Dívidas e resgates

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Deus nos obriga a pagar as dívidas de nossos antepassados?

É importante dizer, inicialmente, que Deus a nada nos obriga. Somos cobrados, mas pela nossa consciência. Deus é a Lei e se não nos enquadramos nela teremos problemas e desajustes de toda ordem; físicos ou espirituais. E não se trata de pagamento, mas de reajustamento, de reaprendizagem. Sanado o desajuste, colocamo-nos novamente em harmonia com a Lei.

Com referência à pergunta acima, feita a devida retificação quanto ao cobrador, a resposta pode ser “sim”, mas apenas no caso de sermos nós mesmos a reencarnação desse antepassado.  Seria, portanto, a correção das nossas próprias falhas porque o espírito é o mesmo. Ninguém deve saldar débitos que não tenha contraído; agora ou em qualquer tempo da sua eternidade. Não seria justo.

Recordemos a passagem do Evangelho:

Ao passar, Jesus viu um cego de nascença. Seus discípulos lhe perguntaram: “Mestre, quem pecou: este homem ou seus pais, para que ele nascesse cego?”. Disse Jesus: “Nem ele, nem seus pais pecaram, mas isto aconteceu para que a obra de Deus se manifestasse na vida dele” (João 9.1-3). A Lei de Deus, segundo a questão 621 de O Livro dos Espíritos, está inscrita na consciência dos homens. Logo quem pecou foi o Espírito, numa encarnação passada. Ele pode ter sido seu próprio antepassado (pai, avô, bisavó, etc.) reencarnado. Ou não. Uma coisa, porém é certa. Estava corrigindo suas próprias faltas numa renovada aprendizagem.

Esse conhecimento que só o Espiritismo nos oferece, graças à análise da lei da reencarnação, faz com que todos  entendamos que não devemos nos revoltar contra aquilo que nos flagela, contra defeitos físicos que portamos, contra alienações mentais, porque todos se originaram de atos anteriores praticados por nós mesmos. Não há castigo nem injustiça. É como o aluno que repete o ano e precisa ouvir novamente as mesmas lições para tentar executá-las mais corretamente. Não adianta culpar os professores.

É confortador saber que não há injustiças, porque ninguém paga dívidas alheias. Cada um responde por seus próprios débitos, contraídos nesta ou em vidas anteriores; e como ensinou Jesus, até o último ceitil. Conforme explicou Bezerra a Chico Xavier, no livro “Visão Nova”, o Mestre reportava-se a resgates dolorosos, a difíceis prestações de contas e as consequências desastrosas de atos irrefletidos, quando assim falou.

Entretanto, essas mesmas palavras se aplicam também ao recebimento de verdadeiras recompensas pelos atos bons, à prestação de contas com juros, até no campo do bem e com vistas a prêmios concedidos a trabalhadores dignos.  É isso que faz com que os nossos corações exultem de alegria e felicidade ao meditar que agora somos um pouco mais esclarecidos na faceta do amor que tempera a justiça.

O Deus que castiga desapareceu com a chegada da Doutrina Espírita e atribui a cada um a responsabilidade dos seus próprios atos. “A cada um segundo suas obras”, disse Jesus. A cada ação corresponde uma reação, diz o Espiritismo. Semeia-se à vontade, mas colhe-se o que é produzido pela semente que plantamos. Simples de entender e justo para aceitar.

Jornal O Clarim – Fevereiro de 2014

Pensamientos ya pensados

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El mundo no cesa de rodar; ¡como se dice en tono de broma, la cola sigue!

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

Jamás debemos despreciar la opinión de los filósofos, científicos, investigadores o especialistas de cualquier área, porque pueden traernos revelaciones sobre los secretos de la vida, de la mente o de la relación entre las personas, según  los sentimientos de los hombres  reflejados en sus relaciones. Sin embargo, jamás pongamos en ellos un punto final.

Es necesario considerar, y eso es importante, la permanente evolución que envuelve todo y todos en esta caminata incesante en que vivimos, día por día, en el tiempo llamado ahora, y que guarda siempre novedades para el porvenir, muchas de ellas absolutamente inesperadas, y lo que fue dicho hoy termina siendo desdicho mañana.

