Quando realizamos obras em favor de quem necessita, estamos exercitando a fé de que agimos coerentes com a Lei Divina de amor ao próximo. A única que pode salvar e trazer paz ao mundo. O amor é o soberano antídoto contra o orgulho e o egoísmo, já amplamente definidos como as duas maiores doenças da humanidade. São portadores dessa enfermidade, em maior ou menor dose, praticamente todos os seres humanos. Os grandes e principais inimigos a serem vencidos por todos nós.
Não nos preocupemos com suntuosas realizações. O dedicado chefe de família, o filho agradecido, o patrão de humanidade e o empregado zeloso, estão realizando grandes obras. O amigo leal e o homem agradecido, o empresário honesto e o governo decente, são exemplos de amor ao próximo. Tudo o que contribua para a harmonia do Universo e nos afaste da ira, do ódio, da mágoa e da revolta são gestos de amor.
Vamos nos conscientizar e aproveitar o conhecimento que chegou até nós pelo Evangelho de Jesus e respectivas explicações que nos foram dadas pelo Espiritismo. Se perdermos esta rara oportunidade de crescimento, estaremos, como aconteceu com Públius Lentulos, perdendo um raro momento de decisão que pode representar para nós a maior renovação espiritual da história da nossa eternidade. Que Deus nos dê discernimento e coragem!

Jornal O Clarim – Matão – SP – Agosto de 2013

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Lo mejor para el mundo

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Vamos a crear el Partido de la Solidaridad Cristiana.

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com –

A veces, aparecen recetas para cambiar la sociedad y mejorar la relación entre las personas. Muchas son tentativas válidas; sin embargo, sin futuro.
Cierta época, en nombre de la caridad y el respeto humano, se crearon leyes para eliminar la esclavitud en Brasil. La del Vientre Libre, la de los Sexagenarios y, finalmente, la de la Princesa Isabel que libertó al negro cautivo. ¿Qué pasó después de la Ley Áurea? Sacaron al esclavo de las senzalas, donde lo prendían por la comida, y lo mandaron a la calle con la responsabilidad de mantenerse, sin tener como, y obligándolo a pagar impuestos.
Fue abandonado, sin trabajo y víctima de prejuicios, que perduran hasta hoy; como pasa con los crimonosos. Después de cumplir la pena, prefieren vivir en la ilegalidad y volver a la cárcel, por imposibilidad de sobrevivir en la sociedad. Siete entre diez vuelven a delinquir. Si en vez de la desocupación, cuando toma sol, se divierte y herrumbra la mente, el preso estudiase y trabajase, al salir, podría ser un ciudadano y no un reincidente.
Igual ocurrió con el comunismo, criticado porque quitaba la iniciativa al hombre, ya que el mínimo necesario lo satisfacía. El régimen desapareció, pero, en la práctica, sigue igual. O sea, el diez por ciento de la población del mundo detienen el noventa por ciento de toda la riqueza y los restantes diez por ciento son divididos entre los otros noventa por ciento de la población del globo, en una comparación optimista. En la práctica, la diferencia puede ser aún más alarmante. En Brasil, por ejemplo, las estadísticas muestran que solamente un por ciento, aproximadamente, tiene sueldo de diez mil reales o más; hay mucha gente que sobrevive con trescientos reales por mes. Es un valor que tiende a modificarse en las regiones más pobres, como el nordeste brasileño, donde el caos es mayor. ¡Ya vimos informes con maestras de campesinos que ganan diez reales AL MES, en una clase ubicada debajo de un árbol!
Después de esta introducción, preguntamos de que sirven las políticas de distribución de renta por bolsas, valles, ayudas etc., si la miseria sigue igual; física y moral. Una gran farsa de los que desean perpetuarse en el poder. Sin un despertar colectivo con alguna renuncia de los privilegiados en favor de los despreciados, nada va a cambiar. Ya dijo el presidente Kennedy: “Si una sociedad libre no puede ayudar sus muchos pobres, también no podrá salvar sus pocos ricos”. Un retrato profético del mundo actual. ¡Los ricos están con miedo!
El mismo presidente americano dijo: “No es dando limosnas que vamos a acabar con los pobres, sino actuando de tal modo que dejen de ser tan pobres, y disfruten una vida digna”; “Que el superfluo de los ricos sirva para el necesario de los pobres”; “Dar el superfluo ahora para no dar el esencial después”. Una realidad de estos días; y se no damos, nos quitan.
Sólo se puede lograr el progreso de todos con el progreso individual. Si las partes están podridas, el todo no será saludable. No defendemos que todos deban ser ricos o patrones porque no tienen la misma inteligencia y voluntad. Imposible, porque cada un está en su momento espiritual y las dificultades también son importantes para el crecimiento. Hablamos con base en el lema francés de libertad, igualdad y fraternidad. Igualdad de oportunidades y respeto, por lo menos.
Los gobiernos no gobiernan para el pueblo; no ayudan los empresarios a producir frentes de trabajo. Ayudar los empresarios no es apadrinarlos con financiaciones indiscriminadas, sino establecer reglas serias de convivencia, sin crear siempre nuevos impuestos o alterar normas a cada momento, desorientando a la mayoría. Intentan resolver las crisis que ellos mismos producen con soluciones para sus problemas, sin importarse con los obstáculos que estos procedimientos crean para la sociedad que produce y alimenta la economía de los países. Gastan indiscriminadamente y mandan la factura para el pueblo cancelarla. Los gobiernos no hacen su parte. Hablamos en distribuir riqueza por la vía del trabajo. Hace mucho ya dijo el cancionero: “Éste nuestro planeta tiene de todo, sin embargo no veo quien haga la división”. Vean las reglas de la jubilación y, más recién, de las cajas de ahorro, la economía del pobre.
De vez en cuando, fingen que van a punir los deshonestos. Pasan meses frente a las cámaras de la televisión leyendo informes kilométricos, intentando probar lo que está más que probado: están tratando con delincuentes de todos los tipos, de dentro y de afuera de los gobiernos. Sin embargo, ellos quieren más pruebas. El cierto es que los políticos llegan a los gobiernos proletarios y salen propietarios. Entran obreros y salen millonarios. ¡Cuándo salen, porque generalmente se cristalizan en el poder!
El Espiritismo enseña que la solidaridad es la única salida. Dios dividió las riquezas del mundo poniendo un poco en cada nación para que los pueblos negocien y establezcan cambios. Puso el petróleo en el Oriente Medio, pero faltales el agua potable. Y así hizo en cada país.
Mientras un hijo de Dios seguir llorando toda la humanidad, vivirá en llanto. No hablamos de las lágrimas, sino del lloro espiritual, porque no podemos ser felices, por más harto que sea nuestro plato, si estamos frente a un niño hambriento o a un viejo indigente. Nuestra conciencia nos acusa; cuando no es por la mala acción es por omisión. Aquél que puede y no hace el bien también peca. No basta no hacer el mal, porque eso es un deber. Lo que cuenta por nosotros realmente es el bien que hacemos sin intenciones ocultas. Como está en la cuestión 893 de El Libro de los Espíritus, hay virtud cuando se practica la caridad desinteresada.
El partido político que tendrá éxito no es el de la democracia ni el del totalitarismo. Lo que va a solucionar los problemas del mundo es la solidaridad. Hay que haber los que acepten tener un poco menos para dar algo a quien nade tiene. No hay mágica. Sólo falta encontrar quien quiera dar el primer paso; quien sea un pacificador de verdad y no se quede esperando que la paz sea construida para después disfrutarla. Ya dice el cancionero Nando Cordel: “la paz del mundo empieza en mí”.
Mientras el ser humano de este planeta de pruebas y expiaciones siga egoísta y prepotente, será difícil que la paz reine en la Tierra. Sólo cuando el patrón deje de tratar el empleado como un ser inferior, porque pertenece a una clase social diferente, es que el mundo se quedará en paz. Nuestra esperanza es que los dolores nos eduquen y nos convenzan a cambiar para que haya un bienestar colectivo, con la victoria de la solidaridad; amplia, general y sin restricción. Quien todavía tenga dudas, lea El Libro de los Espíritus que fue lanzado por Allan Kardec el 18 de abril de 1857. Allí están todas las orientaciones de que necesitamos.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – agosto de 2013

