Doação ou faxina

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Doação ou faxina            Octávio Caúmo Serrano

“Não faça ao outro o que não quer que lhe façam.”

As pessoas são sempre chamadas a colaborar com entidades que prestam algum tipo de assistência aos carentes. Pode ser com dinheiro, alimentos, roupas ou brinquedos e aparelhos em condições de uso. Normalmente as instituições não têm oficina de consertos nem pessoas que se dediquem aos trabalhos de reparo de alguma oferenda com defeito.

É neste aspecto que precisamos contar com o bom senso e o respeito das pessoas que fazem as ofertas. Que antes de oferecer ao Centro Espírita, por exemplo, verifiquem se a peça é imprestável ou irrecuperável. Se assim for, coloque no lixo reciclável em vez de entregar à instituição beneficente.

Quantas vezes recebemos livros didáticos, pornográficos ou estranhos ao Espiritismo, como doação. Em diferentes oportunidades recebemos roupas sujas ou resgadas, sem botão, zíper quebrado e alimentos vencidos sob o nome de donativos. Ficou claro que a pessoa fez limpeza e pegou tudo o que não prestava e entregou ao Centro. Mandou para o endereço errado.

Aprendi muito com a minha saudosa esposa que a vida inteira costurou para os pobres e fazia casaquinhos, sapatinhos, tocas e outras peças de crochê. Se o trabalho estivesse sendo finalizado e ela encontrasse um ponto falho no crochê ou tricô, ela desmanchava e começava de novo. E se alguém estranhasse o seu rigor, ela explicava: – Só ofereço a uma criança pobre aquilo que usaria no meu próprio filho.

Tinha também colaboradoras para fazer shorts e camisinhas para bebês ou crianças de orfanatos. Se as costuras não estivessem rigorosamente como ela recomendava, devolvia ou ela mesma desmanchava e refazia. Mas nunca deu nada de qualquer jeito com a desculpa que era para um pobre. Enfeitava com bolsos, porque, dizia ela, criança gosta de guardar neles balas ou bolinhas de gude, e ela mesma se imaginava a criança rindo contente com a mão no bolso. Creio que ela ficava mais feliz do que os próprios pequenos que recebiam os donativos.

Todas as pessoas que fazem este tipo de trabalho, construindo com as próprias mãos e não apenas como mandante ou administrador, sabem o que estou falando porque, fatalmente, sentem a mesma alegria. Veem sempre a roupa recheada com a criança que irá usá-la a desfilar garbosa.

Você que não faz nenhum trabalho pessoalmente, mas que colabora com as instituições, tenha sempre respeito por quem recebe, como fazia minha mulher, imaginando que cada criança é o seu próprio filho e você gostaria de enfeitá-lo com o melhor e o mais bonito.

Não confunda doação com limpeza. Se quiser libertar-se de algo imprestável saiba que o Centro Espírita, ou qualquer instituição beneficente, nunca será o endereço recomendado. Lixo se manda para o lixo!

Jornal O Clarim – Outubro de 2015

Vida antes de la vida

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Unos querían concluir tareas, otros corregir errores y aún otros más que anhelaban ejercitar el amor no posesivo…

Octávio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

El psicólogo americano Raymond Moody escribió, en 1975, el libro “Vida después de la vida”. En él, relata entrevistas con personas que habían pasado por la EQM (experiencia de casi muerte) y verificó que muchos de los que estuvieron cerca de la muerte guardaban recuerdos de ese momento y los relataban de manera muy clara. Sorprendieron a los médicos al decir que vieron y oyeron lo que decían, dentro y fuera del centro quirúrgico, de la UTI, o de las dependencias donde se encontraban letárgicos. Lo interesante fue la coincidencia de las declaraciones que Dr. Moody logró, ya que casi todos hablaban de un túnel oscuro por donde seguían hacia fuera de la vida hasta llegar a un espacio amplio, luminoso, donde veían pasar la película de sus actos, cuando se sentían felices con lo que hicieron de bueno y avergonzados por sus errores. No veían a nadie, sino sentían vibraciones y energía que identificaban que no estaban solo. Hablaban de una puerta que no pudieron transponer, ya que pretendían quedarse por allá porque la paz era total. Sin embargo, eran advertidos que deberían volver porque su tiempo aún no terminara. Enseguida, se sentían succionados y encajados de nuevo en el cuerpo físico.

