“Ama a tus enemigos” — Mateo (5:44)

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

La humanidad recibió un regalo del Cielo cuando Allan Kardec, después de muchas negaciones, decidió organizar el Espiritismo, a punto de ser bautizado por Camille Flammarion de el buen sentido encarnado”. Cierto todo estaba programado para convencer al sabio a aceptar la tarea, pero el libre albedrio y el deseo de éxito entre los hombres de la Tierra podrían llevarlo a optar por el colegio, su principal aspiración desde que regresó de la Escuela de Pestalozzi, en Yverdun, Suiza. Sin embargo, la razón prevaleció y él optó por aceptar el difícil trabajo junto a los Espíritus, a pesar de los perjuicios materiales que tuvo por los prejuicios e intereses de los equivocados seres humanos de su época, que siguen siendo los mismos en todas las épocas.

Después de lanzar El Libro del Espíritus en 1857 y El Libro de los Médiums en 1861, decidió escribir un libro que vendría a público el 29 de abril de 1864 con el título Imitación del Evangelio Según el Espiritismo. Con nuevo nombre a partir de la tercera edición como El Evangelio Según el Espiritismo, dio un carácter religioso a nuestra doctrina, ya que el Espiritismo fue definido por los Espíritus como la única institución genuinamente humana y divina, según se lee en la introducción de muchas ediciones.

Es en este libro que Kardec realza los principales objetivos de la nueva doctrina, dejando claro que ella ningún conocimiento esconderá de sus practicantes. En ella la fe es raciocinada y no dogmática. Al elaborarlo, el Codificador tuvo el cuidado de escribir un excelente prefacio de su mentor, el Espíritu de Verdad (según muchos espiritistas el propio Jesús dando orientaciones), explicar los objetivos de la obra y poner en sus veintiocho capítulos solamente la parte moral de las enseñanzas del Cristo.

Después de la introducción, habla de la universalidad de las comunicaciones para mostrar que no es doctrina de una solo persona, como el judaísmo, el islamismo, el budismo y el propio cristianismo, pero la enseñanza de los Espíritus de expresiva superioridad, que habitaron las más diferentes razas y religiones y se manifestaron al mismo tiempo entre doctores y analfabetos, religiosos y ateos, en países de diferentes creencias y costumbres. En ningún momento dice que debemos rezar de pie o sentados, en el claro o en la oscuridad, a los viernes, los sábado o domingos, delante imágenes o con ropas propias para los diferentes rituales.

Muestra el Evangelio de Jesús con claridad y explica los términos de la época usados en las parábolas (fariseos, saduceos, samaritanos, escribas, etc.) para que puedan ser interpretadas correctamente, porque en el Espiritismo no hay misterios ni evangelios velados, como los que solo existen en los misales de la Iglesia, como el Evangelio de Tobías, entre otros. En el Espiritismo todo es público y explicado a todos con claridad. No adorna templos con oro, ni usa falso silencio y adoración con segundas intenciones, cuando alaban al Señor, explotan al Señor, pero no siguen al Señor. No aman el prójimo como él proclamó, aunque hagan romerías, procesiones, ofrendas y promesas.

El Espiritismo enfatiza que la reforma moral es el gran tesoro para ser llevado al cielo al final de la jornada terrena. Por eso él atiende eruditos e ignorantes, desde que ambos abran su corazón para sus revelaciones. Tiene como lema “fuera de la caridad no hay salvación”, pertenezca el fiel a cualquier creencia.

Gracias al Espiritismo, también, sabemos que los familiares de esta vida fueron probablemente desafectos de pasadas encarnaciones. Gracias a la misericordia del olvido ignoramos los males que recíprocamente nos hicimos. Esto significa que en la familia de hoy podemos estar reunidos con enemigos de un pasado inmediato o remoto, pero que vamos a depender de la armonización en esta encarnación para quitar fallas antiguas. Amar a los enemigos no es tener paciencia y perdonar el antagonista de otras relaciones sociales o comerciales. El enemigo a que Jesús se ha referido puede ser perfectamente aquella persona que divide la mesa, el lecho y el hogar con nosotros, y por la cual tenemos más tolerancia debido a la consanguinidad. Disculpamos o, por lo menos, aguantamos agresiones de un familiar, lo que no aceptamos cuando viene de un extraño.

Por todas esas atenciones, El Evangelio Según el Espiritismo es un libro que merece toda credibilidad, porque abre totalmente la verdad para todos los que lo consultan con seriedad y deseos de cambios para cumplir bien la tarea que les fue confiada en esta vida. Por eso Kardec fue homenajeado en su sepulcro por importante científico de su época que así se manifestó: “Si fuese Allan Kardec un hombre de ciencia y de cierto no hubiera podido prestar éste primer servicio y dilatarlo hasta muy lejos, como una invitación a todos los corazones. Él, sin embargo, era lo que yo denominaré simplemente el buen sentido encarnado.” (Del discurso pronunciado junto al túmulo de Allan Kardec por Camille Flammarion.)

A ellos nuestros agradecimientos.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – abril 2019

 

Nota del autor: Nicolas Camille Flammarion fue astrónomo, pesquisidor psíquico y divulgador científico francés. Tuvo importante papel en la averiguación y popularización de la astronomía. Recibió notorios premios y fue homenajeado con la nomenclatura oficial de algunos cuerpos celestes.

 

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