Padres e hijos

Deixe um comentário

Octávio Caumo Serrano – caumo@caumo.com

Es primavera. Cuidemos a nuestros hijos; semillas, flores y frutos de nuestro árbol.

Educar hijos es una de las misiones más difíciles. ¿Ninguna novedad, cierto?

Mi padre era un hombre de un metro y sesenta que pasó a ser un albañil después de haber sido dispensado de una industria de telas en São Carlos (SP), donde fue promovido a supervisor, pero no pudo asumir el cargo por ser analfabeto.

Vivió poco. Solamente cincuenta y cuatro años. Partió en 1957 después de muchos y largos períodos de enfermedades, especialmente con ulceraciones de estómago. Sin embargo, a pesar de esas limitaciones, al desencarnar dejó su esposa en casa propia, construida a las tardes, después del trabajo, por más de diez años de lucha. Fue en un terreno de ocho por veintitrés metros, comprado en cien prestaciones, en Jabaquara, un barrio de periferia en São Paulo. Ha dejado un hijo de veintitrés años (yo), diplomado en contabilidad, y mi hermano de dieciséis, ya trabajando y estudiando. Más tarde sería un abogado. Ambos trabajamos desde los diez años sin nunca sentirnos víctimas de la explotación infantil. Ayudamos con placer el mantenimiento de la familia y nos transformamos en personas de bien, que siempre se agradaron por el trabajo. Y el padre nunca se subvirtió por ser un sin-tierra.

Aparentemente, eso nada tiene de anormal. Sin embargo, lo que deseo destacar son las lecciones que él, asesorado por la madre, nos ha dado. En los días actuales hay didácticas para orientar en la enseñanza de los niños, con fórmulas para no traumatizarlas. Sin embargo, están cada dia más sin educación. ¿Por qué? No es pregunta de fácil contestación. Sin embargo, la primera que nos viene a la mente es porque decimos y no mostramos. Falsificamos, peleamos en el hogar, fumamos y tomamos alcohólicos, pero no queremos que nuestros hijos sean viciados, falsos o violentos.

Me gusta hacer poemas y muchos de los que tengo son descripciones de fragmentos de la vida de mi padre, porque él me dio grandes ejemplos cuando pudo testimoniar sus actitudes delante las dificultades. No hablaba; mostraba por decisiones. Nunca me dio una tapa. No porque yo fuese un ángel, sino porque el método que él usaba era el del ejemplo y no de la conversación vacía o de la represión por el temor.

Observen esta incoherencia.

Cierta fecha, yo venía de Peruíbe, playa del litoral de São Paulo, hacia la Capital y enfrenté el gran tráfico de la vieja autopista Pedro Taques. Me recordé de un amigo que hacía predicaciones en su iglesia y que decidió no respetar la cola de autos transitando por el acoso de la carretera. Como de hábito, el policía lo paró y la actitud natural era mandar el apresurado regresar por la otra pista hasta llegar nuevamente al fin de la cola. Aquel día, fue diferente, me contó él. Habló con la autoridad y resolvió el problema. Prosiguió viaje con la ayuda de la autoridad que lo encajó en la cola principal.

Su hijo de doce años, que estaba en el banco trasero, al presenciar la escena, le preguntó: “Padre. ¿Usted no dio dinero al policía, dio?”. Antes que él contestase, el hijo continuó: “Usted, no, padre. Usted que enseña a los otros lo que es cierto y errado no podía haber dado dinero a él.” Mi amigo me confesó que nunca una actitud suya le causó tanto arrepentimiento. Jamás volvió a tener la admiración del niño en sus trabajos de orientador. ¡Se cayó del pedestal dónde el hijo lo colocara!

Las actitudes de mi padre fueron siempre al revés. Cierta vez faltó comida en la casa porque el patrón no pagó en el día cierto, pero él tenía un dinero reservado para la prestación de una bomba de pozo. Cuando yo le sugerí que en aquel fin de semana usase ese dinero, él se quedó bravo. En mi poema digo así:

– En mis diez años de edad, con mucha serenidad, le hablé usando criterio. – Se calme, padre, ante el hecho; usted es un hombre derecho y Dios protege quien es serio. – Al final, en el cajón, de la cómoda marrón, usted tiene reservado el valor de la prestación, de la bomba de don Juan; pague unos días retrasados…

– Ese ya no tengo yo, enojado contestó, Aunque yo coma en el pasto; y no quiero discusión, después que está en el cajón, Ya no  pertenece a mí!

¡Me quedé todo embobado, vendo el gigante tumbado! Mi ojo todavía marea… Qué lección tuvo aquel día, Ah Dios mío, ¡Virgen Maria!… ¡Su bendición, dónde esté!

Ya a los siete años, cuando le presenté el primer boletín para hablarle de mi anotaciones de la escuela (todas muy buenas), miró y me devolvió. “Muy bien, siempre que quiera me hable de su boletín, pero no es obligado a hacerlo. Tu estudias para ti, no estudias para mí. ¡Luego corresponde a ti cuidar de tu boletín!” ¡Digan si no es sabiduría! Tuvo la confianza de poner en los hombros de un niño la noción de responsabilidad. Nunca traicione a mi padre, avergonzándolo de alguna manera. Fue mi amigo y mi mayor fan.

