En las cuestiones 1.013 a 1.016 del Libro de los Espíritus  hay explicaciones sobre estos estados del alma.

Octávio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

A cada mes de noviembre, cuando nos recordamos de los finados, una pregunta que hacemos habitualmente es como y donde están, en el otro plan de la vida, nuestros parientes y amigos que fallecieron. ¿Estarían bien? ¿Sufriendo? ¡Cómo saber!

La Iglesia de Roma admite que “aquéllos que no están completamente puros deben pasar por una purificación. La esencia de ese dogma se define por estas palabras: la salvación está garantizada, sin embargo los creyentes en Jesucristo, responsables por faltas ligeros, necesitan sufrir algún tipo de ajuste”. En otras palabras, están salvos del fuego eterno, pero no salvos del fuego del purgatorio. El Diccionario Aurélio así define el purgatorio: “Lugar de purificación de las almas de los justos antes de admitidos en la bienaventuranza”.

Fue preguntado a los espíritus, en las cuestiones 1.013 a 1.016 de El Libro de los Espíritus, por qué ellos no nos enseñan con clareza, manteniendo poca variación de lo que los disfraces del mundo divulgan. Y una vez más ellos contestaron que no estamos listos para ciertas revelaciones y también porque no hay para cada concibe una palabra adecuada. El lenguaje humano es demasiado pobre. De allí haber, mismo entre los encarnados, tanta dificultad de entendimiento.

A lo largo del libro, los espíritus hacen hincapié en esta advertencia.  Luego en el comienzo, en la cuestión 23, por ejemplo, es dicho: “¿Lo qué es el espíritu?”. Respuesta: “¿Es el principio inteligente del Universo”; 23a – “Cuál es la naturaleza íntima del espíritu?”. Los venerables dijeron: “No es fácil analizar el espíritu por medio de vuestro lenguaje. Para vosotros él no es nada, porque no es una cosa tangible”.

En la cuestión 28 vuelven a hablar de la dificultad para explicarnos lo que aún no podemos comprender. Vean: “¿Ya que el propio espíritu consiste en algo, no sería más exacto designar los dos elementos generales por materia inerte y materia inteligente?”. Contestaron que las palabras poco se les importan. Cabría a nosotros formular un lenguaje con lo cual pudiésemos entendernos. “Vuestro lenguaje es incompleta para exprimir lo que no les toca el sentido”.

En las explicaciones en cuanto al cielo, infierno y purgatorio, la reclamación es la misma. Sabemos que el purgatorio fue creado para no punir concluyentemente los que colaboraban con la Iglesia. No eran tan buenos para ser mandados al cielo y no había sentido enviar  a un amigo al infierno. Qué no nos explicaron es lo que el alma haría en el purgatorio de modo a tener méritos para salir de allí y ganar el cielo sin restricciones. No dicen cómo sería esa purificación.

Con la aparición del Espiritismo, aprendemos que cielo e infierno son estados de alma y podemos salir de un para entrar en otro en intervalo de segundos. Están en el íntimo de cada criatura y depende de su momento espiritual estar feliz (en el cielo) o infeliz (en el infierno). En cuanto al purgatorio, nuestra doctrina explica en la pregunta 1.013, y respectivo comentario de Kardec, que “es el tiempo de expiación”. “Casi siempre es en la propia Tierra que hacéis vuestro purgatorio, donde Dios os hace expiar todos sus errores. (…) Lo qué el hombre llama de purgatorio es una figura por la cual se debe entender no un lugar determinado, sino el estado de los espíritus imperfectos que están en rescate hasta alcanzar la purificación completa”.

Se ve que en el purgatorio espiritista hay una dinámica y no pasividad. Los dolores del mundo nos obligan a cambiar de pensamiento y actitudes porque vamos sintiendo más serenidad a la medida que superamos nuestros defectos y cobardías, nacidos de la ignorancia. Vamos venciendo a nosotros mismos para llegar al cielo que existe en nuestro corazón. Es un estado pleno de dicha por tener la conciencia tranquila. La conquista es lograda con nuestro esfuerzo y no solamente por un cursillo inoperante que nada añade. No crecemos por el tiempo de casa, sino que por la renovación.

En la cuestión 1.016 y 1.017 hay más explicaciones sobre el cielo, cuya consulta se queda por cuenta del lector, caso tenga interés en añadir aún algo sobre el asunto.

El resumen de este análisis es que no hay conquista sin lucha; no hay privilegios y el anhelado cielo solo puede ser alcanzado por méritos espirituales, por actitudes de fraternidad, por el amor que dedicamos al prójimo y jamás por pagos que damos a un falso dios que no tiene interés en nuestras ofertas materiales como inversión para la obtención de la dicha. En vez de hacer promesas, tengamos actitudes; en vez de encender una vela, ofertemos un pan; en vez de nos azotemos con penitencias que ayudemos al semejante. Aprendamos a sacar el Evangelio teorético de la mente para dinamizarlo con nuestras manos. Realizar más y discursar menos. De teoréticos el mundo está lleno. Vean nuestros políticos. Lo que hace  falta son benefactores laboriosos que realmente auxilien a sus hermanos. Solo así estaremos en el cielo; ¡mismo encarnados!

El mundo material, pregunta 86 del libro de los Espíritus, es secundario. Es un regalo de Dios para que caminemos más deprisa objetivando la perfección. No desaprovechemos esta preciosa oportunidad. Podrá tardar mucho para repetirse.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Noviembre 2016

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