Cuanto más talentos Dios pone en sus manos, más responsable usted será por el uso de ese patrimonio.

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

Después que el Espiritismo llegó hasta nosotros, no podemos más alegar ignorancia.

El científico tiene el derecho de dudar de la existencia de Dios, proclamándose ateo y teniendo su propia Ley. Sin embargo, no podrá escapar de las reglas del mundo mayor, que son hechas tanto para científicos cuanto para legos, para ateos y para creyentes.

Quien conozca la esencia de la Doctrina de los Espíritus ya sabe que Dios no legisla para uno y para otro de manera diferente. El plan divino tiene una solo Ley que alcanza todos los hombres igualmente, dando como retorno lo qué cada un construye con sus acciones. No es la religión ni el templo donde nos expresamos que dirán de nuestra calidad moral y espiritual; es nuestro comportamiento y actitudes delante de la vida. Un permanente plantío y una consecuente cosecha.

Lamentablemente, los que tienen el monopolio de la “fe humana”, con principios equivocados o convenientes, nos orientaron a lo largo del tiempo que podemos comercializar con Dios. Eso viene de las ofrendas del Templo de Jerusalén y contaminó las iglesias hasta los días actuales. Todo debe ser pago para que Dios se agrade y nos recompense con sus bendiciones. Engañados, descuidamos de lo que es importante creyendo que, por ser socios de determinada corriente religiosa, ya podemos nos considerar a salvo y candidatos ciertos a la propiedad de un lote o vivienda en el condominio del cielo. ¡Qué pueril ilusión!

El proceso es exactamente el inverso. Cuanto más recursos la persona tenga, cuanto más talentos Dios colocó en sus manos, más responsable ella será por el uso de ese patrimonio, porque además del beneficio en causa propia, deberá beneficiar el mayor número de necesitados que de ella se aproximen. Los valores del mundo, llamados tesoros de la Tierra, se destinan a la producción de tesoros del Cielo, aquéllos que el ladrón no consigue robar, la polilla no consigue comer y la herrumbre no consigue corroer, porque no son hechos de las materias del mundo y solamente son visibles a los que ya tienen ojos de ver.

En la ruta de la evolución, fuimos criados allá atrás, en un tiempo que se perdió en la eternidad, simple y sin cualquier conocimiento, iniciando la larga caminata que nos lleva de retorno al seno del Creador. Ya caminamos mucho en las innúmerables encarnaciones trilladas, a pesar de que estemos, aparentemente, aún en el comienzo. ¡Tan larga es la carretera! Ya no somos más antropófagos, ni matamos a un hermano por diversión, aunque aún humillemos el semejante y lo abandonemos delante de sus más simples necesidades.

En ese trayecto, lentamente recorrido, somos herederos de nuestro propio pasado y la herencia que traemos solo puede ser explicada por la sabiduría y la lógica del Espiritismo, que muestra el porqué de las variaciones en cada etapa. Una vez estamos ricos, otra pobres; en una encarnación saludables, en la otra llenos de enfermedades, bonitos o feos, patrones o empleados, hombre o mujer, para vivir mucho o desencarnar rápidamente. Cada situación es el reflejo de nuestras actitudes cuando lesionamos, o no, físico y conciencia, registrando en nosotros mismos los defectos a ser corregidos o las virtudes a ser disfrutadas.

Según aceptamos y actuamos frente a cada una de ellas, podremos permanecer por más tiempo o librarnos rápidamente de las inferioridades, alcanzando una situación más agradable. Como ejemplo, la miseria bien aguantada nos califica como candidatos a la riqueza. Por otro lado, la dificultad vivida con sedición es prueba perdida que tiene de ser repetida.

Solo la fe raciocinada y el conocimiento que nos da el Espiritismo pueden ayudarnos en la resignación indispensable para vencer las pruebas más difíciles. Si la cobardía se instala irremediablemente, el individuo corre el riesgo de salir de la vida por el suicidio, el mayor equívoco que el espíritu puede cometer. Solo quien sabe que nadie paga deudas ajenas puede comprender que las dificultades de hoy fueron criadas por nosotros mismos en pasado reciente o remoto. Ni siempre los rescates ocurren en la encarnación siguiente. A veces es necesito esperar el espíritu fortalecerse para aguantar pruebas más duras. si no ha coraje para vencer las renovadas pruebas el espíritu perderá más una encarnación. La misericordia divina espera, porque es paciente y amorosa. El ideal es que todos venzan sus cobardías para alcanzar gradas superioras en la larga evolución espiritual. Vean la cuestión 957 en El Libro de los Espíritus, en la cual Kardec da larga y clara explicación, después de la respuesta de los venerables.

Una cosa debe ser considerada, respetada y agradecida. Tendremos cuántas encarnaciones necesitemos para tornarnos espíritus más perfectos. Unos conseguirán más deprisa, mientras otros, más obstinados y descreídos, demorarán un poco más. Sin embargo, recordando Jesus, “ninguna oveja del rebaño se perderá”. Todo es apenas cuestión de tiempo. Sufriremos por más tiempo o sufriremos por menos tiempo, según nuestro libre-albédrio.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – junio 2014