Será que ainda dá tempo?

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Octávio Caumo Serrano caumo@caumo.com

Há muito que se diz que os tempos são chegados

Será que ainda dá tempo de que? De ser feliz e ver a sociedade em harmonia? Não. Por enquanto não dá, com esta humanidade apodrecida que nos levou a um caos irreversível. Mas não se imagine que tudo está perdido; espíritos mais adiantados estão nascendo. Ainda não são muitos, mas dentro de poucas décadas eles se destacarão em todos os setores. Na altura dos meus iminentes oitenta e quatro, não estarei vivo para comprovar. Mas esta convicção em mim é latente. Acredito nas informações dos Veneráveis e é por isso que professo a Doutrina dos Espíritos.

A organização divina não funciona com a pressa e no tempo dos homens.  A obra de Deus pode ser retardada, mas não anulada pelos maus ou inúteis, que serão transferidos para locais que sintonizem com o seu retardamento moral. Lá usarão seus conhecimentos para ajudar os mais atrasados. E assim, praticando a caridade, salvando vidas, se desenvolverão moralmente. Enquanto isso, outros formados na arte de servir vêm habitar a nova Terra para brindar-nos com tecnologias e conhecimentos que nos facilitem a vida, impedindo que precisemos matar, mentir ou roubar para ter o mínimo necessário. As doenças serão sensivelmente reduzidas porque não haverá o estresse da ganância, a aflição pela sobrevivência e o desrespeito ao meio ambiente. Os alimentos serão mais naturais e saudáveis.

Esta é a razão porque são cada vez mais comuns as mortes coletivas por acidentes ou fenômenos climáticos devastadores e mesmo os desencarnes individuais crescem cada vez mais. A criminalidade se encarrega de colaborar com as estatísticas, ajudando a banir a desonestidade impregnada no DNA da sociedade, internacionalmente, num grande percentual em todas as raças, camadas sociais e seitas religiosas. Mas, como espírita que crê na continuidade da vida e na volta a um novo corpo (reencarnação) para prosseguir no aprendizado rumo à perfeição, nada disso me assusta. Minha grande preocupação é ser hoje melhor do que ontem e amanhã melhor do que hoje, para aproveitar a vida, este presente de Deus. Prossigo sereno, porque medo é fé não combinam. Já aprendi que o homem é o único que pode fazer mal a si mesmo. Minha fé nasce do raciocínio.

Felizmente temos o Espiritismo para nos orientar e dar esperanças neste momento delicado da humanidade. Fôssemos viver uma única vida na Terra, como ensinam as doutrinas ocidentais, nada valeria à pena. Por que ser decente se o desonesto iria para o mesmo lugar e seus erros ficariam impunes. Parece que pensar assim é menosprezar a inteligência de Deus.

Creio que estou certo me mantendo correto diante da vida e das pessoas, não usando de desonestidade no convívio com o semelhante. Mas ainda que eu estivesse equivocado e tudo se acabasse por aqui mesmo, ainda assim valeria a decência porque é mais um recurso para ter consciência tranquila e dormir em paz. Cada um faça como melhor lhe parece e de acordo com o que lhe diz o próprio bom senso. Para os que o tem.

A lei de ação e reação é perfeita. Já aprendemos que cada um será recompensado de acordo com as suas obras.

Jornal O Clarim – agosto de 2018

 

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Espiritismo o curandería

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Jesucristo fue el médico de las almas, no de los cuerpos

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

La Doctrina Espiritista aboga a sí misma el derecho de ser el Consolador prometido por Jesús, porque sintoniza con lo que fue relatado en el Evangelio de San Juan, cuando nuestro Cristo habría dicho que rogaría al Padre para que nos enviase otro consolador. Atentemos para la íntegra del enunciado: “3 – Si me amáis, guardáis mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y Él os dará otro consolador, para que se quede eternamente con ustedes, el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve, ni lo conoce. Pero vosotras lo conoceréis, porque él se quedará con ustedes y estará en vosotros. – Pero el Consolador, que es el Espírito Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todas las cosas, y os hará recordar de todo qué os he dicho. (San Juan, XIV: 15 a 17 26)”

¿Qué fue qué nos enseñó Jesucristo cuándo estuvo entre nosotros, básicamente? Que es importante que amemos el prójimo, sea amigo o desafecto, pariente o extraño, de cualquier raza, edad, religión o ideología política. Simplemente el próximo. Porque amar es atributo de los buenos y quien ama es feliz. Más de que quien es amado. Que debemos hacer a los otros solamente lo que nos gustaría recibir si estuviésemos en situación idéntica. nos enseñó esto en la parábola del Buen Samaritano, con toda clareza.

Que debemos esforzarnos y dar el mejor de nosotros, como relató en la parábola de los trabajadores de la última hora al demostrar que el esfuerzo fue recompensado como el trabajo y los que estaban presentes hasta la última hora recibieron lo mismo que los que llegaron a la primera, aunque estuviesen menos tiempo a la disposición del empleador. Valió la voluntad y la calidad del trabajo.

