Espiritistas más o menos

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Caminos que llevan el hombre al Espiritismo

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

Son múltiples los motivos que impulsan el ser humano a buscar nuestra doctrina. Algunos de ellos: curiosidad, sufrimiento, vacío existencial, respuestas para dudas, confusión mental con perturbación espiritual etc.

Somos un país de tradición católica, con crecimiento del protestantismo. Son las religiones predominantes estos días, pero no pueden ser consideradas oficiales, hasta mismo por regimiento constitucional. Hay adeptos de todas las doctrinas, como las afrobrasileñas y las orientales de diversos segmentos (budismo, xintoísmo, hinduismo, judaísmo, mesiánica, Seicho-no-Ie, islamismo, umbanda, candomblé etc.).

La claridad singular del Espiritismo, sin embargo, siempre provoca curiosidad en los que buscan respuestas y soluciones para sus cuestionamientos y problemas. Una prueba de eso es que los medios de comunicación no pierden oportunidades de explotar el tema. Buscan no envolverse o tomar partido, pero llenan sus espacios con noticias, películas, debates etc., confiados en la audiencia y en el interés popular.

Los desinformados imaginan que después de ser religiosos tibios en sus creencias, lograrán soluciones inmediatas para sus problemas si van a un centro espiritista, ignorando que la salvación y el milagro no viven allí. Lo que podrán encontrar en una institución seria, donde se estudia el Evangelio del Cristo según la interpretación de los Espíritus y del propio Codificador, Allan Kardec, son orientaciones seguras para aprender a administrar sus vidas. Nada más precioso para el ser humano que la oportunidad de nueva existencia en la Tierra para probar de nuevo lo que se quedó mal resuelto en su pasado espiritual. Y quien no cree en reencarnación tendrá que pasar a creer o seguirá sin entender nada. Con la creencia de la vida única nada puede ser explicado. Todo es injusticia.

Sabemos que hay personas encantadas con sus religiones y que no admiten la idea de cambiar para otra. Creen que su iglesia detiene toda la verdad, a pesar de eso no se reflejar en sus vidas, porque sus problemas perduran sin solución. Temen ser castigados por Dios como desertores. Pues que continúen con sus misas o en sus cultos, sin estar impedidos de aclararse.

Cuando Kardec lanzó El Evangelio Según el Espiritismo, en 1864, los Espíritus le dijeron que llegara el momento de presentar el Espiritismo como la única doctrina genuinamente humana y divina. Sería la religión que asesoraría todas las otras que si dispusiesen a estudiarla sin prejuicios o malas intenciones.

Se pone claro, por lo tanto, que nada impide que un católico estudie El Libro de los Espíritus, El Libro de los Médiums, El Cielo y el Infierno, El Génesis, Lo que es el Espiritismo etc., cuando no entiende por qué los humanos tienen suertes tan distintas, a pesar de hijos del mismo Dios misericordioso, ya que van a vivir una única vida. Irá a sorprenderse con la lógica y a claridad del trabajo de Kardec cuando habló con los mentores de la Espiritualidad Superior. Y después de estudiar, de preferencia con un grupo en el centro espiritista, donde puede aclarar sus dudas, vuelva hacia su misa, su culto, ore mucho, haga promesas, cante y baile, mientras necesitar esas prácticas. Verá que cuando empiece a perdonar, practicar caridad, además de la limosna y del diezmo, todo empieza a transformarse. Verá la importancia de ser solidario e indulgente y los rituales perderán su importancia.

Conviene recordar el texto que sigue, intitulado “Un homenaje — profético — a Allan Kardec” incluido en nuestro libro Puntos de Vista, de la Casa Editora O Clarín:

***

El Courrier de Paris de 11 de junio de 1857, pocos días tras el lanzamiento de la primera edición de El Libro de los Espíritus, divulga materia sobre el hecho.

El diario informa que había sido publicada obra debieras notable, incluso curiosa, si no hubiese en ella cosas interesantes que no podrían ser consideradas banales: “El Libro de los Espíritus, escribe, es página nueva en el propio grande libro del infinito y, estamos persuadidos, una marca será posta en esa página.”

Declara el editor, Sr. Du Chalard, que no conoce el autor, pero que alguien que escribió tal prefacio debe tener el alma abierta a todos los sentimientos nobles. Afirma, aún, que jamás hizo cualquier estudio sobre fenómenos sobrenaturales, aunque, vez que otra, se preguntara lo que habría en las regiones donde se decidió llamar “El Alto”.

El periodista, impresionado con la obra, no tiene duda en recomendarla. “A todos los desheredados de la Tierra, a todos cuántos marchan y que en sus caídas riegan con lágrimas el polvo de las carreteras, diremos: — Lean El Libro de los Espíritus; él os tornará más fuertes. También a los felices, que por los caminos solo encuentran aclamaciones y las sonrisas de la fortuna, diremos: — Estudiéis El Libro de los Espíritus y él os tornará mejores.”

Menciona que el trabajo es de la autoría de los Espíritus, habla de las sublimes respuestas, pero enaltece las preguntas que las provocaron. Desafía los más incrédulos a reírse cuando lean el libro en silencio y soledad.

