Justiça das aflições

1 Comentário

Anúncios

Novelas Espíritas

Deixe um comentário

http://click.meunegocio.solutions/redirect/redirect.aspx?A=R&l=9F47578B-C574-422A-AFBE-729E1F178596&u=F2727ABB-BDC3-4296-A388-80526145DE5A

Rogativas

Deixe um comentário

Octavio Caumo Serrano

Nunca me dês, Senhor, a dura prova
De uma cegueira ou da paraplegia;
Conserva-me a saúde até que a cova
Me guarde sob a lousa dura e fria.

Que eu possa ter uma experiência nova
Na minha caminhada, a cada dia,
Porque só assim o homem se renova
Quando conquista aos poucos a alegria!

Mas se for necessária a provação,
Não deixe que eu reclame nunca, oh Pai;
Dá-me também a resignação…

Que eu tire do sofrer a minha fé
E em horas tristes, quando o corpo cai,
Que esta minha alma permaneça em pé!

Jornal O Clarim outubro 2018

 

Espírito e matéria

Deixe um comentário

Octavio Caumo Serrano   dia a dia outubro

Das mais difíceis abordagens numa explanação do Evangelho é falar sobre a vida humana e a espiritual. Se não tivermos cuidado, parecerá que queremos nos santificar pelo desprezo às coisas da Terra, de uso provisório, já que ser rico, ter casa grande e carro moderno seriam pecados.

Se acreditamos em Jesus, temos de aproveitar seus alertas para que não sintamos traumas ao mudar de plano. Quando Ele disse que não deveríamos acumular tesouros na Terra, mas no Céu, porque estes o ladrão não rouba, a traça não consegue comer e a ferrugem não pode destruir, deixou claro que somente somos donos do que é nosso de maneira inalienável. Tudo que não nos pode ser tirado em vida nem após a morte.

Isto não significa que o mundo da matéria deva ser negligenciado porque dependemos dele para a nossa sobrevivência como espíritos imperfeitos em processo de aprendizado e será com ele que construiremos nossos carmas positivos ou negativos, dependendo da maneira como lidamos com ele. Se com equilíbrio, transformando-o em recurso para melhorar-nos como espíritos imortais ou com avareza, egoísmo, ganância, esquecendo-nos de preparar o futuro, sem levar em conta a afirmação que só é nosso o que podemos levar. O que for preciso deixar quando sairmos do mundo da matéria nunca nos pertenceu. Eram de uso temporário, embora fundamentais para o nosso aprimoramento como espíritos. Quem afirma que tem o direito de lesar até seu próprio corpo está dizendo uma tolice. O corpo é o templo para que nós, espíritos, possamos domar-nos e educar-nos no rumo do crescimento diante da eternidade.

Há uma sábia frase, hoje atribuída a diferentes autores, o que é irrelevante, que diz: “Não somos um ser humano numa experiência espiritual; somos um ser espiritual numa experiência humana.” Aí esta a chave do entendimento para “aproveitar a vida”, como dizem os defensores da existência única, apoiando-se inclusive em texto da Bíblia. A vida é uma só, dizem eles. Mas o Espiritismo diz o mesmo. A vida é uma só, a vida eterna do espírito, vivida em muitas etapas (reencarnações) em diferentes mundos e situações.

À medida que vamos progredindo como espíritos, vamos alterando nossas necessidades e viveremos em mundos melhores, apesar de encarnados com razoável densidade, pois vamos nos sutilizando e fazendo com que a carcaça física nos pese cada vez menos. Um dia, nas esferas sublimadas, seremos apenas energia, sem a necessidade da matéria densa, uma convincente educadora. Neste período longo da evolução, o homem vai perdendo seu peso físico e se tornando mais espiritual. O mesmo se dá com os mundos e teremos que viver nos que são mais afins com nosso desenvolvimento.

Para citar exemplos e comparações, o material que compõe a Terra tem uma densidade de 5,51 g/cm3. Vênus 5,24, Marte 3,93 e Júpiter apenas 1,33 g/cm3. Significa que para viver encarnado em Júpiter temos de pesar quatro vezes menos. Um terráqueo de 60 quilos teria em Júpiter 15 quilos somente. Deslocar-se-ia com mais facilidade até um tempo em que volitará sem precisar se arrastar usando pés e pernas. Flutuar será um atributo natural. Não basta desencarnar para flutuar. André Luiz, no livro O Nosso Lar, nos fala do Aeróbus que transporta espíritos densos, ainda presos à matéria.

