Aprendendo a pensar

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caumo@caumo.com

Diferente do que ocorre com os bichos que se orientam pelo instinto, apesar de que haja indícios de uma inteligência rudimentar que também nalguns deles se desenvolve, nós somos dotados de razão. O animal geralmente se orienta por experiência já vividas, como comprovou Pavlov, enquanto nós somos capazes de criar conceitos pela manipulação das ideias, sempre buscando seguir uma lógica com resquícios de bom senso.

Convém saber que a terceira lei de Newton que diz que “a toda ação corresponde uma reação, igual e contraria da mesma intensidade” e que está claramente comprovada no campo material, se estende e se amplia no terreno da mente e dos planos extra físicos. Daí, somos o resultado dos nossos pensamentos e das nossas atitudes. O que fazemos colhemos. De bem ou de mal. Somos o que pensamos porque é daí que nascem os esboços para as nossas ações. O pensamento é matéria e tem força criativa. É, inclusive, o indício de que há vida, se fundar-nos na expressão de Descartes “cogito, ergo sum”; penso, logo sou.

A grande culpada do sofrimento humano é a recusa que o homem tem de pensar. Incomoda-o conhecer a verdade porque será obrigado a segui-la ou, pelo menos, leva-la em consideração ao ter de decidir sobre sua vida. Prefere entregar sua sorte a terceiros (ao governo, ao padre, ao pastor, ao patrão, ao presidente do centro espírita) a lutar por si mesmo e raciocinar com bom senso sobre a sua vida; o bem mais precioso entre todas as suas heranças. Se pode pagar ao templo para que sua salvação seja conseguida, preferirá este caminho a ter de se submeter a um esforço de reforma moral. Por que só ele deverá modificar-se se há toda uma sociedade que faz o caminho inverso e consegue sucesso? Por que ser decente, honesto, em uma conjunção corrupta em que a maioria se dá bem?

Acontece que a quem muito é dado muito será cobrado. Quer dizer, “conhecereis a verdade e ela vos fará livres”, como ensinou Jesus. Uma vez tendo acesso ao conhecimento, ignorá-lo é covardia e querer fugir do óbvio e da razão com desculpa inaceitável. Desejar merecer as honras do céu mediante doações ou sacrifícios pessoais de autoflagelos sem aproveitamento é uma das facetas que retratam a ignorância humana. Se imaginam comprar a felicidade com dinheiro, marginalizando os que não têm recursos, demonstram ignorância e pretensão. Se assim fosse, os pobres estariam condenados ao inferno simplesmente por sua condição social. Mas nunca indagam por que há ricos e pobres. Letrados e analfabetos. Inteligentes e idiotas. Saudáveis e doentes. Velhos e moços. Religiosos e ateus. Patrões e empregados. Honestos e desonestos. Pesquisar a razão dessas diferenças, só é possível aos que aceitam a lei da reencarnação e sabe que vivemos hoje as consequências do ontem. Que colhemos agora a lavoura que plantamos. Que somos donos da herança que produzimos em outra vida e da qual somos o único herdeiro.

O esperto de hoje é o tolo de amanhã; o malandro de agora é o otário do futuro. Quem semeou ventos vai colher tempestade, diz o adágio popular. A qualquer um podemos dar o direito de equivocar-se neste aspecto. Mas nunca poderemos dar esse mesmo direito ao praticante espírita que já conhece pelo menos o básico. Querer comerciar com Deus é o maior equivoco que o homem pode cometer.  Quem se recusar a pensar porque prefere o comodismo pagará alto preço pela sua incúria. Só que nunca poderá dizer que não sabia. A vida cobra até o último centavo.

Jornal O Clarim – maio de 2018

 

 

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¿Para que sirve un centro espiritista?

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A cada día nos desencantamos más con los espiritistas

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

Pregunta de difícil contestación, porque cada uno tendrá su propio punto de vista. Lo normal es imaginar que el centro espiritista existe para resolver problemas que otras doctrinas no consiguen. Son personas que viven desfilando en los templos cantando y loando y dando una contribución para la prestación del terreno en el cielo, o para que sus negocios prosperen. Cuando perciben, tras años, que perdieron su tiempo y empiezan a tener dificultades de todo tipo, corren hacia el centro espiritista y llevan su paquete de problemas para que los Espíritus resuelvan. Al final, fue Jesús quien enseñó que “pidiendo lograríamos”. Solo que Él dijo también: “hace que el Cielo te ayuda.” Pedimos mucho y hacemos casi nada.

