31/3/1869. Desencarna Allan Kardec. ¿Quién lo habrá recibido en el mundo espiritual?

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

 En el capítulo IX del libro Roteiro, lanzado en 1952, Emmanuel informó a Chico Xavier que la población espiritual del planeta era de más de veinte mil millones de almas conscientes desencarnadas, sin considerar las mil millones de inteligencias sub-humanas que son aprovechadas en los múltiples servicios de progreso planetario, alrededor de la Tierra y retardandose en otras bandas de evolución. Estos serían los elementales, que producen, bajo comando Superior, las alteraciones en la naturaleza. Kardec los menciona en el Primer Libro de los Espíritus, en las cuestiones 64 a 66.

Actualmente, la Tierra tiene más de 7,2 mil millones de habitantes. Quedarían aún cerca de 15 mil millones de Espíritus disponibles para reencarnar. Cuanto más organizada es la vida en el planeta, y dispuestas las condiciones de habitabilidad, mayor número de Espíritus encarnará aquí.

En mundos de pruebas y expiaciones como el nuestro, la encarnación de Espíritus se da siempre por la unión de dos encarnados, indispensables a la creación del nuevo cuerpo que servirá de vivienda para el Espíritu que vuelve. Luego, es por los lazos de la consanguinidad que se forman las familias en nuestro mundo. Según relato de los Espíritus, todo es organizado con cuidadosa programación, considerándose comprometimientos anteriores y rescates que el reencarnacionista ya tenga condiciones de aguantar.

Por ese proceso, unos son padres, otros hermanos, hijos, esposas o esposos, entre otros parientes. El lego duda que la reencarnación sea realidad. Llega a preguntar con que esposa se quedará en la erraticidad un Espíritu que tenga sido hombre por varias vidas, habiendose casado en muchas de ellas. No entiende qué el parentesco es solamente de la Tierra porque los Espíritus se disponen para volver como parientes diferentes. La hija que hoy amamos puede ser la reencarnación de nuestra abuela, de nuestra madre o de la esposa de la vida pasada. O incluso de uno que ha sido un hombre cuando encarnado anteriormente. Por eso es que es común los parientes de esta vida ser Espíritus que se comprometieron en situaciones anteriores, como familiares o no, como enemigos o no, y hasta cónyuges,  para acierto de algo no totalmente solucionado.

Se concluye que es optimismo exagerado suponerse que al llegar al mundo de los Espíritus todo va a ser como aquí, de manera más feliz y que el reencuentro con los parientes que vivieron en la Tierra es inmediato e inevitable. Basta tener dirección, usar un BIP y llegar al domicilio que buscamos. De los más de siete mil millones que existen hoy en el mundo, conocemos no más de doscientas o trescientas personas. Los que ya volvieron a la espiritualidad, dependiendo de la evolución, ocupan planes superiores o inferiores a aquel  que iremos nosotros. Y no se ponen desocupados esperándonos llegar, porque tienen compromisos. Antes de ser parientes, somos individualidades con necesidades propias. André Luiz, según relatado en el libro Nuestro Hogar, tuvo breve contacto con su madre porque ella estaba en lugar más adelantado de lo qué él ocupó y tenía tareas a cumplir.

Los hijos suelen confiar en la protección de sus madres, siempre de mucho amor, incluso después que ellas desencarnan. Piden para que ellas les protejan, olvidandose que ellas hicieron eso la vida entera y ellos, muchas veces, además de no agradecer, las trataron mal. Al morir, imaginamos que nuestra madre y nuestro padre vengan nos recibir. ¿Pero y se ellos están en el umbral o en las tinieblas? No es porque fueron nuestros padres que son perfectos. ¿Y si están en planes tan adelantados qué nosotros no podemos aún penetrar? ¿Y se ellos ya reencarnaron? Las leyes valen también para ellos. Más prudente contar con nuestros propios méritos por lo bien que hicimos a personas en la Tierra y que nos antecedieron en el viaje de vuelta.

El importante de la convivencia familiar en la Tierra es transformar la familia sanguínea en familia espiritual. Y además de ésto, todos los que conviven con nosotros, independientemente del tipo de relación. Es para eso que viejos enemigos viven juntos como parientes para que se armonicen y crescan juntos. Solo el parentesco de sangre consigue eso. Nos obliga a amar de forma diferente, incluso cuando nos sentimos ofendidos o faltado el respeto. Aguantamos en los parientes los fallos de carácter y de moral que no aceptamos en un extraño.

Es por eso que la maternidad y la paternidad son consideradas misiones de las más importantes (El Libro de los Espíritus, 582). Al recibir un viejo Espíritu en nuestro hogar, podemos transformarlo en un hombre de bien o en un marginal. Y cogeremos según plantemos. Aun cuando nuestra tarea de corrección de ese Espíritu no tenga éxito, si agotamos nuestros recursos para mejorarlo, la Ley divina premiará nuestro esfuerzo, a pesar del fracaso (El Libro de los Espíritus, 583).

En la cuestión 208 de El Libro de los Espíritus es enseñado que los Espíritus deben contribuir para el progreso unos de los otros. Por tanto los Espíritus padres tienen por misión apurar los Espíritus hijos, educándolos, y serán culpables si fallan en la tarea, por negligencia.

En el capítulo sobre la Infancia (El Libro de los Espíritus, 379/385), los padres tiene un seguro Manual de Instrucciones para la creación y educación de sus hijos. El grande error de los padres es tener miedo de traumatizar al hijo, engañados por la aparente fragilidad del niño que es casi siempre un Espíritu antiguo y también astuto. Por veces hasta más experiente que los padres. No saben decir no, hacen todas las voluntades y pierden el mejor tiempo para poner aquel equivocado en el camino recto.

Los hijos son nuestros hermanos, que Dios nos confió para que los eduquemos y los devolvamos al verdadero Padre, en mejores condiciones de que los recibimos. Pero desconociendo esta verdad, impedimos que cualquiera extraño ose corregirlo. En vez de agradecer por el favor, vemos en esa actitud una interferencia. Pobres padres equivocados que están destruyendo a las familias, cada vez más. Están contribuindo para un mundo peor, porque dan los mejores regalos para sus herederos descuidándose de regalarlos con la buena educación y los principios morales, formadores del buen carácter.

El parentesco en la Tierra es provisorio y se alterna constantemente. Por tanto, una docena de Espíritus puede hacer muchas experiencias conviviendo entre sí como parientes de diferentes clases y cada vez más comprometidos entre sí. Luego, en diez encarnaciones no significa que un hombre tenga diez esposas diferentes, necesariamente. Ni aun que él nazca hombre en diez oportunidades seguidas.

Sintetizando, en la espiritualidad somos todos Espíritus hermanos, tan pronto cesen las conmociones y recuerdos de la vida en la Tierra. Allá somos parientes por afinidad espiritual y no por la sangre. Allá formaremos la familia verdadera, caso la preparemos mientras cumplimos más una encarnación.

¡Buena suerte para todos nosotros y nos pongamos siempre atentos! ¡La ley se llama acción y reacción!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Marzo 2014