Después del comentario, propone: “¿Usted es hombre de estudio y tienen aquella buena intención qué apenas necesita instruirse? Entonces lea el Libro Primero, que habla sobre la Doctrina Espiritista. ¿Es de aquellos que se ocupan sólo consigo mismo y nada ven además de los propios intereses? Lea las Leyes Morales. Todos los que tienen pensamientos nobles de corazón, lean el libro de la primera a la última página. A los que encuentren materia para chistes, nuestra lamentación.”

En el título, dijimos tratarse de un homenaje profético. Aquel instante, el periodista vislumbró la carretera de luz que se abría con las revelaciones y solo alguien igualmente con gran sensibilidad podría percibir la connotación divina que el libro presentaba. Entre los espiritistas, mismo ya habiendo convivido con estas noticias desde más de ciento sesenta años, hay pocos con las convicciones del editor francés que, de pronto, percibió la llegada del Consolador.

***

Si usted deja y quiera, el Espiritismo puede hacer mucho por usted. Y si un día despertar para la lógica del pensamiento espiritista, abrace la doctrina por entero, trabaje con ella y por ella. Recuerde que en ella todo se hace sin pago. Ningún centavo le será cobrado por la participación en los estudios y tareas. ¡Cómo en las escuelas tradicionales, después de estudiar lo básico precisamos de la enseñanza superior y de las posgraduaciones! Aproveche. No se sabe cuándo va a tener nueva oportunidad. ¡Suerte!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – julio 2019

 

Combatiendo el desalento

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Octávio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

¿Qué tiempos son ésos que, aunque aparentemente llegados, parece que nunca llegan?

A pesar de haber encontrado el Espiritismo solamente a los treinta y ocho años ya tengo casi cuarenta y siete de contacto con esta fantástica doctrina.

La frase dictada por un revelador protestante — el llamado creyente en mi tiempo de joven, allá por 1952 —, “los tiempos son llegados”, aún hoy me resuena en los oídos, aunque en aquel tiempo yo no tenía la menor idea a qué tiempo se refería aquel entusiasta predicador de calle, rodeado por una docena de atentos oyentesHoy, sesenta y siete años después, escuchando a los Venerables Espíritus a informar sobre la transición planetaria, empiezo a entender un poco que tiempos son los que, aunque aparentemente llegados, parece que nunca llegan. Es porque el tiempo del hombre y el tiempo de Dios son diferentes.Mi primer centro espiritista fue el Amor y Paz, en Alameda de los Arapanés, 707, barrio de Moema, São Paulo. Después de él hice mis primeros cursos de Doctrina en la Federación Espiritista del Estado de São Paulo y en un grupo vinculado a la Alianza Espiritista Evangélica, el Grupo Socorrista Maria de Nazaré, cuando empecé a pronunciar charlas y ministrar clases en diferentes centros, fundamentado en las apostillas de la Alianza. Buscaba transmitir las verdades del Evangelio de Jesús, ahora con la cobertura de Kardec, que nos dio explicaciones claras de las lecciones del Maestro para mayor facilidad de entendimiento.De explicaciones técnicas, leyes de causa y efecto y que tales, fui poco a poco percibiendo que todo puede ser sintetizado en la máxima de Cristo: “Ama al prójimo como a ti mismo.” Desde ese instante, constaté como es prácticamente imposible a este hombre planetario amar su prójimo, ya que no consigue siquiera amar a sí mismo. Cada uno de nosotros, componentes de esta humanidad fracasada, es íntimamente un volcán rebelde, que no puede calmarse. Vomita iras y odios, cada expresión es un improperio, con revuelta hasta contra el propio Creador, que nos ofreció la vida para ser felices. Pero, como no sabemos lidiar con nuestro pasado ni con el presente para plantar mejor futuro, somos un bando desarraigado vagando al lecho de la indecisión. Nadie se ama. Es común no gustar el propio nombre. El gordo quería ser delgado y el flaco quería ser gordo.Saltamos de aquí para allá y de allá acá porque nada nos agrada. Ni la familia, ni el empleo, ni la religión. Cuando no envidiamos la vida del otro, lo agredimos, transformándolo en culpable por nuestros problemas. Sea él el político, el patrón, el maestro, el vecino o el marginal, porque tenemos de elegir alguien que lleve a culpa por los fracasos que son solamente nuestros.

En este ciclo planetario de cambios radicales, los tiempos efectivamente se alteran, pero no en años o décadas. Los cambios de la historia son registrados en siglos o milenios, por lo menos.

¿Y nosotros, cómo nos quedamos? Como seres eternos estamos siendo esculpidos por la acción de la naturaleza. Nos burilamos, nos herimos y a medida que aprendemos sobre paciencia, resignación y fe nos quedamos más ligeros. Aprendimos que las penas de la revuelta viven en nosotros y que el perdón nos alivia, aunque el otro no lo acepte. Nuestra tarea somos nosotros; el otro es mero recurso que usamos para nuestro esmero. Para eso, sin embargo, tenemos de vencer el orgullo. ¿Pero, mejorar por qué? Porque es ésta la tarea primordial de la vida en mundos probatorios como el nuestro.