Éste primer grupo es compuesto por personas que llegan al centro espiritista y quieren hacer consulta con médiums incorporados, saber se hay psicógrafos para recibir informaciones de los muertos, no importa quien sean, ya que consideran sabio a todos los Espíritus. Alguien les dijo que sus problemas solo pueden ser producto del acoso de obsesores. Acreditan que con media docena de pases y exposiciones, acompañadas de un cáliz de “agua benta espiritista”, podrán resolver sus dificultades y no perciben qué nunca hicieron la parte que les cabe; frecuentan alguna institución por uno o dos meses y después desaparecen. Por eso el centro es conocido también como casa transitoria adonde muchos van y pocos se quedan. Si no están en el tiempo de despertar, desaparecen. Se resuelven sus problemas, se van. Caso las dificultades persistan, desisten porque el centro no funcionó en su caso, y corren hacia otro centro u otras doctrinas en la búsqueda de milagros.

Otro tipo de participante espiritista es aquél que ya nutre alguna simpatía por la doctrina y ve en ella una lógica que no encontró en su religión. Le gusta el pase semanal y la exposición, los encuentros, seminarios y congresos espiritistas, encantándose con las recetas que los competentes conferencistas ofrecen en esas reuniones extremadamente buscadas. Adquiere muchos libros y vamos a encontrarlo en el centro con el rigor de quien vaya al culto semanal de cualquier iglesia. Entra en el centro y sale, sin saber qué pasa en la casa, como puede aportar o trabajar por su propia mejora. Si llueve, llegar una visita, sea feriado, haya atracción especial en la TV o fiesta en familia, el centro se queda para después. Ésta es una mayoría expresiva.

Hay también aquel tipo de participante que llegó a un despertar más intenso, llevado por problemas o vacíos existenciales, y decide participar en las tareas de la casa. Son conferencistas, pasistas, asistentes, que ya se disponen a hacer algún curso para aprender más sobre el Evangelio e intentar vivirlo. Es la comunidad espiritista que forma la estructura de cada centro. Sin embargo, aún muy templada, pues hacen lo estrictamente necesario. Al salir ni recuerdan de apagar una luz, cerrar una ventana o desenchufar el sonido. Terminado el trabajo salen con la velocidad de un rayo, como si en la casa hubiese algún bicho venenoso. Nunca se ofrecen para nada además de las atribuciones que la casa les ofreció. Por eso el movimiento espiritista aún crece de manera bisoña y toda institución tiene en la espalda de dos o tres toda la carga de trabajo. Analice el centro que usted trabaja y diga si lo que afirmamos es mentira. Si la casa tiene campaña de recaudación de alimentos o cualquiera otra utilidad, nunca se recuerdan de traer un paquete de arroz, un rollo de papel higiénico o vasos desechables que usan toda vez que van a la casa. Perciben que el reloj paró, pero nunca ofrecen una pila. Ni hablamos del mantenimiento con limpieza y reparos físicos. Al final, ya son contribuyentes con su importante trabajo espiritual. Ya dan de sí, no necesitan dar del suyo.

Por fin, existen los participantes que tienen el ideal espiritista ya muy arraigado y se dedican a la causa y a la casa con grande interés. Cuita que muchos de ellos anhelan cargos y puestos de relevancia, porque como presidente o director del centro pueden ostentar una autoridad que nunca tuvieron en la vida social o personal, ya que sus voces no son respetadas, muchas veces, ni en su propio hogar. Son más teoréticos que realizadores. Aún pecan por la ligereza de lo no cumplir con la palabra empeñada, aún discriminan cofrades de la suya o de otras instituciones, forman clanes personales, se apegan a las posiciones que no aguantan dejar. se perpetúan en los puestos y, como en un reinado, solo abdican por desencarne o grave enfermedad. No pasan de personas comunes rotuladas como espiritistas. Y son casi siempre muy respetadas. se transforman en gurús que no consiguen guiar ni a sí propios.

Nos perdonen el rigor del análisis, en la cual intentamos no incluirnos, sin conseguir, pero el movimiento espiritista podría ser mucho más dinámico, actuante, si hiciésemos del Espiritismo nuestra prioridad de vida y no fuésemos espiritistas de fachada apenas – y mucho mal – adentro del centro. Si fuésemos ejemplos de conducta y lisura y nuestros intereses personales fuesen secundarios delante de los intereses de la causa que profesamos, si dispensásemos los inciensos y cuidásemos más de nuestro carácter, a fin de ejemplarizar en las acciones con igual énfasis que empleamos en los discursos, con certeza aportaríamos mucho para el fortalecimiento del movimiento espiritista.

¿En cuál de estos grupos se encuadra usted, caro lector, en el movimiento espiritista de su comunidad?

RIE Revista Internacional de Espiritismo – mayo 2018

 

Para que serve o Centro Espírita?

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Cada dia nos desencantamos mais com os espíritas

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

A pergunta acima é de difícil resposta, porque cada um terá seu próprio ponto de vista. O comum é imaginar que o centro espírita existe para resolver problemas que outras doutrinas não conseguem. São pessoas que vivem desfilando nos templos cantando e louvando e dando uma contribuição para a prestação do terreno no céu, ou para que seus negócios prosperem. Quando percebem, após anos, que estão paradas no tempo e começam a ter dificuldades de toda ordem, correm para o centro espírita e levam seu pacote de problemas para que os Espíritos resolvam. Afinal, foi Jesus quem ensinou que “pedindo obteríamos”. Só que Ele disse também: “faz que o Céu te ajuda.”

