Una nota para Dios

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La vida en este mundo es como un espectáculo de teatro: en cada parte cambiamos de ropa y escenario, pero somos el mismo artista

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

Buenos días, mi Padre.

Es Octávio. ¿Recuerdate de mí? Creo que sí, al final soy un de sus hijos, morador de esta favela espiritual llamada a Tierra, donde la miseria, la desigualdad y la deshonestidad están cada vez más grandes. Quiero confesarle que me he empeñado en ser bueno para presentarme como morador de algún condominio mejor, o mismo de esta periferia, cuando hermanos más moralizados decidan fijar residencia por aquí. Vendrán con otras ideas porque son almas mejores y nos ayudarán a construir un nuevo modo de vivir. Más próximo del que se espera de los humanos. Pienso que este tiempo está llegando. Por lo menos espero…

Sé que soy un poco culpable por ese desajuste general, porque a veces también fracaso en el propósito de amar el prójimo. Confieso que me esfuerzo. Pero no es fácil, mi Padre. Mucha gente mala atormentando los que quieren ser correctos. Y los que dirigen, los que tienen el poder, son los peores. Las personas de bien, honestas, trabajadoras, están siendo agredidas y ellos nada hacen. No sé por qué el Señor les deja en esas funciones si ellos no las ejecutan bien. ¿Es para testar nuestra fe? ¿Nuestra paciencia? ¿Nuestro coraje? Si es por eso, está bien. ¡Pero qué no es fácil resistir, no es! Tenemos que matar un león al día. En el sentido figurado, desde luego, ¡porque matar, jamás! ¡Matar, ni la esperanza de las personas!

La vida en este mundo es como un espectáculo de teatro: en cada intervalo cambiamos de ropa y escenario, pero somos el mismo artista. ¡Ora héroe, ora villano! En el porvenir habrá una galería con nuestros retratos de cada encarnación y sabremos como vivimos en cada intervalo por los mundos materiales. Así constataremos las razones de nuestras tristezas y alegrías. Observaremos nuestros papeles, haciendo el bien u omisos delante el mal. Entenderemos el origen de las virtudes y defectos que aún tenemos y de los cuales nos enorgullecemos o avergonzamos. Es difícil comprender, aunque teniendo Jesús dejado todo muy claro. Pero nosotros no creemos.

Después de un tiempo en mi religión tradicional, donde nos ponen sin preguntar y que es exigida para estudiar, casar etc., descubrí una doctrina interesante. Creo que el Señor ya oyó hablar: Espiritismo. Hizo tanto sentido que empecé a estudiarla y acabé uno de sus adeptos. Llegué hasta a fundar una casa para llevar el conocimiento dejado por Allan Kardec, aquél que tan bien tradujo Jesucristo, para las personas que viven sufriendo y explicándoles que la solución para sus problemas está en el trabajo que harán en favor de los otros. Ayudando serán ayudadas. Me gustó cuando el Espiritismo enseñó que “fuera de la caridad no hay salvación” y también cuando informó que el verdadero espiritista sería conocido por su “transformación moral y por el esfuerzo que hace para combatir sus malas inclinaciones”. Me puse encantado porque no nos llama pecadores y dice que solo el esfuerzo para ser mejor ya agrada a Usted, mi Padre. Sé que siempre lleva en cuenta nuestras intenciones, aunque que los actos sean fallos.

El mal es que trabajo en un centro de personas que tienen vida relativamente buena y que, aunque quejosas como todo terráqueo, gozan de muchos privilegios, qué, por veces, estorban sus vidas. Cualquier fiesta, evento, feriado prolongado, allá se van ellas para sus viajes de recreo, casas de campo o de playa, dejando para después los compromisos asumidos con el centro espiritista. Trabajan porque quieren; no son forzados. Pero aún no entendieron que no trabajan para Usted, Padre, ni para Jesús o para el Espiritismo. Trabajan a ellos. Por eso, se creen en el derecho de ir cuando quieren. El centro no es prioridad para ellos. Hoy van de coche, moran cerca y faltan mucho. En el próximo acto, en el nuevo papel que tendrán en el teatro de la vida, vivirán en el mato, sin luz e irán a pie para el centro, que va a ser muy distante de su casa. Pero las necesidades y los dolores serán tantos que tendrán de rendirse y aceptar el sacrificio.

Por ahora, el Espiritismo pierde de goleada para los espiritistas y sus eventos. Hoy nosotros vemos: Navidad 8 x Espiritismo 1; Fútbol 5 x Espiritismo 0; Cumpleaños 6 x Espiritismo 2; Feriado 4 x Espiritismo 1. Y así va. El Espiritismo no hace un único punto. ¿Será qué va a acabar rebajado? Jamás. Incluso sin la colaboración de los espiritistas el Espiritismo va a crecer mucho y ayudar a la humanidad. Ya nos han dicho que él prosperaría a pesar de los espiritistas. Oí hablar qué alguien dijo esta frase: “Con los espiritistas, sin los espiritistas, ¡a pesar de los espiritistas!” Si no dijo podría haber dicho… Es muy procedente.