Fue lo que el pesquisidor Ernesto Bozzano, en su libro “La crisis de la muerte”, lanzado en Napoli, Italia, en 1930, describe como informaciones de difuntos comunicantes, teniendo gran coincidencia con el relato de Dr. Moody, cuarenta y cinco años después, con la diferencia que Bozzano fue más allá, porque la pesquisa la hizo con médiums y espíritus que habían efectivamente desencarnado y tenían otras noticias comparadas a los enfermos de Dr. Moody, porque éstos volvieron a la vida. El curioso que todos esos apuntamientos confirman integralmente las informaciones del Espiritismo.

Reforzando esas noticias, la psicóloga americana Helen Wambach, ¿en 1984, raciocinó qué si Moody afirma que de aquí iremos hacia algún lugar, no tendríamos igualmente venido de algún otro hacia acá? Escribe entonces el libro “Vida antes de la vida”, resultado de experiencias con hipnosis, en 15 grupos de 50 personas cada, costa a costa  de los Estados Unidos. Aproximadamente 750 consultados.

Para la pesquisa ella creó un patrón de preguntas hecho a todos los investigados que consiguiesen en el trance hipnótico atender a sus cuestiones. Quería saber, por ejemplo, si la persona deseaba nacer y cual las razones de ese deseo. Verificó que unos querían concluir tareas no terminadas, otros corregir errores que cometieron, aprender algo de más expresión, ejercitar el amor no posesivo y despertar espiritualmente superando barreras.

¿Otra cuestión era por qué anheló nacer en esta época? La mayoría contestó haber escogido nacer en la segunda mitad del siglo pasado porque sería una época de grandes revelaciones, de crecimiento espiritual de la humanidad y momento de transformaciones de conciencia de los hombres. Comienzo y preparación de una nueva era, decían algunos. Afirmaban que los espíritus de más conocimiento y sabiduría se estaban preparando para nacer en esos tiempos y nos traerían grandes cambios aclaratorios.

Una de las cuestiones curiosas fue la selección del sexo. Helen Wambach se sorprendió por no haber cualquier tabú en ese sentido. Cada uno escogía el sexo que más le permitiese progresar. Algunos estaban encantados por la oportunidad de ser madres. Muchas veces el sexo escogido por un era una complementación de un otro espíritu con lo cual tendría tarea conjunta. Unos querían ser mujer por la docilidad del sexo femenino. Otros querían nacer hombre para participar más fácilmente en los experimentos científicos que marcarían el siglo XX y siguientes.

Dra. Wambach indagó también si parientes y amigos actuales tenían vínculos de vidas pasadas. Verificó que casi 90% dijeron que sí; que conocían muchos parientes y amigos de otras vidas. Solo unos 10% contestaron que “no” o que no sabían. Entre los casi 90% fueron posibles algunas conclusiones: hubo cambios en las relaciones configuradas. Padres e hijos en esta vida fueron amantes en el pasado. Hermanos en la vida actual que fueron padres en la vida pasada, amigos, hermanos, hijos. Nada había de igual en esta existencia en cuanto a la manera por la cual las personas se relacionaron en las vidas anteriores. La pesquisidora percibió qué no hubo un patrón de encarnación con relación a las situaciones o a las inversiones de una vida y otra. Hubo casos de quienes ya sabía que su madre biológica no iría a crearlo, pues sus pendencias que demandaban reparaciones eran como la madre que lo adoptaría y que no podría tener hijos, aunque los anhelase. ¡Qué perfección es la programación divina para nuestras vidas!