Por isso que mesmo aqui na Terra vemos diferença entre seus habitantes. Há os que morrem pela boca comendo mais do que precisam e outros já adeptos da alimentação vegetariana alimentando-se de maneira frugal, sobrevivendo da mesma maneira e tendo uma vida até mais saudável. É porque o nosso progresso espiritual se faz também quando estamos encarnados.

Não desdenhe o mundo material nos seus comentários espiritas porque não convencerá as pessoas e demonstrará pretensões inatingíveis para o nosso estado atual como habitantes de um mundo de provas e expiações. Explique somente os mecanismos da transformação de bens da Terra em bens do Céu. Boa sorte, senhores, explicadores.

Jornal O Clarim – Outubro 2018

Enemigos de la doctrina

Deixe um comentário

Los espiritistas tienen siempre la preocupación de defender el Espiritismo

Octavio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

En éste 3 de octubre, cuando conmemoramos el 214º aniversario del nacimiento del codificador Allan Kardec, nos viene a la mente el cuidado que él tuvo para que la doctrina fuese divulgada con criterio, buen sentido y verdad. Después de negarse en organizarla, debido a sus múltiples trabajos, aceptó codificar las revelaciones de los Espíritus lanzándolas en el primero ejemplar del Libro de los Espíritus, el 18 de abril de 1857, considerado hoy la cartilla de la doctrina, porque trajo las primeras noticias de un mundo hasta entonces desconocido.

Pasados 161 años y analizando el progreso del Espiritismo, constatamos que él creció y se esparció por el mundo. Eso se dio por la actuación de los Espíritus y, también, por la determinación de ciertos seguidores del Codificador, que por la literatura o palabra hablada se encargaron de llevar las noticias a los cuatro puntos del planeta. Ahora, con la modernidad que nos regaló el internet, TV y otros medios modernos de divulgación, las noticias se esparcen más deprisa.

Como esta doctrina no defiende a sí el derecho de creencia salvadora, ya que el propio Kardec creó un slogan definiendo que “fuera de la caridad no habría salvación”, todo lo que ella ofrece es gratis — aunque en los días actuales se hagan muchos eventos con tasas de participación no muy accesibles a las personas menos privilegiadas. Aun así, todo es espontáneo y va quien quiera y quien puede. Aquél que solamente se beneficia de la casa espiritista para oír el Evangelio, recibir un pase y luchar por su mejora física y espiritual, puede hacerlo gratuitamente.

Esta gratuidad enoja algunas doctrinas que se alimentan de pulposas recaudaciones entre los fieles, con la venta de privilegios sin los cuales nadie se salvará. Basta frecuentar estas iglesias, dar su contribución y la salvación está garantizada. Lamentablemente los más pobres, como no pueden pagar, están impedidos de entrar en el “reino del cielo”, aunque se porten como discípulos de Jesucristo.

¿Serán ésos, sin embargo, los grandes enemigos de la Doctrina? Pensamos que no, pues no pueden nos hacer ningún mal ni consiguen interferir en nuestro deseo de progreso. Intentan nos menoscabar y agredir, pero sus argumentaciones son inconsistentes. Los enemigos que más nos desestimulan a buscar nuevos caminos de dicha están adentro del movimiento y de las casas espiritistas. Cierta vez oí una frase, que no sé si alguien realmente la dijo, pero se ha sido dicha sería pertinente; afirma que “el Espiritismo iría a desarrollarse con los espiritistas, sin los espiritistas y a pesar de los espiritistas”. Es decir, no obstante los espiritistas, porque no han entendido a que se destina el Espiritismo, hagan casi todo equivocado, aun así el Espiritismo crecería.

¿por qué tal observación? Porque la mayoría de nosotros espiritistas predicamos una cosa y vivimos otra. La palabra amor es aventada en las exposiciones como la salvación del mundo. Realmente el amor cubre una multitud de pecados, según Pedro en su primera epístola, reforzando lecciones de Jesús cuando afirmó que sus discípulos serían reconocidos por lo mucho que se amasen. El amor cura alma y cura cuerpos. Lamentablemente, no es lo que se ve entre los convivientes espiritistas, ni aun adentro de su propio centro. Celos, maledicencias y críticas malignas. Desatenciones con los dolores y flagelaciones de los compañeros que muchas veces pasan por seria dificultad, sin el conocimiento o amparo de los “cofrades”.

