Octávio Caumo Serrano – caumo@caumo.com

Tenemos que usar mente y manos simultáneamente

Nosotros somos conscientes de que la Doctrina Espiritista es una ciencia filosófico-moral que necesita ser muy estudiada para ser comprendida. El propio Kardec enfatizó esa necesidad en el prefacio de El Libro de los Espíritus, al decir qué “años son necesarios para formarse un médico (…). ¿Cómo pretenderse en algunas horas adquirir la Ciencia del Infinito?”. Pero él dijo también, definiendo el slogan del Espiritismo, que “fuera de la caridad no hay salvación”.

Nadie puede lamentar la falta de condiciones para aprender. Encuentros, seminarios, congresos, cursos, en-línea o presenciales, revistas, periódicos, libros y exposiciones de nombrados espiritistas están accesibles a todas las personas, porque el Espiritismo es fácil de ser comprendido por los que tienen interés real en el conocimiento. Espiritista que no estudia es simpatizante de la doctrina, no es espiritista. Buscarla por curiosidad o para resolver problemas que no solucionó por su propia capacidad o con la ayuda de su religión tradicional. Oyó hablar de obsesión y se imagina entre las víctimas inocentes, asediadas por los Espíritus. Creen en milagros, olvidando a el básico del Evangelio que “a cada uno será dado según sus obras”. “Hace que el Cielo te ayuda.”

La ayuda sin esfuerzo no es parte de la Justicia de Dios. Ella recompensa los méritos, pero no ofrece inmerecidos privilegios. El arreglo es cosa de los hombres, no del Padre Celestial.

Muchos de nosotros, espiritistas, somos como “míseros”. Salidos de otras religiones creemos que la ida semanal al centro basta para cumplir nuestros deberes cristianos. Asistimos a la exposición, recibimos pase y agua fluidificada y solo volvemos la semana siguiente. Cuando no faltamos porque tenemos fiesta o llueve… o para ahorrar gasolina, pues la crisis está grande. Nada sabemos de la casa, pero el centro abre igualmente para atender una o cien personas.

Mientras el Evangelio no baja de las mentes hacia las manos, nada producimos. El trabajo es la mejor oración. Estudiamos demás mientras las manos herrumbran por la inactividad. Cantamos hosanas, pero ignoramos el problema del vecino o de quien nos ofreció la terapia espiritual en el centro, transfiriendo un poco de su energía para fortalecernos.

Pero como el estudio es también importante para dar las bases del entendimiento, usted que se dice espiritista conteste, sin consultar apuntamientos, estas preguntas elementales: 1. Nombre completo de bautismo de Allan Kardec. 2. Fecha de su nacimiento. 3. Día de su desencarne. 4. ¿Cuándo él lanzó y cuántas preguntas tenía la primera edición de El Libro de los Espíritus? 5. ¿Cuál el nombre de la esposa del Codificador? 6. ¿Cuántos son los libros de la codificación y en qué año fueron lanzados? 7. ¿Usted ya leyó las Obras Póstumas? 8. ¿Y la Reviste Espiritista Allan Kardec? 9. ¿Qué hecho importante ocurrió el 1r de abril de 1858, protagonizado por Allan Kardec? 10. ¿Sabe lo que es el Auto de Fe de Barcelona?

Las respuestas tienen a ver con su interés en conocer un mínimo de la religión que profesa. Es como el católico que necesita conocer la Biblia. El básico del conocimiento.

Después preguntaríamos si además de las reuniones públicas usted participa de algún grupo de estudio de la Doctrina y ya se ofreció para hacer algún trabajo en su institución. ¿Conoce algo de la estructura y qué medios tiene de mantenimiento y supervivencia? ¿O está entre los que entran y salen y ni perciben se hay bombilla quemada, ventilador roto o reloj parado porque la pila agotó? Usan papel higiénico, vasos desechables y reciben el refrigerio de los ventiladores, pero no saben quién paga las cuentas.

No espere ser cobrado ni que insistan para que usted participe de las actividades, sea cual sea su habilidad. Y cuando sea invitado para realizar algún trabajo no se diga sin condiciones. Reencarnamos para aprender y no estamos en el mundo de paseo. La próxima encarnación podrá ser una difícil conquista. Especialmente para quien espere nacer en cuna privilegiada, porque las personas más ricas no quieren saber de hijos. Quieren casas, coches y vida de lujo. Y con los altos costes de los estudios está difícil instruir varios hijos. Va a tener que conformarse en venir como pobre y ser obrero. Puede tener algo mejor si hace por merecerlo; sin desmerecer los obreros, importantes en una sociedad como cualquier doctor, sin embargo, es siempre más sufrido.

Incluya en sus oraciones y Evangelio en el Hogar las vibraciones de amor por la casa que lo acoge, agradecido por lo que recibe y anhelando que sus responsables tengan fuerza y recursos para mantenerla siempre equilibrada. Solo así usted será asistido y tendrá oportunidad de crecer, por el conocimiento y servicio. Las personas desconocen el esfuerzo de los dirigentes para mantener el centro organizado, disciplinado y en condiciones de divulgar el verdadero Evangelio del Señor Jesús. A veces falta incluso el básico para el mantenimiento de la casa. Los ingenieros de obras listas creen que todo se cae del cielo y buscan beneficiarse de ella sin percibir el sacrificio de los administradores y colaboradores. Son exigentes, indisciplinados y se hallan con el derecho de todo recibir sin nada ofrecer. Ni respeto.

¡Lástima qué tantos de nosotros seamos de ese tipo! Aprovechemos la Navidad para analizar cómo fue nuestro año de 2018, contra lo cual tanto reclamamos, y meditar sobre lo que seremos tras el desencarne: ¿Ángeles de guarda o agentes de obsesión de los hombres del mundo?

¡Buen Navidad y feliz 2019!

Revista Internacional de Espiritismo – Deciembre 2018

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