La oportunidad nos fué dada, una vez más, y la echamos en la basura

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

“La muerte es un nacimiento / de la materia hacia la energía. / El inverso de aquel evento / que nos trajo aquí un día.” (Octávio Caúmo Serrano – “Salvemos lo que es eterno”)

Comenzamos pidiendo licencia a la filósofa ruso-americana, Ayn Rand, judía, evasora de la Revolución Rusa de 1917, que llegó a los Estados Unidos en mitad de la década 1920 para divulgar su visión sobre el movimiento revolucionario con conocimiento de causa: “Cuando usted perciba qué para producir necesita lograr la autorización de quien no produce nada; cuando compruebe que el dinero fluye para quien negocie, no con bártulos, pero con favores; cuando perciba que muchos se ponen ricos por el soborno y por influencia, más de que por el trabajo, y que las leyes no nos protegen de ellos, sino al contrario, son ellos que están protegidos de nosotros; cuando perciba qué la corrupción es recompensada y la honestidad se convierte en sacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor de errar, que su sociedad está condenada.” Y nosotros reforzaríamos: podrida.

Esta verdad, a punto de completar cien años, es retrato de la sociedad de nuestro planeta, de este a oeste y de norte a sur, sin exceptuar un solo país, una única civilización, de cualquier tiempo conocido. ¿Qué podemos esperar, entonces, de un porvenir a corto plazo? Respuesta: con base en la fe raciocinada, el caos social, porque no hay la mínima posibilidad de que esta colectividad planetaria salga de la deshonestidad contumaz hacia la reforma moral en un parpadear de ojos. Como dijo Ayn, somos una sociedad condenada que ningún ejemplo histórico bueno va a dejar, en el campo de la moral, para los poblados futuros. Avanzamos cada vez más en tecnologías que usamos para agraviar, falsificar, corromper, punir y, esporádicamente apenas, para enseñar, salvar, ayudar y producir. El tráfico de drogas expande; el prisionero comanda de la celda la criminalidad de las calles; el tránsito mata cada vez más y andar en la calle o quedar en la casa son hoy dos factores de riesgo en la preservación de la vida; hackers invaden nuestra privacidad. ¡Es lo mínimo! Podríamos citar una infinidad de problemas.

Dirán que este relato es pesimista. Sin embargo, afirmamos que es solo un análisis frío del cuadro en que vivimos. A cada día un nuevo señor, otrora respetable, es incluido en la lista de los delincuentes, parias de la sociedad, que empuercan la raza humana, tenida como el más sublime de la creación divina. Un viaje sin vuelta que no puede ser completada en una encarnación. La oportunidad nos fue dada, una vez más, y la echamos en la basura.

¿Cuál vendrá a ser, entonces, el comportamiento de los que ya defienden la decencia, que luchan para mejorar, a pesar de sus fallos? Perseverar. Para los espiritistas, principalmente, las razones son claras. La reencarnación se destina al crecimiento espiritual, cuando tenemos nuevas oportunidades para aprender y reparar equívocos del pasado por la renovación de la experiencia que no fue debidamente asimilada. La Tierra es una escuela, no un parque de diversiones, aunque tenga momentos de diversión, porque para los justos y buenos la dicha ya hace parte de este mundo. Sin embargo, lo fundamental es crecer moralmente para hacer valer la encarnación en este planeta cuando él sea promovido a mundo de regeneración. Será un premio vivir aquí, donde presenciaremos una sociedad honesta, fraterna, competente y avanzada. Vamos a promovernos junto con nuestro mundo. Si así no hacemos, seremos desterrados de aquí en una repetición del episodio con la estrella Capilla. “Quien perseverar hasta el fin será salvo”; palabras de Jesús. Nuestra mayor tarea, por tanto, es el esmero propio. Estamos en el mundo para salvarnos. Y esto significa cambiar cada defecto por una nueva virtud, antagónica. Vencer el orgullo por la práctica de la humildad; vencer el egoísmo por la práctica del desprendimiento; vencer el odio por la práctica del perdón. Y así sucesivamente, con cada defecto que nos atrasa. Impaciencia, no conformación, descreimiento etc., sabiendo que ninguna oveja del rebaño se perderá.

Esperar la ayuda del pastor, sin embargo, no es el suficiente. Debemos nosotros mismos buscar el camino cierto de retorno hacia el Padre. “Hace que el cielo te ayuda” es otra marca registrada del Evangelio de nuestro amoroso Jesucristo.

¿Cómo creer en Dios si no creemos ni en nosotros? Nadie imagina que todo ocurre sin la percepción del Creador. Pero la verdad es que el libre-albedrio es soberano en el hombre. Ni el ángel de la guarda nos ayuda ni el obsesor nos derriba a menos que los aportemos con nuestro deseo. Nuestra voluntad e intención abren el camino de lo que anhelamos a nosotros. Es cuando se aproximan mentor u obsesor para ayudarnos en la ejecución de nuestros planes. Como en la cantoría campesina: damos el mote y ellos crean las rimas.

Que nadie desaliente delante de nuestras palabras, porque éste es un momento cíclico que se repite de tiempos en tiempos. Hora de saneamiento, separación de trigo y cizaña, que acontece siempre en el mundo para el avance del conocimiento moral y tecnológico. Quien vivir en la Tierra de aquí a cincuenta años podrá regocijarse con el planeta renovado. Pero es necesario merecer tal oportunidad. Si la dicha no es de este mundo, podemos comprar ahora los billetes para el gran viaje en dirección al tiempo dichoso que ya está próximo. Por ahora, perseverar en el bien, ayudando lo cuanto pueda, librándose de esa malla de corrupción evolvente, de la cual poca gente escapa. La deshonestidad, que parece sabiduría e inteligencia, no pasa de oro de tonto. Tiene apariencia dorada, pero por adentro es metal herrumbrado.

Cuidemos de nuestra encarnación para tener un productivo desencarne. Esta vida en la materia es un regalo que el Cielo nos ofrece. Sepamos ser gratos y aprovecharla. En El Libro de los Espíritus, cuestión 86, está escrito que el mundo material ni necesitaría existir; André Luiz, por Chico Xavier, nos informa, sin embargo, que esta vida sirve como catalizador (acelerador) para el progreso espiritual. En Evolución en dos mundos, capítulo 19: Alma y Reencarnación – Después de la muerte, él dice: “Al morir físicamente, el hombre que tenga culpas acumuladas sufrirá mucho para libertarse de ellas, siendo que tan pronto se conciencie y se arrepienta, abreviará el sufrimiento, iniciando clases de elevación y reeducación. Quedarse preso al lecho como enfermo, por largo período antecedente a la muerte es bendición, aunque no apreciada, desde que tal tormento sea vivido resignadamente. Ése es bendito tiempo de autoanálisis, qué del contrario, carreará remordimientos después del desencarne. Todos los que actúan con maldad, los viciosos en general, calumniadores y demás criminosos, sin tiempos de auto-examinar y arrepenterse, después de la muerte física purgarán anchos y difíciles tiempos en las zonas espirituales tristes y altamente incómodas. Experimentarán los mismos males que causaron a otras personas.”

Creamos y sigamos enfrente.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – junio 2018

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