Un día de finados

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La reencarnación es la ley básica del Espiritismo, pero la mayoría de los cristianos aún la considera producto de ficción científica.

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

“Gracias te rindo, mi Padre, Señor del Cielo y de la Tierra, por has ocultado estas cosas a los doctos y a los prudentes y por las has revelado a los simple y pequeños.” (Jesucristo – Mateo XI-25)

Al leer los apartados 7 y 8, Misterios ocultos a los doctos y prudentes, del Capítulo VII del Evangelio Según el Espiritismo, “Los pobres de Espíritu”, como preparación de exposición, me vino a la mente el lenguaje de Jesucristo.

Cuántas expresiones del Gran Maestro son de interpretación difícil según el lenguaje humano: quien no aburrir Padre y Madre no es digno de mí; dejéis los muertos enterrar sus muertos; si tu mano es motivo de escándalo, mejor sea cortada; más fácil un camello pasar en el agujero de una aguja que un rico entrar en el reino de los cielos; ¿quién es mi madre, quién son mis hermanos? Y muchas otras.

Así también la del enunciado arriba que, según nuestra visión, debía ser al contrario. Revelar a lo que sabe más y tiene más condiciones de entender. Acontece que ésta no es la realidad. El que tiene algún conocimiento se cree dueño de la verdad y solo su opinión debe prevalecer.

Los Espíritus siempre repiten que el ideal sería que hubiese un idioma en lo cual toda palabra expresase fielmente la idea. Dicen que nos desentendemos más por el lenguaje de que por las verdades. No conseguimos expresar claramente lo que pensamos y lo que sabemos.

Cuando un orador espiritista habla en una reunión, debe conocer el nivel de conocimiento del público, se va a exponer para un auditorio misceláneo, en el cual hay personas de todos los niveles de conocimiento, o para una clase de estudiosos del Espiritismo, que ya tiene base doctrinaria. Por eso ciertos cofrades se pierden en los grandes medios de comunicación cuando hablan de perispiritu y ectoplasma, cuando deberían decir de caridad y reencarnación. Es realmente difícil.

Cierta vez, fui invitado para el programa Tambaú Noticias, de la afiliada del SBT en nuestra actual ciudad, João Pessoa (PB), para hablar en un día de finados sobre la visión espiritista de esa conmemoración. Dos presentadores, Raquel Sherazade y Aldo Schueler, comandaron la entrevista.

Luego de inicio la periodista me interpeló y dijo: “¿La muerte para el espiritista no tiene ningún significado, verdad?”. A lo que contesté: “¿Quién le dio esa información? La muerte para el espiritista representa un momento de tristeza como para cualquiera. Cuando nos despegamos de quien amamos añoramos. Espiritista también tiene sentimiento”.

Complementando, dijo que la diferencia es que el espiritista no es desequilibrado delante de la muerte, sufriendo ataques de histeria, gritando, agarrándose al muerto o amenazando echarse en el antro, totalmente inconformado. Pero espiritista también llora. ¡Es humano! Como sabe que la muerte es liberta y no pérdida, acepta el destino de la persona, resignadamente.

Enseguida, el entrevistador, moviendo las manos con gestos irónicos, preguntó. “¿Es verdad que los espiritistas se quedan el tiempo todo vendo fantasmas? ¡Ay qué miedo!”. Manteniendo la serenidad y también la seriedad que el asunto pedía, contesté que algunos realmente ven, pero ni todos. Incluso porque los protestantes, los católicos y mismo los ateos también ven. Mediumnidad no es privilegio del Espiritismo. La mediumnidad es patrimonio de todo ser humano.

