Trabalhos num Centro Espírita

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Existe padronização nas atividades que devam existir em um Centro Espírita?

Em nossa maneira de ver, a resposta é NÃO.

Como então organizar uma instituição dessa natureza se não há uma regra que oriente quanto às atividades que devam ser exercidas num caso como esses? Vai depender de localização, tipo de público e suas necessidades. Muitas vezes nos confundimos até na prática da caridade, imaginando que precisamos distribuir bens materiais indiscriminadamente.

Quando Kardec codificou o Espiritismo e lançou o livro básico, O Livro dos Espíritos, em 18 de abril de 1857, logo depois, em 1 de janeiro de 1858 começou a editar a Revista Espírita e em 1 de abril fundou, numa pequena sala para 20 pessoas, a Sociedade Parisiense de Estudos Espíritas, o primeiro Centro para estudo regular desta doutrina reveladora e restauradora de um cristianismo que se perdeu no caminho, pois estava se afastando da mensagem do Cristo. Espiritismo, já disse ele na introdução de O Livro dos Espíritos é para ser estudado sempre. Definiu-o como a Ciência do Infinito.

Se o centro se localiza próximo a uma sociedade carente no aspecto material, será justo oferecer a ela algum tipo de alimento como habitualmente se faz com a sopa fraterna. Igualmente, podemos facilitar ao público a aquisição de roupas com os conhecidos bazares espíritas onde os preços são meramente simbólicos. Além disso, há o pobre que precise da cesta básica ou a gestante que carece de um enxoval. Há o deficiente físico que precisa dos aparelhos para higienizar-se ou caminhar e o Centro pode ser um ótimo ponto de apôio para esses irmãos menos afortunados. Mas num local onde não haja pobreza, o Centro pode se limitar a pedir ajuda para que as pessoas se habituem a dar, despertando para o fato de que se a sua vida é relativamente boa, há no mundo muita carência e não devemos ficar de braços cruzados diante dos fatos.

O que o Centro não pode e não deve é criar trabalhos indiscriminadamente sobrecarregando seus colaboradores ou frequentadores com despesas que não desejam ou não podem ter. Desde a fundação da casa, seus dirigentes devem avaliar se podem mantê-las às suas expensas ou de uma diretoria disposta a encarar esse tipo de ônus, não estruturando sua organização na incerteza quando não tem uma equipe compromissada com o orçamento que possa manter a casa funcionando regularmente.

Fica claro, portanto, que um trabalho ou prática que nunca pode faltar num Centro Espírita é o estudo regular e permanente do Espiritismo. Lembrando Jesus, “conhecereis a verdade e ela vos fará livres”. Com as revelações da vida além da morte e os sucessivos nascimentos em mundos materiais, fica definida a nossa responsabilidade com a evolução espiritual, porque é esta a nossa verdadeira essência. Somos eternos e ocupamos de quando em quando organizações animais humanas, aproveitando com cada uma para adquirir conhecimentos e virtudes que nos permitam combater nossas deficiências para sermos cada vez melhores.

No estudo o ideal é que haja um coordenador com preparo doutrinário para dirigir a reunião. Mas na falta, que haja o estudo interpretativo dos livros da codificação e com o tempo o aprendizado amadurece. Atualmente, com a internet, há o recurso de assistir às palestras de bons orientadores. E mesmo em tais casos, podemos fazer comentários pessoais. O importante é a nossa melhora como pessoas. Diz Emmanuel que a tarefa mais importante que temos nesta encarnação é a do auto-aprimoramento. Isto pode ser feito até num centro em que não haja médiuns com tarefas específicas porque pode ser feito bom trabalho no esclarecimento do Evangelho.

Em síntese, os trabalhos assistenciais podem variar, mas o estudo da Doutrina jamais. É básico em qualquer casa espírita. De nada vale encher o centro de trabalhos variados e não dar conta por não ter pessoas para executá-los. E há trabalhos que não podem ser feitos com voluntários sob pena de ter de ser cancelados. Será preferível não criar novas atividades, mas dar boa conta dos trabalhos básicos da instituição. As pessoas têm muitos compromissos em suas vidas pessoais e não devemos sobrecarregá-las com um fardo que não podem suportar. Melhor fazer menos e bem feito.