En la nueva encarnación todo va a pasar al revés. Por eso es qué es bueno el centro espiritista con trabajadores pobres que no tienen condiciones de ir siempre de paseo. Solo la concienciación nada puede hacer por nosotros. No entendemos aún el “espíritu de la cosa”, ni los privilegios que nortean nuestras vidas, ni las razones de más una encarnación. ¡Somos apóstoles del Cristo, pero no percibimos ni actuamos cómo tal! ¡Lo dejamos siempre solo!

Bien. Yo solo quería charlar un poco y desahogar. Espero que el Señor se recuerde quien yo soy y tenga paciencia con éste su hijo también aún lleno de fallos. ¡Su bendición, Padre!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Febrero 2019

 

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Las aflicciones y el porvenir

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No podemos hilarnos en creencias irracionales e inconsistentes

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

Aprendemos por el Evangelio del Cristo y Señor que cada uno recibirá según sus obras. Hacer para que el Cielo nos ayude; a mil por uno. O sea, a ejemplo de la multiplicación de los panes y de los peces hecha por Jesús, nadie multiplica partiendo del cero. Es preciso que haya en cada uno de nosotros un mínimo de esfuerzo para ser aumentado por la misericordia del Cielo. El propio Pedro ya dijo, en su primera epístola, que el amor cubre a la multitud de pecados. Pero es preciso, por lo menos, ¡una gota de amor!

Qué se ve, en términos de divulgación de lo que nos compete para ser felices, no está compatible con las recomendaciones de Jesús. Nos hablan qué es necesario tener fe, sin nos explicar cómo lograrla y vivirla. Nos informan qué si nos afiliamos a determinada doctrina religiosa, pagando por las bondades que anhelamos, seremos inmediatamente atendidos y recompensados. Es un procedimiento tan simplista como declarar extinta la inflación en un país simplemente igualando la moneda nacional a la norteamericana, sin la adopción de medidas que de hecho corrijan la economía. No es necesario decir que, a largo plazo, la equiparación no se sostendrá y traerá terribles consecuencias a su pueblo.

Si las soluciones para salir de la miseria, de la ignorancia y de la maldad fueran tan fáciles, podríamos exportar esa tecnología milagrosa y acabar con los flagelos de la humanidad. Si bastase ser socio o adepto de una iglesia para conquistar la dicha y transformar las personas en criaturas de bien, sería algo fácil de providenciarse. ¡Cada presidio de este país sería transformado en una iglesia y la criminalidad desaparecería!

El hablar manso y hermoso y la simple lectura de capítulos y versículos convenientes de las escrituras sagradas, se constituyen convincentes argumentos para quien guste de vivir en la ilusión. Si leemos atentamente el Evangelio, veremos que Jesucristo nunca nos ofreció la salvación, entendida cómo la conquista de la dicha sin esfuerzo. Qué Él ha dicho y las escrituras reproducen es: “Nadie va al Padre a no ser por mí. Porque yo soy el camino, la verdad y la vida.” O sea, sin seguir sus orientaciones. “Si alguien quiere venir después de mí, que niegue a sí mismo, tome su cruz, día tras día, y me siga.” Lucas 9:23. Nunca prometió cargarnos en sus brazos como dice el mensaje “huellas en la arena”, un sentimentalismo de la poesía musicada.

Siempre que nos ofrezcan facilidades y conquistas sin nuestra efectiva colaboración, desconfiemos. Nada es fácil en este mundo. Nada se transforma en un pase de magia. Cambiar carácter, corregir errores y combatir defectos, librarse de los vicios y matar el hombre viejo para renacer como Paulo al libertarse del viejo Saulo son batallas hercúleas, tareas que ni siempre se concluyen en una única encarnación en mundos de pruebas y expiaciones como es nuestro planeta. Es preciso mucha persistencia para bisoñas conquistas qué nos llevan, incluso a los que conocen, a titubear frente a las dificultades para dar algunos pequeños pasos hacia la frente y hacia el alto.

Los Espíritus ya informaron que hay cuatro etapas para arreglar un error. La primera es reconocerlo. La segunda es el arrepentimiento. La tercera es la retractación, que nos lleva al pedido de disculpas, cuando aún posible. Y el último y definitivo es la reparación, si aún hay tiempo. Si alguna etapa se queda sin solución el rescate no se hará y la pendencia tendrá de ser resuelta por otros medios o con otras personas, que nos impondrán dificultades iguales a las que causamos a los otros. Nadie piense que esto es un castigo. Es renovación del aprendizaje para avanzar en la dirección de mundos más perfectos. El propio Jesús ya nos advirtió que nadie saldría de aquí mientras no quitase hasta el último centavo. Nadie va a una fiesta con ropa desaseada o rota. ¡Y la conquista del reino de los Cielos es para ser festejada con vestimentas apropiadas!