Qué falta estos días son ejemplos de conducta. Menos vicios, menos peleas, menos mentiras, menos egoísmo y vanidad. Predicando una cosa y viviendo el inverso. ¿Se recuerdan dela conocida historia del teléfono?

El padre explicaba a su hijo que era feo mentir. El teléfono llama y el niño atiende. – Padre, es para usted; el tío Juan. – ¡Dile qué yo no estoy!…

Allá se fue su hermoso tratado sobre la mentira llevado por la avalancha. No tenemos que decir al hijo lo que queremos que él haga. Es necesario mostrar en nosotros lo que anhelamos que él sea. Pocos hacemos eso, lamentablemente… Pienso que está ahí nuestro mayor fracaso como educadores. La tarea es difícil. Sin embargo nuestra culpa también es grande.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Septiembre 2017

 

 

 

 

Anúncios

Jesús, los Esenios y nosotros

Deixe um comentário

Qué la historia no cuenta o los hombres desconocen.

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

En el desierto de la Judea comenzaron a prepararse los caminos para la gran visita de Jesús de Nazaret. Viviendo en el monasterio del Qum Ran, cerca del Mar Muerto, y en otros esparcidos por toda Palestina, los Esenios vivían con sobriedad y fraternidad. Asistían a todos, independientemente de creencia, color, raza o parentesco. Trataban a cualquiera  como a un hermano. Más tarde, ésa fue la máxima de Jesucristo cuando nos recomendó: “Ama al prójimo como a ti mismo.” Y para aclarar lo que debemos entender por prójimo, explicó a Nicodemo, el doctor de la ley judaica, con la parábola del Buen Samaritano. Dijo que un hombre seguía de Jerusalén hacia Jericó, descendiendo por una pequeña sierra, llena de salteadores, sin hacer mención en cuanto al nombre o posición social del viajante. Solamente aclaró que los religiosos (sacerdote y levita) no se preocuparon en prestar socorro al infeliz; fue un discriminado hereje de la Samaria que lo ayudó, dejando claro que no es el rótulo de la creencia que mide nuestro verdadero valor en el campo de la caridad.

Entre los misterios sobre Jesús se incluye el desconocimiento sobre su vida de los 13 a los 30 años. Unos dicen que salió del país y otros que Él tenía vivido entre los Esenios. Como no hay registros históricos oficiales, todo se queda en el campo de la especulación y qué nos queda es analizar, por buen sentido, lo que podría ser verdad.

La semejanza de la vida de los Esenios con lo que predicó Jesús es grande, qué nos lleva a creer que, por lo menos, hubo de la parte de Jesús contacto con ellos. Gratz afirma que Juan Bautista, “la voz que clamaba del desierto aplanando los caminos del Señor”, era esenio. Que esa comunidad era formada por personas diferentes no quedan dudas. El rey de la Prusia, escribiendo a Voltaire, afirma: “Jesucristo fue un Esenio.” Las costumbres también eran semejantes; la reunión de los Esenios en las comidas recuerda la cena final que Jesús tuvo con sus apóstoles.

Escritores acreditados de la época, como Filón de Alexandria, habló de los Esenios: “Son como Santos que habitan en muchas aldeas y villas de Palestina. Se unen por asociaciones voluntarias más de lo que por lazos de familia. Quieren mejor practicar la virtud y el amor entre las criaturas; en sus casas no hay grito o tumulto; cuando un habla los otros oyen respetuosamente; es un silencio que causa grande conmoción al visitante. Moderan la cólera y sostienen la paz. Lo que dicen vale por un juramento porque, afirmaban, solo necesita jurar quien es mentiroso.” Edmund Wilson, periodista del The New York Times, en serie de reportajes sobre los documentos encontrados en 1947, cerca del Mar Muerto, escribe: “El Convento, ese edificio de piedras junto a las aguas amargas del Mar Muerto, con su horno, tinteros, piscinas sacras y túmulos, es, quizá más de lo que Belém y Nazaret la cuna del cristianismo.”

Los principios de vida de los Esenios eran los mismos predicados por Jesús: amor al prójimo, vida simple y desapego a los bártulos materiales. En los fines de semana estudiaban las escrituras y el que más sabia explicaba para los demás todo qué no fuera entendido debido a la simbología de las lecciones. Como hacía Jesús cuando se reunía con sus discípulos en Cafarnaúm, en la casa de la suegra de Pedro, para explicar las bellezas del reino de los Cielos. Sin embargo, los Esenios exigían que los instructores fuesen igualmente superiores en las costumbres y en los ejemplos. El poder del instructor independe de preparación cultural. Así, si no es capaz de enseñar ejemplificando, cualquier lego puede desempeñar sus funciones. (¡grifo nuestro!)

Por eso, Hempel en 1951 escribió: “Aclarada el origen de los cristianos. El cristianismo es apenas Esenio. Esenio o cristiano es lo mismo.” Aún ahora, cuando el Espiritismo está entre nosotros, vemos las orientaciones de la espiritualidad superior confirmando los principios esenios de hacer el bien sin mirar a quien. Mostrando que todo es viejo y todo se renueva con la evolución del entendimiento.

