¿Qué lo que buscamos, realmente, en el Espiritismo?

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

En el capítulo XXIII del Evangelio Según el Espiritismo, “Moral Extraña”, hay en los artículos 14 15 buenos asuntos para meditación. Muestra que el “Cristianismo apareció cuando el paganismo declinaba, debatiéndose contra las luces de la razón”. Aunque quedasen adeptos, la creencia aflojaba. Solamente los que tenían interés personal lo cultivaban. Y el Cristianismo naciente defendía su doctrina con violencia aún mayor que el paganismo.

El interés particular nos hace defender puntos de vista que afrentan a la razón, pero son convenientes, y vale la pena sostenerlos y combatir los que se oponen a ellos. Nos causan perjuicios aunque comprueben nuestros errores con racionalidad. Sabemos que estamos equivocados, sin embargo eso poco importa. La verdadera fe no nos interesa; tenemos miedo de la luz que aclara a los ciegos. La lección nos dice, aún, que como el error nos trae provecho nosotros lo defendemos.

Una de las facciones del Cristianismo fue el Catolicismo que quiso consolidar su creencia también con violencia. Las Cruzadas, con las Guerras Santas, y los tribunales de la Inquisición que punían a los que no pensaban como ellos, incluso quemándolos, demostraban ignorancia; se queman cuerpos, pero no se queman ideas, que permanecen y se esparcen cuando verdaderas. En el Auto de Fe de Barcelona, el 9 de octubre de 1861, no quemaron personas, sino libros, con miedo de las verdades que contenían. ¡Qué ingenuidad!

El Catolicismo también sufrió cisión. De él nació el Protestantismo por discordia con la doctrina católica. Viraron enemigos, cada uno defendiendo sus puntos de vista; más por ser convenientes y lucrativos que verdaderos. Tanto eso es real, que de cada una de esas iglesias nacieron muchas otras para divulgar los Evangelios por los capítulos y versículos que les eran más convenientes. Carismáticos, Testigos  de Jehová, Pentecostales, Metodistas, Presbiterianos, Asamblea de Dios, Bautistas, Universal; una variedad que no cabría en este texto. Cada día una nueva. Es solo tener un salón, fijar una placa afuera y esperar los sufridores, siempre abundantes por la transición planetaria por qué pasamos y también por la incapacidad que todos tenemos en administrar nuestra vida.

Como ninguna de esas iglesias tiene la receta cierta para solucionar los problemas humanos, analicemos particularmente los adeptos de nuestra doctrina nacida en 1857, el Espiritismo, ya que sus practicantes no se fugan a la regla. Pretendemos también ser dueños de la verdad y señores de elevadas revelaciones que el cielo jamás enviara a los hombres para su salvación.

Lo que vemos en nuestro movimiento son comportamientos que nada difieren de los demás religiosos. ¿Qué lo qué buscamos, realmente, en el Espiritismo? La mayoría busca solamente el pase, la charla o el agua con fluidos para curar todos los males. Los que tenemos alguna lucidez ejecutamos trabajos en el centro. Aplicamos pases, hacemos conferencias evangélicas, cosemos para los pobres o participamos de la sopa fraterna. Nos falta, sin embargo, preocupación con nuestro propio perfeccionamiento, razón primera de una encarnación.

Es muy triste vernos luchar por posiciones de jefatura, de destaque, con recursos que se asemejan a las artimañas político-partidarias en tiempos de elección. Defendemos puestos a hierro y fuego, engañando, mintiendo y haciendo lo que no quedan bien en un espiritista. Nuestra preocupación es ser importante para los otros y no para Dios.

Eso es más común que parece; nuestra dosis de vanidad es grande porque el ser humano de la Tierra aún es inferior. Entrar a una organización espiritista, simplemente, en nada mejora una persona, al no ser que permitamos que el Espiritismo nos sirva de guía. Tenemos una gran preocupación con la mejora del semejante, creyendo-nos grandes consejeros; sin embargo no hacemos como enseñamos a los otros.

Vamos a las tribunas como catequistas, dando recetas que no aplicamos en nosotros. Llenos de soberbia, porque conocemos algunos versículos a más, decimos frases de efecto y bibliografía, para, al final, recibir los inciensos que hacen bien a nuestro ego, poniéndonos a imaginar que somos especiales y que vivimos en niveles elevados, cuando comparados al común de los hombres. Pobres de nosotros que nos conocemos tan mal. ¿A quién engañamos?

Tenemos en las manos un tesoro llamado Espiritismo y no sabemos manejarlo. Llegamos hasta a hacer algo por los otros con base en esta extraordinaria doctrina, que revive la pureza de las lecciones de Jesucristo, sin embargo no dejamos que ella haga nada por nosotros. Nos escondemos bajo la capa del conocimiento doctrinario, pero flotamos lejos de la vivencia.

¿Cuándo el Espiritismo será la norma de conducta para sus adeptos? ¿Cuándo seremos ejemplos mostrados sin necesitar perdernos entre tantas palabras? ¿Cuándo seremos espiritistas mostrando y no solamente hablando? ¿Cuándo tendremos amor por el prójimo, aun cuando no simpaticemos con él, porque él no nos halaga? ¿Cuándo daremos al otro el derecho de tener su creencia, ya que anhelamos qué el otro acepte la nuestra? ¿Incluso en las familias? ¿Cuándo dejaremos de combatir quién no piensa con nuestra cabeza, porque nos imaginamos dueños de la verdad? ¿Pretensos seguidores de Jesucristo, cuándo seremos imitadores de Su conducta?

Mientras seamos papagayos de repetición, simplemente explicando como los otros deben vivir, no saldremos del lugar. Cuando las palabras no son completadas por los ejemplos no llegan al destino, pues carecen de convicción. Intentamos vender un producto que nosotros mismos no compramos. ¡Hablamos, pero no convencemos!

Los espíritus nos conocen bien porque escuchan nuestros pensamientos, no nuestras voces. Casi nunca pueden nos ayudar porque no comprendemos el idioma que ellos hablan. Ellos se comunican por el amor y nosotros por la simulación. Somos mansos mientras nos aceptan, pero violentos a la menor contrariedad. Amamos solamente a los que nos aman. Para los amigos todo; para los enemigos el desaire y la distancia. Pobre de nosotros, casi todos espiritistas sólo en apariencia. Tenemos mucho camino a recorrer antes de atrevernos a decir que entendemos la propuesta de la Espiritualidad Superior. Por ahora, hacemos tentativas en la esperanza de superar los contratiempos. Sin embargo estamos lejos de conseguir. Quien analizarse – sin falsedad – concordará que tenemos por lo menos un diez por ciento de razón. El tiempo es bueno para verificación. Vienen ahí la Navidad y el Año Nuevo. Felicidad para todos; ¡Ella es de este mundo, si la buscamos de manera correcta!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Deciembre 2015