No hay salida. Queramos o no, la Ley es que decide, no nosotros. Somos comandados por la naturaleza que habita en nosotros. Aflojamos, envejecemos y en el corto período que por aquí estamos — porque también tenemos fecha de validad en la materia — tenemos de convivir con ella de manera pacífica y armoniosa. Luchar contra es tiempo perdido. Seremos siempre derrotados. Mejor nos aliemos a ella. La ley que nos armoniza es la del amor. Con todo y todos, intensa e incondicionalmente.

Antes que el desaliento me domeñase totalmente, decidí confesarme con el Padre Eterno y decirle: — Señor de la Vida, sé que a todo asistes y todo permites para probar nuestra fuerza y nuestra fe, y que estás disponiendo nuestro lugar a Tu lado caso venzamos esta guerra contra nosotros mismos. Confío en Tu bondad y es por eso qué prosigo con coraje y fuerza. Tiene misericordia de nosotros, pobres equivocados. No permitas que invalidemos el esfuerzo de tantos misioneros, que vinieron antes de nosotros disponernos el guía con lecciones que muchas veces les costaron la vida. Fueron tantos a prestar testimonio, que no es honesto de nuestra parte desaprovechar el sacrificio de estos desinteresados que nada querían para sí. Fueron enviados divinos que renunciaron a sus vidas para ofrecerlas a nosotros. ¡No cometamos tan severa ingratitud! Que yo jamás sienta desaliento por más pedregoso que sea en camino. ¡Amén!

RIE-Revista Internacional de Espiritismo – junio 2019

 

Citaciones para pensar

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La vivencia dentro de los preceptos dictados por el Evangelio suaviza a nuestros dolores

Octávio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

“Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti.” Tal citación es atribuida a Santo Agustín. Él también habría enseñado que “nadie puede ser perfectamente libre hasta que todos lo sean” y “conviene matar al error, pero salvar los que van equivocados”.

Ya oímos este mismo principio, formulado un poco diferente, sin que sepamos citar el autor. Pero como la esencia de la lección es más importante de qué el creador de la frase, nos atrevemos a reproducirla: “Dios, que te creó sin tu conocimiento, no podrá salvarte sin tu cooperación.” Deja claro, y el buen sentido la confirma, que somos responsables de todo qué pasa en el mundo, particularmente lo que implica nuestro propio porvenir. Interferimos, para el bien o para el mal, según actuamos y nos comportamos delante la vida, en cualquier local donde actuemos.

Esta afirmación a veces choca a los religiosos, que garantizan que como Dios sabe lo que es mejor para nosotros, irá a tratarnos con Su inmensurable amor y solo nos brindará con la dicha. ¿Pero si eso es real, por qué nos creó simple y sin ningún conocimiento, permitiendo qué nos apurásemos por nuestros propios méritos? ¿Por qué no nos creó perfectos, sin la necesidad de encarnaciones, la mayoría probatorias, llenas de dolores y sufrimientos?

Jesús, según el Evangelio de Lucas (las 16:2), nos dijo: “Da cuenta de tu administración.” ¿Pero, si independientemente de nuestro esfuerzo Dios nos da de todo, por qué el Maestro así lo afirmó?

En el capítulo 75 del libro Fuente Viva, Emmanuel, el noble senador romano, por el psicográfico de Chico Xavier, nos dice: “En la esencia, cada hombre es servidor por el trabajo que realiza en la obra del Supremo Padre, y, simultáneamente, es administrador, porque cada criatura humana detiene posibilidades enormes en el plan en el que actúa. Mayordomo del mundo no es solamente aquél que encanece sus cabellos frente a los intereses colectivos, en las empresas públicas o particulares, combatiendo intrigas mil, a fin de cumplir la misión a que se dedica. Cada inteligencia de la Tierra dará cuenta de los recursos que le fueron confiados. La fortuna y la autoridad no son valores únicos del que debemos dar cuenta hoy y mañana; el cuerpo es un templo sagrado. La salud física es un tesoro. La oportunidad de trabajar es una bendición. La posibilidad de servir es un obsequio divino. La oportunidad de aprender es una puerta libertadora. El tiempo es un patrimonio inestimable. El hogar es una dádiva del Cielo. El amigo es un bienhechor. La experiencia benéfica es una gran conquista. La ocasión de vivir en armonía con el Señor, con los semejantes y con la Naturaleza es una gloria común a todos. La hora de ayudar a los menos favorecidos de recursos o entendimiento es valiosa. El suelo para sembrar, la ignorancia para ser instruida y el dolor para ser consolada son llamados que el Cielo envía sin palabras, al mundo entero. ¿Qué haces, por tanto, de los talentos preciosos qué reposan en tu corazón, en tus manos y en tu camino? Vela por tu propia tarea en el bien, delante del Eterno, porque llegará el momento en el que el Poder Divino te pedirá: — ‘Da cuenta de tu administración.’”