O melhor para o mundo

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RIE agosto 2013
Vamos criar o Partido da Solidariedade Cristã.

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com
 

De vez em quando, surgem receitas para mudar a sociedade e melhorar o relacionamento entre as pessoas. Muitas são tentativas válidas, mas não têm futuro.

Certa época, em nome da caridade e do respeito humano, criaram-se leis para eliminar a escravidão no Brasil. A do Ventre Livre, a dos Sexagenários e, finalmente, a da Princesa Isabel que libertou o negro cativo. O que aconteceu após a Lei Áurea? Tiraram o escravo da senzala, onde o prendiam pela sobrevivência, e o mandaram para a rua com a responsabilidade de sustentar-se, sem ter como, e obrigando-o a pagar tributos.

Viu-se abandonado, sem trabalho e vítima de preconceitos, que perduram até os dias de hoje; como ocorre com os presidiários. Após cumprir a pena, preferem viver na ilegalidade e voltar para a cela, por impossibilidade de sobreviver na sociedade. Sete entre dez voltam a delinquir. Se em vez da ociosidade, quando toma sol, diverte-se e enferruja a mente, o presidiário estudasse e trabalhasse, ao sair, poderia ser um cidadão e não um reincidente.

O mesmo se deu com o comunismo, criticado porque tirava a iniciativa do homem, já que o mínimo necessário o satisfazia. O regime desapareceu, mas, na prática, segue igual. Ou seja, dez por cento da população do mundo detêm noventa por cento de toda a riqueza e os dez por cento restantes da riqueza são repartidos entre os demais noventa por cento da população do globo, numa comparação otimista. Na prática, a diferença pode ser ainda mais alarmante. No Brasil, por exemplo, as estatísticas mostram que só um por cento, aproximadamente, tem salário de dez mil reais ou mais; há muita gente sobrevivendo com trezentos reais por mês. É uma média que tende a modificar-se nas regiões mais pobres, como o nordeste brasileiro, onde o caos é ainda maior. Já vimos reportagens com professoras do sertão ganhando dez reais POR MÊS em sala de aula instalada em baixo de uma árvore!