Que debemos perdonar sin restricciones, cuando enseñó a Pedro que no son siete, sino setenta veces siete veces cada agravio recibido. O sea, siempre.

Muchos, sin embargo, preguntarán: ¿Pero Jesús no curó cuerpos? Resucitó Lázaro, curó el ciego y el paralítico, ¿la mujer con hemorragia, el hijo del centurión, el leproso? Sí, pero para provocar la creencia de los que dudaban. Mandó lanzar la red donde había piscis, multiplicó los panes para alimentar la multitud, caminó sobre el Mar de la Galilea, transformó agua en vino. Pero hizo eso esporádicamente durante su apostolado. Cualquier médium de la Tierra, los varios que recibieron Dr. Fritz o nuestro buen Juan de Abadiánia, para nombrar solo dos, hacen cientos de veces a cada mes más curas que Jesús en toda su peregrinación por el planeta.

Sin embargo, hombre alguno jamás dijo las maravillas que Jesucristo nos dejó como enseñanzas siempre actuales y a las cuales no caben retoques. “Conoceréis la verdad y ella os hará libres.”

Por lo tanto, cierto está el Espiritismo cuando dice que el verdadero espiritista puede ser reconocido por su “transformación moral y por el esfuerzo que hace para domeñar sus malas inclinaciones” (El Evangelio Según el Espiritismo, Cap. XVII, artículo 4 – Los buenos espiritistas). No es por las curas que hace, pases que aplica o reuniones asistidas. El servicio al cuerpo por la fluidoterapia sin el acompañamiento de las lecciones del Evangelio, utilizado actualmente hasta por el SUS, tiene solución parcial del problema. Sin la reforma del hombre la cura nunca es completa.

Qué el centro espiritista, espiritista de verdad, debe hacer por su frecuentador es enfatizar la vivencia del Evangelio, la verdadera cura que el Espiritismo ofrece a sus adeptos. Lo que vemos es una inversión. Centro que hace curas del físico vive lleno y en las reuniones de estudio recibe siempre poca gente. Las personas frecuentan sus templos de las más distintas doctrinas para orar y loar el Señor, pero cuando están enfermas del cuerpo corren hacia el Espiritismo. Esa historia de amor al prójimo no es llevada muy en serio. Aún somos más por el amor propio. Por eso, la humanidad está se destruyendo en el colectivo. Cuerpos saludables, siempre bien cuidados, aderezados, y almas desaliñadas que no se encajan en la belleza de las vestiduras. Jóvenes que gastan horas para arreglar los pelos y cutis en los institutos de belleza, llenándose de anillos por el cuerpo todo, hacen dibujos en la piel como cuero de cobra, aguantando el dolor de las agujas, pero que no aguantan una clase de una hora sobre el Evangelio de Jesús. Los valores están alterados.

Como el cuerpo físico es el templo del Espíritu, un alma saludable siempre reflejará su belleza en el cuerpo material. El cuerpo enfermo es señal de alma adolecida.

Me recuerdo que hace muchos años la reviste de las Casas André Luiz publicó el soneto Cuerpo y Alma, del poeta Olavo Bilac, que reproducimos abajo:

Si tienes un alma y esa alma criatura,
Que te fue data como un grande bien,
Quiere un día ascender, ganar altura,
Ser un astro en el más allá…

Tienes un cuerpo y un cuerpo que busca
Arrastrar en el fango que del instinto viene;
Cuando sin dolor tragarlo la noche oscura
Será fango también.

En esa finalidad, atiende, ¡Oh loco!
Cuerpo y alma son tuyos: la babosa y el astro;
Un quiere ascender y el otro andar de rastro.

Lo que sorprende, y es en que me espanto,
Que del cuerpo que es nada, cuidas tanto
Y del alma que es todo cuidas poco.

Vamos a rever nuestras intenciones en relación al Espiritismo, esta doctrina consoladora, pero también redentora, en cuanto a lo que ella puede efectivamente ofrecernos. Si buscamos la cura definitiva, que es la del alma, o simplemente la provisoria, que es la del cuerpo.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – agosto 2018

Espiritismo ou “curandeirismo”

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RIE_08_18Jesus Cristo foi o médico das almas, não dos corpos

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

A Doutrina Espírita advoga para si o direito de ser o Consolador prometido por Jesus, porque sintoniza com o que foi relatado no Evangelho de João, quando nosso Cristo teria dito que rogaria ao Pai para que nos enviasse outro consolador. Atentemos para a íntegra do enunciado: “3 – Se me amais, guardai os meus mandamentos. E eu rogarei ao Pai, e Ele vos dará outro consolador, para que fique eternamente convosco, o Espírito da Verdade, a quem o mundo não pode receber, porque não o vê, nem o conhece. Mas vós o conhecereis, porque ele ficará convosco e estará em vós. – Mas o Consolador, que é o Espírito Santo, a quem o Pai enviará em meu nome, vos ensinará todas as coisas, e vos fará lembrar de tudo o que vos tenho dito. (João, XIV: 15 a 17 e 26)”

Que foi que nos ensinou Jesus quando esteve entre nós, basicamente? Que é importante que amemos o próximo, seja amigo ou desafeto, parente ou estranho, de qualquer raça, idade, religião ou ideologia política. Apenas o próximo. Porque amar é atributo dos bons e quem ama é feliz. Mais do que quem é amado. Que devemos fazer aos outros apenas o que gostaríamos de receber caso estivéssemos em situação idêntica. Ensinou-nos isto na parábola do Bom Samaritano, com toda clareza.

