“La mejor religión es aquélla que te hace ser una persona mejor.” (Dalai Lama)

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

En El Libro de los Espíritus fue preguntado a los orientadores, en la cuestión de número 842, sobre la mejor religión. En la íntegra, la pregunta formulada fue la siguiente: “?Por qué indicios se podrá reconocer, entre todas las doctrinas qué alimentan la pretensión de ser la expresión única de la verdad, la qué tiene el derecho de presentarse cómo tal?”

La respuesta, fundamentada en el buen sentido, fue la siguiente:

“Será aquélla que más hombres de bien y menos hipócritas haga, esto es, por la práctica de la ley de amor en su mayor pureza y en su más amplia aplicación. Ése es la señal por qué reconoceréis que una doctrina es buena, visto que toda doctrina que tenga por efecto sembrar la desunión y establecer una línea de separación entre los hijos de Dios, no puede dejar de ser falsa y perniciosa.” (grifo nuestro)

¿Por qué buscamos una religión? Hay varias respuestas. Sin embargo, las principales serían: Tenemos problemas y vamos a buscar soluciones para nuestros males; o por un vacío interior que nos lleva a querer un poco de paz. Puede ser también por el temor a Dios, sin sentido, creyendo que seremos punidos por no profesar alguna doctrina. Sin embargo, la religión es un medio, no un fin. Debe orientar para la lucha y no resolver nuestros problemas de manera milagrosa, porque es al luchar contra nuestros defectos que nos modificamos para mejor.

Se concluye que todo aquél que afirmar que solo en su iglesia está la salvación es alguien equivocado. Sería como garantizar que solo su profesión es buena, solo su verdad es cierta, solo su inteligencia es superior o solo su club puede ser campeón. Como habitantes de un mundo de pruebas y expiaciones, qué nos identifica como de poca evolución, no se puede pretender hombres perfectos en este “hábitat”. Nos referimos también a los iconos venerados en la Tierra, no importa el segmento a que pertenezcan. Los sabios del mundo tienen solamente fragmentos de la sabiduría que alcanzarán un día adentro de las Leyes Universales.

El Espiritismo ganó, gracias a la capacidad de su organizador, Allan Kardec, un slogan de total sentido: “Fuera de la caridad no hay salvación.” Tal afirmación deja claro que la creencia es secundaria, porque lo importante es hacer el bien. Fundamental es el hombre ser bueno y honesto, incluso consigo mismo. Podemos engañar a los otros hombres, pero no a Dios y a nosotros mismos. Lean el mensaje del Espíritu José Bré, en El Cielo e Infierno, Capítulo III, sobre la verdadera honestidad. Vale la pena.

El Espiritismo no tiene como meta hacer prosélitos, sino que divulgar el Evangelio de forma objetiva, repitiendo las lecciones de Jesús en un lenguaje inteligible a la cual todos, independientemente del grado de instrucción, tengan acceso. No es el propósito del Espiritismo ampliar el número de frecuentadores de centros para igualarse a las masas de otras religiones, incluso porque es una doctrina que nada cobra por los servicios que ofrece. Da de gracia qué de gracia recibió. Si el movimiento viene creciendo es porque su mensaje tiene sentido.

El Espiritismo invita a conocer sus postulados todo aquél que no encuentra, en su doctrina actual, las respuestas para las cuestiones que lo dejan infeliz. No le pide que sea espiritista ni que abandone su creencia, herencia, muchas veces, de tradición familiar. Le pide simplemente que sea un investigador de las lecciones que él le ofrece y raciocine a respeto. Confiera, él mismo, si el Espiritismo lo atiende y aclara sus dudas. Conociendo, por lo menos, tendrá más condiciones de ser criterioso cuando decida combatirlo o criticarlo.

En ese contexto, Erasto es uno de aquéllos a quien podemos llamar de sabio y gran conocedor de la fenomenología mediúmnica. Es considerado por Allan Kardec como un Espíritu que ha producido comunicaciones de mucha lógica, algunas de ellas presentes en El Evangelio Según el Espiritismo y por todo el Libro de los Médiums. Al aparecer una nueva opinión, dijo Erasto, por menos que os parezca dudosa, la paséis por el tamiz de la razón y de la lógica. Todo qué la razón y el buen sentido reprueban, rechacéis valientemente. “Más vale rechazar diez verdades que admitir un único embuste, una única teoría falsa.” Esto deja claro que el Espiritismo no anhela imponernos conceptos dogmáticos, basados en fe ciega, pero nos quiere discutiendo hasta entender con clareza y concordemos por la lógica y por el buen sentido. “Si un día la ciencia probar que el Espiritismo está equivocado, nos quedemos con la ciencia”, ya nos aconsejó el Codificador. Dijo él que el Espiritismo se ajustará a la ciencia porque el “Espiritismo está lejos de haber dicho la última palabra, en cuanto a sus consecuencias, pero es inquebrantable en su base, porque ella se asienta sobre los hechos.”[1] Es la doctrina que mejor contesta nuestros actuales cuestionamientos, pero como todo avanza, el Espiritismo también es una doctrina evolutiva. Él solo dijo lo que ya podemos entender.

Por esta razón, en el prefacio del Libro de los Espíritus, Allan Kardec dijo que ésta es una doctrina para ser bastante estudiada. “Años son precisos para formarse un médico (…). ¿Cómo pretenderse en algunas horas adquirir la Ciencia del Infinito?” Asuntos serios deben ser tratados con seriedad. “¡Espiritistas!, os améis, es la primera enseñanza. Os instruís, es la segunda. Todas las verdades son encontradas en el Cristianismo; los errores que en él crearon raíz son de origen humano. Y además del túmulo, en que creíbles lo nada, voces os vienen a clamar: ¡Hermanos! nada perece. ¡Jesucristo es el vencedor del mal, sed los vencedores de la impiedad!”[2]

Si usted no estudia no es espiritista; es solamente un simpatizante de la doctrina y merece ser engañado. ¡Suerte a todos!

 

  1. KARDEC, Allan. Revista Espiritista. Febrero de 1865. “De la Perpetuidad del Espiritismo”, § 13.
  2. KARDEC, Allan. El Evangelio Según el Espiritismo. Por el Espíritu de Verdad. Cap. VI, ítem 5. Paris, 1860.
  3. RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Marzo 2018