“Lo que es nacido de la carne es carne; lo que es nacido del Espíritu es Espíritu” – Juan III 1-2.

Octávio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

Aunque la creencia de la reencarnación sea normal en casi toda la humanidad, quedando la excepción por cuenta de los cristianos no espiritistas, los mecanismos de esa ley aún son mal comprendidos y nos llevan a divagaciones.

Entre los judíos, había entre los fariseos la creencia en la resurrección, a punto de que anhelaban ser enterrados en el camposanto del Valle del Cedrón, en Jerusalén, de dónde emergerían los primeros que fuesen para el mundo celestial al final de los tiempos. Está entre los muros del Templo y el Monte de los Olivos, donde hay muchos túmulos de judíos importantes, incluso el del profeta Zacarías. Es también conocido como el Vale del Juicio, local donde Dios vendría a buscar los escogidos.

Otros religiosos, los saduceos, creían en Dios y en sus recompensas, sin embargo solamente en esta vida. Recibirían por todo el bien que hiciesen aquí mismo en la Tierra. Muertos, nada más les quedaría. Divergencias en el mismo pueblo que se considera el elegido por Dios.

En Brasil, un país de mayoría católica, y también de adeptos de diferentes doctrinas derivadas del cristianismo, como los protestantes con los diferentes segmentos, por ejemplo, la reencarnación es tratada como fantasía. Incluso los médicos que cuidan de las almas, analistas y terapeutas en general, atribuyen todo a los registros del inconsciente. Usan palabras difíciles para explicar lo que no entienden ni están convencidos, porque se quedan sin coraje de admitir su propio desconocimiento en el asunto. Afirman que se alguien ejecuta un instrumento o habla un idioma extranjero es porque ha escuchado en alguna parte, algún día, alguien tocar la música o hablar el idioma. Fue en la convivencia con alguien, una niñera o cualquier situación, por más fortuita que parezca, que el niño registró el hecho que aflora en determinado momento. Pero no explican cómo alguien puede hablar idiomas muertos hay milenios y ni de quien los tendría oído.

Las redes sociales muestran hoy niños con menos de seis años que son verdaderos virtuosos de la música, de la pintura y otras artes. Niños que hablan media docena de idiomas sin nunca haber estudiado o convivido con personas de estos idiomas. Intentar negar no es inteligente. Es preferible investigar; es menos arriesgado. Si no tiene explicación mejor decir no sé. Al final, nadie sabe todo. Peor; lo que sabemos es tan poco que es casi nada.

Hablan de los complejos de Edipo y de Electra, pero no explican las causas. Complejo de Edipo es uno de los conceptos fundamentales de Freud, en psicoanálisis. Se refiere a una fase en el desarrollo infantil en que hay una “disputa” entre el niño del sexo masculino y el progenitor (figura masculina) por el amor de la progenitora (figura femenina). Complejo de Electra fue estudiado por el psiquiatra y psicoterapeuta suizo Carl Gustav Jung, en referencia con el mito griego de Electra. Ésta es una fase del desarrollo psicosexual de los niños del sexo femenino, de acuerdo con el psicoanálisis. Consiste en la etapa en la que la hija pasa a sentirse atraída por el padre, disputando con la madre la atención de este hombre. ¿Cuál la razón? ¿Esto sucede con todas las niñas, sin excepción? Cierto que no.

El Espiritismo explica que muchos problemas de matrimonios del pasado, con la interferencia de amantes que destruyen hogares, provocan necesidades de rescates y los que fallaron vuelven como padres e hijos para ejercitar un amor sublimado, mayor que el amor carnal de los tiempos que se fueron. Pero esto no es regla absoluta. Hay padres e hijos que ningún comprometimiento tienen en este sentido.

Por más que las religiones y los científicos nieguen, más de un ochenta por ciento de las personas, por curiosidad y buen sentido, tienen dudas sobre si ya vivieron antes y se vivirán después. No pretenden aceptar la reencarnación, pero la razón casi que las obliga. Las investigaciones cada vez más afirman que sí y estamos actualmente, según entrevistados de la psicóloga norte-americana Helen Wambach, en el momento de las grandes revelaciones para la humanidad. Ya descubrieron hasta que el corazón tiene neuronas y, por tanto, piensa, así como la mente tiene sentimiento. Los nuevos conocimientos no paran por ahí y se aceleran a cada día, probándonos que sabemos poco o casi nada con respecto a nosotros mismos. Tenemos todo a aprender sobre de dónde vinimos y qué nos espera.

Las iglesias prefieren negar y vender indulgencias, curas, riqueza, comodidades y alegan que necesitar nacer de nuevo se refiere a una renovación de conceptos que debe operarse en cada uno, como cuando Jesucristo dijo a Saulo que él debía matar el hombre viejo que había en él para dejar nacer el hombre nuevo. Sin duda, es también importante renacimiento, pero no fue de ese nacer nuevamente que Jesús habló a Nicodemo.

El propio Jesús al decir que Juan Bautista era Elías que volviera y la humanidad no percibió, deja claro que decía de la reencarnación. Las enseñanzas de Jesús son sencillas y claras, pero como la simplicidad no permite misterios y divagaciones, las iglesias ponen en esto una pizca de misticismo para tener poder espiritual sobre el pueblo. Cuando sepamos que los templos son secundarios y no necesitamos frecuentarlos para hacer el bien, para llegar a Dios y construir nuestro cielo, nos quedaremos menos presos a esos disfraces. Jesucristo está a nuestro lado permanentemente con su Evangelio. Los grupos religiosos solamente valen por lo que nos enseñan de las Leyes Divinas fortaleciendo nuestra fe y no por supuestas ventajas que puedan ofrecer mismo sin que tengamos merecimiento. Milagros sin mérito serían injusticias. Y Dios no comete injusticias.

Salve el Espiritismo: “Fuera de la caridad no hay salvación”. Damos de gracia qué de gracia recibimos. Que Dios nos ayude para no perder jamás ese foco y ese rumbo.

RIE-Revista Internacional de Espiritismo – julio 2017

 

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