2019 llegó y los próximos trescientos sesenta cinco días y seis horas traerán nuevas oportunidades para que ascendamos algunos escalones en la escalera del perfeccionamiento moral, visando a la conquista de sitios de paz. No adelanta querer penetrar en los mundos superiores, ya dijo Emmanuel, si estamos huérfanos de sintonía con esos lugares. Es cuestión de afinidad. La sintonía y la atracción se dan por los deseos y calidades comunes. Sin choques. Los afines se atraen. Como la parábola de la Vestidura Nupcial: quien no esté adecuadamente vestido, de cuerpo y alma, no puede entrar.

Nunca pierda su fe en la certeza de que Dios, el Padre perfecto, quiere lo mejor para sus hijos. ¡Pero a ejemplo de los padres de la Tierra, muchas veces para educarlos es necesario decirles un sonoro NO! Puede no agradar, pero es lo que debe ser hecho. También Dios, cuando nos contraria lo hace por nuestro bien. Hasta la muerte, tan temida, es una invención de Dios. Luego no puede ser algo malo. Es, como el propio sufrimiento, solamente mal comprendida.

El nuevo mundo está se formando y brevemente los buenos podrán respirar de su aire más perfumado. ¡Paciencia y perseverancia porque los tiempos ya llegaron!

Feliz Año Nuevo.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – enero 2019

Estudio y Trabajo

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Octávio Caumo Serrano – caumo@caumo.com

Tenemos que usar mente y manos simultáneamente

Nosotros somos conscientes de que la Doctrina Espiritista es una ciencia filosófico-moral que necesita ser muy estudiada para ser comprendida. El propio Kardec enfatizó esa necesidad en el prefacio de El Libro de los Espíritus, al decir qué “años son necesarios para formarse un médico (…). ¿Cómo pretenderse en algunas horas adquirir la Ciencia del Infinito?”. Pero él dijo también, definiendo el slogan del Espiritismo, que “fuera de la caridad no hay salvación”.

Nadie puede lamentar la falta de condiciones para aprender. Encuentros, seminarios, congresos, cursos, en-línea o presenciales, revistas, periódicos, libros y exposiciones de nombrados espiritistas están accesibles a todas las personas, porque el Espiritismo es fácil de ser comprendido por los que tienen interés real en el conocimiento. Espiritista que no estudia es simpatizante de la doctrina, no es espiritista. Buscarla por curiosidad o para resolver problemas que no solucionó por su propia capacidad o con la ayuda de su religión tradicional. Oyó hablar de obsesión y se imagina entre las víctimas inocentes, asediadas por los Espíritus. Creen en milagros, olvidando a el básico del Evangelio que “a cada uno será dado según sus obras”. “Hace que el Cielo te ayuda.”

La ayuda sin esfuerzo no es parte de la Justicia de Dios. Ella recompensa los méritos, pero no ofrece inmerecidos privilegios. El arreglo es cosa de los hombres, no del Padre Celestial.

Muchos de nosotros, espiritistas, somos como “míseros”. Salidos de otras religiones creemos que la ida semanal al centro basta para cumplir nuestros deberes cristianos. Asistimos a la exposición, recibimos pase y agua fluidificada y solo volvemos la semana siguiente. Cuando no faltamos porque tenemos fiesta o llueve… o para ahorrar gasolina, pues la crisis está grande. Nada sabemos de la casa, pero el centro abre igualmente para atender una o cien personas.

Mientras el Evangelio no baja de las mentes hacia las manos, nada producimos. El trabajo es la mejor oración. Estudiamos demás mientras las manos herrumbran por la inactividad. Cantamos hosanas, pero ignoramos el problema del vecino o de quien nos ofreció la terapia espiritual en el centro, transfiriendo un poco de su energía para fortalecernos.

Pero como el estudio es también importante para dar las bases del entendimiento, usted que se dice espiritista conteste, sin consultar apuntamientos, estas preguntas elementales: 1. Nombre completo de bautismo de Allan Kardec. 2. Fecha de su nacimiento. 3. Día de su desencarne. 4. ¿Cuándo él lanzó y cuántas preguntas tenía la primera edición de El Libro de los Espíritus? 5. ¿Cuál el nombre de la esposa del Codificador? 6. ¿Cuántos son los libros de la codificación y en qué año fueron lanzados? 7. ¿Usted ya leyó las Obras Póstumas? 8. ¿Y la Reviste Espiritista Allan Kardec? 9. ¿Qué hecho importante ocurrió el 1r de abril de 1858, protagonizado por Allan Kardec? 10. ¿Sabe lo que es el Auto de Fe de Barcelona?

Las respuestas tienen a ver con su interés en conocer un mínimo de la religión que profesa. Es como el católico que necesita conocer la Biblia. El básico del conocimiento.