Jornal O Clarim – junho de 2018

 

 

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Cuidemos del desencarne

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La oportunidad nos fué dada, una vez más, y la echamos en la basura

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

“La muerte es un nacimiento / de la materia hacia la energía. / El inverso de aquel evento / que nos trajo aquí un día.” (Octávio Caúmo Serrano – “Salvemos lo que es eterno”)

Comenzamos pidiendo licencia a la filósofa ruso-americana, Ayn Rand, judía, evasora de la Revolución Rusa de 1917, que llegó a los Estados Unidos en mitad de la década 1920 para divulgar su visión sobre el movimiento revolucionario con conocimiento de causa: “Cuando usted perciba qué para producir necesita lograr la autorización de quien no produce nada; cuando compruebe que el dinero fluye para quien negocie, no con bártulos, pero con favores; cuando perciba que muchos se ponen ricos por el soborno y por influencia, más de que por el trabajo, y que las leyes no nos protegen de ellos, sino al contrario, son ellos que están protegidos de nosotros; cuando perciba qué la corrupción es recompensada y la honestidad se convierte en sacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor de errar, que su sociedad está condenada.” Y nosotros reforzaríamos: podrida.

Esta verdad, a punto de completar cien años, es retrato de la sociedad de nuestro planeta, de este a oeste y de norte a sur, sin exceptuar un solo país, una única civilización, de cualquier tiempo conocido. ¿Qué podemos esperar, entonces, de un porvenir a corto plazo? Respuesta: con base en la fe raciocinada, el caos social, porque no hay la mínima posibilidad de que esta colectividad planetaria salga de la deshonestidad contumaz hacia la reforma moral en un parpadear de ojos. Como dijo Ayn, somos una sociedad condenada que ningún ejemplo histórico bueno va a dejar, en el campo de la moral, para los poblados futuros. Avanzamos cada vez más en tecnologías que usamos para agraviar, falsificar, corromper, punir y, esporádicamente apenas, para enseñar, salvar, ayudar y producir. El tráfico de drogas expande; el prisionero comanda de la celda la criminalidad de las calles; el tránsito mata cada vez más y andar en la calle o quedar en la casa son hoy dos factores de riesgo en la preservación de la vida; hackers invaden nuestra privacidad. ¡Es lo mínimo! Podríamos citar una infinidad de problemas.

Dirán que este relato es pesimista. Sin embargo, afirmamos que es solo un análisis frío del cuadro en que vivimos. A cada día un nuevo señor, otrora respetable, es incluido en la lista de los delincuentes, parias de la sociedad, que empuercan la raza humana, tenida como el más sublime de la creación divina. Un viaje sin vuelta que no puede ser completada en una encarnación. La oportunidad nos fue dada, una vez más, y la echamos en la basura.

¿Cuál vendrá a ser, entonces, el comportamiento de los que ya defienden la decencia, que luchan para mejorar, a pesar de sus fallos? Perseverar. Para los espiritistas, principalmente, las razones son claras. La reencarnación se destina al crecimiento espiritual, cuando tenemos nuevas oportunidades para aprender y reparar equívocos del pasado por la renovación de la experiencia que no fue debidamente asimilada. La Tierra es una escuela, no un parque de diversiones, aunque tenga momentos de diversión, porque para los justos y buenos la dicha ya hace parte de este mundo. Sin embargo, lo fundamental es crecer moralmente para hacer valer la encarnación en este planeta cuando él sea promovido a mundo de regeneración. Será un premio vivir aquí, donde presenciaremos una sociedad honesta, fraterna, competente y avanzada. Vamos a promovernos junto con nuestro mundo. Si así no hacemos, seremos desterrados de aquí en una repetición del episodio con la estrella Capilla. “Quien perseverar hasta el fin será salvo”; palabras de Jesús. Nuestra mayor tarea, por tanto, es el esmero propio. Estamos en el mundo para salvarnos. Y esto significa cambiar cada defecto por una nueva virtud, antagónica. Vencer el orgullo por la práctica de la humildad; vencer el egoísmo por la práctica del desprendimiento; vencer el odio por la práctica del perdón. Y así sucesivamente, con cada defecto que nos atrasa. Impaciencia, no conformación, descreimiento etc., sabiendo que ninguna oveja del rebaño se perderá.

Esperar la ayuda del pastor, sin embargo, no es el suficiente. Debemos nosotros mismos buscar el camino cierto de retorno hacia el Padre. “Hace que el cielo te ayuda” es otra marca registrada del Evangelio de nuestro amoroso Jesucristo.

¿Cómo creer en Dios si no creemos ni en nosotros? Nadie imagina que todo ocurre sin la percepción del Creador. Pero la verdad es que el libre-albedrio es soberano en el hombre. Ni el ángel de la guarda nos ayuda ni el obsesor nos derriba a menos que los aportemos con nuestro deseo. Nuestra voluntad e intención abren el camino de lo que anhelamos a nosotros. Es cuando se aproximan mentor u obsesor para ayudarnos en la ejecución de nuestros planes. Como en la cantoría campesina: damos el mote y ellos crean las rimas.