Más de que exploradores o dependientes de Jesucristo somos sus auxiliares en la mejora del mundo. Cuando se trata de vestir, alimentar o abrigar a un semejante, somos sus ayudantes, suavizando los dolores físicos del otro. Aunque él mismo ore y sea resignado, ni siempre tiene condiciones de sobrevivir por cuenta propia, cabiendo a nosotros esta parte, cuando también nos beneficiamos del bien que hicimos, justificando la importancia de la nueva encarnación que rogamos al Padre,

a fin de crecer más un centímetro espiritual. “Fuera de la caridad no hay salvación”, enseña el Espiritismo.

La vivencia dentro de los preceptos dictados por el Evangelio suaviza nuestros dolores, porque donde más el hombre se pierde es en la defensa de sí mismo. Muchos hay que tienen caridad con el semejante, pero guardan penas, rencores, enconos y deseos de venganza en los laberintos del alma. Insaciables, se envenenan lentamente poniendo la culpa en el mundo, en los padres, en el cónyuge, en el patrón, en el gobierno, cuando no se rebelan contra el propio Creador, sintiéndose injustificados y punidos por un mal que creen no haber practicado. Por eso, el estudio del Espiritismo, la certeza de la vida eterna y la necesidad de muchas encarnaciones purificadores son tan importantes. Si no merecemos los dolores por lo que hacemos en esta vida, ciertamente traemos archivados en nuestra esencia errores de otras vidas por los mundos materiales. Y aún ignoramos que los dolores son atenuados por la misericordia divina, si las comparásemos a las necesidades reales de rescate por las cuales tendríamos que pasar. Antes de exigir, vamos a analizar como vivimos y, de corazón abierto y sincero, veamos si estamos dando cuenta de nuestra administración.

A usted, madre del mundo, cariñoso beso de este hijo que ya tuvo muchas madres en estas múltiples vidas de redención y aprendizaje por la Tierra, o mundos análogos, ora dando a ellas alegrías, ora llenando sus ojos de llanto. ¡Disculpas y nostalgias!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Mayo 2019

 

Ama al prójimo como a ti mismo

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“Ama a tus enemigos” — Mateo (5:44)

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

La humanidad recibió un regalo del Cielo cuando Allan Kardec, después de muchas negaciones, decidió organizar el Espiritismo, a punto de ser bautizado por Camille Flammarion de el buen sentido encarnado”. Cierto todo estaba programado para convencer al sabio a aceptar la tarea, pero el libre albedrio y el deseo de éxito entre los hombres de la Tierra podrían llevarlo a optar por el colegio, su principal aspiración desde que regresó de la Escuela de Pestalozzi, en Yverdun, Suiza. Sin embargo, la razón prevaleció y él optó por aceptar el difícil trabajo junto a los Espíritus, a pesar de los perjuicios materiales que tuvo por los prejuicios e intereses de los equivocados seres humanos de su época, que siguen siendo los mismos en todas las épocas.

Después de lanzar El Libro del Espíritus en 1857 y El Libro de los Médiums en 1861, decidió escribir un libro que vendría a público el 29 de abril de 1864 con el título Imitación del Evangelio Según el Espiritismo. Con nuevo nombre a partir de la tercera edición como El Evangelio Según el Espiritismo, dio un carácter religioso a nuestra doctrina, ya que el Espiritismo fue definido por los Espíritus como la única institución genuinamente humana y divina, según se lee en la introducción de muchas ediciones.

Es en este libro que Kardec realza los principales objetivos de la nueva doctrina, dejando claro que ella ningún conocimiento esconderá de sus practicantes. En ella la fe es raciocinada y no dogmática. Al elaborarlo, el Codificador tuvo el cuidado de escribir un excelente prefacio de su mentor, el Espíritu de Verdad (según muchos espiritistas el propio Jesús dando orientaciones), explicar los objetivos de la obra y poner en sus veintiocho capítulos solamente la parte moral de las enseñanzas del Cristo.

Después de la introducción, habla de la universalidad de las comunicaciones para mostrar que no es doctrina de una solo persona, como el judaísmo, el islamismo, el budismo y el propio cristianismo, pero la enseñanza de los Espíritus de expresiva superioridad, que habitaron las más diferentes razas y religiones y se manifestaron al mismo tiempo entre doctores y analfabetos, religiosos y ateos, en países de diferentes creencias y costumbres. En ningún momento dice que debemos rezar de pie o sentados, en el claro o en la oscuridad, a los viernes, los sábado o domingos, delante imágenes o con ropas propias para los diferentes rituales.

Muestra el Evangelio de Jesús con claridad y explica los términos de la época usados en las parábolas (fariseos, saduceos, samaritanos, escribas, etc.) para que puedan ser interpretadas correctamente, porque en el Espiritismo no hay misterios ni evangelios velados, como los que solo existen en los misales de la Iglesia, como el Evangelio de Tobías, entre otros. En el Espiritismo todo es público y explicado a todos con claridad. No adorna templos con oro, ni usa falso silencio y adoración con segundas intenciones, cuando alaban al Señor, explotan al Señor, pero no siguen al Señor. No aman el prójimo como él proclamó, aunque hagan romerías, procesiones, ofrendas y promesas.