Después preguntaríamos si además de las reuniones públicas usted participa de algún grupo de estudio de la Doctrina y ya se ofreció para hacer algún trabajo en su institución. ¿Conoce algo de la estructura y qué medios tiene de mantenimiento y supervivencia? ¿O está entre los que entran y salen y ni perciben se hay bombilla quemada, ventilador roto o reloj parado porque la pila agotó? Usan papel higiénico, vasos desechables y reciben el refrigerio de los ventiladores, pero no saben quién paga las cuentas.

No espere ser cobrado ni que insistan para que usted participe de las actividades, sea cual sea su habilidad. Y cuando sea invitado para realizar algún trabajo no se diga sin condiciones. Reencarnamos para aprender y no estamos en el mundo de paseo. La próxima encarnación podrá ser una difícil conquista. Especialmente para quien espere nacer en cuna privilegiada, porque las personas más ricas no quieren saber de hijos. Quieren casas, coches y vida de lujo. Y con los altos costes de los estudios está difícil instruir varios hijos. Va a tener que conformarse en venir como pobre y ser obrero. Puede tener algo mejor si hace por merecerlo; sin desmerecer los obreros, importantes en una sociedad como cualquier doctor, sin embargo, es siempre más sufrido.

Incluya en sus oraciones y Evangelio en el Hogar las vibraciones de amor por la casa que lo acoge, agradecido por lo que recibe y anhelando que sus responsables tengan fuerza y recursos para mantenerla siempre equilibrada. Solo así usted será asistido y tendrá oportunidad de crecer, por el conocimiento y servicio. Las personas desconocen el esfuerzo de los dirigentes para mantener el centro organizado, disciplinado y en condiciones de divulgar el verdadero Evangelio del Señor Jesús. A veces falta incluso el básico para el mantenimiento de la casa. Los ingenieros de obras listas creen que todo se cae del cielo y buscan beneficiarse de ella sin percibir el sacrificio de los administradores y colaboradores. Son exigentes, indisciplinados y se hallan con el derecho de todo recibir sin nada ofrecer. Ni respeto.

¡Lástima qué tantos de nosotros seamos de ese tipo! Aprovechemos la Navidad para analizar cómo fue nuestro año de 2018, contra lo cual tanto reclamamos, y meditar sobre lo que seremos tras el desencarne: ¿Ángeles de guarda o agentes de obsesión de los hombres del mundo?

¡Buen Navidad y feliz 2019!

Revista Internacional de Espiritismo – Deciembre 2018

El sembrador y la familia

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Plantar semillas y plantar virtudes son cosas similares

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

Cuando alguien va a crear una agricultura, escoge semillas de calidad y define el área y la época del plantío. Sabe que la tierra tendrá de estar lista, limpia y adobada para recibir la siembra. Dando continuidad, cuidará de regarla adecuadamente, ni con poca agua ni encharcarla además del necesario, para que la semilla germine sin pudrirse. Sin embargo, además de las providencias que competen al agricultor, otros factores son importantes para una buena cosecha. Sol, lluvia, frío, calor, según la necesidad de cada planta.

Por eso cada región produce frutos con calidades diferentes. La uva para un buen vino depende no solamente del tipo de tierra, sino del número de meses con baja temperatura para dejarla en condiciones de producir bebida con calidad. Hay plantas que fructifican bajo el suelo; otras en el tronco, como la jabuticaba, o en las copas, como yaca, coco, naranja, okra, jiló y berenjena; otras son las propias hojas, como lechuga, col, repollo y verduras en general. Muchas, como la yuca, la patata, la zanahoria, la remolacha, el rábano, el maní, el espárrago y la cebolla se confunden con sus propias raíces. Lo mismo pasa con la paternidad, entendiéndose padre y madre. La pareja planea la unión y, tras definir las necesidades básicas, evalúa sus condiciones y opta por traer más un Espíritu al mundo, abrigándolo como hijo, para enriquecer el hogar y dar más motivación a la vida de la pareja. Se prepara el ajuar, la cuna y la habitación llena de refinamientos para esperar al ángel que Dios les mandará. ¡El día llega y todo es fiesta! Alegría de padres, abuelos, padrinos y demás familiares envueltos con aquel núcleo.

Comienzan ahora los cargos de mantenimiento y encaminamiento de la nueva criatura. Darle la lecha y ampararla para que tenga reposo y crezca saludable y enseñarle principios básicos de higiene. Pediatra, vacunas, primeros pasos para posibilitar la adaptación en su retorno al mundo. Los padres acompañan la trayectoria aleccionadora, fiscalizan anotaciones, el comportamiento en la escuela, la relación con amigos y maestros, para que el niño se habitúe a tener buenas compañías. Saben lo que hace, con quién se relaciona, qué diversiones tiene como prioridades, tal cual el sembrador que arranca las malas hierbas de la labranza, los brotes ladrones que debilitan la planta, removiendo ramas y hojas secas para que el producto crezca sano. Muchas veces, sin embargo, como ocurre en la labranza, llegan plagas imprevistas. Saltamontes, moscas, heladas o sequías anormales que dañan la siembra. Lo mismo se da con un hijo cuando es asediado por malos hábitos, por amigos nocivos que lo desencadenan, a pesar de toda la plataforma que construimos para que él tuviese seguridad. Cuando menos esperamos, nos damos cuenta de que él no va al estudio para seguir a los amigos, creando problemas para otras personas o envolviéndose en los vicios de los días actuales: juego, bebida, droga, contra los cuales la mayoría de las familias ha perdido las batallas.

