Pocos se dan cuenta de la importancia que el trabajo tiene para el hombre

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

El Día Internacional del Trabajo empezo el 1889 cuando un congreso, en Paris, reunió sindicatos de toda Europa. Al escoger el día 1r. de mayo, los participantes de ese encuentro lo hicieron en homenaje a obreros de Estados Unidos que, años antes, organizaron movimiento por mejores condiciones de trabajo, haciendo huelgas en todo el país. Una de las principales reclamaciones era garantizar la jornada de ocho horas diarias, pues muchos obreros trabajaban hasta 14 horas al día. Chicago se volvió uno de los principales centros de protestas y una de las manifestaciones en la ciudad terminó en tragedia, cuando la policía reprimió un movimiento de forma violenta, provocando la muerte de cuatro obreros. Era el día 1r. de mayo de 1886.

Una vez más, a ejemplo del Día Internacional de la Mujer, el origen de la fecha vino de una tragedia. Actualmente es un feriado conmemorado en casi todo el planeta y sirve solamente para que las personas se queden sin trabajar. Un simple día en que salimos de paseo sin darnos cuenta de lo que representa, para el hombre, el trabajo.

En El Libro de los Espíritus, lanzado en 1857, Allan Kardec ya había incluido, en la parte tercera de la edición actual, sobre las Leyes Morais, la Ley del Trabajo como la segunda de las escogidas por el Codificador. Da destaque al trabajo no solamente para las personas alimentarse, sino como recurso de aprendizaje intensivo que desarrolla y apura diferentes calidades: la disciplina, la inteligencia, la responsabilidad, la iniciativa, la experiencia. Pocas personas se dan cuenta de que el patrón, que puede haber invertido su propio dinero en la empresa, dispone de material y tecnología de su propiedad que dan al empleado la posibilidad de aprender, gratuitamente y en la práctica, lo qué la mayoría de las escuelas proporciona cobrando caras mensualidades. Y el empleado aún recibe por ese aprendizaje. ¡Es común empleados transformarse en patrones después de adquirir know-how en la empresa dónde trabajaban!

El trabajo evita la atrofia física y mental y cuando el hombre valorarlo de verdad, entenderá porque André Luiz afirmó que “cuando el trabajador convierte el trabajo en alegría, el trabajo se transforma en la alegría del trabajador”. El compromiso de trabajo incluye por deber asociar la criatura al esfuerzo de equipo en la obra a realizar.

Vean otras frases de André Luiz, del libro Señal Verde, por Chico Xavier: “Obediencia digna tiene el nombre de deber cumplido en el diccionario de la realidad”. “Quien ejecute con alegría las tareas consideradas menores, espontáneamente se promueve a las tareas consideradas mayores”. “La Cámara fotográfica nos retracta por fuera, sin embargo, el trabajo nos retracta por dentro”. “Quien menosprezia la obra que le da honor a la existencia, desprestigia a sí mismo”. “Servir además del propio deber no es halagar y sí atesorar apoyo y experiencia, simpatía y cooperación”. “En la formación y complementación de cualquier trabajo, es necesario comprender para ser comprendido”.

En verdad, un trabajo valorado y hecho con placer será más bien ejecutado y hay de cansar menos el trabajador, si comparamos con el de otro que hace todo subvertido, quejoso, hallándose explorado y mal remunerado. Hay aquella dueña de casa que prepara la comida, lava la vajilla y plancha la ropa agradeciendo a Dios por la bendición de lo que tiene. Sin embargo, hay aquélla otra que bate la olla y la cuchara en el grifo, enojada por tener de cocinar para la familia, porque se siente como esclava. Su comida no tendrá el mismo sabor ni hará tan bien como la de la otra que todo hizo con placer.

No fue sin más ni más que el lúcido Allan Kardec consideró el trabajo una de las leyes Morales. En las cuestiones 674 a 685 de El Libro de los Espíritus él aborda sobre trabajo, reposo, la fuerza de cada uno y la responsabilidad de quien puede y quien ya no puede producir. Y condena, por supuesto, la exploración de quien necesite trabajar por lo que puede más.

Es muy común ver como nos preocupamos por el tiempo de servicio para lograr la jubilación. El primer día de trabajo ya comenzamos la conta atrás para los treinta y cinco años. En vez de bendecir la oportunidad de tener un trabajo, señal que tenemos capacidad y salud, nos sentimos punidos por tener de trabajar. Común también que después de jubilados nos pongamos desesperados delante de la desocupación, cuando empezamos a morir más deprisa.

Nadie debe quedar sin trabajar. Si no necesita para el propio mantenimiento, ofrezca su capacidad y habilidad para enseñar o producir en el campo de la caridad. Use sus habilidades, haga y enseñe a quien no sabe y se sentirá útil con su mente sana. El cuerpo humano es una máquina que cuanto más trabaja más rejuvenece. Quien vive parado atrofia mente y físico.

Bienaventurados los empresarios y el propio gobierno cuando abren frentes de trabajo que permitan al pueblo ganar su vida con dignidad. La mayor caridad que se hace a una persona es darle la oportunidad de sostenerse. Un dicho norestino afirma que “cuando usted da una limosna al hombre, o usted envicia el cabra o agravia el ciudadano”. Y de la parte de los gobernantes es lo que más se ve. Se compra el voto del pobre, coaccionándolo a aceptar donaciones con los más diferentes nombres. Con eso él trabaja cada vez menos y pasa la encarnación en ritmo de dependencia sin nada realizar por esfuerzo propio. Saldrá de la vida debiendo años de trabajo que tendrá de ejecutar en las encarnaciones siguientes, no se sabe a que precio.

La culpa mayor es de los que nos contaron la fantasía de Adan y Eva. Nos dijeron que por culpa de Adan, que avanzó en la manzana, perdimos el paraíso y fuimos condenados, por su pecado a ganar el pan con el sudor del propio rostro. A partir de ahí, el trabajo viró sinónimo de castigo. ¿Y qué tenemos nosotros con el pecado de Adan? ¿Ya no bastan nuestros propios errores? Vamos a aprender con Kardec que la realidad es completamente diferente. Con él conoceremos la verdad y no nos esclavizaremos a leyendas que agreden a la inteligencia humana.

¡Buen trabajo para todos!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – mayo 2014