La vida en este mundo es como un espectáculo de teatro: en cada parte cambiamos de ropa y escenario, pero somos el mismo artista

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

Buenos días, mi Padre.

Es Octávio. ¿Recuerdate de mí? Creo que sí, al final soy un de sus hijos, morador de esta favela espiritual llamada a Tierra, donde la miseria, la desigualdad y la deshonestidad están cada vez más grandes. Quiero confesarle que me he empeñado en ser bueno para presentarme como morador de algún condominio mejor, o mismo de esta periferia, cuando hermanos más moralizados decidan fijar residencia por aquí. Vendrán con otras ideas porque son almas mejores y nos ayudarán a construir un nuevo modo de vivir. Más próximo del que se espera de los humanos. Pienso que este tiempo está llegando. Por lo menos espero…

Sé que soy un poco culpable por ese desajuste general, porque a veces también fracaso en el propósito de amar el prójimo. Confieso que me esfuerzo. Pero no es fácil, mi Padre. Mucha gente mala atormentando los que quieren ser correctos. Y los que dirigen, los que tienen el poder, son los peores. Las personas de bien, honestas, trabajadoras, están siendo agredidas y ellos nada hacen. No sé por qué el Señor les deja en esas funciones si ellos no las ejecutan bien. ¿Es para testar nuestra fe? ¿Nuestra paciencia? ¿Nuestro coraje? Si es por eso, está bien. ¡Pero qué no es fácil resistir, no es! Tenemos que matar un león al día. En el sentido figurado, desde luego, ¡porque matar, jamás! ¡Matar, ni la esperanza de las personas!

La vida en este mundo es como un espectáculo de teatro: en cada intervalo cambiamos de ropa y escenario, pero somos el mismo artista. ¡Ora héroe, ora villano! En el porvenir habrá una galería con nuestros retratos de cada encarnación y sabremos como vivimos en cada intervalo por los mundos materiales. Así constataremos las razones de nuestras tristezas y alegrías. Observaremos nuestros papeles, haciendo el bien u omisos delante el mal. Entenderemos el origen de las virtudes y defectos que aún tenemos y de los cuales nos enorgullecemos o avergonzamos. Es difícil comprender, aunque teniendo Jesús dejado todo muy claro. Pero nosotros no creemos.

Después de un tiempo en mi religión tradicional, donde nos ponen sin preguntar y que es exigida para estudiar, casar etc., descubrí una doctrina interesante. Creo que el Señor ya oyó hablar: Espiritismo. Hizo tanto sentido que empecé a estudiarla y acabé uno de sus adeptos. Llegué hasta a fundar una casa para llevar el conocimiento dejado por Allan Kardec, aquél que tan bien tradujo Jesucristo, para las personas que viven sufriendo y explicándoles que la solución para sus problemas está en el trabajo que harán en favor de los otros. Ayudando serán ayudadas. Me gustó cuando el Espiritismo enseñó que “fuera de la caridad no hay salvación” y también cuando informó que el verdadero espiritista sería conocido por su “transformación moral y por el esfuerzo que hace para combatir sus malas inclinaciones”. Me puse encantado porque no nos llama pecadores y dice que solo el esfuerzo para ser mejor ya agrada a Usted, mi Padre. Sé que siempre lleva en cuenta nuestras intenciones, aunque que los actos sean fallos.

El mal es que trabajo en un centro de personas que tienen vida relativamente buena y que, aunque quejosas como todo terráqueo, gozan de muchos privilegios, qué, por veces, estorban sus vidas. Cualquier fiesta, evento, feriado prolongado, allá se van ellas para sus viajes de recreo, casas de campo o de playa, dejando para después los compromisos asumidos con el centro espiritista. Trabajan porque quieren; no son forzados. Pero aún no entendieron que no trabajan para Usted, Padre, ni para Jesús o para el Espiritismo. Trabajan a ellos. Por eso, se creen en el derecho de ir cuando quieren. El centro no es prioridad para ellos. Hoy van de coche, moran cerca y faltan mucho. En el próximo acto, en el nuevo papel que tendrán en el teatro de la vida, vivirán en el mato, sin luz e irán a pie para el centro, que va a ser muy distante de su casa. Pero las necesidades y los dolores serán tantos que tendrán de rendirse y aceptar el sacrificio.

Por ahora, el Espiritismo pierde de goleada para los espiritistas y sus eventos. Hoy nosotros vemos: Navidad 8 x Espiritismo 1; Fútbol 5 x Espiritismo 0; Cumpleaños 6 x Espiritismo 2; Feriado 4 x Espiritismo 1. Y así va. El Espiritismo no hace un único punto. ¿Será qué va a acabar rebajado? Jamás. Incluso sin la colaboración de los espiritistas el Espiritismo va a crecer mucho y ayudar a la humanidad. Ya nos han dicho que él prosperaría a pesar de los espiritistas. Oí hablar qué alguien dijo esta frase: “Con los espiritistas, sin los espiritistas, ¡a pesar de los espiritistas!” Si no dijo podría haber dicho… Es muy procedente.

En la nueva encarnación todo va a pasar al revés. Por eso es qué es bueno el centro espiritista con trabajadores pobres que no tienen condiciones de ir siempre de paseo. Solo la concienciación nada puede hacer por nosotros. No entendemos aún el “espíritu de la cosa”, ni los privilegios que nortean nuestras vidas, ni las razones de más una encarnación. ¡Somos apóstoles del Cristo, pero no percibimos ni actuamos cómo tal! ¡Lo dejamos siempre solo!

Bien. Yo solo quería charlar un poco y desahogar. Espero que el Señor se recuerde quien yo soy y tenga paciencia con éste su hijo también aún lleno de fallos. ¡Su bendición, Padre!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Febrero 2019

 

Anúncios