“Muchos serán los llamados y pocos los escogidos.” – Jesucristo (MT 22:14)

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

¿Será qué entendemos correctamente lo qué ha dicho Jesucristo cuándo nos dio tal información?

Al examinarse las fases de la historia humana, en cuanto a las revelaciones espirituales, vemos que hay una cronología inteligente que no atropella nuestros conocimientos, llegando siempre en la medida cierta, ofreciéndonos lo que podemos asimilar. Por eso vino primer Moisés, después Jesucristo y finalmente el Espiritismo; la secuencia no podía ser otra.

De Moisés hasta Jesucristo se pasaron 1.200 años y el Espiritismo surgió solamente 18 siglos y medio después de Jesucristo, un aumento de 50% en el tiempo para venir a la Tierra con relación a las Leyes Mosaicas. ¿Por qué tardó tanto? En verdad, si no fuese por los pocos escogidos aún no habría venido. Jesucristo demostró confianza en los pocos que ya tenían disposición para dar pequeño empuje en la civilización de la Tierra, para que el reino de la paz, un día, finalmente se establezca entre los hombres. Sabía que serían más decididos de que sus 12 discípulos que solamente lo reconocieron después que Él se fue. Serían más perseverantes que los 500 de Galileia que luego desertaron y de que los 72 que fueron a los pares predicar con la recomendación de no cargar siquiera el polvo en la sandalia de los que se recusasen a oír la buena noticia; dirían “paz sea con ustedes” y se despedirían.

Como el ciclo evolutivo del planeta no podría más esperar, Jesucristo sabía que en la Tierra estaban encarnados o programados y disponiéndose para nacer, criaturas como Bezerra de Menezes, Vianna de Carvalho, Cairbar Schutel, Yvonne Amaral Pereira, Batuíra, Fabiano de Cristo, Teles de Menezes, Leopoldo Cirne, Chico Xavier, Léon Denis, Camille Flammarion, Eusápia Palladino, Pedro Camargo, Hippolyte Léon Denizard Rivail y tantos otros que se portaron como pilastras para las bases y los primeros pisos del edificio espiritual de la nueva doctrina. Muchos otros nombres aquí no mencionados, por fallo de memoria o de conocimiento, colaboraron en la obra. Sus nombres están inscritos en el Cielo. Ni hablamos de los que son pilastras en este inicio de milenio y que nacieron en meados del siglo XX.

Después de 150 años, los espiritistas convencidos, los que aplican la ley desde sí mismos, aún son pocos, pero de una calidad tal que se capacitan como agentes multiplicadores de las revelaciones en los ambientes donde viven: en el hogar, en la escuela, en el trabajo, en el templo o en la calle. Son ejemplos copiados por los que ya tienen discernimiento y buen sentido. No es sin motivo que los espiritistas, víctimas del prejuicio religioso que aún persiste en la actualidad, son reconocidos como personas de bien y caritativos. Y a cada día el concepto mejora. El número de adeptos crece porque el Espiritismo es fundamentado en la razón y no en los dogmas que ya no aceptamos sin razonar.

Cuando nos fue dicho que el Cielo y la Tierra no pasarían hasta que fuese pago el último centavo, significaba que la separación sería hecha cada vez más deprisa. Si dependiese de una humanidad totalmente regenerada para que el Espiritismo viniese a la Tierra, tardaría muchos milenios y no solamente 18 siglos. Perciban cómo Jesucristo confía y espera mucho de los espiritistas para la consolidación de su Evangelio entre nosotros.

“Muchos serán los llamados”, dijo Él. Diríamos nosotros: Todos serán los llamados, pero pocos se escogerán. El llamado es divino, sin embargo la elección es personal e intransferible. El libre-albedrío decide lo que anhelamos para nuestra vida. Como el entendimiento aún es poco, el número de los que se deciden por este camino es pequeño. La convicción aún no llegó a todas las mentes y corazones.

Los espiritistas que están aún tibios, que mezclan su vida mundana con las responsabilidades espirituales, necesitan prestar más atención a su comportamiento. Como dijo Frei Beto en un texto de 1º de enero de 1997, “es preciso que el líder de los derechos humanos no humille a su mujer en la casa; la maestra de ciudadanía no eche papel en el suelo; los niños cedan el lugar a los más viejos; y la distancia entre el público y el privado sea disminuida por el puente de la coherencia”. Que decir sea igual al ser y al hacer. Que las lecciones sean enseñadas más por el ejemplo de que por las palabras. El Amigo Éder Fávaro dice que en vez de entregar mensajes a las personas tenemos de ser el propio mensaje; mostrar en vez de hablar.

Tan pronto llegué al Espiritismo, charlando con un líder de un centro espiritista, llevé un susto cuando él me dijo, seriamente: “En el centro yo soy la persona que representa esta casa, pero afuera yo soy un hombre común, me gustan unas farras, una cerveza, etc. Al final, yo también soy humano”. A pesar de novicio en la doctrina, en aquella hora ya percibí el absurdo que aquel “líder espiritista” decía.

Tengo gratas remembranzas de mi padre, albañil analfabeto, que murió a los 54 años. No era espiritista ni lo vi orar por ninguna doctrina; sin embargo, un cristiano nato. Nunca me enseñó con palabras; prefería mostrar en él lo que gustaría que yo fuese. Era el Evangelio ambulante, vivido en los pequeños hechos de su vida. Estoy cierto de que él era uno de los escogidos, aunque, creo, ni siquiera él supiese. Son almas maduras, de sabiduría, que viven una encarnación de aprendizaje y rescate como obrero, analfabeto, pero superan la falta de las letras con la madurez que ya conquistaron.

Cuando Jesucristo reclutó a sus seguidores los buscó entre pescadores y personas de vida simple. No tenemos de argumentar que se los falta conocimiento para ser seguidores del Cristo; basta ser honesto y amar al prójimo. Recordar que son los pocos escogidos que arreglarán el mundo. Los buenos, los genios, los doctos, los humildes forman una excepción en la sociedad planetaria. Por eso ni siempre son reconocidos en su tiempo. Hagamos por ser uno de ellos; y que Dios nos ayude. Es el único tesoro que construimos en la Tierra para llevar hacia el Cielo.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – marzo 2016