Depois deste introito, perguntamo-nos de que adiantam as políticas de distribuição de renda mediante bolsas, vales, cotas etc. se a miséria continua igual, física e moral. Uma grande farsa dos que desejam perpetuar-se no poder. Sem um despertar coletivo com alguma renúncia da parte dos privilegiados em favor dos desprezados, nada vai mudar. Já disse o presidente Kennedy: Se uma sociedade livre não pode ajudar seus muitos pobres, também não poderá salvar seus poucos ricos”. Um retrato profético do mundo atual. Os ricos estão com medo!

O mesmo presidente americano disse: Não é dando esmolas que vamos acabar com os pobres, mas agindo de tal modo que deixem de ser tão pobres, e desfrutem de uma vida digna”; “Que o supérfluo dos ricos sirva para o necessário dos pobres”; “Dar o supérfluo agora para não dar o essencial depois”. Uma realidade dos dias atuais; e se não damos, eles tiram.

O progresso de todos só pode ser conseguido com o progresso individual. Se as partes forem podres o todo não será saudável. Não defendemos que todos devam ser ricos ou patrões porque nem todos têm a mesma inteligência e força de vontade. Impossível, porque cada um está no seu momento espiritual e as dificuldades também são importantes para o crescimento. Falamos com base no lema francês de liberdade, igualdade e fraternidade. Igualdade de oportunidades e respeito, pelo menos.

Os governos não governam para o povo; não ajudam os empresários a produzir frentes de trabalho. Ajudar os empresários não é apadrinhá-los com financiamentos indiscriminados, mas estabelecer regras sérias de convívio, sem criar sempre novos tributos ou mudar normas a cada momento, desorientando a maioria. Tentam resolver as crises que eles mesmos produzem criando soluções para os seus problemas, sem se importar com os entraves que tais atos acarretam para a sociedade que produz e que alimenta a economia dos países. Gastam indiscriminadamente e mandam a conta para o povo pagar. Os governos não fazem a sua parte. Falamos em distribuir riqueza pela via do trabalho. Há muitos anos já disse o cancioneiro: “Este nosso planeta tem de tudo, só não vejo quem faça a divisão”. Vide as regras da aposentadoria e, mais recentemente, da poupança, a economia do pobre.

De vez em quando, fingem que vão punir os desonestos. Passam meses diante das câmaras de TV lendo relatórios quilométricos, tentando provar o que está mais do que provado: estão lidando com delinquentes de todas as camadas, de dentro e de fora dos governos. Mas eles querem mais provas. O certo é que os políticos entram para os governos proletários e saem proprietários. Entram operários e saem milionários. Quando saem, porque geralmente cristalizam-se no poder!

O Espiritismo ensina que a solidariedade é a única saída. Deus dividiu as riquezas do mundo colocando um pouco em cada nação para que os povos negociem e estabeleçam trocas. Pôs o petróleo no Oriente Médio, mas falta-lhes a água potável. E assim fez com cada país.

Enquanto um filho de Deus continuar chorando toda a humanidade, viverá em pranto. Não falamos das lágrimas, mas de choro espiritual, porque não podemos ser felizes, por mais farto que seja nosso prato, se estamos diante de uma criança faminta ou de um velho indigente. Nossa consciência nos acusa; quando não é pela má ação é pela omissão. Aquele que pode e não faz o bem também peca. Não basta não fazer o mal, porque isso é um dever. O que conta por nós realmente é o bem que fazemos sem intenções ocultas. Como está na questão 893 de O Livro dos Espíritos, a virtude existe quando se pratica a caridade desinteressada.

O partido político que terá êxito não é o da democracia nem o do totalitarismo. O que vai solucionar os problemas do mundo é a solidariedade. Há que haver os que aceitem ter um pouco menos para dar algo a quem nada tem. Não há mágica. Só resta encontrar quem queira dar o primeiro passo; quem seja um pacificador de verdade e não fique esperando que a paz seja construída para depois desfrutá-la. Já diz o cancioneiro Nando Cordel: “a paz do mundo começa em mim”.

Enquanto o ser humano deste planeta de provas e expiações continuar egoísta e prepotente, será difícil que a paz reine na Terra. Só quando o patrão deixar de tratar o empregado como um ser inferior, porque pertence a uma classe social diferente, é que o mundo ficará em paz. Nossa esperança é que as dores nos eduquem e nos convençam a mudar para que haja um bem-estar coletivo, com a vitória da solidariedade; ampla, geral e irrestrita. Quem ainda tiver dúvidas, leia O Livro dos Espíritos que foi lançado por Allan Kardec em 18 de abril de 1857. Ali estão todas as receitas que precisamos.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Agosto de 2013