A continuación, ya más interesada, Raquel preguntó por qué los cristianos a veces se desentienden con los espiritistas. Antes de contestar, pedí para rectificar la indagación, diciendo que no son los cristianos que combaten los espiritistas, porque el espiritista también es cristiano. Toda la doctrina de los Espíritus es fundamentada en el Evangelio de Jesucristo. En El Libro de los Espíritus existe la cuestión 625 que tiene el enunciado siguiente: “¿Cuál el ejemplar más perfecto qué Dios ofreció al hombre para servirle de guía y modelo?”. Respuesta: “Jesucristo”. Quien se desentiende con los espiritistas son los protestantes, que se intitulan cristianos o evangélicos, y los católicos.

Es normal que eso ocurra, porque mientras la reencarnación es la ley básica del Espiritismo, sin la cual no se puede entender la justicia de Dios, para los demás cristianos ella no pasa de ficción científica; cuento de hadas. Pero eso es provisorio porque las religiones son simples atajos que nos acarrean al mismo lugar. Las religiones son producto de puntos de vista humanos y no el pensamiento divino. En el final todos constatarán que siguen viviendo como Espíritus y comprenderán, en esa hora, las lecciones del Espiritismo. Se verán de frente con su pasado espiritual, conocerán las encarnaciones anteriores y todo hará más sentido. Por ahora, cada un viva con sus propias convicciones y coja de ellas lo qué la vida puede ofrecer. ¡Y sean felices!

Vemos que la lección de Jesucristo, que ya va para veinte siglos, continúa válida y nos muestra como el avance del entendimiento humano es lento. Pienso que el Cristo repetiría exactamente lo que dijo caso estuviese hoy entre nosotros. Es increíble que alguien en el mundo actual pueda dudar de la reencarnación. Sin embargo, entre los cristianos ellos son mayoría. Por lo menos es lo que afirman.

Felizmente, me siento privilegiado por ya tener ese entendimiento que es absolutamente lógico. Cuando me preguntan si creo en la reencarnación digo que no; no necesito creer; yo la constato al mirar las personas. Yo la veo en las diferencias sociales, intelectuales, físicas y psíquicas entre ellas. Somos hoy el producto de nuestro ayer. Es todo muy claro.

¡Quién tenga ojos de ver, qué vea! ¡E inteligencia para pensar, qué piense!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Noviembre 2014

Um dia de finados

2 Comentários

rie_novembro_2014   A reencarnação é a lei básica do Espiritismo, mas a maioria dos cristãos ainda a considera produto de ficção científica.

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

“Graças te rendo, meu Pai, Senhor do Céu e da Terra, por haveres ocultado estas coisas aos doutos e aos prudentes e por as teres revelado aos simples e pequenos.” (Jesus – Mateus XI-25)

Ao ler os itens 7 e 8, Mistérios ocultos aos doutos e prudentes, do Capítulo VII de O Evangelho Segundo o Espiritismo, “Os pobres de Espírito”, como preparação de palestra, veio-me à mente o linguajar de Jesus.

Quantas expressões do Grande Mestre são de interpretação difícil segundo a linguagem humana: quem não aborrecer Pai e Mãe não é digno de mim; deixai os mortos enterrar seus mortos; se tua mão é motivo de escândalo, melhor seja cortada; mais fácil um camelo passar no buraco de uma agulha que um rico entrar no reino dos céus; quem é minha mãe, quem são meus irmãos? E muitas outras.

Assim também a do enunciado acima que, segundo nossa visão, deveria ser ao contrário. Revelar ao que sabe mais e tem mais condições de entender. Acontece que esta não é a realidade. Os que têm algum conhecimento se arvoram de donos da verdade e só a sua opinião deve prevalecer.

Os Espíritos sempre repetem que o ideal seria que houvesse uma língua na qual toda palavras expressassem fielmente a ideia. Dizem que nos desentendemos mais pelo linguajar do que pelas verdades. Não conseguimos expressar claramente o que pensamos e o que sabemos.

Quando um palestrante espírita fala numa reunião, deve conhecer o nível de conhecimento do público, se vai expor para um auditório misto, no qual há pessoas de todos os níveis de conhecimento, ou para uma classe de estudiosos do Espiritismo, que já tem base doutrinária. Por isso certos confrades se perdem na grande mídia quando falam de períspirito e ectoplasma, quando deveriam ater-se à caridade e à reencarnação. É realmente difícil.