Sin pretender inventar novedades, recomendamos que las personas lean sobre la vida de esa comunidad que vivió alejada de la opulencia y de los conflictos políticos y religiosos de Jerusalén, recogiéndose en la región inhospitalaria del desierto de la Judea cerca a la legendaria ciudad de Jericó, la más antigua del planeta entre las que tienen más de diez mil años. Tierra del publicano regenerado, nuestro estimado Zaqueo, que así como Magdalena, a cierta altura de la vida, estaba inconformado con la manera como vivía; sintiendo un vacío existencial, asciende en un sicómoro (árbol de la región) para ver a Jesús que visitaba su ciudad y orientarse con Él sobre lo que hacer para redimirse de los errores que creía haber cometido. Es un momento raro que acontece en la vida de todos nosotros y es necesario estar atento en la hora de ese llamado. Y caso tengamos la sinceridad de Zaqueo no necesitamos buscar el Cristo en los templos, porque Él nos visitará en nuestra propia casa como hizo con aquel hombre, proporcionándole extrema dicha. Para que Jesús entre en nuestra vida basta abrirle la puerta de nuestro corazón. Una puerta que solo se abre de adentro para afuera.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – agosto 2017

Es necesario nacer de nuevo

Deixe um comentário

“Lo que es nacido de la carne es carne; lo que es nacido del Espíritu es Espíritu” – Juan III 1-2.

Octávio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

Aunque la creencia de la reencarnación sea normal en casi toda la humanidad, quedando la excepción por cuenta de los cristianos no espiritistas, los mecanismos de esa ley aún son mal comprendidos y nos llevan a divagaciones.

Entre los judíos, había entre los fariseos la creencia en la resurrección, a punto de que anhelaban ser enterrados en el camposanto del Valle del Cedrón, en Jerusalén, de dónde emergerían los primeros que fuesen para el mundo celestial al final de los tiempos. Está entre los muros del Templo y el Monte de los Olivos, donde hay muchos túmulos de judíos importantes, incluso el del profeta Zacarías. Es también conocido como el Vale del Juicio, local donde Dios vendría a buscar los escogidos.

Otros religiosos, los saduceos, creían en Dios y en sus recompensas, sin embargo solamente en esta vida. Recibirían por todo el bien que hiciesen aquí mismo en la Tierra. Muertos, nada más les quedaría. Divergencias en el mismo pueblo que se considera el elegido por Dios.

En Brasil, un país de mayoría católica, y también de adeptos de diferentes doctrinas derivadas del cristianismo, como los protestantes con los diferentes segmentos, por ejemplo, la reencarnación es tratada como fantasía. Incluso los médicos que cuidan de las almas, analistas y terapeutas en general, atribuyen todo a los registros del inconsciente. Usan palabras difíciles para explicar lo que no entienden ni están convencidos, porque se quedan sin coraje de admitir su propio desconocimiento en el asunto. Afirman que se alguien ejecuta un instrumento o habla un idioma extranjero es porque ha escuchado en alguna parte, algún día, alguien tocar la música o hablar el idioma. Fue en la convivencia con alguien, una niñera o cualquier situación, por más fortuita que parezca, que el niño registró el hecho que aflora en determinado momento. Pero no explican cómo alguien puede hablar idiomas muertos hay milenios y ni de quien los tendría oído.

Las redes sociales muestran hoy niños con menos de seis años que son verdaderos virtuosos de la música, de la pintura y otras artes. Niños que hablan media docena de idiomas sin nunca haber estudiado o convivido con personas de estos idiomas. Intentar negar no es inteligente. Es preferible investigar; es menos arriesgado. Si no tiene explicación mejor decir no sé. Al final, nadie sabe todo. Peor; lo que sabemos es tan poco que es casi nada.

Hablan de los complejos de Edipo y de Electra, pero no explican las causas. Complejo de Edipo es uno de los conceptos fundamentales de Freud, en psicoanálisis. Se refiere a una fase en el desarrollo infantil en que hay una “disputa” entre el niño del sexo masculino y el progenitor (figura masculina) por el amor de la progenitora (figura femenina). Complejo de Electra fue estudiado por el psiquiatra y psicoterapeuta suizo Carl Gustav Jung, en referencia con el mito griego de Electra. Ésta es una fase del desarrollo psicosexual de los niños del sexo femenino, de acuerdo con el psicoanálisis. Consiste en la etapa en la que la hija pasa a sentirse atraída por el padre, disputando con la madre la atención de este hombre. ¿Cuál la razón? ¿Esto sucede con todas las niñas, sin excepción? Cierto que no.

El Espiritismo explica que muchos problemas de matrimonios del pasado, con la interferencia de amantes que destruyen hogares, provocan necesidades de rescates y los que fallaron vuelven como padres e hijos para ejercitar un amor sublimado, mayor que el amor carnal de los tiempos que se fueron. Pero esto no es regla absoluta. Hay padres e hijos que ningún comprometimiento tienen en este sentido.