La unión entre el alma y el cuerpo fue descrita de manera interesante. Con relación al momento de la entrada en el cuerpo antes del nacimiento, de los 750 casos analizados, casi 90% dijeron que “no fueron parte del feto, o con él se envolvieron, sino después de seis meses de gestación”. También, casi todos contestaron que tenían conciencia de los sentimientos de la madre, antes y durante la gestación, como si fuera por telepatía. Otro porcentual, contando 32% de las personas, afirmaron que se unieron al feto durante el proceso de nacimiento  o poco antes. Así, en la mayor parte de la gestación, las personas no se sentían parte integrante del feto, sino que existían como entidades separadas, al menos hasta cierto período, contando algunos casos hasta seis meses de embarazo y los demás antes o durante el nacimiento, cuando el alma entraba definitivamente  en el cuerpo.

Interesante también en la pesquisa de Helen sobre el nacimiento fue el gran contingente de personas con tristeza y melancolía experimentadas delante del recuerdo del nacimiento. No era la experiencia traumática física del parto en sí que les llevaba a esos sentimientos (aunque eso también contase), pero parece que el mayor trauma era psíquico: la tristeza emocional fue preponderante. Hubo los que llorasen durante la regresión al propio nacimiento. Esa tristeza se daba con relación a la expectativa y a las dificultades que eventualmente tendrían en la existencia, debido a los rescates y a la limitación que el cuerpo físico impone. Además, muchos dijeron que la entrada en el campo físico y la salida por el canal de la mujer eran perturbadoras y muy desagradables. Hablaban que no aguantaban la claustrofobia. Decían que el niño recién nacido se siente abandonado y solo, cuando comparado a la situación que tiene en la espiritualidad, en el intervalo entre dos vidas, dice la psicóloga.

Estos relatos muestran la ciencia confirmando nuestra doctrina. Hay mucho más aún para aprender sobre vida y muerte. No es tan simple como imaginamos. Sin embargo estamos en el rumbo correcto y el Espiritismo es nuestro gran orientador. ¡Estudiemos siempre y vamos enfrente!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Octubre 2015