No podemos dar las ideas como listas y finalizadas porque todo atiende a un momento propio, en que son verdades relativas. Y mismo que perduren, más a frente serán conocidas de forma más amplia y precisa. No quedamos presos a los bancos de la escuela primaria cuando estamos en la universidad. Sin que despreciemos el tiempo precioso de la infancia, fue solamente la base para tornarnos adultos. Crecemos y nos preparamos para saber más y también para pensar por nuestra propia cabeza. No fuera eso y nada habría de nuevo sobre la Tierra. Los viejos pensamientos aún prevalecerían, la Tierra seguiría como un planeta achatado o el centro del sistema solar.

El mal de los hombres es colocarse en dos posiciones radicales: o tienen la prepotencia de ser dueños de la verdad o desplegan el estandarte de la propia ignorancia y todo aceptan sin examinar y raciocinar.

Los primeros se creen los privilegiados racionales, Los únicos que tienen inteligencia y realmente saben pensar. Y quien no pensar como ellos es ignorante y atrasado. Solo su manera es la cierta. los segundos quedan pequeños en la inercia y no se suponen capaces de cambiar algo para mejorarlo. Algunos actúan como gurús y otros como obedientes discípulos. Pero eso no es real.

Los que saben mucho, son competentes y tienen buenas ideas, necesitan aún de muchos otros que les enseñen desde las cosas más difíciles hasta las más simple, que por veces no merecen la debida atención, a pesar de ser vitales. Los otros, aunque de poca capacidad, siempre encontrarán los que necesitarán hasta de su poco conocimiento para ayudarlos en su crecimiento. La maestra primaria aprende con el maestro universitario. Y ambos son maestros. Pero hasta los doctores, de los cursillos más elevados, siguen aprendiendo y un día fueron alumnos de los maestros que les alfabetizaron.

Nada debemos negar cuando no tenemos conocimiento o condiciones para comprender o hacer mejor. Sin embargo, tan pronto nos sintamos en condición para evaluar algo y darle alguna mejora, aceptemos el desafío con confianza. Saulo de Tarso tenía certeza de que Moisés era la verdad absoluta y el judaísmo la religión perfecta. Paulo constató que él era realmente la verdad; sin embargo, relativa. Que en aquel momento Jesus estaba arriba de Moisés y que valdría la pena oír lo que Él enseñaba, porque la sabiduría de Moises, con Jesus, había mejorado mucho. Se transformó en el mayor apóstol del cristianismo porque tuvo coraje de cambiar. Y nosotros sabemos el sacrificio que le costó y las consecuencias que sufrió al romper con lo convencional. Abandono de los amigos y familiares, subordinados y seguidores. Tuvo de trabajar como tejedor para sobrevivir. Pero se mantuvo seguro en cuanto a las ventajas del cambio. Creció y se renovó, emprendiendo, como dice él propio, el buen combate; el hombre venciendo a sí mismo.

Si hoy existe el Espiritismo, debemos agradecer a otro valiente que, nacido en cuna católica, rompió con sus propias tradiciones norteado por el buen sentido. Dudó de inicio del mensaje de los Espíritus, pero cuando se convenció dejó para detrás toda  su planificación de vida, apurada como discípulo de Pestalozzi, para organizar esta Doctrina que hoy nos da tanta esperanza, resignación y entendimiento.

Para la llamada reforma íntima, que puede ser traducida por reforma moral, es preciso que nos llenemos de coraje para combatir el viejo hombre que aún somos y hacer nacer el hombre nuevo, bajo la inspiración de Paulo de Tarso. Dijo Jesus: “cambia mientras estás a camino.” Diríamos nosotros que es necesario desprendernos del mundo mientras estamos en la materia. No nos quedemos esclavos de los pensamientos ya pensados, porque no saldremos del lugar o caminaremos siempre un paso atrás. “Nunca ande por el camino ya planteado, pues él acarrea solamente hasta donde otros ya fueron”, dijo Graham Bell, el creador del teléfono. ¡Hace horas en las que es necesario intentar cosas nuevas, mismo sin desairar las viejas!