Por más que las religiones y los científicos nieguen, más de un ochenta por ciento de las personas, por curiosidad y buen sentido, tienen dudas sobre si ya vivieron antes y se vivirán después. No pretenden aceptar la reencarnación, pero la razón casi que las obliga. Las investigaciones cada vez más afirman que sí y estamos actualmente, según entrevistados de la psicóloga norte-americana Helen Wambach, en el momento de las grandes revelaciones para la humanidad. Ya descubrieron hasta que el corazón tiene neuronas y, por tanto, piensa, así como la mente tiene sentimiento. Los nuevos conocimientos no paran por ahí y se aceleran a cada día, probándonos que sabemos poco o casi nada con respecto a nosotros mismos. Tenemos todo a aprender sobre de dónde vinimos y qué nos espera.

Las iglesias prefieren negar y vender indulgencias, curas, riqueza, comodidades y alegan que necesitar nacer de nuevo se refiere a una renovación de conceptos que debe operarse en cada uno, como cuando Jesucristo dijo a Saulo que él debía matar el hombre viejo que había en él para dejar nacer el hombre nuevo. Sin duda, es también importante renacimiento, pero no fue de ese nacer nuevamente que Jesús habló a Nicodemo.

El propio Jesús al decir que Juan Bautista era Elías que volviera y la humanidad no percibió, deja claro que decía de la reencarnación. Las enseñanzas de Jesús son sencillas y claras, pero como la simplicidad no permite misterios y divagaciones, las iglesias ponen en esto una pizca de misticismo para tener poder espiritual sobre el pueblo. Cuando sepamos que los templos son secundarios y no necesitamos frecuentarlos para hacer el bien, para llegar a Dios y construir nuestro cielo, nos quedaremos menos presos a esos disfraces. Jesucristo está a nuestro lado permanentemente con su Evangelio. Los grupos religiosos solamente valen por lo que nos enseñan de las Leyes Divinas fortaleciendo nuestra fe y no por supuestas ventajas que puedan ofrecer mismo sin que tengamos merecimiento. Milagros sin mérito serían injusticias. Y Dios no comete injusticias.

Salve el Espiritismo: “Fuera de la caridad no hay salvación”. Damos de gracia qué de gracia recibimos. Que Dios nos ayude para no perder jamás ese foco y ese rumbo.

RIE-Revista Internacional de Espiritismo – julio 2017

 

Jesucristo y el espiritismo

Deixe um comentário

¿Qué utilidad tienen las orientaciones de los Espíritus?

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

“¿Una vez qué Jesucristo ha enseñado las verdaderas Leyes de Dios, cuál es la utilidad de las enseñanzas de los Espíritus? ¿Tienen ellos algo a más que enseñarnos?” Esto fue preguntado en la cuestión 627 de El Libro de los Espíritus.

Considerándose que el Espiritismo es el cristianismo revivido, lo que significa resucitado o remozado, se pone claro que las lecciones de Jesucristo fueron adulteradas a lo largo de estos tiempos, a punto de que el mayor mandamiento – “amad Dios sobre todas las cosas y el prójimo como a ti mismo” – tener prácticamente desaparecido del seno de la humanidad, especialmente donde debía estar más preservado que es en el medio religioso.

Con su ya conocida educación y prudencia, Kardec dice que los espíritus debían aclararnos porque Jesucristo hablaba por alegorías. No quiso decir que el mercantilismo de las doctrinas divide a los hombres porque cada una enfatiza que solamente los seguidores de su iglesia tendrán la salvación. La intención es alejar la competencia. Quien no acepta Jesucristo en la versión de ellos no gana el Cielo. Y esa salvación pasa por las donaciones que crean privilegios según la generosidad de las ofertas. Mejoran hasta la facturación de las empresas de los que más colaboran.

La Doctrina Espiritista, que Kardec catalogó en el capítulo I de El Evangelio Según el Espiritismo como la tercera revelación, viene en un momento cierto cuando el Evangelio de Jesucristo nada más tiene del original enseñado por el Cristo. Los

creyentes se despegaron yendo cada uno para un lado y es por eso que hoy hay una inflación de sectas que nacen a cada día, con nombres esdrújulos incluso, porque las variedades de tiendas pasaron a ser un comercio lucrativo. ¿Amor al prójimo? No ofrece ganancias; mejor amor propio o amor a sí propio.

La Doctrina dictada por los espíritus en los cuatro puntos de la Tierra y organizada por el maestro francés Rivail, posteriormente conocido como Allan Kardec, trae de nuevo la pureza del cristianismo naciente de los tiempos de Pedro, Paulo, João, Santiago, Magdalena y demás seguidores de los primeros siglos. Descarta los rituales, los paramentos, los altares y adornos dorados de los templos y forma núcleos semejantes a la Casa del Camino, ornamentados de sencillez. La belleza está en el servicio prestado gratuitamente, acogiendo personas de todas las doctrinas que anhelan aclararse en la pureza del Evangelio y no en la sociedad religiosa elitista, donde encontramos templos que seleccionan a sus frecuentadores por la posición social que ocupan en la comunidad. ¡Los importantes de la Tierra!