Es la hora de la desesperación, con la clásica pregunta: “¿Dónde fue qué yo erré?” Aparentemente teníamos la vida del hijo en nuestras manos y las revelaciones que ahora nos llegan son terribles. La casa queda de piernas para el aire y unos intentan culpar otros. La abuela dice que la hija no cuidó bien de su prole, mientras ésta alega omisión del esposo. No es hora de buscar culpables, sino soluciones. A veces son difíciles de encontrar, dependiendo de cuán lejos el problema ya avanzó. Sin embargo, insistir en la busca de la reparación, exhaustivamente, es el correcto.

En este instante, lo más importante es tener la conciencia tranquila por haber hecho lo mejor, sin omisión. Como el hombre que cuidó de su agricultura y aun así la perdió. El perjuicio existe; sin embargo, su conciencia está en paz. Consciente de que hizo de todo y las contingencias le crearon problemas imprevisibles, no lleva culpa. Lo mismo pasa con los padres, que en ningún momento deberán afligirse imaginando la reprobación de Dios. Nuestros hijos son almas antiguas que regresan a nuevas experiencias y ya traen consigo tendencias, vicios y defectos de otras existencias, no se sabe de dónde y en qué condiciones. Nacen pequeños, de nuevas semillas, exactamente para ser moldeados mientras están bajo la protección del olvido del pasado. Pero ni siempre en una nueva encarnación es posible transformar rudezas arraigadas en bondad, educación, respeto y equilibrio. Esto está bien explicado en El Evangelio Según el Espiritismo, Capítulo XIV, 9, que trata de la ingratitud de los hijos y los lazos de familia.

Entre las difíciles misiones que tenemos en la Tierra está la formación de un hogar. Como madre o padre. Nunca es batalla que se vence anticipadamente. Hay hechos que llegan cuando estamos desprevenidos, invigilantes, excesivamente confiados debido a la genética. Pero el ADN sólo transmite a los hijos las características físicas. Moral y carácter son forjados; no se pueden dejar como herencia o repasar en testamento. Y es preciso que las dos partes sintonicen, tal cual el maestro y sus alumnos. Un transmite su conocimiento y los otros asimilan o no. Por eso hay tanta desigualdad entre los discípulos de una misma clase, como hay entre los hijos de los mismos padres.

Empeñémonos en ser buenos labradores, pero roguemos a Dios que nos ofrezca lluvias de entendimiento para que los hijos puedan bañarse en las bendiciones de la educación y de la bondad. Y que aleje de nuestra labranza familiar los vientos fuertes y sus resacas que todo destruyen, dejándonos impotentes ante la violencia de las grandes intemperies.

RIE Revista Internacional de Espiritismo – Noviembre 2018

Enemigos de la doctrina

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Los espiritistas tienen siempre la preocupación de defender el Espiritismo

Octavio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

En éste 3 de octubre, cuando conmemoramos el 214º aniversario del nacimiento del codificador Allan Kardec, nos viene a la mente el cuidado que él tuvo para que la doctrina fuese divulgada con criterio, buen sentido y verdad. Después de negarse en organizarla, debido a sus múltiples trabajos, aceptó codificar las revelaciones de los Espíritus lanzándolas en el primero ejemplar del Libro de los Espíritus, el 18 de abril de 1857, considerado hoy la cartilla de la doctrina, porque trajo las primeras noticias de un mundo hasta entonces desconocido.

Pasados 161 años y analizando el progreso del Espiritismo, constatamos que él creció y se esparció por el mundo. Eso se dio por la actuación de los Espíritus y, también, por la determinación de ciertos seguidores del Codificador, que por la literatura o palabra hablada se encargaron de llevar las noticias a los cuatro puntos del planeta. Ahora, con la modernidad que nos regaló el internet, TV y otros medios modernos de divulgación, las noticias se esparcen más deprisa.

Como esta doctrina no defiende a sí el derecho de creencia salvadora, ya que el propio Kardec creó un slogan definiendo que “fuera de la caridad no habría salvación”, todo lo que ella ofrece es gratis — aunque en los días actuales se hagan muchos eventos con tasas de participación no muy accesibles a las personas menos privilegiadas. Aun así, todo es espontáneo y va quien quiera y quien puede. Aquél que solamente se beneficia de la casa espiritista para oír el Evangelio, recibir un pase y luchar por su mejora física y espiritual, puede hacerlo gratuitamente.

