El mundo no cesa de rodar; ¡como se dice en tono de broma, la cola sigue!

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

Jamás debemos despreciar la opinión de los filósofos, científicos, investigadores o especialistas de cualquier área, porque pueden traernos revelaciones sobre los secretos de la vida, de la mente o de la relación entre las personas, según  los sentimientos de los hombres  reflejados en sus relaciones. Sin embargo, jamás pongamos en ellos un punto final.

Es necesario considerar, y eso es importante, la permanente evolución que envuelve todo y todos en esta caminata incesante en que vivimos, día por día, en el tiempo llamado ahora, y que guarda siempre novedades para el porvenir, muchas de ellas absolutamente inesperadas, y lo que fue dicho hoy termina siendo desdicho mañana.

No podemos dar las ideas como listas y finalizadas porque todo atiende a un momento propio, en que son verdades relativas. Y mismo que perduren, más a frente serán conocidas de forma más amplia y precisa. No quedamos presos a los bancos de la escuela primaria cuando estamos en la universidad. Sin que despreciemos el tiempo precioso de la infancia, fue solamente la base para tornarnos adultos. Crecemos y nos preparamos para saber más y también para pensar por nuestra propia cabeza. No fuera eso y nada habría de nuevo sobre la Tierra. Los viejos pensamientos aún prevalecerían, la Tierra seguiría como un planeta achatado o el centro del sistema solar.

El mal de los hombres es colocarse en dos posiciones radicales: o tienen la prepotencia de ser dueños de la verdad o desplegan el estandarte de la propia ignorancia y todo aceptan sin examinar y raciocinar.

Los primeros se creen los privilegiados racionales, Los únicos que tienen inteligencia y realmente saben pensar. Y quien no pensar como ellos es ignorante y atrasado. Solo su manera es la cierta. los segundos quedan pequeños en la inercia y no se suponen capaces de cambiar algo para mejorarlo. Algunos actúan como gurús y otros como obedientes discípulos. Pero eso no es real.

Los que saben mucho, son competentes y tienen buenas ideas, necesitan aún de muchos otros que les enseñen desde las cosas más difíciles hasta las más simple, que por veces no merecen la debida atención, a pesar de ser vitales. Los otros, aunque de poca capacidad, siempre encontrarán los que necesitarán hasta de su poco conocimiento para ayudarlos en su crecimiento. La maestra primaria aprende con el maestro universitario. Y ambos son maestros. Pero hasta los doctores, de los cursillos más elevados, siguen aprendiendo y un día fueron alumnos de los maestros que les alfabetizaron.

Nada debemos negar cuando no tenemos conocimiento o condiciones para comprender o hacer mejor. Sin embargo, tan pronto nos sintamos en condición para evaluar algo y darle alguna mejora, aceptemos el desafío con confianza. Saulo de Tarso tenía certeza de que Moisés era la verdad absoluta y el judaísmo la religión perfecta. Paulo constató que él era realmente la verdad; sin embargo, relativa. Que en aquel momento Jesus estaba arriba de Moisés y que valdría la pena oír lo que Él enseñaba, porque la sabiduría de Moises, con Jesus, había mejorado mucho. Se transformó en el mayor apóstol del cristianismo porque tuvo coraje de cambiar. Y nosotros sabemos el sacrificio que le costó y las consecuencias que sufrió al romper con lo convencional. Abandono de los amigos y familiares, subordinados y seguidores. Tuvo de trabajar como tejedor para sobrevivir. Pero se mantuvo seguro en cuanto a las ventajas del cambio. Creció y se renovó, emprendiendo, como dice él propio, el buen combate; el hombre venciendo a sí mismo.

Si hoy existe el Espiritismo, debemos agradecer a otro valiente que, nacido en cuna católica, rompió con sus propias tradiciones norteado por el buen sentido. Dudó de inicio del mensaje de los Espíritus, pero cuando se convenció dejó para detrás toda  su planificación de vida, apurada como discípulo de Pestalozzi, para organizar esta Doctrina que hoy nos da tanta esperanza, resignación y entendimiento.

Para la llamada reforma íntima, que puede ser traducida por reforma moral, es preciso que nos llenemos de coraje para combatir el viejo hombre que aún somos y hacer nacer el hombre nuevo, bajo la inspiración de Paulo de Tarso. Dijo Jesus: “cambia mientras estás a camino.” Diríamos nosotros que es necesario desprendernos del mundo mientras estamos en la materia. No nos quedemos esclavos de los pensamientos ya pensados, porque no saldremos del lugar o caminaremos siempre un paso atrás. “Nunca ande por el camino ya planteado, pues él acarrea solamente hasta donde otros ya fueron”, dijo Graham Bell, el creador del teléfono. ¡Hace horas en las que es necesario intentar cosas nuevas, mismo sin desairar las viejas!

No olvidemos que los innovadores siempre corren riesgos y no son comprendidos en su tiempo ni por su pueblo. Analicemos lo que hubo con Jesus, como lo más expresivo ejemplo. Y Él no fue el único. La historia registra cientos de pioneros que hoy son reverenciados y que en su tiempo fueron humillados. ¡Conocido adagio ya afirma “qué nadie es profeta en su tierra” y qué “Santo de casa no hace milagros”. Y la voz del pueblo es la voz de Dios! Completaríamos que los genios nunca lo son para su propia época. Solo la historia y el tiempo muestran que tenían razón.

Pensemos en el asunto con interés y coraje y, cuando menos esperemos, seremos un ser renovado, crecido y maduro. Y si la mayoría no esta de acuerdo con nosotros, que eso no nos preocupe. Me recuerdo que cierta vez, en clase, usé la palabra privilegio y los alumnos, unánimemente, me corrigieron, horrorizados: “¡no es privilegio, es previlégio!”. Felizmente el maestro entró en la hora cierta y corrigió los más de treinta sorprendidos equivocados colegas. “Toda unanimidad es burra”, decía el dramaturgo Nelson Rodrigues. Valoremos más los que nos critican de lo que nos elogian. Casi siempre este último viene lleno de adulación al paso que la crítica nos estimula a rever actos y comportamientos. Con ella, pasamos a conocernos mejor.

Abandonemos el conformismo y jamás tengamos pereza de pensar. Togo genio, antes de ser reconocido como tal, es tenido como loco. ¡Si es necesario, corramos también nosotros ése riesgo!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – febrero 2014