Vida antes da vida

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RIE_Outuro_2015

O psicólogo americano Raymond Moody escreveu, em 1975, o livro Vida depois da vida. Nele, relata entrevistas feitas com pessoas que haviam passado pela EQM (experiência de quase morte) e verificou que muitos dos que estiveram no limiar da desencarnação guardavam lembranças desse acontecimento e as relatavam com clareza.
Surpreenderam os médicos ao dizer que viram e ouviram o que eles diziam, dentro e fora da sala de cirurgia, da UTI, ou das dependências onde se encontravam letárgicos. O interessante foi a coincidência das declarações que Dr. Moody obteve, já que quase todos falavam de um túnel escuro por onde seguiam para fora da vida até chegar num espaço amplo, luminoso, onde viam passar o filme de seus atos, quando se sentiam felizes com o que fizeram de bom e envergonhados de seus erros. Não viam ninguém, mas sentiam vibrações e energia que identificavam que não estavam só. Falavam de uma porta que não podiam transpor, já que pretendiam ficar por lá porque a paz era total. Mas eram advertidos que deveriam voltar porque seu tempo ainda não terminara. Logo depois, se sentiam sugados e encaixados no corpo físico.
O que o pesquisador Ernesto Bozzano, em seu livro A crise da Morte, lançado em Napoli, Itália, em 1930, descreve como informações de defuntos comunicantes, mostra grande coincidência com o relato de Dr. Moody, quarenta e cinco anos depois, com a diferença que Bozzano foi mais além, porque a pesquisa foi feita com médiuns e espíritos que haviam efetivamente desencarnado e tinham notícias a mais em relação aos doentes de Dr. Moody, porque estes voltaram à vida. O curioso que todos esses apontamentos confirmam integralmente as lições do Espiritismo.
Reforçando essas informações, a psicóloga americana Helen Wambach, em 1984, raciocinou que se Moody afirma que daqui iremos para algum lugar, não teríamos igualmente vindo de algum lugar para cá? Escreve então Vida antes da vida. Resultado de experiências com hipnose, em 15 grupos de 50 pessoas cada, costa a costa dos Estados Unidos. Aproximadamente 750 consultados.
Para a pesquisa ela criou um roteiro indagativo feito a todos os pesquisados que conseguissem no transe hipnótico atender às suas questões. Desejava saber, por exemplo, se a pessoa queria nascer e qual as razões desse desejo. Verificou que uns queriam concluir tarefas não terminadas, outros corrigir erros que cometeram, aprender algo de mais expressão, exercitar o amor não possessivo e despertar espiritualmente superando barreiras.
Outra questão era por que desejou nascer nesta época? A maioria respondeu ter escolhido nascer na segunda metade do século passado porque seria uma época de grandes revelações, de crescimento espiritual da humanidade e momento de transformações para a consciência dos homens. Começo e preparação para a nova era, diziam alguns. Afirmavam que os espíritos de mais conhecimento e sabedoria estavam se preparando para nascer nesses tempos e nos trariam grandes mudanças de esclarecimento.
Uma das questões curiosas foi a escolha do sexo. Helen Wambach surpreendeu-se por não haver qualquer tabu nesse sentido. Cada um escolhia o sexo que mais lhe permitisse progredir. Alguns se encantaram pela oportunidade de serem mães. Muitas vezes o sexo escolhido por um era uma complementação de outro espírito com o qual teria tarefa conjunta. Uns queriam ser mulher pela docilidade do sexo feminino. Outros desejavam nascer homem para participar mais facilmente nos experimentos científicos que marcariam o século XX e seguintes.
Dra. Wambach indagou também se parentes e amigos atuais tinham vínculos de vidas passadas. Ela verificou que quase 90% responderam que sim; que conheciam muitos parentes e amigos de outras vidas. Só uns 10% responderam que “não” ou que não sabiam. Entre os quase 90% foram possíveis algumas conclusões: houve mudança nos relacionamentos configurados. Pais e filhos nesta vida foram amantes no passado. Mães na vida atual que foram pais no passado, amigos, irmãos, irmãs, filhos. Nada havia de igual nesta existência quanto à maneira pela qual as pessoas se relacionaram em vidas anteriores. A pesquisadora percebeu que não havia um padrão de encarnação com relação às situações ou às inversões de uma vida para outra. Houve casos de quem já sabia que sua mãe biológica não iria criá-lo, pois suas pendências que demandavam reparações eram como a mãe que o adotaria e que não poderia ter filhos, embora os desejasse. Que perfeição é a programação divina para as nossas vidas!
A ligação entre alma e corpo foi descrita de maneira interessante. Com relação ao momento da entrada no corpo antes do nascimento, dos 750 casos analisados, quase 90% responderam que “não se tornaram parte do feto, ou com eles se envolveram, senão após seis meses de gestação”. Também, quase todos responderam que tinham consciência dos sentimentos da mãe, antes e durante o parto, como se fora telepaticamente. Outro percentual, contando 32% dos sujeitos, afirmaram que se uniram ao feto durante o processo de parto ou pouco tempo antes. Assim, na maior parte da gestação, as pessoas não se sentiam parte integrante do feto, mas existiam como entidades separadas, ao menos até certo período, contando alguns casos até seis meses de gravidez e os demais antes do nascimento ou durante o nascimento, quando a alma entrava definitivamente no corpo.
Interessante também na pesquisa de Helen sobre o nascimento foi o grande contingente de pessoas com tristeza e melancolia experimentadas diante da lembrança do nascimento. Não era a experiência traumática física do parto em si que os levava a esses sentimentos (embora isso também contasse), mas parece que o maior trauma era psíquico: a tristeza emocional foi preponderante. Houve os que chorassem durante a regressão ao próprio nascimento. Essa tristeza se dava em relação à expectativa e às dificuldades que eventualmente teriam na existência, devido aos resgates e à limitação que o corpo físico impõe. Além disso, muitos disseram que a entrada no campo físico e a passagem pelo canal do parto eram perturbadoras e muito desagradáveis. Falavam que não suportavam a claustrofobia. Diziam que a criança recém-nascida sente-se abandonada e sozinha, quando comparada à situação que tem na erraticidade, no intervalo entre duas vidas, diz a psicóloga.
Os relatos acima mostram a ciência confirmando a nossa doutrina. Há muito ainda para aprendermos sobre vida e morte. Não é tão simples como imaginamos. Mas estamos a caminho e o Espiritismo é nosso grande orientador. Estudemos sempre e vamos em frente!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Outubro de 2015

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