Esta gratuidad enoja algunas doctrinas que se alimentan de pulposas recaudaciones entre los fieles, con la venta de privilegios sin los cuales nadie se salvará. Basta frecuentar estas iglesias, dar su contribución y la salvación está garantizada. Lamentablemente los más pobres, como no pueden pagar, están impedidos de entrar en el “reino del cielo”, aunque se porten como discípulos de Jesucristo.

¿Serán ésos, sin embargo, los grandes enemigos de la Doctrina? Pensamos que no, pues no pueden nos hacer ningún mal ni consiguen interferir en nuestro deseo de progreso. Intentan nos menoscabar y agredir, pero sus argumentaciones son inconsistentes. Los enemigos que más nos desestimulan a buscar nuevos caminos de dicha están adentro del movimiento y de las casas espiritistas. Cierta vez oí una frase, que no sé si alguien realmente la dijo, pero se ha sido dicha sería pertinente; afirma que “el Espiritismo iría a desarrollarse con los espiritistas, sin los espiritistas y a pesar de los espiritistas”. Es decir, no obstante los espiritistas, porque no han entendido a que se destina el Espiritismo, hagan casi todo equivocado, aun así el Espiritismo crecería.

¿por qué tal observación? Porque la mayoría de nosotros espiritistas predicamos una cosa y vivimos otra. La palabra amor es aventada en las exposiciones como la salvación del mundo. Realmente el amor cubre una multitud de pecados, según Pedro en su primera epístola, reforzando lecciones de Jesús cuando afirmó que sus discípulos serían reconocidos por lo mucho que se amasen. El amor cura alma y cura cuerpos. Lamentablemente, no es lo que se ve entre los convivientes espiritistas, ni aun adentro de su propio centro. Celos, maledicencias y críticas malignas. Desatenciones con los dolores y flagelaciones de los compañeros que muchas veces pasan por seria dificultad, sin el conocimiento o amparo de los “cofrades”.

La gravedad del problema se pone más evidente cuando somos un tribuno, que ocupa el espacio gentilmente cedido por la casa para discurrir sobre el Evangelio, dando énfasis al amor al prójimo, que, en la práctica, nunca ofrecemos. Somos arrogantes, acomplejados, metidos a maestros de Espiritismo; prescribimos a los otros las recetas que no aplicamos en nosotros mismos; ofrecemos palabras groseras con la mansedumbre de un sacerdote. Muchas veces combatimos el humo con el paquete de cigarrillos en el bolsillo o hablamos contra el alcohol solo faltando brindar a Jesús con un vaso de aguardiente. Recuerdo un pensamiento de la poetisa goiana Cora Coralina, que publicó su primer libro de poemas a los 70 años: “Feliz aquél que transfiere lo que sabe… Feliz aquél que transfiere lo que sabe y aprende lo que enseña.” O sea, que pasa de la teoría a la práctica, del discurso al ejemplo. ¡Cómo somos pocos en el Espiritismo! Porque somos pocos entre los hombres…

Quien aleja a sus amigos de la “salvación” son los propios espiritistas. Comentamos las bellezas de las exposiciones, pero, mismo después de diez, quince, veinte años de doctrina continuamos neuróticos, impacientes, ansiosos, llenos de dolor e ira, asumiendo compromisos que no honramos y con dificultad para perdonar las faltas ajenas. El otro raciocina qué si el centro no pudo cambiarnos después de tantos años de casa, no debe ser una buena religión y, fatalmente, no deberá solucionar sus problemas y angustias. No fuimos la inspiración para que uno más buscase nuestra religión.

Si pensamos que podemos engañar, desistan. Somos más transparentes de que imaginamos y observados con un rigor que ni sabemos. Cuando predicamos la doctrina no somos nosotros que hablamos; es el propio Espiritismo que por nosotros allí está representado. Seremos juzgados por lo que decimos y mostramos en nombre de la doctrina. Oremos y vigiemos para no destruir lo que Kardec y muchos otros misioneros construyeron a lo largo del tiempo.

Quien anhelar un nombre en quien pueda inspirarse, sin menosprecio de ninguno otro, lea la historia del Dr. Bezerra de Menezes y sabrán lo que es la fe de la convicción.

Al hablar que somos espiritistas, primero mostremos. El ejemplo es la única didáctica realmente convincente. Y aprovecho para decir a los lectores, antes que me juzguen pretencioso, que cuando escribo textos como éste no me dirijo a nadie. Me sirvo de ellos para la auto-reflexión.

Y que Dios nos ayude.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Octubre 2018

Que la mano izquierda no sepa lo que hace la derecha

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El Evangelio de Jesús no es una vana filosofía

Octávio Caúmo Serrano       caumo@caumo.com

La Buena Noticia dejada por Nuestro Señor es un código de ética y de moral, indispensable a nuestro crecimiento espiritual. Por lo tanto, no basta decorar las enseñanzas de Jesucristo; es fundamental aplicarlas en nuestro cotidiano.

La expresión “no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha” (Mateo 6:3) es una figura de lenguaje usado por Jesús para enseñarnos la importancia de la modestia, que combate a la vanidad. Está en el Capítulo XIII del Evangelio Según el Espiritismo.