La disculpa que más oimos cuanto a la explanación del Evangelio es que la alegoría de las lecciones de Jesucristo, cuando se servía de parábolas, dificulta el entendimiento de las orientaciones del Maestro. Sin embargo, cuando Él recomendó que amásemos el prójimo como amamos a nosotros mismos y que hiciésemos al otro exactamente lo que gustaríamos que el otro nos hiciese, no lo hizo de forma alegórica, sino clara y directa. Y es exactamente ahí donde más nos alejamos del cristianismo. Quien no es de nuestra iglesia es nuestro enemigo.

Vea que incluso en las parábolas interpretativas hay enunciados que no dejan dudas. La del buen samaritano, por ejemplo, habla de la indiferencia del sacerdote y del levita, religiosos de la elite judía, y del socorro prestado por el hereje samaritano que solamente veía en aquel hombre – que no conocía ni sabía su nombre – su prójimo. Dijo que un hombre bajaba de Jerusalén hacia Jericó; no un rey, un judío, un rico; simplemente un hombre.

La venida del Espiritismo como revelación posterior a Moisés y Jesucristo obedece a una secuencia lógica, pues se Jesucristo completó, ratificó, pero también corrigió orientaciones de Moisés, porque eran de un tiempo ido, así el Espiritismo vino a restaurar las lecciones originales predicadas por el Cristo y adulteradas a lo largo de los siglos. Repitiendo: no por falta de entendimiento, sino que de propósito para sacar provecho de la confusión que las propias doctrinas establecieron. Todo es para la casa de Dios. Coches, tierras, cheques, dinero, tarjetas de crédito. Ciertamente depositados en el Banco de la Divinidad.

El Espiritismo habla en un lenguaje sin preámbulos, directa y que cabe en la razón de las personas poco cultas de la misma forma como puede ser entendido por los doctores. Podemos alegar que no creemos o no estamos dispuestos al rigor de nuestra reforma interior. Sin embargo, jamás que no comprendemos. Emmanuel, en el libro El Consolador, pregunta 210, dice que el Espiritismo no necesita de los intelectuales de la Tierra, sino que ellos es que deben encontrar soporte en el Espiritismo para más bien ejecutar su progreso. Así como hizo Jesucristo que convocó su apostolado entre los hombres simples; pescadores, publicanos, etc. No buscó los doctores del Templo de Jerusalén, porque ellos nada entendían del reino que estaba siendo anunciado. La charla con Nicodemo es una comprobación.

Hay una plegaria, la Oración de la Sabiduría, que dice: “Dame, Señor, ¡inteligencia para entender, no las cosas difíciles y sencillas de ser comprendidas, sino que las cosas más simple y tan difíciles de ser entendidas!” Por eso cuando preguntaron a Emmanuel lo que era la Biblia, él contesto: “La Biblia es el amor…”. Y replicaron: “¿Pero por qué ella es tan grande?” Y el guía de Chico Xavier contestó: “¡Para explicar el amor! Del amor, ni definirlo sabemos.”

Esperamos haber dejado claro que los espíritus tenían de venir a restaurar lo que los hombres destruyeron. Con el Espiritismo solo es engañado quien quiera o es un ingenuo queriendo aprovecharse.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – junio 2017

 

Amigos de sangre y parientes de corazón

Deixe um comentário

Octavio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

Debemos tener dos tipos de amigos: los que nos enseñan algo o nos ayudan y los que aprenden con nosotros o aceptan nuestra ayuda.

La vida es corta para perder tiempo. No somos domadores para exigir del otro, a la fuerza, qué él no anhela hacer, aceptar o aprender. De la misma forma que somos como deseamos, respetemos el libre albedrío de las personas, dejándolas que sean como prefieren. Nadie puede obligar el otro a ser su amigo, amarlo o a concordar con sus puntos de vista, a menos que se conciencie que el cambio le será benéfico. Si aún no comprendió, vamos  entregarlo al tiempo que es un maestro convincente. La naturaleza, el dolor y el porvenir muestran lo que ni siempre uno consigue.

Para mejor entendimiento, consultemos El Libro de los Espíritus en las cuestiones relativas a los ángeles guardianes, preguntas 489 a 521, con destaque para la amplia cuestión 495, de autoría de los lúcidos San Luiz y San Agustín, ambos de activa participación en los trabajos de la Codificación del Espiritismo. Tenemos ahí una orientación segura de cual deba ser nuestro comportamiento delante de alguien rebelde que se recusa a ser ayudado.

Eso vale para un desconocido, un pariente y incluso un hijo, después de alcanzar la edad adulta. Mientras es pequeño y no tiene capacidad para decidir sobre su futuro cabe a nosotros encaminarlo, orientarlo e incentivarlo. Sin embargo, una vez mayor debemos darle el derecho al libre albedrío para que haga como mejor le parezca. Así como el ángel de guarda, nunca dejemos de ser un hombro a su disposición y tengamos siempre el tiempo que él necesita para desahogar o pedir ayuda; sin embargo, ahora la situación se invierte. El viene a buscar orientación y socorro cuando le parezca necesario y no cuando nosotros imaginamos que él necesita. Mientras el sufrimiento no hace su parte, nuestro argumento será inconsistente. Es preciso que él se conciencie de sus limitaciones y de la importancia de la ayuda que podemos le dar. Caso se considere autosuficiente, dejemos que decida por sí propio. Y si es efectivamente independiente como piensa, debemos conmemorar. Antes de ser nuestro hijo, es un hijo de Dios; un hermano que camina con nosotros en los meandros del mundo material. Un espíritu individual con derechos y deberes; plantando y cosechando como todos nosotros. Si él tiene éxito nos pondremos felices. Si fracasa, tendrá de recomenzar sus experiencias nuevamente. ¡Es de la Ley!

