Enquanto estás a caminho

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“Reconcilia-te sem demora com o teu adversário, enquanto estás a caminho com ele, para que não suceda que ele te entregue ao juiz, e que o juiz te entregue ao seu ministro, e sejas mandado para a cadeia. Em verdade te digo que não sairás de lá, enquanto não pagares o último ceitil.” (Mateus V: 25 e 26)

Era um bonito casal! Realizavam junto tarefas sociais e também as ligadas à sobrevivência. Anos e anos se passavam e viviam sempre unidos. Desprendidos, procuravam ajudar o semelhante, próximo ou distante, de diferentes maneiras.

Com habilidades diversas, cada um fazia um tipo de trabalho. Ela ministrava aulas de Mediunidade e fazia trabalhos manuais enquanto ele era um divulgador do Espiritismo, com palestras e textos em jornais e revistas. Completavam-se.

Ela, porém, embora admiradora do trabalho do companheiro, tinha certo ciúme da evidência que ele parecia ter e ficava desconfortável com os elogios que lhe eram endereçados. Ele não ligava, compreendia e desculpava. Afinal, cada um com seu temperamento. Isso não diminuía a grande capacidade que ela tinha de amar o próximo.

Ele adoeceu. Fez delicada cirurgia, mas saiu-se bem do problema e voltou às atividades rapidamente. Nesse meio tempo, foi ela quem enfermou e passou a depender dos cuidados dele e de auxiliares profissionais: enfermeiras e que tais.

Por mais que ele procurasse ajudar, ainda convalescente, ela estava sempre insatisfeita. Suas dores não a deixavam ter calma e desculpar a incapacidade do companheiro que ainda estava debilitado. O tempo foi passando e a doença dela se agravando. Ficou presa ao leito; felizmente, por pouco tempo.

Dois meses antes do desencarne ela o chama à beira da cama e lhe diz: – Venha cá. Preciso falar com você. Ele se aproximou e ela lhe disse: – Eu queria lhe pedir perdão, por nunca ter reconhecido o seu trabalho e nunca ter dado valor à sua competência! Você, em mais de cinco décadas de vida em comum, nunca me criou problemas com bebida, dinheiro ou mulher. Quero dizer que você é o marido que qualquer mulher gostaria de ter e eu tenho muito orgulho de ser sua esposa!

Ele ficou feliz por ela, porque tinha a consciência tranquila e sabia o quanto tinha sido difícil para aquele espírito altivo e dono de si, fazer essa confissão porque, normalmente, não admitia enganar-se ou rebaixar-se. Sentiu que ela ficou aliviada e a declaração fez mais bem a ela do que a ele, embora ele tivesse gostado de ver reconhecido o seu procedimento, mesmo depois de tantos anos!

Ela desencarnou logo depois, serena e aliviada.

O curioso é que quando ele, alguns meses depois, fazia uma palestra num Centro Espírita, ao final do trabalho uma pessoa do auditório procurou-o para dar um recado. – Sua esposa estava do lado de fora da janela ouvindo o senhor. Disse que estava gostando muito da palestra e contente por vê-lo trabalhando normalmente. Pediu para dizer que tinha muito orgulho de ser sua esposa! Alguém pode duvidar da autenticidade da comunicação. As mesmas palavras que disse em vida. Exatamente!

Ela gostava muito de ouvi-lo falar em público. Dizia que era dos poucos palestrantes que ela conseguiu ouvir e com quem aprendia algo.

Disse mais, o que já tinha por várias vezes confessado à enfermeira e à empregada, que lamentava não ter aproveitado mais a vinda para a cidade onde moramos atualmente e não ter se cuidado melhor. Sentia-se culpada pelo que aconteceu com sua saúde; preocupada em fazer caridade, esqueceu-se de si mesma!

Conto esta passagem real para que as pessoas sintam a importância do acerto de contas enquanto estamos a caminho. Podemos sentir já, aqui, um grande alívio, além de voltar em paz para a espiritualidade. Quantas vezes é preciso vencer o orgulho para ter essa coragem. Mas quem consegue cortar esses grilhões, colhe os frutos do seu ato! A verdadeira e importante libertação…

Certamente, ela hoje se sente em paz!

Jornal O Clarim – Março de 2014

 

 

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Los parientes en la espiritualidad

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31/3/1869. Desencarna Allan Kardec. ¿Quién lo habrá recibido en el mundo espiritual?