Luego de inicio, recomienda que hagamos el bien sin ostentación y sin esperar el reconocimiento de los mortales, porque debemos cambiar el elogio provisorio y dudoso de los hombres por la gloria eterna de Dios. Todo el bien que hacemos se queda impregnado en nuestra alma de manera inalienable. Si recibimos ya en la Tierra la recompensa, cuando no necesitamos este agradecimiento, nada más tendremos a recibir en el mundo espiritual, cuando podremos necesitar, de verdad, de alguna compensación por nuestros ademanes; sea por nuestra necesidad, sea como un atenuante que compense algún fallo que cometemos.

Todo aquél que enaltece a sí mismo ya recibió el pago por su gesto. Sin embargo, debemos hacer el favor, sea de que naturaleza sea, de tal forma que preservemos el beneficiado, no lo menoscabando o apocando, en respeto al momento difícil que el otro puede estar viviendo. Recomiendan los Espíritus que debemos practicar la caridad de modo a parecer al otro que nosotros es que la estamos recibiendo. Un día entenderemos qué eso no es solo apariencia, sino realidad, porque el mayor beneficiado por un favor prestado es el propio agente. Solo cuando damos es que recibimos de verdad. Si necesitamos ser incensados, demostramos complejo de superioridad y descreimiento en la vida futura, pues esos tesoros que producimos en la Tierra se transformarán en tesoros del cielo si no son cancelados aquí mismo.

Cierta vez un espiritista del Sur, que predicaba en el Nordeste, con tema específico en diferentes centros, fue presentarse en nuestra casa a pedido de una compañera que cedió a él su día de hablar. Abrimos excepción y tuvimos el cuidado de decirle que él no recibiría aplausos, por más que su discurso pudiera agradar. Quiso saber por qué y nosotros le informamos que no era hábito en nuestra casa aplaudir a los oradores. Sin embargo, él insistió: — ¿Por qué? Dijimos que el orador espiritista no es un artista, aunque muchos se presenten como tal, y que nada trae de nuevo que no haya sido enseñado por otros antes de él, especialmente Jesucristo. Él sí merece nuestros aplausos y agradecimientos. Guarde para recibir los aplausos en el Cielo. El hizo una buena exposición, pero no fue aplaudido. Agradecemos y dijimos que el trabajo había sido bueno. No se quedó muy satisfecho, pero seguimos nuestros principios cuanto al asunto.

Lo que debemos resaltar es que Dios ve más la intención que el hecho. Por ejemplo, si contamos a alguien sobre el bien que hacemos para motivarlo a hacer lo mismo, y no por exhibicionismo, será siempre lícito. Cuántas personas desean ayudar y no saben cómo. El óbolo de la viuda, mencionado por Jesús en ese mismo capítulo XIII, luego en seguida al ejemplo de aquella señora benefactora anónima en el capítulo “Infortunios Ocultos”, es un ejemplo de que muchas veces el poco vale más que lo mucho. Y hay quien no haga nada porque no puede hacer algo expresivo. Ya dice el pueblo que “el poco con Dios es mucho”.

Un ejemplo de óbolo de la viuda es el trabajo del voluntario espiritista que ofrece la exposición evangélica, el pase amoroso o el texto divulgado por los medios de comunicación. Por mayor y más brillante que sea su tarea y esfuerzo, será una gota para matar la sed de esta humanidad sufrida. Y cuanto mayor sea la modestia en la ejecución del trabajo, más aprovechable será para quien lo haga y para quien lo reciba.

Raciocinando de esa manera, no nos decepcionaremos con la ingratitud, porque el agradecimiento es también una forma de finiquitar el favor recibido. Si se queda pendiente, el problema se restringe al ingrato por no ser agradecido. Quien hizo el favor será siempre acreedor del bien ofrecido y recibirá en el momento de más necesidad.

Guarden como remembranza ésta nuestra trova para nunca olvidar de que nuestros hechos de bondad no dependen de religión o de cualquiera otra circunstancia: En el acto de caridad / que saca el hombre del suelo / Dios reconoce la bondad / sea un ateo, sea un cristiano.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Setiembre 2018

 

Espiritismo o curandería

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Jesucristo fue el médico de las almas, no de los cuerpos

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

La Doctrina Espiritista aboga a sí misma el derecho de ser el Consolador prometido por Jesús, porque sintoniza con lo que fue relatado en el Evangelio de San Juan, cuando nuestro Cristo habría dicho que rogaría al Padre para que nos enviase otro consolador. Atentemos para la íntegra del enunciado: “3 – Si me amáis, guardáis mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y Él os dará otro consolador, para que se quede eternamente con ustedes, el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve, ni lo conoce. Pero vosotras lo conoceréis, porque él se quedará con ustedes y estará en vosotros. – Pero el Consolador, que es el Espírito Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todas las cosas, y os hará recordar de todo qué os he dicho. (San Juan, XIV: 15 a 17 26)”

¿Qué fue qué nos enseñó Jesucristo cuándo estuvo entre nosotros, básicamente? Que es importante que amemos el prójimo, sea amigo o desafecto, pariente o extraño, de cualquier raza, edad, religión o ideología política. Simplemente el próximo. Porque amar es atributo de los buenos y quien ama es feliz. Más de que quien es amado. Que debemos hacer a los otros solamente lo que nos gustaría recibir si estuviésemos en situación idéntica. nos enseñó esto en la parábola del Buen Samaritano, con toda clareza.