El Espiritismo enfatiza que la reforma moral es el gran tesoro para ser llevado al cielo al final de la jornada terrena. Por eso él atiende eruditos e ignorantes, desde que ambos abran su corazón para sus revelaciones. Tiene como lema “fuera de la caridad no hay salvación”, pertenezca el fiel a cualquier creencia.

Gracias al Espiritismo, también, sabemos que los familiares de esta vida fueron probablemente desafectos de pasadas encarnaciones. Gracias a la misericordia del olvido ignoramos los males que recíprocamente nos hicimos. Esto significa que en la familia de hoy podemos estar reunidos con enemigos de un pasado inmediato o remoto, pero que vamos a depender de la armonización en esta encarnación para quitar fallas antiguas. Amar a los enemigos no es tener paciencia y perdonar el antagonista de otras relaciones sociales o comerciales. El enemigo a que Jesús se ha referido puede ser perfectamente aquella persona que divide la mesa, el lecho y el hogar con nosotros, y por la cual tenemos más tolerancia debido a la consanguinidad. Disculpamos o, por lo menos, aguantamos agresiones de un familiar, lo que no aceptamos cuando viene de un extraño.

Por todas esas atenciones, El Evangelio Según el Espiritismo es un libro que merece toda credibilidad, porque abre totalmente la verdad para todos los que lo consultan con seriedad y deseos de cambios para cumplir bien la tarea que les fue confiada en esta vida. Por eso Kardec fue homenajeado en su sepulcro por importante científico de su época que así se manifestó: “Si fuese Allan Kardec un hombre de ciencia y de cierto no hubiera podido prestar éste primer servicio y dilatarlo hasta muy lejos, como una invitación a todos los corazones. Él, sin embargo, era lo que yo denominaré simplemente el buen sentido encarnado.” (Del discurso pronunciado junto al túmulo de Allan Kardec por Camille Flammarion.)

A ellos nuestros agradecimientos.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – abril 2019

 

Nota del autor: Nicolas Camille Flammarion fue astrónomo, pesquisidor psíquico y divulgador científico francés. Tuvo importante papel en la averiguación y popularización de la astronomía. Recibió notorios premios y fue homenajeado con la nomenclatura oficial de algunos cuerpos celestes.

 

Fé y buen sentido

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¡Dicen qué Cristo salva! ¿Será? ¿De qué manera se da esa salvación?

Octávio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

Entre las calidades más importantes del hombre de la Tierra, especialmente en este momento apocalíptico, está la fe. La fe que, según la Doctrina de los Espíritus, es resultado del raciocinio. Podemos compararla a la ley de acción y reacción. O siembra y cosecha, que se nos permite sembrar, pero que dará como cosecha la consecuencia de esa plantación. Ni podía ser diferente. En la justicia divina no hay excepciones. Sepamos agradecer por la noche bien dormida y también por haber despertado. Agradezcamos también por el día vivido, por las lecciones aprendidas y por todo bien practicado. Muchos no terminaron el día. Se quedaron por el camino.

En todas las religiones nos dicen que necesitamos tener fe en los Santos, los símbolos, en Jesús o incluso en Dios, como si eso fuese suficiente y todo recibiésemos, independientemente de esfuerzo. Por las redes sociales nos mandan dibujos con bendiciones para nosotros y familia, y aún dicen que si no interrumpimos la corriente tendremos buenas sorpresas; en minutos. Sin embargo, indagamos, ¿Por qué motivo? Que privilegio imaginamos tener nosotros, nuestra familia y nuestros amigos para recibir facilidades ante los percances de la vida, pretendiendo coger lo que nunca plantamos. ¿Recibiremos bendiciones por el simple envío de una figurita? Si fuese verdad sería bueno. El mundo estaría salvo. ¡Ah, humanidad confiada y atrasada! Jesucristo nos enseñó que tendríamos de hacer para que el Cielo nos ayudase. Y con grande misericordia, compensándonos a mil por uno de lo que viniésemos a producir. Pero no dijo a mil por cero. Nunca nos prometió que milagros se caerían del Cielo sin merecerlos.

La Ley de Dios es única para todos los seres y, por lo tanto, no nos trata individualmente. Lo que es cierto en un, es cierto en el otro. Las penalidades delante de los errores de un son iguales a las que punen los errores de otros en idénticas condiciones de discernimiento. No depende de sexo, raza o religión. Dios no hace acepción de personas y, como ya advirtió Jesús, la vara que mide todos los hombres es la misma. Y el criterio también. El bien nos crea méritos y el mal nos retrasa. No es Dios quien nos juzga. Somos juzgados por nuestras propias acciones. Como no es el maestro que nos reprueba; ¡es nuestra incompetencia y desinterés por el aprendizaje!