Que nadie desaliente delante de nuestras palabras, porque éste es un momento cíclico que se repite de tiempos en tiempos. Hora de saneamiento, separación de trigo y cizaña, que acontece siempre en el mundo para el avance del conocimiento moral y tecnológico. Quien vivir en la Tierra de aquí a cincuenta años podrá regocijarse con el planeta renovado. Pero es necesario merecer tal oportunidad. Si la dicha no es de este mundo, podemos comprar ahora los billetes para el gran viaje en dirección al tiempo dichoso que ya está próximo. Por ahora, perseverar en el bien, ayudando lo cuanto pueda, librándose de esa malla de corrupción evolvente, de la cual poca gente escapa. La deshonestidad, que parece sabiduría e inteligencia, no pasa de oro de tonto. Tiene apariencia dorada, pero por adentro es metal herrumbrado.

Cuidemos de nuestra encarnación para tener un productivo desencarne. Esta vida en la materia es un regalo que el Cielo nos ofrece. Sepamos ser gratos y aprovecharla. En El Libro de los Espíritus, cuestión 86, está escrito que el mundo material ni necesitaría existir; André Luiz, por Chico Xavier, nos informa, sin embargo, que esta vida sirve como catalizador (acelerador) para el progreso espiritual. En Evolución en dos mundos, capítulo 19: Alma y Reencarnación – Después de la muerte, él dice: “Al morir físicamente, el hombre que tenga culpas acumuladas sufrirá mucho para libertarse de ellas, siendo que tan pronto se conciencie y se arrepienta, abreviará el sufrimiento, iniciando clases de elevación y reeducación. Quedarse preso al lecho como enfermo, por largo período antecedente a la muerte es bendición, aunque no apreciada, desde que tal tormento sea vivido resignadamente. Ése es bendito tiempo de autoanálisis, qué del contrario, carreará remordimientos después del desencarne. Todos los que actúan con maldad, los viciosos en general, calumniadores y demás criminosos, sin tiempos de auto-examinar y arrepenterse, después de la muerte física purgarán anchos y difíciles tiempos en las zonas espirituales tristes y altamente incómodas. Experimentarán los mismos males que causaron a otras personas.”

Creamos y sigamos enfrente.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – junio 2018

Cuidemos do desencarne

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RIE_06_18

RIE junho 2018

A oportunidade nos foi dada, uma vez mais, e a jogamos no lixo

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

“A morte é um nascimento / da matéria pra energia. / O inverso daquele evento / que nos trouxe aqui um dia.” (Octávio Caúmo Serrano – “Salvemos o que é eterno”)

Começamos pedindo licença à filósofa russo-americana, Ayn Rand, judia, fugitiva da Revolução Russa de 1917, que chegou aos Estados Unidos na metade da década de 1920 para divulgar sua visão sobre o movimento revolucionário com conhecimento de causa: “Quando você perceber que, para produzir, precisa obter a autorização de quem não produz nada; quando comprovar que o dinheiro flui para quem negocia, não com bens, mas com favores; quando perceber que muitos ficam ricos pelo suborno e por influência, mais do que pelo trabalho, e que as leis não nos protegem deles, mas, ao contrário, são eles que estão protegidos de você; quando perceber que a corrupção é recompensada e a honestidade se converte em autossacrifício, então poderá afirmar, sem temor de errar, que sua sociedade está condenada.” E nós reforçaríamos: apodrecida.

Esta verdade, prestes a completar cem anos, é retrato da sociedade do nosso planeta, de leste a oeste e de norte a sul, sem excetuar um só país, uma única civilização, de qualquer tempo conhecido. O que podemos esperar, então, de um futuro a curto prazo? Resposta: com base na fé raciocinada, o caos social, porque não há a menor possibilidade de que esta coletividade planetária saia da desonestidade contumaz para a reforma moral num piscar de olhos. Como disse Ayn, somos uma sociedade condenada que nenhum exemplo histórico bom vai deixar, no campo da moral, para as povoações futuras. Avançamos cada vez mais em tecnologias que usamos para ofender, fraudar, corromper, punir e, esporadicamente apenas, para ensinar, salvar, ajudar e produzir. O tráfico de drogas expande; o prisioneiro comanda da cela a criminalidade das ruas; o trânsito mata cada vez mais e andar na rua ou ficar em casa são hoje dois fatores de risco na preservação da vida; hackers invadem nossa privacidade. É o mínimo! Poderíamos citar uma infinidade de problemas.