Em suma, pedimos muito e fazemos quase nada.

Este primeiro grupo é composto por pessoas que chegam ao centro espírita e querem fazer consulta com médiuns incorporados, se há psicografia para receber informações diretamente dos mortos, não importa quem sejam, já que consideram todos os Espíritos sábios. Alguém lhes disse que seus problemas só podem ser produto da perseguição de obsessores. Acreditam que com meia dúzia de passes e palestras, acompanhadas de um cálice de “água benta espírita”, poderão resolver suas dificuldades e não percebem que nunca fizeram a parte que lhes cabe; frequentam alguma instituição por um ou dois meses e depois desaparecem. Por isso o centro é conhecido também como casa transitória onde muitos vão e poucos ficam. Se não estão no tempo de despertar, desaparecem. Se resolvem seus problemas, vão embora. Caso as dificuldades persistam, desistem porque o centro não funcionou no caso deles, e correm para outro centro ou outras doutrinas em busca de milagres.

Outro tipo de participante da plateia espírita é aquele que já nutre alguma simpatia pela doutrina e vê nela uma lógica que não encontrou em sua religião. Gosta do passe semanal e da palestra, embevecendo-se com encontros, seminários e congressos espíritas, encantando-se com as receitas que os competentes conferencistas espíritas oferecem nessas reuniões extremamente concorridas. Adquire muitos livros e vamos encontrá-lo no centro com o rigor de quem vai ao culto semanal da qualquer igreja. Entra no centro e sai da mesma maneira, sem saber o que acontece na casa, como pode contribuir ou trabalhar por sua própria melhora. Se chover, chegar visita, for feriado, houver atração especial na TV ou festa em família, o centro fica para depois. Esta é uma maioria expressiva.

Há também aquele tipo de participante que chegou a um despertar mais intenso, levado por problemas ou vazios existenciais, e decide engajar-se nas tarefas da casa. São palestrantes, passistas, atendentes, que já se dispõem a fazer algum curso para aprender mais sobre o Evangelho e tentar vivenciá-lo. É a comunidade espírita que forma a estrutura de cada centro. Pena que ainda muito morna, pois fazem o estritamente necessário. Ao sair nem lembram de apagar uma luz, fechar uma janela ou desligar o som. Terminado o trabalho fogem na velocidade de um raio, como se na casa houvesse algo peçonhento. Nunca se oferecem para nada além das atribuições que a casa lhes deu. Por isso o movimento espírita ainda cresce de maneira acanhada e toda instituição tem nas costas de dois ou três toda a carga de trabalho. Analise o centro que você trabalha e diga se o que afirmamos é mentira. Se a casa tem campanha de arrecadação de alimentos ou qualquer outra utilidade, nunca se lembram de trazer um pacote de arroz, um rolo de papel higiênico ou copos descartáveis que usam toda vez que vão à casa. Veem que o relógio parou, mas nunca oferecem uma pilha. Nem falamos da manutenção com limpeza e reparos físicos. Afinal, já são contribuintes com seu importante trabalho espiritual. Já dão de si, não precisam dar do seu.

Por fim, existem os participantes que têm o ideal espírita já muito arraigado e se dedicam à causa e à casa com grande interesse. Pena que muitos deles desejam cargos e postos de relevância, porque como presidente ou diretor do centro podem ostentar uma autoridade que nunca tiveram na vida social ou pessoal, já que suas vozes não são respeitadas, muitas vezes, nem no próprio lar. Pena que sejam mais teóricos que verdadeiros. Ainda pecam pela leviandade do não cumprimento da palavra empenhada, ainda discriminam confrades da sua ou de outras instituições, formam clãs pessoais, apegam-se às posições que não suportam deixar. Perpetuam-se nos postos e, como num reinado, só abdicam por desencarne ou grave enfermidade. Não passam de pessoas comuns rotuladas como espíritas. E são quase sempre muito respeitadas. Transformam-se em gurus que não conseguem guiar nem a si próprios.

Perdoem-nos o rigor da análise, na qual tentamos não nos incluir, sem conseguir, mas o movimento espírita poderia ser muito mais dinâmico, atuante, se fizéssemos do Espiritismo nossa prioridade de vida e não fôssemos espíritas de fachada apenas – e muito mal – dentro do centro. Se fôssemos exemplos de conduta e lisura e nossos interesses pessoais fossem secundários diante dos interesses da causa que professamos, se dispensássemos os incensos e cuidássemos mais do nosso caráter, a fim de exemplificar nas ações com a mesma ênfase que empregamos nos discursos, com certeza contribuiríamos expressivamente para o fortalecimento do movimento espírita.

Em qual desses grupos se enquadra o caro leitor no movimento espírita da sua comunidade?

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – maio 2018