Que debemos esforzarnos y dar el mejor de nosotros, como relató en la parábola de los trabajadores de la última hora al demostrar que el esfuerzo fue recompensado como el trabajo y los que estaban presentes hasta la última hora recibieron lo mismo que los que llegaron a la primera, aunque estuviesen menos tiempo a la disposición del empleador. Valió la voluntad y la calidad del trabajo.

Que debemos perdonar sin restricciones, cuando enseñó a Pedro que no son siete, sino setenta veces siete veces cada agravio recibido. O sea, siempre.

Muchos, sin embargo, preguntarán: ¿Pero Jesús no curó cuerpos? Resucitó Lázaro, curó el ciego y el paralítico, ¿la mujer con hemorragia, el hijo del centurión, el leproso? Sí, pero para provocar la creencia de los que dudaban. Mandó lanzar la red donde había piscis, multiplicó los panes para alimentar la multitud, caminó sobre el Mar de la Galilea, transformó agua en vino. Pero hizo eso esporádicamente durante su apostolado. Cualquier médium de la Tierra, los varios que recibieron Dr. Fritz o nuestro buen Juan de Abadiánia, para nombrar solo dos, hacen cientos de veces a cada mes más curas que Jesús en toda su peregrinación por el planeta.

Sin embargo, hombre alguno jamás dijo las maravillas que Jesucristo nos dejó como enseñanzas siempre actuales y a las cuales no caben retoques. “Conoceréis la verdad y ella os hará libres.”

Por lo tanto, cierto está el Espiritismo cuando dice que el verdadero espiritista puede ser reconocido por su “transformación moral y por el esfuerzo que hace para domeñar sus malas inclinaciones” (El Evangelio Según el Espiritismo, Cap. XVII, artículo 4 – Los buenos espiritistas). No es por las curas que hace, pases que aplica o reuniones asistidas. El servicio al cuerpo por la fluidoterapia sin el acompañamiento de las lecciones del Evangelio, utilizado actualmente hasta por el SUS, tiene solución parcial del problema. Sin la reforma del hombre la cura nunca es completa.

Qué el centro espiritista, espiritista de verdad, debe hacer por su frecuentador es enfatizar la vivencia del Evangelio, la verdadera cura que el Espiritismo ofrece a sus adeptos. Lo que vemos es una inversión. Centro que hace curas del físico vive lleno y en las reuniones de estudio recibe siempre poca gente. Las personas frecuentan sus templos de las más distintas doctrinas para orar y loar el Señor, pero cuando están enfermas del cuerpo corren hacia el Espiritismo. Esa historia de amor al prójimo no es llevada muy en serio. Aún somos más por el amor propio. Por eso, la humanidad está se destruyendo en el colectivo. Cuerpos saludables, siempre bien cuidados, aderezados, y almas desaliñadas que no se encajan en la belleza de las vestiduras. Jóvenes que gastan horas para arreglar los pelos y cutis en los institutos de belleza, llenándose de anillos por el cuerpo todo, hacen dibujos en la piel como cuero de cobra, aguantando el dolor de las agujas, pero que no aguantan una clase de una hora sobre el Evangelio de Jesús. Los valores están alterados.

Como el cuerpo físico es el templo del Espíritu, un alma saludable siempre reflejará su belleza en el cuerpo material. El cuerpo enfermo es señal de alma adolecida.

Me recuerdo que hace muchos años la reviste de las Casas André Luiz publicó el soneto Cuerpo y Alma, del poeta Olavo Bilac, que reproducimos abajo:

Si tienes un alma y esa alma criatura,
Que te fue data como un grande bien,
Quiere un día ascender, ganar altura,
Ser un astro en el más allá…

Tienes un cuerpo y un cuerpo que busca
Arrastrar en el fango que del instinto viene;
Cuando sin dolor tragarlo la noche oscura
Será fango también.

En esa finalidad, atiende, ¡Oh loco!
Cuerpo y alma son tuyos: la babosa y el astro;
Un quiere ascender y el otro andar de rastro.

Lo que sorprende, y es en que me espanto,
Que del cuerpo que es nada, cuidas tanto
Y del alma que es todo cuidas poco.

Vamos a rever nuestras intenciones en relación al Espiritismo, esta doctrina consoladora, pero también redentora, en cuanto a lo que ella puede efectivamente ofrecernos. Si buscamos la cura definitiva, que es la del alma, o simplemente la provisoria, que es la del cuerpo.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – agosto 2018

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