No olvidemos que los innovadores siempre corren riesgos y no son comprendidos en su tiempo ni por su pueblo. Analicemos lo que hubo con Jesus, como lo más expresivo ejemplo. Y Él no fue el único. La historia registra cientos de pioneros que hoy son reverenciados y que en su tiempo fueron humillados. ¡Conocido adagio ya afirma “qué nadie es profeta en su tierra” y qué “Santo de casa no hace milagros”. Y la voz del pueblo es la voz de Dios! Completaríamos que los genios nunca lo son para su propia época. Solo la historia y el tiempo muestran que tenían razón.

Pensemos en el asunto con interés y coraje y, cuando menos esperemos, seremos un ser renovado, crecido y maduro. Y si la mayoría no esta de acuerdo con nosotros, que eso no nos preocupe. Me recuerdo que cierta vez, en clase, usé la palabra privilegio y los alumnos, unánimemente, me corrigieron, horrorizados: “¡no es privilegio, es previlégio!”. Felizmente el maestro entró en la hora cierta y corrigió los más de treinta sorprendidos equivocados colegas. “Toda unanimidad es burra”, decía el dramaturgo Nelson Rodrigues. Valoremos más los que nos critican de lo que nos elogian. Casi siempre este último viene lleno de adulación al paso que la crítica nos estimula a rever actos y comportamientos. Con ella, pasamos a conocernos mejor.

Abandonemos el conformismo y jamás tengamos pereza de pensar. Togo genio, antes de ser reconocido como tal, es tenido como loco. ¡Si es necesario, corramos también nosotros ése riesgo!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – febrero 2014

 

Pensamentos já pensados

2 Comentários

capas_rie_02-2014.inddO mundo não cessa de rodar; como se diz em tom de blague, a fila anda!

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

 Jamais devemos desprezar a opinião dos filósofos, cientistas, pesquisadores ou especialistas de qualquer área, porque podem nos trazer revelações sobre os segredos da vida, da mente ou do relacionamento entre as pessoas, determinado pelos sentimentos dos homens e refletidos nas suas relações. Mas nunca coloquemos neles um ponto final.

É preciso considerar, e isso é importante, a permanente evolução que envolve tudo e todos nesta caminhada incessante em que vivemos, dia por dia, no tempo chamado agora, e que guarda sempre novidades para o futuro, muitas delas absolutamente inesperadas, e o que foi dito hoje acaba sendo desdito amanhã.

Não podemos dar as ideias como prontas e finalizadas porque tudo atende a um momento próprio, em que são verdades relativas. E mesmo que perdurem, mais a frente serão conhecidas de forma mais ampla e precisa. Não ficamos presos aos bancos da escola primária quando estamos na universidade. Sem que desprezemos o tempo precioso da infância, ela foi apenas o alicerce para nos tornar adultos. Crescemos e nos preparamos para saber mais e também para pensar por nossa própria cabeça. Não fora isso e nada haveria de novo sobre a Terra. Os velhos pensamentos ainda prevaleceriam, a Terra continuaria como um planeta achatado ou como o centro do sistema solar.

O mal dos homens é colocar-se em duas posições radicais: ou têm a prepotência de serem donos da verdade ou desfraldam o estandarte da própria ignorância e tudo aceitam sem examinar e raciocinar.

Os primeiros acreditam-se os privilegiados racionais, os únicos que têm inteligência e realmente sabem pensar. E quem não pensar como eles é ignorante e atrasado. Só o seu jeito é o certo. Os segundos apequenam-se na inércia e não se supõem capazes de alterar algo no sentido de melhorá-lo. Uns agem como gurus e outros como obedientes discípulos. Mas isso não é real.