Que devemos nos esforçar e dar o melhor de nós, como relatou na parábola dos trabalhadores da última hora ao demonstrar que o esforço foi recompensado como o trabalho e os que estavam presentes até a última hora receberam o mesmo que os que chegaram na primeira, mesmo tendo ficado menos tempo à disposição do empregador. Valeu a vontade e a qualidade do trabalho.

Que devemos perdoar sem restrições, quando ensinou a Pedro que não são sete, mas setenta vezes sete vezes cada ofensa recebida. Ou seja, sempre.

Muitos, no entanto, perguntarão: mas Jesus não curou corpos? Ressuscitou Lázaro, curou o cego e o paralítico, a mulher com hemorragia, o filho do centurião, o leproso? Sim, mas para provocar a crença dos que duvidavam. Mandou lançar a rede onde havia peixes, multiplicou os pães para alimentar a multidão, caminhou sobre o Mar da Galileia, transformou água em vinho. Mas fez isso esporadicamente durante o seu apostolado. Qualquer médium da Terra, os vários que receberam Dr. Fritz ou o nosso bom João de Abadiânia, para citar apenas dois, fazem centenas de vezes todo mês mais curas que Jesus em toda a sua passagem pelo planeta.

Contudo, homem algum jamais ensinou as maravilhas que Jesus Cristo nos deixou como lições atualíssimas e irretocáveis. “Conhecereis a verdade e ela vos fará livres.”

Portanto, certo está o Espiritismo quando diz que o verdadeiro espírita pode ser reconhecido pela sua “transformação moral e pelo esforço que faz para dominar suas más inclinações” (O Evangelho Segundo o Espiritismo, Cap. XVII, item 4 – Os bons espíritas). Não é pelas curas que faz, passes que aplica ou reuniões assistidas. O atendimento ao corpo pela fluidoterapia sem o acompanhamento das lições do Evangelho, utilizado atualmente até pelo SUS, tem solução parcial do problema. Sem a reforma do homem a cura nunca é completa.

O que o centro espírita, espírita de verdade, deve fazer pelo seu frequentador é enfatizar a vivência do Evangelho, a verdadeira cura que o Espiritismo oferece aos seus adeptos. O que vemos é uma inversão. Centro que faz curas do físico vive cheio e nas reuniões de estudo recebe sempre pouca gente. As pessoas frequentam seus templos das mais diversas doutrinas para orar e louvar o Senhor, mas quando adoecem do corpo correm para o Espiritismo. Essa história de amor ao próximo não é levada muito a sério. Por enquanto somos mais pelo amor próprio. Por isso, a humanidade está se destruindo no coletivo. Corpos saudáveis, sempre muito bem cuidados, enfeitados, e almas desalinhadas que não se encaixam na beleza das vestes. Jovens que gastam horas para arrumar cabelos e cútis nos institutos de beleza, enchendo-se de argolas pelo corpo todo, fazem desenhos na pele como couro de cobra, suportando a dor das agulhadas, mas que não aguentam uma aula de uma hora sobre o Evangelho de Jesus. Os valores estão invertidos.

Como o corpo físico é o templo do Espírito, uma alma saudável sempre refletirá sua beleza no corpo material. O corpo enfermo é sinal de alma adoecida.

Lembro-me que há muitos anos a revista das Casas André Luiz publicou o soneto Corpo e Alma, de Olavo Bilac, que reproduzimos abaixo:

Se tens uma alma e essa alma criatura,
Que te foi dada como um grande bem,
Quer um dia ascender, ganhar altura,
Ser um astro no além…

Tu tens um corpo e um corpo que procura
Rastear na lama que do instinto advém;
Quando sem dó tragá-lo a cova escura
Será lama também.

Nessa finalidade, atende, ó louco!
Corpo e alma são teus: a lesma e o astro;
Um quer subir e o outro andar de rastro.

Mas o que me surpreende, e é em que me espanto,
Que do corpo que é nada, cuidas tanto
E da alma que é tudo cuidas pouco.

Vamos rever nossas intenções em relação ao Espiritismo, esta doutrina consoladora, mas também redentora, quanto ao que ela pode efetivamente nos oferecer. Se buscamos a cura definitiva, que é a da alma, ou apenas a provisória, que é do corpo.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – agosto 2018