La gravedad del problema se pone más evidente cuando somos un tribuno, que ocupa el espacio gentilmente cedido por la casa para discurrir sobre el Evangelio, dando énfasis al amor al prójimo, que, en la práctica, nunca ofrecemos. Somos arrogantes, acomplejados, metidos a maestros de Espiritismo; prescribimos a los otros las recetas que no aplicamos en nosotros mismos; ofrecemos palabras groseras con la mansedumbre de un sacerdote. Muchas veces combatimos el humo con el paquete de cigarrillos en el bolsillo o hablamos contra el alcohol solo faltando brindar a Jesús con un vaso de aguardiente. Recuerdo un pensamiento de la poetisa goiana Cora Coralina, que publicó su primer libro de poemas a los 70 años: “Feliz aquél que transfiere lo que sabe… Feliz aquél que transfiere lo que sabe y aprende lo que enseña.” O sea, que pasa de la teoría a la práctica, del discurso al ejemplo. ¡Cómo somos pocos en el Espiritismo! Porque somos pocos entre los hombres…

Quien aleja a sus amigos de la “salvación” son los propios espiritistas. Comentamos las bellezas de las exposiciones, pero, mismo después de diez, quince, veinte años de doctrina continuamos neuróticos, impacientes, ansiosos, llenos de dolor e ira, asumiendo compromisos que no honramos y con dificultad para perdonar las faltas ajenas. El otro raciocina qué si el centro no pudo cambiarnos después de tantos años de casa, no debe ser una buena religión y, fatalmente, no deberá solucionar sus problemas y angustias. No fuimos la inspiración para que uno más buscase nuestra religión.

Si pensamos que podemos engañar, desistan. Somos más transparentes de que imaginamos y observados con un rigor que ni sabemos. Cuando predicamos la doctrina no somos nosotros que hablamos; es el propio Espiritismo que por nosotros allí está representado. Seremos juzgados por lo que decimos y mostramos en nombre de la doctrina. Oremos y vigiemos para no destruir lo que Kardec y muchos otros misioneros construyeron a lo largo del tiempo.

Quien anhelar un nombre en quien pueda inspirarse, sin menosprecio de ninguno otro, lea la historia del Dr. Bezerra de Menezes y sabrán lo que es la fe de la convicción.

Al hablar que somos espiritistas, primero mostremos. El ejemplo es la única didáctica realmente convincente. Y aprovecho para decir a los lectores, antes que me juzguen pretencioso, que cuando escribo textos como éste no me dirijo a nadie. Me sirvo de ellos para la auto-reflexión.

Y que Dios nos ayude.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Octubre 2018

Inimigos da doutrina

Deixe um comentário

RIE 10_18

Os espíritas têm sempre a preocupação de defender o Espiritismo

Octavio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

Neste 3 de outubro, quando comemoramos o 214º aniversário do nascimento do codificador Allan Kardec, vem-nos à mente o zelo que ele teve para que a doutrina fosse divulgada com critério, bom senso e verdade. Depois de relutar em organizá-la, devido a seus múltiplos afazeres, aceitou codificar as revelações dos Espíritos lançando-as no primeiro exemplar de O Livro dos Espíritos, em 18 de abril de 1857, considerado hoje a cartilha da doutrina, porque trouxe as primeiras notícias de um mundo até então desconhecido.

Passados 161 anos e analisando o progresso do Espiritismo, constatamos que ele cresceu e se espalhou pelo mundo. Isso se deu pela atuação dos Espíritos e, também, pela determinação de certos seguidores do Codificador, que pela literatura ou palavra falada se encarregaram de levar as notícias aos quatro cantos do planeta. Agora, com a modernidade que nos presenteou com a internet, TV e outros meios modernos de comunicação e divulgação, as notícias se espalham mais depressa.

Como esta doutrina não defende para si o direito de crença salvadora, já que o próprio Kardec criou um slogan definindo que “fora da caridade não haveria salvação”, tudo o que ela oferece é de graça — embora nos dias atuais aconteçam constantes eventos com taxas de participação não muito acessíveis às camadas menos privilegiadas. Ainda assim, tudo é espontâneo e vai quem quer e quem pode. Aquele que apenas se beneficia da casa espírita para ouvir o Evangelho, receber um passe e lutar pela sua melhora física e espiritual, pode fazê-lo gratuitamente.