Ni siempre tenemos el respeto de nuestros hijos y somos para ellos orientadores competentes. Es común que quieran para sí una vida que nada tiene de parecida con la nuestra o con la que les propusimos seguir en su senda. No es anormal que nos consideren retrógrados y sin ninguna inspiración u originalidad para añadirles algún progreso. No somos un buen ejemplo, según su análisis. Paramos en el tiempo o estamos en la edad de la piedra. No adelanta dar puñetazo en punta de cuchillo. Vamos nos herir sin ninguna utilidad. Como Jesucristo ya prometió que ninguna oveja del rebaño se perderá, andando más despacio o más deprisa, ellos también llegarán al punto más alto de la perfección posible a los humanos. Unos tardarán más otros menos, pero nadie será abandonado. Todos tienen, sin excepción, un ángel protector a inspirarles en el camino hacia el bien. Unos oyen mejor, otros son medio sordos, pero todos llegarán a su apogeo.

Sabemos cómo eso entristece a los padres, principalmente cuando se sienten incapaces para guiar a sus hijos y ayudarlos a encontrar el camino del bien. Sin embargo, si hemos hecho lo mejor que sabíamos o pudimos, dejando muchas veces nuestra propia comodidad para ayudar a los hijos, Dios reconocerá nuestros esfuerzos y nos premiará, aun cuando no tenemos éxito,  pues no dependió de nosotros. No hubo negligencia, sino imposibilidad o inexperiencia para alcanzar los objetivos. No se puede abrir la cabeza del otro y poner adentro qué él necesita. Incluso porque ni siempre tenemos certeza de lo que él realmente quiere. Hacemos conforme nuestro entendimiento y capacidad qué ni siempre es suficiente. El importante, todavía, ¡es hacer lo mejor qué sabemos y podemos, pues tendremos la conciencia en paz!

Es muy difícil participar de la vida de otro espíritu que, muchas veces, ni él sabe bien lo que desea para sí. Tenemos de ser como el sembrador que lanza la semilla y sabe que su germinación dependerá de la tierra, del adobo, del riego, del clima y del tiempo propio de cada planta. Sabe que puede sembrar. Sin embargo nunca tiene la certeza de que lo irá  cosechar. Nosotros, los humanos, necesitamos tener la certeza de que vamos poner la cabeza en la almohada y dormir, porque estamos en paz con la Ley Divina.

En este mes en el que se conmemora en Brasil el Día de las Madres, escribimos este mensaje para que ellas hagan lo mejor que puedan para sus hijos, pero no se desesperen si no tienen éxito. La voluntad de un termina donde comienza la voluntad del otro. ¡Dios bendiga las madres, los padres, los hijos y los amigos de verdad!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – mayo 2017

Trabajo y evolución

Deixe um comentário

Desarrollo material y crecimiento espiritual.

Octavio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

Cuando estudiábamos el Capítulo XXV del Evangelio Según el Espiritismo, “Busquéis y hallaréis”, con sus subtítulos “ Ayuda te y el cielo te ayudará”, “Miréis las aves del campo”, etc., meditamos mucho sobre nuestro viaje por la Tierra y constatamos como ella es sacrificial. Entendemos, por otro lado, que no podría ser diferente, porque somos espíritus imperfectos y habitamos en un planeta de pruebas y expiaciones en proceso de aprendizaje.

Observamos que cuando Jesucristo dijo y darse os a”, “busquéis y hallaréis”, “batáis y abrirse os a”, él no resaltó que debemos pedir solamente lo qué nos haga bien espiritualmente. Pedimos lo que anhelamos, aunque Dios nos dé solamente lo que necesitamos. Por eso ni siempre nos gusta la forma como Dios nos atiende. Pedimos una cruz pequeña, sin embargo él nos da hombros fuertes; pedimos a Él que solucione nuestros problemas, pero Él nos da discernimiento para que nosotros mismos los resolvamos; pedimos facilidades y Él nos ofrece el trabajo que lleva al aprendizaje.

En el Evangelio se pone claro que precisamos de la actividad como recurso para desarrollo del propio intelecto. Es con las experiencias que hacemos, buscando resolver problemas que crecemos. De allí la comprobación de la anterioridad de las almas y del acúmulo de conocimientos que llevamos hacia la espiritualidad, que nos sirven de guía en la vuelta al mundo material. Si al morir el alma ella si acabase, todas las almas nacerían sin  cualquier conocimiento. La humanidad permanecería siempre igual porque el aprendizaje de una vida se perdería. Nunca saldríamos de la infancia espiritual.

