El Evangelio de Jesús no es una vana filosofía

Octávio Caúmo Serrano       caumo@caumo.com

La Buena Noticia dejada por Nuestro Señor es un código de ética y de moral, indispensable a nuestro crecimiento espiritual. Por lo tanto, no basta decorar las enseñanzas de Jesucristo; es fundamental aplicarlas en nuestro cotidiano.

La expresión “no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha” (Mateo 6:3) es una figura de lenguaje usado por Jesús para enseñarnos la importancia de la modestia, que combate a la vanidad. Está en el Capítulo XIII del Evangelio Según el Espiritismo.

Luego de inicio, recomienda que hagamos el bien sin ostentación y sin esperar el reconocimiento de los mortales, porque debemos cambiar el elogio provisorio y dudoso de los hombres por la gloria eterna de Dios. Todo el bien que hacemos se queda impregnado en nuestra alma de manera inalienable. Si recibimos ya en la Tierra la recompensa, cuando no necesitamos este agradecimiento, nada más tendremos a recibir en el mundo espiritual, cuando podremos necesitar, de verdad, de alguna compensación por nuestros ademanes; sea por nuestra necesidad, sea como un atenuante que compense algún fallo que cometemos.

Todo aquél que enaltece a sí mismo ya recibió el pago por su gesto. Sin embargo, debemos hacer el favor, sea de que naturaleza sea, de tal forma que preservemos el beneficiado, no lo menoscabando o apocando, en respeto al momento difícil que el otro puede estar viviendo. Recomiendan los Espíritus que debemos practicar la caridad de modo a parecer al otro que nosotros es que la estamos recibiendo. Un día entenderemos qué eso no es solo apariencia, sino realidad, porque el mayor beneficiado por un favor prestado es el propio agente. Solo cuando damos es que recibimos de verdad. Si necesitamos ser incensados, demostramos complejo de superioridad y descreimiento en la vida futura, pues esos tesoros que producimos en la Tierra se transformarán en tesoros del cielo si no son cancelados aquí mismo.

Cierta vez un espiritista del Sur, que predicaba en el Nordeste, con tema específico en diferentes centros, fue presentarse en nuestra casa a pedido de una compañera que cedió a él su día de hablar. Abrimos excepción y tuvimos el cuidado de decirle que él no recibiría aplausos, por más que su discurso pudiera agradar. Quiso saber por qué y nosotros le informamos que no era hábito en nuestra casa aplaudir a los oradores. Sin embargo, él insistió: — ¿Por qué? Dijimos que el orador espiritista no es un artista, aunque muchos se presenten como tal, y que nada trae de nuevo que no haya sido enseñado por otros antes de él, especialmente Jesucristo. Él sí merece nuestros aplausos y agradecimientos. Guarde para recibir los aplausos en el Cielo. El hizo una buena exposición, pero no fue aplaudido. Agradecemos y dijimos que el trabajo había sido bueno. No se quedó muy satisfecho, pero seguimos nuestros principios cuanto al asunto.

Lo que debemos resaltar es que Dios ve más la intención que el hecho. Por ejemplo, si contamos a alguien sobre el bien que hacemos para motivarlo a hacer lo mismo, y no por exhibicionismo, será siempre lícito. Cuántas personas desean ayudar y no saben cómo. El óbolo de la viuda, mencionado por Jesús en ese mismo capítulo XIII, luego en seguida al ejemplo de aquella señora benefactora anónima en el capítulo “Infortunios Ocultos”, es un ejemplo de que muchas veces el poco vale más que lo mucho. Y hay quien no haga nada porque no puede hacer algo expresivo. Ya dice el pueblo que “el poco con Dios es mucho”.

Un ejemplo de óbolo de la viuda es el trabajo del voluntario espiritista que ofrece la exposición evangélica, el pase amoroso o el texto divulgado por los medios de comunicación. Por mayor y más brillante que sea su tarea y esfuerzo, será una gota para matar la sed de esta humanidad sufrida. Y cuanto mayor sea la modestia en la ejecución del trabajo, más aprovechable será para quien lo haga y para quien lo reciba.

Raciocinando de esa manera, no nos decepcionaremos con la ingratitud, porque el agradecimiento es también una forma de finiquitar el favor recibido. Si se queda pendiente, el problema se restringe al ingrato por no ser agradecido. Quien hizo el favor será siempre acreedor del bien ofrecido y recibirá en el momento de más necesidad.

Guarden como remembranza ésta nuestra trova para nunca olvidar de que nuestros hechos de bondad no dependen de religión o de cualquiera otra circunstancia: En el acto de caridad / que saca el hombre del suelo / Dios reconoce la bondad / sea un ateo, sea un cristiano.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Setiembre 2018

 

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