Cuando oramos a Dios, por nosotros o por los nuestros, imaginamos nuestra plegaria siendo enderezada a un Ser Superior, frente a una inmensa computadora, con super HD y sofisticado programa que nos controla y en el cual cada uno de nosotros es un archivo propio, sea DOC, PDF o algo más sofisticado que aún desconocemos. Y a cada movimiento nuestro, Dios, atento, anota una señal de mérito que nos enaltece o un karma negativo a ser enfrentado aún en esta vida o durante nuestra eternidad espiritual, en momento apropiado. El jugador dice que ganó porque es bendecido por Dios. Imagina que Dios simpatiza con su club y por eso permitió que el otro fuese derrotado. Que tontería. Venció porque tuvo más capacidad o contó con fallos de los mediadores del partido, árbitros que se equivocaron o falsificaron el resultado. Dios no tiene nada con eso.

Recordamos que cierta vez, en 1965, “Dr. Fritz” Espíritu quiso operar Chico Xavier a través del médium no espiritista José Arigó: “Yo te pongo bueno de ese ojo. ¡te hago la cirugía ahora, dijo Arigó!” Chico Xavier le contestó: “No; eso es un reflejo del pasado. Sé que el señor puede arreglar mi ojo. Pero como el compromiso del pasado continuará, va a me aparecer otra enfermedad. Como ya estoy acostumbrado con ésa, yo la prefiero. ¿Por qué yo iría a querer una enfermedad nueva?”

Los Espíritus no están a nuestra disposición para promover curas de enfermedades que no raro necesitan de providencias correctivas para nuestro crecimiento espiritual, lo qué se da por la reparación moral. ¡Por todo eso, es urgente no renunciemos de la precaución! Aunque el exceso en todo sea ruinoso, Kardec endosa nuestra actitud diciendo que “vale más pecar por exceso de prudencia de que por exceso de confianza”.

Chico recibió asistencia de su médico particular hasta desencarnar. Los Espíritus serios no curan cuerpos; curan almas. Cada uno puede curarse con sus propias oraciones y actitudes, sin necesitar encender vela, subir escalones de rodillas, ir a Meca, Medina, Santiago de Compostela, Jerusalén, Vaticano, Templo de Salomón, Fátima, Lourdes, Abadiánia, Juazeiro, Canindé o Aparecida del Norte. Ni a cualquier santuario de cualquier doctrina para dejar allá su paquete de pecados.

Vean lo que está en el texto de Juan, 4:23. Adorar a Dios no depende de un sitio. En la charla con la mujer de la Samaría, Jesús critica la manera como las personas de la época hacían adoración a Dios. Lo importante es adorar a Dios en espíritu y en verdad, y para eso no es necesario un lugar especial. Es en el corazón de todo ser humano que Dios debe ser adorado, y no solamente en un monte o en un templo.

Dios habita en todas las personas que Lo reciben con alegría y hacen de su corazón el altar para Él quedarse. Las personas que adoran el Padre en espíritu y en verdad pueden también usar un lugar para, juntas, fortalecer y renovar su fe. Sin embargo, lo importante es lo que está en el corazón de cada una de ellas y no solamente el lugar. Visitemos esos bellos templos como atracción turística o para orar, pidiendo o agradeciendo, pero no con pagos u ofrendas, que nunca son para Dios.

Antes, sin embargo, se recuerden: nos curamos en la casa mismo. Ore y espere. La cura del cuerpo se da por el saneamiento del alma. Haga el bien que pueda y combata penas y resentimientos, para tener salud. El principal trabajo de Chico fue el alivio a las almas sufridas, la mayoría madres sufridas, y no lo de cuerpos destruidos. El propio Jesús hizo algunas curas en momentos que sirvieron para prestar testimonio del poder de Dios… Fueron pocos “milagros” y muchas predicaciones y consejos. Y en esos casos incluso decía: — Tu fe te curó. Va y no peques más.

Espiritismo no puede ser confundido con curandería. Mismo cuando buscamos el centro en la esperanza de cura de enfermedades físicas, o para aprender sobre el Evangelio a la luz de la Doctrina de los Espíritus, tengamos en miente la regla básica: si hay algún tipo de pago, aunque para la compra de ofrendas, huye. No es Espiritismo.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Marzo 2019

 

Una nota para Dios

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La vida en este mundo es como un espectáculo de teatro: en cada parte cambiamos de ropa y escenario, pero somos el mismo artista

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

Buenos días, mi Padre.

Es Octávio. ¿Recuerdate de mí? Creo que sí, al final soy un de sus hijos, morador de esta favela espiritual llamada a Tierra, donde la miseria, la desigualdad y la deshonestidad están cada vez más grandes. Quiero confesarle que me he empeñado en ser bueno para presentarme como morador de algún condominio mejor, o mismo de esta periferia, cuando hermanos más moralizados decidan fijar residencia por aquí. Vendrán con otras ideas porque son almas mejores y nos ayudarán a construir un nuevo modo de vivir. Más próximo del que se espera de los humanos. Pienso que este tiempo está llegando. Por lo menos espero…

Sé que soy un poco culpable por ese desajuste general, porque a veces también fracaso en el propósito de amar el prójimo. Confieso que me esfuerzo. Pero no es fácil, mi Padre. Mucha gente mala atormentando los que quieren ser correctos. Y los que dirigen, los que tienen el poder, son los peores. Las personas de bien, honestas, trabajadoras, están siendo agredidas y ellos nada hacen. No sé por qué el Señor les deja en esas funciones si ellos no las ejecutan bien. ¿Es para testar nuestra fe? ¿Nuestra paciencia? ¿Nuestro coraje? Si es por eso, está bien. ¡Pero qué no es fácil resistir, no es! Tenemos que matar un león al día. En el sentido figurado, desde luego, ¡porque matar, jamás! ¡Matar, ni la esperanza de las personas!