Esta gratuidade incomoda algumas doutrinas que se alimentam de polpudas arrecadações entre os fiéis, com a venda de privilégios sem os quais ninguém se salvará. Basta frequentar as referidas igrejas, dar a contribuição e a salvação está garantida. Lamentavelmente os mais pobres, como não podem pagar, estão impedidos de entrar no “reino do céu”, ainda que se comportem como discípulos de Jesus.

Serão esses, porém, os grandes inimigos da Doutrina? Pensamos que não, pois não podem nos fazer nenhum mal nem conseguem interferir no nosso desejo de aprimoramento. Tentam nos menosprezar e agredir, mas seus argumentos são inconsistentes. Os inimigos que mais nos desestimulam a buscar novos caminhos de felicidade estão dentro do movimento e das casas espíritas. Certa vez ouvi uma frase, que não sei se alguém realmente a disse, mas se foi dita seria pertinente; afirma que “o Espiritismo iria desenvolver-se com os espíritas, sem os espíritas e apesar dos espíritas”. Ou seja, não obstante os espíritas, por não terem entendido ainda a que se destina o Espiritismo, façam quase tudo errado, ainda assim o Espiritismo cresceria.

Por que tal observação? Ora, obviamente porque a maioria de nós espíritas pregamos uma coisa e vivemos outra. A palavra amor é ventilada nas palestras como a salvação do mundo. Realmente o amor cobre uma multidão de pecados, segundo Pedro em sua primeira epístola, reforçando lições de Jesus quando afirmou que seus discípulos seriam reconhecidos pelo muito que se amassem. O amor cura alma e cura corpos. Lamentavelmente, não é o que se vê entre os conviventes espíritas, nem mesmo dentro do seu próprio centro. Ciúmes, maledicências e críticas maldosas. Desatenções com as dores e flagelações dos companheiros que muitas vezes passam por séria dificuldade, sem o conhecimento ou amparo dos “confrades”.

A gravidade do problema fica mais evidente quando somos um tribuno, que ocupa o espaço gentilmente cedido pela casa para discorrer sobre o Evangelho, dando ênfase ao amor ao próximo, que, na prática, nunca oferecemos. Somos arrogantes, complexados, metidos a professores de Espiritismo; prescrevemos aos outros as receitas que não aplicamos em nós mesmos; oferecemos palavras grosseiras com a mansuetude de um sacerdote. Muitas vezes combatemos o fumo com uma carteira de cigarros na algibeira ou falamos contra o álcool só faltando brindar a Jesus com um copo de aguardente. Lembro de pensamento da poetisa goiana Cora Coralina, que publicou seu primeiro livro de poemas aos 70 anos: “Feliz aquele que transfere o que sabe… Feliz aquele que transfere o que sabe e aprende o que ensina.” Ou seja, que passa da teoria à prática, do discurso ao exemplo. Como somos poucos no Espiritismo! Porque somos poucos entre os homens…

Quem afasta seus conviventes da “salvação” são os próprios espíritas. Comentamos as belezas das palestras, mas, mesmo após dez, quinze, vinte anos de doutrina continuamos neuróticos, impacientes, ansiosos, cheios de mágoa e raiva, assumindo compromissos que não honramos e com dificuldade para perdoar as faltas alheias. O outro raciocina que se o centro não pode nos mudar após tantos anos de casa, não deve ser uma boa religião e, fatalmente, não deverá solucionar seus problemas e angústias. Não fomos inspiração para que mais um buscasse a nossa religião.

Se pensamos que podemos enganar, desistam. Somos mais transparentes do que imaginamos e observados com um rigor que nem sabemos. Quando pregamos a doutrina não somos nós que falamos; é o próprio Espiritismo que por nós ali está representado. Seremos julgados pelo que dizemos e mostramos em nome da doutrina. Oremos e vigiemos para não destruir o que Kardec e muitos outros missionários construíram ao longo do tempo.

Quem desejar um nome em quem possa inspirar-se, sem menosprezo de nenhum outro, leia a história do Dr. Bezerra de Menezes e saberão o que é a fé da convicção.

Ao falar que somos espíritas, primeiro mostremos. O exemplo é a única didática realmente convincente. E aproveito para dizer aos leitores, antes que me julguem pretensioso, que quando escrevo textos como este não me dirijo a ninguém. Sirvo-me deles para autorreflexão.

E que Deus nos ajude.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Outubro 2018