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

 En el capítulo IX del libro Roteiro, lanzado en 1952, Emmanuel informó a Chico Xavier que la población espiritual del planeta era de más de veinte mil millones de almas conscientes desencarnadas, sin considerar las mil millones de inteligencias sub-humanas que son aprovechadas en los múltiples servicios de progreso planetario, alrededor de la Tierra y retardandose en otras bandas de evolución. Estos serían los elementales, que producen, bajo comando Superior, las alteraciones en la naturaleza. Kardec los menciona en el Primer Libro de los Espíritus, en las cuestiones 64 a 66.

Actualmente, la Tierra tiene más de 7,2 mil millones de habitantes. Quedarían aún cerca de 15 mil millones de Espíritus disponibles para reencarnar. Cuanto más organizada es la vida en el planeta, y dispuestas las condiciones de habitabilidad, mayor número de Espíritus encarnará aquí.

En mundos de pruebas y expiaciones como el nuestro, la encarnación de Espíritus se da siempre por la unión de dos encarnados, indispensables a la creación del nuevo cuerpo que servirá de vivienda para el Espíritu que vuelve. Luego, es por los lazos de la consanguinidad que se forman las familias en nuestro mundo. Según relato de los Espíritus, todo es organizado con cuidadosa programación, considerándose comprometimientos anteriores y rescates que el reencarnacionista ya tenga condiciones de aguantar.

Por ese proceso, unos son padres, otros hermanos, hijos, esposas o esposos, entre otros parientes. El lego duda que la reencarnación sea realidad. Llega a preguntar con que esposa se quedará en la erraticidad un Espíritu que tenga sido hombre por varias vidas, habiendose casado en muchas de ellas. No entiende qué el parentesco es solamente de la Tierra porque los Espíritus se disponen para volver como parientes diferentes. La hija que hoy amamos puede ser la reencarnación de nuestra abuela, de nuestra madre o de la esposa de la vida pasada. O incluso de uno que ha sido un hombre cuando encarnado anteriormente. Por eso es que es común los parientes de esta vida ser Espíritus que se comprometieron en situaciones anteriores, como familiares o no, como enemigos o no, y hasta cónyuges,  para acierto de algo no totalmente solucionado.

Se concluye que es optimismo exagerado suponerse que al llegar al mundo de los Espíritus todo va a ser como aquí, de manera más feliz y que el reencuentro con los parientes que vivieron en la Tierra es inmediato e inevitable. Basta tener dirección, usar un BIP y llegar al domicilio que buscamos. De los más de siete mil millones que existen hoy en el mundo, conocemos no más de doscientas o trescientas personas. Los que ya volvieron a la espiritualidad, dependiendo de la evolución, ocupan planes superiores o inferiores a aquel  que iremos nosotros. Y no se ponen desocupados esperándonos llegar, porque tienen compromisos. Antes de ser parientes, somos individualidades con necesidades propias. André Luiz, según relatado en el libro Nuestro Hogar, tuvo breve contacto con su madre porque ella estaba en lugar más adelantado de lo qué él ocupó y tenía tareas a cumplir.

Los hijos suelen confiar en la protección de sus madres, siempre de mucho amor, incluso después que ellas desencarnan. Piden para que ellas les protejan, olvidandose que ellas hicieron eso la vida entera y ellos, muchas veces, además de no agradecer, las trataron mal. Al morir, imaginamos que nuestra madre y nuestro padre vengan nos recibir. ¿Pero y se ellos están en el umbral o en las tinieblas? No es porque fueron nuestros padres que son perfectos. ¿Y si están en planes tan adelantados qué nosotros no podemos aún penetrar? ¿Y se ellos ya reencarnaron? Las leyes valen también para ellos. Más prudente contar con nuestros propios méritos por lo bien que hicimos a personas en la Tierra y que nos antecedieron en el viaje de vuelta.

El importante de la convivencia familiar en la Tierra es transformar la familia sanguínea en familia espiritual. Y además de ésto, todos los que conviven con nosotros, independientemente del tipo de relación. Es para eso que viejos enemigos viven juntos como parientes para que se armonicen y crescan juntos. Solo el parentesco de sangre consigue eso. Nos obliga a amar de forma diferente, incluso cuando nos sentimos ofendidos o faltado el respeto. Aguantamos en los parientes los fallos de carácter y de moral que no aceptamos en un extraño.

Es por eso que la maternidad y la paternidad son consideradas misiones de las más importantes (El Libro de los Espíritus, 582). Al recibir un viejo Espíritu en nuestro hogar, podemos transformarlo en un hombre de bien o en un marginal. Y cogeremos según plantemos. Aun cuando nuestra tarea de corrección de ese Espíritu no tenga éxito, si agotamos nuestros recursos para mejorarlo, la Ley divina premiará nuestro esfuerzo, a pesar del fracaso (El Libro de los Espíritus, 583).