La vida en este mundo es como un espectáculo de teatro: en cada intervalo cambiamos de ropa y escenario, pero somos el mismo artista. ¡Ora héroe, ora villano! En el porvenir habrá una galería con nuestros retratos de cada encarnación y sabremos como vivimos en cada intervalo por los mundos materiales. Así constataremos las razones de nuestras tristezas y alegrías. Observaremos nuestros papeles, haciendo el bien u omisos delante el mal. Entenderemos el origen de las virtudes y defectos que aún tenemos y de los cuales nos enorgullecemos o avergonzamos. Es difícil comprender, aunque teniendo Jesús dejado todo muy claro. Pero nosotros no creemos.

Después de un tiempo en mi religión tradicional, donde nos ponen sin preguntar y que es exigida para estudiar, casar etc., descubrí una doctrina interesante. Creo que el Señor ya oyó hablar: Espiritismo. Hizo tanto sentido que empecé a estudiarla y acabé uno de sus adeptos. Llegué hasta a fundar una casa para llevar el conocimiento dejado por Allan Kardec, aquél que tan bien tradujo Jesucristo, para las personas que viven sufriendo y explicándoles que la solución para sus problemas está en el trabajo que harán en favor de los otros. Ayudando serán ayudadas. Me gustó cuando el Espiritismo enseñó que “fuera de la caridad no hay salvación” y también cuando informó que el verdadero espiritista sería conocido por su “transformación moral y por el esfuerzo que hace para combatir sus malas inclinaciones”. Me puse encantado porque no nos llama pecadores y dice que solo el esfuerzo para ser mejor ya agrada a Usted, mi Padre. Sé que siempre lleva en cuenta nuestras intenciones, aunque que los actos sean fallos.

El mal es que trabajo en un centro de personas que tienen vida relativamente buena y que, aunque quejosas como todo terráqueo, gozan de muchos privilegios, qué, por veces, estorban sus vidas. Cualquier fiesta, evento, feriado prolongado, allá se van ellas para sus viajes de recreo, casas de campo o de playa, dejando para después los compromisos asumidos con el centro espiritista. Trabajan porque quieren; no son forzados. Pero aún no entendieron que no trabajan para Usted, Padre, ni para Jesús o para el Espiritismo. Trabajan a ellos. Por eso, se creen en el derecho de ir cuando quieren. El centro no es prioridad para ellos. Hoy van de coche, moran cerca y faltan mucho. En el próximo acto, en el nuevo papel que tendrán en el teatro de la vida, vivirán en el mato, sin luz e irán a pie para el centro, que va a ser muy distante de su casa. Pero las necesidades y los dolores serán tantos que tendrán de rendirse y aceptar el sacrificio.

Por ahora, el Espiritismo pierde de goleada para los espiritistas y sus eventos. Hoy nosotros vemos: Navidad 8 x Espiritismo 1; Fútbol 5 x Espiritismo 0; Cumpleaños 6 x Espiritismo 2; Feriado 4 x Espiritismo 1. Y así va. El Espiritismo no hace un único punto. ¿Será qué va a acabar rebajado? Jamás. Incluso sin la colaboración de los espiritistas el Espiritismo va a crecer mucho y ayudar a la humanidad. Ya nos han dicho que él prosperaría a pesar de los espiritistas. Oí hablar qué alguien dijo esta frase: “Con los espiritistas, sin los espiritistas, ¡a pesar de los espiritistas!” Si no dijo podría haber dicho… Es muy procedente.

En la nueva encarnación todo va a pasar al revés. Por eso es qué es bueno el centro espiritista con trabajadores pobres que no tienen condiciones de ir siempre de paseo. Solo la concienciación nada puede hacer por nosotros. No entendemos aún el “espíritu de la cosa”, ni los privilegios que nortean nuestras vidas, ni las razones de más una encarnación. ¡Somos apóstoles del Cristo, pero no percibimos ni actuamos cómo tal! ¡Lo dejamos siempre solo!

Bien. Yo solo quería charlar un poco y desahogar. Espero que el Señor se recuerde quien yo soy y tenga paciencia con éste su hijo también aún lleno de fallos. ¡Su bendición, Padre!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Febrero 2019

 

Las aflicciones y el porvenir

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No podemos hilarnos en creencias irracionales e inconsistentes

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

Aprendemos por el Evangelio del Cristo y Señor que cada uno recibirá según sus obras. Hacer para que el Cielo nos ayude; a mil por uno. O sea, a ejemplo de la multiplicación de los panes y de los peces hecha por Jesús, nadie multiplica partiendo del cero. Es preciso que haya en cada uno de nosotros un mínimo de esfuerzo para ser aumentado por la misericordia del Cielo. El propio Pedro ya dijo, en su primera epístola, que el amor cubre a la multitud de pecados. Pero es preciso, por lo menos, ¡una gota de amor!