Os que sabem muito, são competentes e têm boas ideias, precisam ainda de muitos outros que lhes ensinem desde as coisas mais intrincadas até as mais simples, que por vezes não merecem a devida atenção, apesar de serem vitais. Os outros, embora menores de competência, sempre encontrarão os que precisarão até do seu pouco conhecimento para auxiliá-los no crescimento. A professora primária aprende com o professor universitário. E ambos são professores. Mas até os doutores, de estágio mais elevado, continuam aprendendo e um dia foram alunos dos professores que os alfabetizaram.

Nada devemos negar quando não temos conhecimento ou condições para compreender ou fazer melhor. Porém, tão logo nos sintamos em condição para avaliar algo e dar-lhe algum aprimoramento, aceitemos o desafio com confiança. Saulo de Tarso tinha certeza de que Moisés era a verdade absoluta e o judaísmo a religião irretocável. Paulo constatou que ele era realmente a verdade; mas relativa. Que naquele momento Jesus estava acima de Moisés e que valeria a pena ouvir o que Ele ensinava, porque a sabedoria de Moises, com Jesus, fora amplamente aprimorada. Transformou-se no maior apóstolo do cristianismo porque teve coragem de mudar. E nós sabemos o sacrifício que lhe custou e as consequências que sofreu ao romper com o convencional. Abandono dos amigos e familiares, subalternos e seguidores. Teve de trabalhar como tecelão para sobreviver. Mas manteve-se convicto quanto às vantagens da mudança. Cresceu e renovou-se, empreendendo, como diz ele próprio, o bom combate; o homem vencendo a si próprio.

Se hoje existe o Espiritismo, devemos agradecer a outro corajoso que, nascido em berço católico, rompeu com suas próprias tradições norteado pelo bom senso. Duvidou de início da mensagem dos Espíritos, mas assim que se convenceu deixou para trás todo o seu planejamento de vida, aprimorado como discípulo de Pestalozzi, para organizar esta Doutrina que hoje nos dá tanta esperança, resignação e entendimento.

Para a chamada reforma íntima, que pode ser traduzida por reforma moral, é preciso que nos enchamos de coragem para combater o velho homem que ainda somos e fazer nascer o homem novo, sob a inspiração de Paulo de Tarso. Disse Jesus: “muda enquanto estás a caminho.” Diríamos nós que é preciso desprender-nos do mundo enquanto estamos na matéria. Não fiquemos escravos dos pensamentos já pensados, porque não sairemos do lugar ou caminharemos sempre um passo atrás. “Nunca ande pelo caminho traçado, pois ele conduz somente até onde outros já foram”, disse Graham Bell, o criador do telefone. Há horas em que é preciso tentar coisas novas, mesmo sem desprezar as velhas!

Não esqueçamos que os inovadores sempre correm riscos e não são compreendidos no seu tempo nem pelo seu povo. Analisemos o que houve com Jesus, como o mais expressivo exemplo. E Ele não foi o único. A história registra centenas de pioneiros que hoje são reverenciados e que no seu tempo foram humilhados. Conhecido adágio já afirma “que ninguém é profeta em sua terra” e que “santo de casa não faz milagres”. E a voz do povo é a voz de Deus! Nós completaríamos que os gênios nunca o são para a sua própria época. Só a história e o tempo mostram que tinham razão.

Pensemos no assunto com interesse e coragem e, quando menos esperarmos, seremos um ser renovado, crescido e maduro. E se a maioria discordar de nós, que isso não nos preocupe. Lembro-me que certa vez, em classe, usei a palavra privilégio e a turma, unanimemente, me corrigiu, horrorizada: “não é privilégio, é previlégio!”. Felizmente o professor entrou na hora certa e corrigiu os mais de trinta surpresos equivocados colegas. “Toda unanimidade é burra”, dizia o dramaturgo Nelson Rodrigues. Valorizemos mais os que nos criticam do que os que nos elogiam. Quase sempre este último vem emoldurado de bajulação ao passo que a crítica nos estimula a rever atos e comportamentos. Com ela, passamos a nos conhecer melhor.

Abandonemos o conformismo e jamais tenhamos preguiça de pensar. Todo gênio, antes de ser reconhecido como tal, é tido como louco. Se for necessário, corramos também nós esse risco!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – fevereiro de 2014