Todavía, a pesar de ser almas milenarias, aprendemos casi nada. Y como necesitamos mantener la supervivencia material, alimentándonos, vistiéndonos, abrigándonos, estudiando, y eso solo conseguimos con las ganancias del trabajo, descuidamos del crecimiento espiritual, porque éste exige de nosotros virtudes aún no conquistadas. La fe aún no se impregnó en nuestro ser. Y es ella que nos haría entender la importancia de virtudes como resignación, humildad, paciencia y desprendimiento. Peleamos con las mismas armas de los otros y somos lo opuesto de lo que debemos ser: impacientes, orgullosos, egoístas, prepotentes, belicosos, defendiéndonos con uñas y dientes, como hacen los leones que se matan por un pedazo de la caza.

Nos explica Kardec, en el referido capítulo, que el hombre en la infancia de la Humanidad solo aplica su inteligencia en la busca de alimentos, en medios de preservarse de las intemperies y defenderse de los enemigos. Pero como él tiene el deseo constante de mejorar es impelido a pesquisas para mejorar su situación. De allí las invenciones que surgen en el mundo permanentemente, siempre en el sentido de dar al hombre conforto para su progreso y bienestar. Él realza, sin embargo, que el progreso que el hombre realiza individualmente durante su permanencia en la Tierra es insignificante y hasta imperceptible para muchos. No es sin más ni más que los espíritus ya enseñan que el reconocimiento de un defecto es indicación de evolución. Nadie imagina que en una, o en diez encarnaciones, el hombre pueda dejar de ser inferior, librándose de la mayoría de los defectos que tiene el ser humano actual. Ni hablamos de la esclavitud a los vicios (tabaco, alcohol, sensualidad, gula, drogas), ya que ésos son más fáciles de vencer porque están fuera del hombre. Los defectos están en el alma; son miasmas espirituales y solamente con el esfuerzo de modificación interior, como enseña el Espiritismo, es posible eliminarlos. Se combate el defecto sustituyéndolo por una virtud. O somos una cosa u otra. Para tener éxito, intentemos comenzar por los menos graves como la impaciencia, la insatisfacción, el dolor íntimo. Vencidos éstos, elijamos otros igualmente graves y les combatamos uno a uno.

El mundo material es importante porque es en él que hacemos fundamentales experiencias. Es la ganancia de uno que ofrece el empleo al otro; es la inteligencia del jefe que comanda la actividad coherente del subordinado. Esta dualidad, cuando ejercida con equilibrio, nada tiene de nociva. Un patrón humano tiene un auxiliar dedicado; un servidor eficiente tendrá siempre un señorío generoso.

Un día me contaron un historia que reproduzco como ilustración: un hombre pescaba con caña y un empresario le preguntó: “¿Qué cantidad de peces piensa pescar?”. “Uno”, dijo el hombre, “para mi almuerzo”. “¿por qué no pesca dos? Vendería uno y podría comprar más cañas de pesca”. “¿Para qué?”, le preguntó el pescador. “Ora, para ganar dinero. Con el tiempo usted compraría una canoa, un barco motorizado y finalmente uno de estos pesqueros de alto-mar”. “¿Y después?”, preguntó el pescador. “Ganaría mucho dinero se pondría riquísimo y no necesitaría hacer más nada”. El hombre lo miró y dijo: “Pero yo ya no estoy haciendo nada”.

Desconocía la diferencia entre no hacer nada ociosamente y ganar el derecho de no hacer nada, después de luchas, conquistas y crecimiento intelectual. Para quien cree en vida única él está cierto. Sin embargo se consideremos la importancia de la reencarnación él está perdiendo más una oportunidad.

Hasta las aves, como enseñó Jesucristo, cuentan con las ofrendas de Dios. Pero no están exentas del esfuerzo para sacar el alimento de la fuente de la naturaleza. Está ahí toda la diferencia entre no hacer nada, porque es perezoso, ¡y conquistar el derecho de no hacer nada! Por lo menos para sobrevivir. Porque aunque no necesite del trabajo para sostenerse el hombre debe trabajar para servir, o del contrario atrofia el físico y herrumbra la inteligencia.

Todas esas orientaciones nos llegaron con clareza por el Espiritismo, doctrina codificada por Allan Kardec, que conmemora 160 años en éste 18 de abril. Oremos por él y agradezcamos a los espíritus que le dictaron la Codificación.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – abril 2017

El tiempo de los dolores

Deixe um comentário

Hay tantas razones para agradecer y tan pocas para quejarse, pero nosotros nos concentramos en las pequeñas infelicidades.

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

O deberíamos dar como título “¿El mundo de los dolores?” Preferimos usar “el tiempo” por su relatividad. Es algo que en verdad no existe y solo es percibido por las mentes humanas, especialmente mientras encarnadas. Es común en las reuniones de adoctrinamiento de espíritus que oigamos a alguien que ha desencarnado hace mucho, siglos incluso, referirse a lo pasado como siendo ahora. Relata su día a día vivido en tiempos remotos cual si los hechos estuviesen ocurriendo en aquel momento. ¡Podríamos decir qué él se perdió en el tiempo o se perdió del tiempo!