Qué se ve, en términos de divulgación de lo que nos compete para ser felices, no está compatible con las recomendaciones de Jesús. Nos hablan qué es necesario tener fe, sin nos explicar cómo lograrla y vivirla. Nos informan qué si nos afiliamos a determinada doctrina religiosa, pagando por las bondades que anhelamos, seremos inmediatamente atendidos y recompensados. Es un procedimiento tan simplista como declarar extinta la inflación en un país simplemente igualando la moneda nacional a la norteamericana, sin la adopción de medidas que de hecho corrijan la economía. No es necesario decir que, a largo plazo, la equiparación no se sostendrá y traerá terribles consecuencias a su pueblo.

Si las soluciones para salir de la miseria, de la ignorancia y de la maldad fueran tan fáciles, podríamos exportar esa tecnología milagrosa y acabar con los flagelos de la humanidad. Si bastase ser socio o adepto de una iglesia para conquistar la dicha y transformar las personas en criaturas de bien, sería algo fácil de providenciarse. ¡Cada presidio de este país sería transformado en una iglesia y la criminalidad desaparecería!

El hablar manso y hermoso y la simple lectura de capítulos y versículos convenientes de las escrituras sagradas, se constituyen convincentes argumentos para quien guste de vivir en la ilusión. Si leemos atentamente el Evangelio, veremos que Jesucristo nunca nos ofreció la salvación, entendida cómo la conquista de la dicha sin esfuerzo. Qué Él ha dicho y las escrituras reproducen es: “Nadie va al Padre a no ser por mí. Porque yo soy el camino, la verdad y la vida.” O sea, sin seguir sus orientaciones. “Si alguien quiere venir después de mí, que niegue a sí mismo, tome su cruz, día tras día, y me siga.” Lucas 9:23. Nunca prometió cargarnos en sus brazos como dice el mensaje “huellas en la arena”, un sentimentalismo de la poesía musicada.

Siempre que nos ofrezcan facilidades y conquistas sin nuestra efectiva colaboración, desconfiemos. Nada es fácil en este mundo. Nada se transforma en un pase de magia. Cambiar carácter, corregir errores y combatir defectos, librarse de los vicios y matar el hombre viejo para renacer como Paulo al libertarse del viejo Saulo son batallas hercúleas, tareas que ni siempre se concluyen en una única encarnación en mundos de pruebas y expiaciones como es nuestro planeta. Es preciso mucha persistencia para bisoñas conquistas qué nos llevan, incluso a los que conocen, a titubear frente a las dificultades para dar algunos pequeños pasos hacia la frente y hacia el alto.

Los Espíritus ya informaron que hay cuatro etapas para arreglar un error. La primera es reconocerlo. La segunda es el arrepentimiento. La tercera es la retractación, que nos lleva al pedido de disculpas, cuando aún posible. Y el último y definitivo es la reparación, si aún hay tiempo. Si alguna etapa se queda sin solución el rescate no se hará y la pendencia tendrá de ser resuelta por otros medios o con otras personas, que nos impondrán dificultades iguales a las que causamos a los otros. Nadie piense que esto es un castigo. Es renovación del aprendizaje para avanzar en la dirección de mundos más perfectos. El propio Jesús ya nos advirtió que nadie saldría de aquí mientras no quitase hasta el último centavo. Nadie va a una fiesta con ropa desaseada o rota. ¡Y la conquista del reino de los Cielos es para ser festejada con vestimentas apropiadas!

2019 llegó y los próximos trescientos sesenta cinco días y seis horas traerán nuevas oportunidades para que ascendamos algunos escalones en la escalera del perfeccionamiento moral, visando a la conquista de sitios de paz. No adelanta querer penetrar en los mundos superiores, ya dijo Emmanuel, si estamos huérfanos de sintonía con esos lugares. Es cuestión de afinidad. La sintonía y la atracción se dan por los deseos y calidades comunes. Sin choques. Los afines se atraen. Como la parábola de la Vestidura Nupcial: quien no esté adecuadamente vestido, de cuerpo y alma, no puede entrar.

Nunca pierda su fe en la certeza de que Dios, el Padre perfecto, quiere lo mejor para sus hijos. ¡Pero a ejemplo de los padres de la Tierra, muchas veces para educarlos es necesario decirles un sonoro NO! Puede no agradar, pero es lo que debe ser hecho. También Dios, cuando nos contraria lo hace por nuestro bien. Hasta la muerte, tan temida, es una invención de Dios. Luego no puede ser algo malo. Es, como el propio sufrimiento, solamente mal comprendida.

El nuevo mundo está se formando y brevemente los buenos podrán respirar de su aire más perfumado. ¡Paciencia y perseverancia porque los tiempos ya llegaron!

Feliz Año Nuevo.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – enero 2019

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