En la cuestión 208 de El Libro de los Espíritus es enseñado que los Espíritus deben contribuir para el progreso unos de los otros. Por tanto los Espíritus padres tienen por misión apurar los Espíritus hijos, educándolos, y serán culpables si fallan en la tarea, por negligencia.

En el capítulo sobre la Infancia (El Libro de los Espíritus, 379/385), los padres tiene un seguro Manual de Instrucciones para la creación y educación de sus hijos. El grande error de los padres es tener miedo de traumatizar al hijo, engañados por la aparente fragilidad del niño que es casi siempre un Espíritu antiguo y también astuto. Por veces hasta más experiente que los padres. No saben decir no, hacen todas las voluntades y pierden el mejor tiempo para poner aquel equivocado en el camino recto.

Los hijos son nuestros hermanos, que Dios nos confió para que los eduquemos y los devolvamos al verdadero Padre, en mejores condiciones de que los recibimos. Pero desconociendo esta verdad, impedimos que cualquiera extraño ose corregirlo. En vez de agradecer por el favor, vemos en esa actitud una interferencia. Pobres padres equivocados que están destruyendo a las familias, cada vez más. Están contribuindo para un mundo peor, porque dan los mejores regalos para sus herederos descuidándose de regalarlos con la buena educación y los principios morales, formadores del buen carácter.

El parentesco en la Tierra es provisorio y se alterna constantemente. Por tanto, una docena de Espíritus puede hacer muchas experiencias conviviendo entre sí como parientes de diferentes clases y cada vez más comprometidos entre sí. Luego, en diez encarnaciones no significa que un hombre tenga diez esposas diferentes, necesariamente. Ni aun que él nazca hombre en diez oportunidades seguidas.

Sintetizando, en la espiritualidad somos todos Espíritus hermanos, tan pronto cesen las conmociones y recuerdos de la vida en la Tierra. Allá somos parientes por afinidad espiritual y no por la sangre. Allá formaremos la familia verdadera, caso la preparemos mientras cumplimos más una encarnación.

¡Buena suerte para todos nosotros y nos pongamos siempre atentos! ¡La ley se llama acción y reacción!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Marzo 2014

Os parentes na espiritualidade

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RIE_CAPA_MARÇO_2014                     31/3/1869. Desencarnava Allan Kardec. Quem o teria recebido no mundo espiritual?
Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

 No capítulo IX do livro Roteiro, lançado em 1952, Emmanuel informou a Chico Xavier que a população espiritual do planeta era de mais de vinte bilhões de almas conscientes desencarnadas, sem considerar as bilhões de inteligências sub-humanas que são aproveitadas nos múltiplos serviços de progresso planetário, cercando o domicílio terrestre e demorando-se em outras faixas de evolução. Seriam os elementais, que produzem, sob o comando Superior, as alterações da natureza. Kardec cita-os no primeiro O Livro dos Espíritos, nas questões 64 a 66.

Atualmente, a Terra tem mais de 7,2 bilhões de habitantes. Restariam ainda cerca de 15 bilhões de Espíritos disponíveis para reencarnar. Quanto mais organizada é a vida no planeta, e preparadas as condições de habitabilidade, maior número de Espíritos encarnará aqui.

Em mundos de provas e expiações como o nosso, a encarnação de Espíritos se dá sempre pelo acasalamento de dois encarnados, indispensáveis à criação do novo corpo que servirá de morada para o Espírito que volta. Portanto, é por laços da consanguinidade que se formam as famílias do mundo. Segundo relato dos Espíritos, tudo organizado com cuidadosa programação, considerando-se comprometimentos anteriores e resgates que o reencarnacionista já tenha condições de suportar.

Por esse processo, uns são pais, outros mães, filhos, esposas ou maridos, entre outros parentes. O leigo duvida que a reencarnação seja realidade. Chega a perguntar com que esposa ficará na erraticidade um Espírito que tenha sido homem por várias vidas tendo se casado em muitas delas. Não entende que o parentesco é somente da Terra porque os Espíritos se preparam para voltar como parentes diferentes. A filha que hoje amamos pode ser a reencarnação da nossa avó, da nossa mãe ou da esposa da vida passada. Ou mesmo de um que foi homem quando anteriormente encarnado. Por isso é que é comum os parentes desta vida serem Espíritos que se comprometeram em situações anteriores, como familiares ou não, como inimigos ou não, ex-cônjuges, inclusive, para acerto de velhas pendências.

