Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

A la inminencia de más un aniversario de nuestro bendito El Evangelio Según el Espiritismo, hablábamos sobre el apartado 5 del Capítulo XIII y comentábamos la preocupación de Jesucristo al mirar la acción de las personas para después mencionarlas como ejemplos, especialmente a sus seguidores más cercanos más.

En el Templo, sentado cerca de la urna de donativos, el cariñoso Rabi observaba a los que habían puesto sus ofertas y llamó a la atención de sus discípulos para una mujer vestida con simplicidad. Él entonces comentó: “En verdad os digo, que más ha contribuido esta pobre viuda de que todos los otros que pusieron en el gazofilacio. Porque todos los otros dieron de lo que tenían en su abundancia; sin embargo ésta ofreció de su misma indigencia todo lo que tenía y todo qué le quedaba para su sostén”. Este relato está en el Evangelio de Marcos XII – 41-44 y en lo de Lucas XXI – 1-4. La caridad de ella fue típica de quien no es egoísta. La máxima escogida por Kardec para al Espiritismo, es “Fuera de la Caridad no hay Salvación”. Exactamente lo qué Jesucristo demostraba en aquel momento y solamente es posible ser ejecutado por quien no vive la egolatría.

Para un mejor entendimiento, recurrimos al Libro de los Espíritus, cuestiones 913 a 917, que enseña sobre el egoísmo y nos quedamos con la pregunta 915, que dice lo siguiente: “¿El egoísmo siendo inherente a la especie humana, no será siempre un obstáculo al reino del bien absoluto en la Tierra? Analicemos la contestación:

“Es cierto que el egoísmo es vuestro mayor mal, pero él se debe a la inferioridad de los Espíritus encarnados en la Tierra y no a la humanidad en sí misma; ora, los Espíritus depurándose a través de encarnaciones sucesivas pierden el egoísmo cómo pierden otras impurezas (énfasis nuestro). No tenéis en la Tierra ningún hombre exentado del egoísmo y practicante de la caridad?” (énfasis nuestro). Son mucho más numerosos que imagináis, pero poco los conocéis, porque la virtud no busca hacer alboroto. Se hay un, por qué no habrá diez; ¿se hay diez, por qué no habrá mil y así por delante?

Para confirmar la verdad de la respuesta de los Espíritus Superiores, la humanidad conoce algunos que a pesar de la modestia fueron revelados por los medios de comunicación, como Tereza de Calcutá, Dulce de Bahia, Mohandas Gandhi de India, Martin Luther King de Estados Unidos, Chico Xavier y Jerônimo Mendonça de Brasil. Pero hay infinitos casos desconocidos de la sociedad en general.

Nos permitan contar un episodio que envolvió a dos conocidos tenores. Sé que la mayoría de los lectores ya conoce, sin embargo es un bonito ejemplo de Evangelio vivido en la práctica y que vale la pena ser divulgado como estímulo a los que no saben de la historia.

En 1984, dos tenores españoles, Plácido Domingo, madrileño, y José Carreras natural de Barcelona, capital de la Cataluña discutieron por problemas políticos porque los catalanes, hace mucho tiempo, quieren su independencia de España. Se quedaron enemigos declarados y en los contratos de trabajo de uno siempre había cláusula que impedía la presentación simultánea del otro.

En 1987, sin embargo, José Carreras conoció a un enemigo aún peor: una leucemia, cáncer que afecta la sangre y la medula huesosa. Hizo trasplante medular en Estados Unidos para donde iba constantemente hacer transfusiones de sangre y otros tratamientos, que acabaron con sus economías, que no eran pocas. Sin recursos, se quedó sabiendo que en Madrid había una clínica llamada Hermosa que cuidaba a enfermos con ese problema y lo hacía gratuitamente.

Viajó para conocer el lugar donde fue bien atendido y empezó a tratarse. Pasado un tiempo, se curó y volvió a la vida normal de artista clásico, como excelente tenor que era. Luego se recobró, incluso financieramente.

Volvió a la clínica para informarse como podría aportar como forma de agradecimiento por todo lo que recibiera. Se quedó sabiendo que el fundador, presidente y principal mantenedor de la clínica era su mayor enemigo: Plácido Domingo. Como el chisme es institucionalizada en el mundo entero, supe también que el tenor madrileño creó la clínica pensando en él, Carreras, su concurrente y enemigo declarado, pero que él jamás podría saber la verdad. Probablemente no aceptaría la ayuda para no herir a su orgullo y amor propio, esas tonterías que los hombres suponen ser calidades, pero que están, en verdad, entre las peores enfermedades morales de la humanidad.

Desconcertado con lo que oía, va a asistir a un recital de Plácido Domingo cuando en medio al espectáculo sube a la escena, se arrodilla frente al “enemigo” y le pide disculpas. ¡El otro lo irguió y lo abrazó; a partir de allí, volvieron a cantar juntos, lo que hicieron algunas veces también con el italiano Luciano Pavarotti, interpretando el conocido “Amigos para Siempre”!

Al ser indagado por periodistas porque él hizo esto con la única persona que podía le hacer competencia artísticamente, Domingo simplemente contestó: “Porque una voz como la del no podía perderse”.

¿Lo qué hubo de semejanza con las lecciones del Evangelio en ese episodio? 1 – “Ama a tu enemigo y perdona a los que te calumnian.” 2 – “reconcíliate con tu adversario mientras estás a camino.” 3 – Sentimos la aplicación integral de la caridad según San Pablo, ESE, cap. XV, apartados 6 7, cuando dice, resumidamente, que “la caridad es benigna, es paciente, no se irrita, no sospecha mal, no es ambiciosa, no busca a sus propios intereses, todo tolera, todo cree, todo espera, todo sufre”.

Los Espíritus tenían razón. El bien en el mundo es más abundante de que suponemos. Sólo que difícilmente son cabeceras en los medios de comunicación. Cuántos otros ejemplos anónimos como ése no hay que desconocemos. Un día serán procedimientos naturales. Esta hora, ya estaremos viviendo en la Nueva Tierra, el mundo de regeneración.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – abril 2015