Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

Año Nuevo, hora de meditación y profundo análisis.

“En los foros internacionales, los políticos pueden reiterar mil veces que la base para un nuevo orden mundial es el respeto universal por los derechos humanos, pero éste no significará nada si el imperativo no venga de lo respeto por el milagro del ser, del universo, de la naturaleza y de nuestra propia existencia. En el mundo actual, multicultural, el único camino seguro para la coexistencia pacífica deberá ser inspirado por el auto superación porque la superación es la única alternativa real para la extinción. Pienso que el hombre solo podrá realizarse en la libertad, si no olvida que ésta es un don de su Creador”. (Vaclav Havel¹ – Diario El Estado de S. Paulo – 23/04/95 – Pág. A2)

Este hombre importante, de ideas avanzadas, presidente de un país, hace veinte años que decía lo que aún no conseguimos asimilar. Permanecemos egoístas y anhelando ser mejor de que los otros, oprimiéndolos, apocándolos, desmoralizándolos, para tener evidencia. No nos medimos por el progreso que logramos en el campo del entendimiento superior, sino por las posiciones que ocupamos en la transitoriedad de una encarnación. Nunca nos comparamos al de arriba para que no nos sintamos inferiores. Necesitamos transformar en alfombra al compañero de jornada, para que tengamos un poco de brillo. Hablamos demás, oímos de menos y casi no pensamos.

¿De qué vale yo ser mejor de qué el otro si él aún es extremadamente mediocre? ¿De qué vale yo ser mejor de qué el otro si él es vecino de la nulidad? Yo solo debía quedarme contento si consiguiese ponerme mayor de lo que soy yo propio. Y eso nada tiene a ver con estatura. Hablamos de carácter, de conocimiento, de humildad, de solidaridad. Hijos de Dios, a su imagen y semejanza, nos hemos contentado con poco cuando se trata de nuestro crecimiento como ser espiritual. Estamos postergando indefinidamente lo que ya debía haber sido hecho y mismo en este momento propicio para recobrar el tiempo perdido aún estamos como las desatentas vírgenes de la parábola. Durmiendo el sueño de la ignorancia. ¡Permanecemos en la Tierra cuándo somos divinos! Por eso somos un permanente conflicto y no conseguimos tener paz o estar felices con nosotros mismos.

No hablamos de religión, de sistema social, de régimen de gobierno, pero de lo despertar íntimo que ya debía ser propio de los hijos de Dios. Hacemos de insignificantes accidentes económicos o financieros una barrera insuperable para que nuestro pensamiento siga concatenado. Interrumpimos todo lo que imaginábamos, porque los intereses más poderosos intentan nos mostrar que somos infelices, incompetentes y que no podemos vivir por nosotros mismos. Necesitamos entregar nuestras vidas a los otros. Pero ellos tienen propósitos diferentes de los nuestros. No pretenden nos ayudar, sino usarnos para conseguir sus objetivos. No dé importancia a los que divulgan el caos, porque es por esos medios que ellos atesoran sus fortunas.

Entre las metas programadas para el nuevo año incluya cuidar a usted, por virtud propia. Puede sin depender de nadie porque no hay quien mejor lea e interprete sus pensamientos y sus necesidades que usted mismo. Íntimo no se explica con palabras; sentimientos, necesidades o frustraciones no pueden ser traducidos de manera que los otros puedan claramente entender. Solo usted conoce sus necesarias y posibles aspiraciones.

La salida para la humanidad no viene de afuera hacia adentro. No es el gobierno, el cura, el pastor, el presidente del centro que tiene condiciones para resolver su problema. La solución viene del inverso. De adentro hacia afuera. Curase el interior para que el exterior sea saludable. Podemos tener paz en medio a la guerra; podemos ser libres mismo reclusos porque las cadenas no detienen sentimientos. Mejore se y verá el mundo con ojos más felices. Es receta del Evangelio. No estamos inventando novedades ni intentando ser originales con consejos o directrices que cada uno necesita descubrir por sí mismo.

Los otros nos alejan de la familia, de los amigos, para llevarnos a la cochera de sus monopolios. Ponen una cuerda en nuestro cuello y solo nos alimentan de aquello que les da logro. Nos engañan con las modernas tecnologías, convenciéndonos que no vivimos sin ellas, y así nos concentramos en esa parafernalia seductora y envolvente, con las cuales nos comunicamos en silencio, enviando con palabras vacías y convencionales, muñequitos que se ríen, que besan y hacen muecas. ¡Qué belleza!

Si alguien deja el celular en su casa, siente se casi desnudo, sin pañuelo y sin documento, como decía Caetano Veloso. Si el internet cae, el humor cae junto y se siente preso, inmóvil e impotente para seguir viviendo. Estamos a cada día apocando en racionalidad. El mundo avanza, la modernidad se actualiza mientras nosotros embrutecemos y nos quedamos a cada día más dependientes de la batuta de un director que rige la melodía que conduce un rebaño perdido que va, sin percibir, al matadero. Y antes de eso, caminando en círculo casi interminablemente sin saber qué  camino seguir. Sin embargo, completamente absorto, ¡sigue feliz!

Como dijo Vaclav Ravel, de nada nos sirven los derechos humanos ni ser respetados por los otros, si no tenemos respeto por nosotros mismos.

Vamos a salir de nosotros y mirarnos de fuera hacia adentro, buscando ver lo que hacemos con el ser divino que vive en este cuerpo provisorio. Y buscar crecer para que este duro momento en el purgatorio de la encarnación sea menos penoso y más productivo; que cuando de él nos despidamos podamos decir: – ¡valió la pena!

  1. Vaclav Havel, ya fallecido (Praga, el 5 de octubre de 1936 – Praga, el 18 de diciembre de 2011) fue un escritor, intelectual y dramaturgo. Fue el último presidente de la República Checa.
  2. RIE – Revista Internacional de Espiritismo – enero 2016