Certa vez, fui convidado para o programa Tambau Notícias, da afiliada do SBT na nossa atual cidade, João Pessoa (PB), para falar num dia de finados sobre a visão espírita dessa comemoração. Dois apresentadores, Raquel Sherazade e Aldo Schueler, comandaram a entrevista.

Logo de início a jornalista me interpelou e disse: “A morte para o espírita não tem nenhum significado, não é mesmo?”. Ao que respondi: “Quem lhe deu essa informação? A morte para o espírita representa um momento de tristeza como para qualquer pessoa. Quando nos separamos de quem amamos temos saudades. Espírita também tem sentimento”.

Complementando, disse que a diferença é que o espírita não é desequilibrado diante da morte, sofrendo ataques de histeria, gritando, agarrando-se ao morto ou ameaçando jogar-se na cova, totalmente inconformado. Mas espírita também chora. É humano! Como sabe que a morte é libertação e não perda, aceita o destino da pessoa, resignadamente.

Logo depois, o entrevistador, chacoalhando as mãos com trejeitos irônicos, perguntou. “É verdade que os espíritas ficam o tempo todo vendo fantasminhas? Ai que medo!”. Mantendo a serenidade e também a seriedade que o assunto pedia, respondi que alguns realmente veem, mas nem todos. Mesmo porque os protestantes, os católicos e mesmo os ateus também veem. Mediunidade não é privilégio do Espiritismo. A mediunidade é patrimônio de todo ser humano.

A seguir, já mais interessada, Raquel perguntou por que os cristãos às vezes se desentendem com os espíritas. Antes de responder, pedi para retificar a indagação, dizendo que não são os cristãos que combatem os espíritas, porque o espírita também é cristão. Toda a doutrina dos Espíritos é fundamentada no Evangelho de Jesus. Em O Livro dos Espíritos existe a questão 625 que tem o enunciado seguinte: “Qual o exemplar mais perfeito que Deus ofereceu ao homem para servir-lhe de guia e modelo?”. Resposta: “Jesus”. Quem se desentende com os espíritas são os protestantes, que se autodenominam cristãos ou evangélicos, e os católicos.

É normal que isso aconteça, porque enquanto a reencarnação é a lei básica do Espiritismo, sem a qual não se pode entender a justiça de Deus, para os demais cristãos ela não passa de ficção científica; conto da carochinha. Mas isso é provisório porque as religiões são simples atalhos que nos conduzem ao mesmo lugar. As religiões são produto de pontos de vista humanos e não o pensamento divino. No final todos constatarão que seguem vivendo como Espíritos e compreenderão, nessa hora, as lições do Espiritismo. Ver-se-ão de frente com o seu passado espiritual, conhecerão as encarnações anteriores e tudo fará mais sentido. Por enquanto, cada um viva com suas próprias convicções e colha delas o que a vida pode oferecer. E sejam felizes!

Vemos que a lição de Jesus, que já vai para vinte séculos, continua válida e nos mostra como o avanço do entendimento humano é lento. Penso que o Cristo repetiria exatamente o que disse caso estivesse hoje entre nós. É inacreditável que alguém no mundo atual possa duvidar da reencarnação. No entanto, entre os cristãos eles são maioria. Pelo menos é o que afirmam.

Felizmente, sinto-me privilegiado por já ter esse entendimento que é absolutamente lógico. Quando me perguntam se creio na reencarnação digo que não; não preciso crer; eu a constato ao olhar para as pessoas. Eu a vejo nas diferenças sociais, intelectuais, físicas e psíquicas entre elas. Somos hoje o produto do nosso ontem. É tudo muito claro.

Quem tem olhos de ver, que veja! E inteligência para pensar, que pense!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Novembro de 2014

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