¿Qué utilidad tienen las orientaciones de los Espíritus?

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

“¿Una vez qué Jesucristo ha enseñado las verdaderas Leyes de Dios, cuál es la utilidad de las enseñanzas de los Espíritus? ¿Tienen ellos algo a más que enseñarnos?” Esto fue preguntado en la cuestión 627 de El Libro de los Espíritus.

Considerándose que el Espiritismo es el cristianismo revivido, lo que significa resucitado o remozado, se pone claro que las lecciones de Jesucristo fueron adulteradas a lo largo de estos tiempos, a punto de que el mayor mandamiento – “amad Dios sobre todas las cosas y el prójimo como a ti mismo” – tener prácticamente desaparecido del seno de la humanidad, especialmente donde debía estar más preservado que es en el medio religioso.

Con su ya conocida educación y prudencia, Kardec dice que los espíritus debían aclararnos porque Jesucristo hablaba por alegorías. No quiso decir que el mercantilismo de las doctrinas divide a los hombres porque cada una enfatiza que solamente los seguidores de su iglesia tendrán la salvación. La intención es alejar la competencia. Quien no acepta Jesucristo en la versión de ellos no gana el Cielo. Y esa salvación pasa por las donaciones que crean privilegios según la generosidad de las ofertas. Mejoran hasta la facturación de las empresas de los que más colaboran.

La Doctrina Espiritista, que Kardec catalogó en el capítulo I de El Evangelio Según el Espiritismo como la tercera revelación, viene en un momento cierto cuando el Evangelio de Jesucristo nada más tiene del original enseñado por el Cristo. Los

creyentes se despegaron yendo cada uno para un lado y es por eso que hoy hay una inflación de sectas que nacen a cada día, con nombres esdrújulos incluso, porque las variedades de tiendas pasaron a ser un comercio lucrativo. ¿Amor al prójimo? No ofrece ganancias; mejor amor propio o amor a sí propio.

La Doctrina dictada por los espíritus en los cuatro puntos de la Tierra y organizada por el maestro francés Rivail, posteriormente conocido como Allan Kardec, trae de nuevo la pureza del cristianismo naciente de los tiempos de Pedro, Paulo, João, Santiago, Magdalena y demás seguidores de los primeros siglos. Descarta los rituales, los paramentos, los altares y adornos dorados de los templos y forma núcleos semejantes a la Casa del Camino, ornamentados de sencillez. La belleza está en el servicio prestado gratuitamente, acogiendo personas de todas las doctrinas que anhelan aclararse en la pureza del Evangelio y no en la sociedad religiosa elitista, donde encontramos templos que seleccionan a sus frecuentadores por la posición social que ocupan en la comunidad. ¡Los importantes de la Tierra!

La disculpa que más oimos cuanto a la explanación del Evangelio es que la alegoría de las lecciones de Jesucristo, cuando se servía de parábolas, dificulta el entendimiento de las orientaciones del Maestro. Sin embargo, cuando Él recomendó que amásemos el prójimo como amamos a nosotros mismos y que hiciésemos al otro exactamente lo que gustaríamos que el otro nos hiciese, no lo hizo de forma alegórica, sino clara y directa. Y es exactamente ahí donde más nos alejamos del cristianismo. Quien no es de nuestra iglesia es nuestro enemigo.

Vea que incluso en las parábolas interpretativas hay enunciados que no dejan dudas. La del buen samaritano, por ejemplo, habla de la indiferencia del sacerdote y del levita, religiosos de la elite judía, y del socorro prestado por el hereje samaritano que solamente veía en aquel hombre – que no conocía ni sabía su nombre – su prójimo. Dijo que un hombre bajaba de Jerusalén hacia Jericó; no un rey, un judío, un rico; simplemente un hombre.

La venida del Espiritismo como revelación posterior a Moisés y Jesucristo obedece a una secuencia lógica, pues se Jesucristo completó, ratificó, pero también corrigió orientaciones de Moisés, porque eran de un tiempo ido, así el Espiritismo vino a restaurar las lecciones originales predicadas por el Cristo y adulteradas a lo largo de los siglos. Repitiendo: no por falta de entendimiento, sino que de propósito para sacar provecho de la confusión que las propias doctrinas establecieron. Todo es para la casa de Dios. Coches, tierras, cheques, dinero, tarjetas de crédito. Ciertamente depositados en el Banco de la Divinidad.

El Espiritismo habla en un lenguaje sin preámbulos, directa y que cabe en la razón de las personas poco cultas de la misma forma como puede ser entendido por los doctores. Podemos alegar que no creemos o no estamos dispuestos al rigor de nuestra reforma interior. Sin embargo, jamás que no comprendemos. Emmanuel, en el libro El Consolador, pregunta 210, dice que el Espiritismo no necesita de los intelectuales de la Tierra, sino que ellos es que deben encontrar soporte en el Espiritismo para más bien ejecutar su progreso. Así como hizo Jesucristo que convocó su apostolado entre los hombres simples; pescadores, publicanos, etc. No buscó los doctores del Templo de Jerusalén, porque ellos nada entendían del reino que estaba siendo anunciado. La charla con Nicodemo es una comprobación.

Hay una plegaria, la Oración de la Sabiduría, que dice: “Dame, Señor, ¡inteligencia para entender, no las cosas difíciles y sencillas de ser comprendidas, sino que las cosas más simple y tan difíciles de ser entendidas!” Por eso cuando preguntaron a Emmanuel lo que era la Biblia, él contesto: “La Biblia es el amor…”. Y replicaron: “¿Pero por qué ella es tan grande?” Y el guía de Chico Xavier contestó: “¡Para explicar el amor! Del amor, ni definirlo sabemos.”

Esperamos haber dejado claro que los espíritus tenían de venir a restaurar lo que los hombres destruyeron. Con el Espiritismo solo es engañado quien quiera o es un ingenuo queriendo aprovecharse.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – junio 2017

 

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