Caminos que llevan el hombre al Espiritismo

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

Son múltiples los motivos que impulsan el ser humano a buscar nuestra doctrina. Algunos de ellos: curiosidad, sufrimiento, vacío existencial, respuestas para dudas, confusión mental con perturbación espiritual etc.

Somos un país de tradición católica, con crecimiento del protestantismo. Son las religiones predominantes estos días, pero no pueden ser consideradas oficiales, hasta mismo por regimiento constitucional. Hay adeptos de todas las doctrinas, como las afrobrasileñas y las orientales de diversos segmentos (budismo, xintoísmo, hinduismo, judaísmo, mesiánica, Seicho-no-Ie, islamismo, umbanda, candomblé etc.).

La claridad singular del Espiritismo, sin embargo, siempre provoca curiosidad en los que buscan respuestas y soluciones para sus cuestionamientos y problemas. Una prueba de eso es que los medios de comunicación no pierden oportunidades de explotar el tema. Buscan no envolverse o tomar partido, pero llenan sus espacios con noticias, películas, debates etc., confiados en la audiencia y en el interés popular.

Los desinformados imaginan que después de ser religiosos tibios en sus creencias, lograrán soluciones inmediatas para sus problemas si van a un centro espiritista, ignorando que la salvación y el milagro no viven allí. Lo que podrán encontrar en una institución seria, donde se estudia el Evangelio del Cristo según la interpretación de los Espíritus y del propio Codificador, Allan Kardec, son orientaciones seguras para aprender a administrar sus vidas. Nada más precioso para el ser humano que la oportunidad de nueva existencia en la Tierra para probar de nuevo lo que se quedó mal resuelto en su pasado espiritual. Y quien no cree en reencarnación tendrá que pasar a creer o seguirá sin entender nada. Con la creencia de la vida única nada puede ser explicado. Todo es injusticia.

Sabemos que hay personas encantadas con sus religiones y que no admiten la idea de cambiar para otra. Creen que su iglesia detiene toda la verdad, a pesar de eso no se reflejar en sus vidas, porque sus problemas perduran sin solución. Temen ser castigados por Dios como desertores. Pues que continúen con sus misas o en sus cultos, sin estar impedidos de aclararse.

Cuando Kardec lanzó El Evangelio Según el Espiritismo, en 1864, los Espíritus le dijeron que llegara el momento de presentar el Espiritismo como la única doctrina genuinamente humana y divina. Sería la religión que asesoraría todas las otras que si dispusiesen a estudiarla sin prejuicios o malas intenciones.

Se pone claro, por lo tanto, que nada impide que un católico estudie El Libro de los Espíritus, El Libro de los Médiums, El Cielo y el Infierno, El Génesis, Lo que es el Espiritismo etc., cuando no entiende por qué los humanos tienen suertes tan distintas, a pesar de hijos del mismo Dios misericordioso, ya que van a vivir una única vida. Irá a sorprenderse con la lógica y a claridad del trabajo de Kardec cuando habló con los mentores de la Espiritualidad Superior. Y después de estudiar, de preferencia con un grupo en el centro espiritista, donde puede aclarar sus dudas, vuelva hacia su misa, su culto, ore mucho, haga promesas, cante y baile, mientras necesitar esas prácticas. Verá que cuando empiece a perdonar, practicar caridad, además de la limosna y del diezmo, todo empieza a transformarse. Verá la importancia de ser solidario e indulgente y los rituales perderán su importancia.

Conviene recordar el texto que sigue, intitulado “Un homenaje — profético — a Allan Kardec” incluido en nuestro libro Puntos de Vista, de la Casa Editora O Clarín:

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El Courrier de Paris de 11 de junio de 1857, pocos días tras el lanzamiento de la primera edición de El Libro de los Espíritus, divulga materia sobre el hecho.

El diario informa que había sido publicada obra debieras notable, incluso curiosa, si no hubiese en ella cosas interesantes que no podrían ser consideradas banales: “El Libro de los Espíritus, escribe, es página nueva en el propio grande libro del infinito y, estamos persuadidos, una marca será posta en esa página.”

Declara el editor, Sr. Du Chalard, que no conoce el autor, pero que alguien que escribió tal prefacio debe tener el alma abierta a todos los sentimientos nobles. Afirma, aún, que jamás hizo cualquier estudio sobre fenómenos sobrenaturales, aunque, vez que otra, se preguntara lo que habría en las regiones donde se decidió llamar “El Alto”.

El periodista, impresionado con la obra, no tiene duda en recomendarla. “A todos los desheredados de la Tierra, a todos cuántos marchan y que en sus caídas riegan con lágrimas el polvo de las carreteras, diremos: — Lean El Libro de los Espíritus; él os tornará más fuertes. También a los felices, que por los caminos solo encuentran aclamaciones y las sonrisas de la fortuna, diremos: — Estudiéis El Libro de los Espíritus y él os tornará mejores.”

Menciona que el trabajo es de la autoría de los Espíritus, habla de las sublimes respuestas, pero enaltece las preguntas que las provocaron. Desafía los más incrédulos a reírse cuando lean el libro en silencio y soledad.

Después del comentario, propone: “¿Usted es hombre de estudio y tienen aquella buena intención qué apenas necesita instruirse? Entonces lea el Libro Primero, que habla sobre la Doctrina Espiritista. ¿Es de aquellos que se ocupan sólo consigo mismo y nada ven además de los propios intereses? Lea las Leyes Morales. Todos los que tienen pensamientos nobles de corazón, lean el libro de la primera a la última página. A los que encuentren materia para chistes, nuestra lamentación.”

En el título, dijimos tratarse de un homenaje profético. Aquel instante, el periodista vislumbró la carretera de luz que se abría con las revelaciones y solo alguien igualmente con gran sensibilidad podría percibir la connotación divina que el libro presentaba. Entre los espiritistas, mismo ya habiendo convivido con estas noticias desde más de ciento sesenta años, hay pocos con las convicciones del editor francés que, de pronto, percibió la llegada del Consolador.

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Si usted deja y quiera, el Espiritismo puede hacer mucho por usted. Y si un día despertar para la lógica del pensamiento espiritista, abrace la doctrina por entero, trabaje con ella y por ella. Recuerde que en ella todo se hace sin pago. Ningún centavo le será cobrado por la participación en los estudios y tareas. ¡Cómo en las escuelas tradicionales, después de estudiar lo básico precisamos de la enseñanza superior y de las posgraduaciones! Aproveche. No se sabe cuándo va a tener nueva oportunidad. ¡Suerte!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – julio 2019