Dice el Espiritismo que luego la Tierra será un planeta de regeneración

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

Clasificación de Allan Kardec define las diferentes categorías de mundos por su finalidad y de acuerdo con el cursillo evolutivo de los Espíritus que lo pueblan. Determina, igualmente, la densidad material de cada mundo, que es lo que define el tipo de cuerpo necesario para vivir en él, cual sea más pesado o más leve.

Cuando se dice que la Tierra es un mundo de pruebas y expiaciones, se presupone que ella es habitada por Espíritus imperfectos que carecen de esmero cultural, moral y espiritual. Ese defecto ni siempre está relacionado con la maldad de los seres, pero, principalmente, con la ignorancia que aún presentan. Nuestros errores son cometidos mucho más por desconocimiento de que por maldad.

Los que hacen mal de propósito son minoría en nuestra sociedad. Lo más común es alguien bienintencionado imaginar que está cierto cuando, en la realidad, actúa equivocadamente. A veces, excesivamente moralista, perjudica las personas más simples, de buena intención, y que aún no tienen condiciones de ser como él le gustaría. Exige del otro lo que ni aun él puede comprender. Para defender la disciplina, deja hasta de practicar la caridad.

Con el cambio de la Tierra de mundo de expiaciones para mundo de regeneración, un poco menos imperfecto del que está el planeta actualmente, quien anhelar vivir en la Nueva Tierra tendrá de ser bien mejor de lo que es ahora. ¿Pero lo qué significa ser mejor, según esta definición?

A nosotros nos parece que bastan algunas virtudes fáciles de ser conseguidas. Por ejemplo: honrar la palabra data como respeto al semejante, puntualidad, asiduidad, perdonar los agravios, vencer el orgullo y el egoísmo, tener paciencia. No se concibe que un espiritista, que se dice candidato a vivir en el mundo nuevo, sea liviano en sus actitudes. Asume un trabajo y no comparece para ejecutarlo; se matricula en un grupo de estudios, pero falta más de que comparece; llega habitualmente atrasado a los compromisos, incluyendo la reunión espiritista que tiene hora establecida para inicio; entre otras cosas más graves.

No se puede, igualmente, tener actitudes de extremo desequilibrio, melindre, ira incontrolada, vanidad pueril y egoísmo contumaz en aquél que se dice candidato a vivir en el mundo nuevo, en la Nueva Tierra. Así como el apego a las posiciones y honrarías del mundo que se quedan por aquí cuando marchamos porque no tienen valor.

La propalada reforma íntima y el desprendimiento de los valores terrenos, tan pregonados por el Espiritismo, tienen por finalidad aconsejarnos a ser mejores mientras caminamos. Quien no si libertar de los defectos mundanales ahora, no tendrá acceso al mundo más purificado, porque él será habitado por personas más simple, más humanas, más fraternas, cuando la solidaridad, que es excepción en el mundo actual, será la regla de la nueva sociedad terráquea.

¿Quién pueda probar qué eso es verdad y va a ocurrir realmente?

Jesucristo dijo que su reino no era de este mundo, que nosotros somos dioses y cuando quisiésemos seríamos tan buenos y perfectos cuanto Él. Completando, Kardec hace la escala de los mundos y explica que ellos se apuran como las personas y la naturaleza determina el nuevo ambiente de vida. Si nos fue advertido que deberíamos guardar tesoros en el cielo, los que son guardados en la Tierra perderán su efecto y serán imprestables para uso en el ambiente renovado del mundo de regeneración.

Para los que creen en la existencia única y que tienen en la muerte el final de la vida, aun cuando acepten la supervivencia del alma, este comentario es pueril. Para nosotros que creemos en la orientación de los Espíritus y prestamos testimonio diariamente, incluso por vasta literatura, que todo sigue un proceso de perfeccionamiento, ser negligente delante de esa posibilidad de crecer ahora puede nos costar dolores inimaginables. A quien más sea dado, más será pedido. Si tenemos el conocimiento y él representa la verdad que liberta, desairar esa advertencia será puro infantilismo; una nueva oportunidad podrá ser demorada y dolorosa.

Es bastante conocido en los medios espiritistas el episodio envolviendo el planeta Capilla, de la Constelación del Cochero. Muchos fueron extraditados hacia la Tierra para ayudar a los habitantes de nuestro planeta con sus conocimientos técnicos y científicos, al mismo tiempo en el que aprendían con los trabajos de caridad a amansar sus corazones y domar su orgullo. El intercambio es perfecto y las oportunidades son datas a los que las conquistan por esfuerzo y determinación.

No hay beatitudes para quien no merece, porque a cada uno será dado según sus obras. Si quiere morar en la Nueva Tierra, construya desde ya su hogar en el nuevo mundo. Aunque que sea, provisionalmente, un hogar fluido de característica espiritual. Más tarde, en el tiempo cierto, será materializado y le dará gran placer. ¡Es cuestión de justicia!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – julio 2018