Eso no fue lo que enseñó Jesus, según Mateus – 20-43/47.

El capítulo XII del Evangelio Según el Espiritismo tiene por título “Améis vuestros enemigos”.

La primera pregunta qué cabe en este análisis es: ¿quién y de qué naturaleza son nuestros enemigos? Y preguntamos, también, ¿cómo nacen los desentendimientos qué crean enemigos para nosotros?

Contestando, diríamos que los enemigos son los encarnados, los desencarnados y los autogenerados, que creemos sean a nosotros los más prejudiciales.

Los primeros, que dividen con nosotros la vida en el plan físico, son concurrentes de todo tipo o tienen intereses comunes con nosotros. Si nos sentimos lesionados, los transformamos en desafectos. Aunque Jesucristo haya recomendado que los amemos, porque son nuestros hermanos e hijos de Dios como nosotros, el Espiritismo ya nos advierte que no conseguiremos tener por éstos el mismo amor que damos a aquellos que nos quieren bien y nos ayudan.

El amor, en ese caso, se pone restrito al perdón y a la tolerancia, porque demostraremos que respetamos y conocemos su inferioridad y que mucho del mal que hacen se dan por la falta de conocimiento. Hay veces en las que ese desafecto no fue desagradecido, ni deshonesto, ni calumnioso, sino apenas actuó como inmaduro invigilante. Dijo o hizo algo que nos desagradó que, mismo sin ser por mal, no mereció disculpa de nuestra parte. Hizo un comentario desagradable sobre nosotros o nuestros más queridos. Son las reconciliaciones más simple de conseguir si una de las partes dá el primer paso, venciendo a su propio orgullo. La grandeza de pedir disculpas soluciona muchos de esos males.

Cuando el enemigo es maligno intencionalmente, no debemos alimentar su deshonestidad alegando que está todo bien, porque no está. Disculparlo y permitir que él continúe haciendo el mal representa una connivencia con los errores que él comete y que lo comprometerán cada vez más. No es necesario luchar, agraviar, sino que defendernos, sin embargo, de manera sutil e inteligente, retirando a la persona de nuestro medio, lo cuanto nos será posible. Hay veces que él es el cónyuge, o alguno pariente, y ahí la solución es siempre más difícil. ¡Pero no es imposible!

Otros enemigos peligrosos son los que ya dejaron este plan y hoy viven en la espiritualidad, para donde fueron cargando penas contra nosotros por males que, consciente o inconscientemente, les hicimos. Abandonamos el hogar deshaciendo la familia, destruimos una sociedad commercial por incompetencia o deshonestidad, abandonamos a un necesitado cuando pudimos ayudarlo, entre otras situaciones.

Cuando Jesucristo recomendó que antes de hacer la ofrenda en el templo deberíamos reconciliarnos con los enemigos, hablaba también del proceso obsesivo que el desencarnado ejerce sobre nosotros, cobrándonos en aquello que lo lesionamos. Pero solamente quien tenga conciencia de la ley de la reencarnación y comprende la continuidad de la vida y la necesidad del retorno al mundo material para nuevas experiencias, puede entender, creer y administrar ese tipo de situación. Tratará de evitar el mal, a cualquier precio, perdonará setenta veces siete veces, no sintierá encono o deseo de venganza. Buscará la reconciliación a todo coste, mientras esté a camino.

Hablamos también de enemigos autogenerados y deseamos analizarlos en cuanto al mal que nos hacen y que se transforman en grandes compuertas por donde chorrean las aguas del mar de la obsesión. Abrimos totalmente nuestra mente en la sintonía con el negativismo, que tiene origen en la tristeza, por no conformarse, en las penas y en otros sentimientos que muestran falta de fe. Quien sufra subvertido es porque no acepta el cumplimiento de la ley divina y se siente injusticiado creyendo no ser merecedor de los males que necesita vivir para la reparación de los engaños cometidos.

A pesar de conocer la interferencia del pasado espiritual en nuestra vida, para el bien o para el mal, la gran mayoría de nuestro sufrimiento tiene origen en esta encarnación mismo. Plantío y cosecha permanentes durante todo la caminata. ¡De cuánta cosa nos arrepentimos sin qué podamos más volver en el tiempo! Cuánta tontería dicha y cuántas páginas escritas que nos gustaría nunca haber sido el autor. Pero como un saco de plumas echadas al viento, no más es posible recogerlas. Es necesario pensar mucho antes de actuar. Recordarnos de los dichos de Sócrates – un principio del periodismo equilibrado – y ver si lo que decimos es verdad, es bondad y es utilidad, porque el mal recae sobre nosotros mismos, los autores de la noticia.

Se concluye que gran parte de los males humanos, por la convivencia con los enemigos de todo tipo, tiene origen en el propio hombre. Es él, generalmente, el causador de su sufrimiento, sea por acción u omisión. Quien sea inteligente evita hacer enemigos en el mundo porque ellos se quedan para siempre; en éste y en el otro plan, hasta que consigamos la reconciliación. Dejemos que nazcan los enemigos que involuntariamente llegan a nuestra vida por las imposiciones sociales: el jefe que despide a un subordinado, por ejemplo, en defensa de la estabilidad de la empresa. ¡Inevitable! Sin embargo jamás nos desentendamos por tonterías, que dejan secuelas innecesarias, solo para que no sea herido a nuestro orgullo y prevalezca nuestra forma de ser y de pensar. ¡No vale la pena! Recordemos Paulo de Tarso, cuando escribió su primera carta a la comunidad de Corinto: “¡Todo me es permitido, pero ni todo me conviene!”

RIE – Revista Internacional de Espiritismo-Julio 2014