Conclui-se que é otimismo exagerado supor-se que ao chegar ao mundo dos Espíritos tudo vai ser como aqui, de maneira mais feliz e que o reencontro com os parentes que viveram na Terra é imediato e inevitável. Basta ter endereço, usar um GPS e chegar ao domicílio que procuramos. Dos mais de sete bilhões que existem hoje no mundo, conhecemos não mais que duzentas ou trezentas pessoas. Os que já voltaram à espiritualidade, dependendo da evolução, ocupam planos superiores ou inferiores ao que iremos. E não ficam ociosos esperando-nos chegar, porque têm ocupações. Antes de ser parentes, somos individualidades com necessidades próprias. André Luiz, segundo relatado no livro Nosso Lar, teve breve contato com sua mãe porque ela estava em lugar mais adiantado do que o que ele ocupou e tinha tarefas a cumprir.

Os filhos costumam confiar na proteção da mãe, sempre portadora de muito amor, mesmo depois que elas desencarnam. Pedem para que elas os protejam, esquecendo que elas fizeram isso a vida inteira e eles, muitas vezes, além de não agradecer, as trataram mal. Ao morrer, imaginamos que nossa mãe e nosso pai venham nos receber. Mas e se eles estiverem no umbral ou nas trevas? Não é porque foram nossos pais que são elevados. E se estiverem em planos tão adiantados que não podemos ainda penetrar? E se eles já reencarnaram? As leis valem também para eles. Mais prudente contar com nossos próprios méritos pelo bem que fizemos a pessoas na Terra e que nos antecederam na viagem de volta.

O importante no convívio familiar da Terra é transformar a família sanguínea em família espiritual. E além destes, todos os que convivem conosco, independentemente do tipo de relação. É para isso que velhos inimigos vivem juntos como parentes para se harmonizarem e crescerem juntos. Só a parentela de sangue consegue isso. Obriga-nos a amar de forma diferente, mesmo quando somos ofendidos ou desrespeitados. Suportamos nos parentes as falhas de caráter e de moral que não aceitamos num estranho.

É por isso que a maternidade e a paternidade são consideradas missões das mais importantes (O Livro dos Espíritos, 582). Ao receber um velho Espírito no nosso lar, podemos transformá-lo num homem de bem ou num marginal. E colheremos conforme plantarmos. Mesmo que nossa tarefa de correção desse Espírito não tenha êxito, se esgotamos nossos recursos para melhorá-lo, a Lei divina premiará o nosso esforço, apesar do insucesso (O Livro dos Espíritos, 583).

Na questão 208 de O Livro dos Espíritos é ensinado que os Espíritos devem contribuir para o progresso uns dos outros. Portanto os Espíritos pais têm por missão aprimorar os Espíritos filhos, educando-os, e serão culpados se falharem na tarefa, por negligência.

No capítulo sobre a Infância (O Livro dos Espíritos, 379/385), os pais tem um seguro Manual de Instruções para a criação e educação dos filhos. O grande erro dos genitores é ter medo de traumatizar o filho, enganados pela aparente fragilidade da criança que é quase sempre um Espírito antigo e também astuto. Por vezes até mais experiente do que os pais. Não sabem dizer não, fazem todas as vontades e perdem a melhor fase para colocar aquele transviado no caminho reto.

Os filhos são nossos irmãos, que Deus nos confiou para que os eduquemos e devolvamos ao verdadeiro Pai, em melhores condições do que os recebemos. Mas desconhecendo essa verdade, impedimos que qualquer estranho ouse corrigi-lo. Em vez de agradecer pelo favor, vemos nessa atitude uma interferência. Pobres pais equivocados que estão estragando as famílias, cada vez mais. Estão contribuindo para piorar o mundo, porque dão os melhores presentes para seus herdeiros descuidando-se de presenteá-los com a boa educação e os princípios morais, formadores do bom caráter.

A parentela na Terra é provisória e se alterna constantemente. Portanto, uma dúzia de Espíritos pode fazer muitas experiências convivendo entre si como parentes de diferentes classes e cada vez mais comprometidos entre si. Logo, em dez encarnações não significa que um homem tenha dez esposas diferentes, necessariamente. Nem mesmo que ele nasça homem em dez oportunidades seguidas.

Sintetizando, na espiritualidade somos todos Espíritos irmãos, tão logo cessem as impressões e lembranças da vida na Terra. Lá somos parentes por afinidade espiritual e não pelo sangue. Lá formaremos a família verdadeira, caso a tenhamos preparado enquanto cumprimos mais uma encarnação.

Boa sorte para nós e fiquemos sempre atentos! A lei chama-se ação e reação!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – março de 2014