Dirão que este relato é pessimista, mas afirmamos que é só uma análise fria do quadro em que vivemos. A cada dia um novo senhor, outrora respeitável, é incluído na lista dos delinquentes, párias da sociedade, que emporcalham a raça humana, tida como o suprassumo da criação divina. Uma viagem sem volta que não pode ser completada em uma encarnação. A oportunidade nos foi dada, uma vez mais, e a jogamos no lixo.

Qual deverá ser, então, o comportamento dos que já defendem a decência, que lutam para melhorar, apesar de suas falhas? Perseverar. Para os espíritas, principalmente, as razões são claras. A reencarnação se destina ao crescimento espiritual, quando temos novas oportunidades para aprender e reparar equívocos do passado pela renovação da experiência que não foi devidamente assimilada. A Terra é uma escola, não um parque de diversões, embora tenha momentos de recreio, porque para os justos e bons a felicidade já faz parte deste mundo. Mas o fundamental é crescer moralmente para fazer jus à encarnação neste planeta quando ele for promovido a mundo de regeneração. Será um prêmio morar aqui, onde presenciaremos uma sociedade honesta, fraterna, competente e avançada. Vamos promover-nos junto com o nosso mundo. Se assim não fizermos, seremos banidos daqui numa reprise do episódio com a estrela Capela. “Quem perseverar até o fim será salvo”; palavras de Jesus. Nossa maior tarefa, portanto, é o aprimoramento próprio. Estamos no mundo para salvar-nos. E isto significa trocar cada defeito por uma nova virtude, antagônica. Vencer o orgulho pela prática da humildade; vencer o egoísmo pela prática do desprendimento; vencer o ódio pela prática do perdão. E assim sucessivamente com cada defeito que nos atrasa. Impaciência, inconformação, descrença etc., sabendo que nenhuma ovelha do rebanho se perderá.

Esperar a ajuda do pastor, contudo, não é o suficiente. Devemos nós mesmos procurar o caminho certo de retorno para o Pai. “Faz que o céu te ajuda” é outra marca registrada do Evangelho do nosso amorável Jesus Cristo.

Como crer em Deus se não cremos nem em nós? Ninguém imagina que tudo aconteça à revelia do Criador. Mas a verdade é que o livre-arbítrio é soberano no homem. Nem o anjo da guarda nos ajuda nem o obsessor nos derruba a não ser que contribuamos com nosso desejo. Nossa vontade e intenção traçam o roteiro do que desejamos para nós. É quando se aproximam mentor ou obsessor para ajudar-nos na execução dos nossos planos. Como na cantoria nordestina: nós damos o mote e eles criam as rimas.

Que ninguém desanime diante de nossas palavras, porque este é um momento cíclico que se repete de tempos em tempos. Hora de saneamento, separação de trigo e joio, que acontece sempre no mundo para o avanço do conhecimento moral e tecnológico. Quem viver na Terra daqui a cinquenta anos poderá regozijar-se com o planeta renovado. Mas é preciso merecer tal oportunidade. Se a felicidade não é deste mundo, podemos comprar agora as passagens para a grande viagem em direção ao tempo ditoso que já está próximo. Por enquanto, perseverar no bem, ajudando o quanto puder, livrando-se dessa malha de corrupção evolvente, da qual pouca gente escapa. A desonestidade, que parece esperteza e inteligência, não passa de ouro de tolo. Tem aparência dourada, mas por dentro é metal enferrujado.

Cuidemos da nossa encarnação para ter um produtivo desencarne. Esta vida na matéria é um presente que o Céu nos oferece. Saibamos ser gratos e aproveitá-la. Em O Livro dos Espíritos, questão 86, está escrito que o mundo material nem precisaria existir; André Luiz, por Chico Xavier, nos informa, porém, que esta vida serve como catalisador (acelerador) para o progresso espiritual. Em Evolução em dois mundos, capítulo 19: Alma e Reencarnação – Depois da morte, ele diz: “Ao morrer fisicamente, o homem que tenha culpas acumuladas sofrerá muito para delas se libertar, sendo que tão logo se conscientize e se arrependa, abreviará o sofrimento, iniciando estágios de elevação e reeducação. Ficar preso ao leito como doente, por longo período antecedente à morte é bênção, embora não apreciada, desde que tal tormento seja vivenciado resignadamente. Esse é abençoado tempo de autoanálise, que do contrário, carreará remorsos pós-desencarne. Todos os que agem com maldade, os viciosos em geral, caluniadores e demais criminosos, sem tempos de autoexame e arrependimento, após a morte física purgarão largos e difíceis tempos nas zonas espirituais tristes e altamente desconfortáveis. Experimentarão agora os mesmos males que causaram a outrem.”

Acreditemos e sigamos em frente.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – junho 2018