Todo es un constante venir a ser y nada sufre interrupción por acontecimientos del cotidiano que, a veces, por nuestra pequeña capacidad de raciocinio, los definimos como tragedias. Todos los días el sol del oriente se transfiere para el occidente, cambiando de lugar con la luna, para en el día siguiente regresar como lo hiciera en la noche pasada; desde que el mundo es mundo y lo será por toda la eternidad. Un día nuestro planeta desaparecerá, porque todo lo que nace un día muere, dure más o dure menos. El espíritu, al contrario, es inmortal, por eso sobreviviremos.»

Hoy el asunto de los medios de comunicación, de las calles, de los hogares, de la sociedad, es la crisis. Nadie percibe qué es una crisis igual a las que vivimos desde otros tiempos: para los pobres, desheredados y explotados; para los perezosos que se abaten y se entregan ante las más pequeñas dificultades; para los flacos que anhelan lograr todo con facilidad.

La crisis real a ser lamentada es la crisis de moral y de vergüenza que hay en la humanidad y que es tan percibida en esta nuestra maravillosa tierra del Crucero.

Hay tantas razones para agradecer y tan pocas para quejarse, pero nosotros nos concentramos en las pequeñas infelicidades. Tenemos miente sana y podemos planear nuestra propia directriz; sin embargo no percibimos qué solo por eso somos felices. Cuando nacemos, nuestros padres ciertamente se pusieron ansiosos para vernos y conferir si estábamos perfectos. Unos estaban enteros físicamente, otros no, pero todos estaban completos como almas eternas y podrían aprovechar su encarnación aunque con limitaciones físicas. Por eso las redes sociales exhiben vídeos de deficientes que tienen miembros de menos, incluso ceguera, pero que abren sus propios caminos como tenacidad y viven con alegría, agradecidos por la vida dando ejemplo a los que son cobardes.

En este mes, recordamos el Codificador Allan Kardec, una vez más, porque fue el 31 de marzo de 1869, con poco más de sesenta y cuatro años, que él ha desencarnado por el rompimiento de un aneurisma. Fulminado, cuando lleno de entusiasmo, preparaba el cambio de la Sociedad Parisiense de Estudios Espiritistas para un sitio más amplio, a fin de dinamizar la divulgación del Espiritismo. ¿Por qué su vida fue cortada en un momento tan importante para él y para la humanidad, qué tanto bebía de las revelaciones de los espíritus traídas por su intermedio? Ciertamente porque el tiempo que él tenía para la tarea a que vino ya se había agotado y también porque lo que había sido revelado ya era suficiente para un gran avance en la sociedad de nuestro tiempo que, lamentablemente, aún no aplica en el día a día la sabiduría propuesta por los espíritus.

El estudio serio, asiduo y secuenciado de esta Doctrina lleva el hombre a un entendimiento sobre sí que aun  jamás había tenido. Ninguna explicación para la muerte es tan lúcida como la información espiritista. Todo es consecuencia de actos anteriores, en la aplicación clara de la ley de acción y reacción que tiene grandes implicaciones cuando se trata de ademanes espirituales. Causa y efecto o sembradura y cosecha serían sinónimas de la primera. Nadie sufre por los males causados por los otros, ni paga deudas que no haya contraído. Ya dijo Jesucristo a sus seguidores cuando le preguntaron sobre el ciego que él había curado si el pecado fuera de él o de sus padres. Él explica que venía de vida pasada. Como aclaración delante de legos, dijo que ni él ni sus padres eran causadores de aquel mal, sino que era necesario que la ley si cumpliese. Habla claramente de errores pasados de aquella misma alma que ahora vivía en otro cuerpo.

El mundo de los dolores o el tiempo de los dolores tienen más a ver con las acciones que generan consecuencias malas de lo que con fatalidad o algo impredecible u ocasional. Es como en la lección que explica que el buen árbol es conocido por los frutos que producen y vice versa.

Ninguno de nosotros necesita temer la crisis, desde que se empeñe con esfuerzo y honestidad en la conquista de sus necesidades, comedidamente, sin exagero. Y de la misma forma que la dicha no está en la llegada, sino en el trayecto, si luchamos por algo y no tenemos éxito ya ganamos la experiencia por el esfuerzo de la lucha. Será nuestra mejor conquista. Ésa el ladrón no roba, la herrumbre no corroe, la polilla no come y los regímenes políticos no consiguen destruir. Como luego nos vamos de aqui, nos calificamos a volver más competentes y con más méritos para una nueva vida que, luego más, tendremos que vivir. Si somos agentes activos en la mejoría del mundo nos calificamos a vivir en un lugar mejor que éste de lo cual tanto exigimos. Y él no tiene culpa, pues es el reflejo de los hombres que lo habitan. El mundo en que vivimos es la suma de las conciencias humanas. Si bien observado, considerándose la manera como lo tratamos, él hasta que es muy generoso con esta mal agradecida humanidad teniendo que recobrarse todos los días para sanar las destrucciones causadas por los hombres.

No hable de crisis. Sonría a produzca. Produzca riqueza, produzca amigos, amor y simpatía. Tenga la conciencia en paz y todo lo más deje por cuenta de Dios. Él resuelve.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Marzo 2017

Older Entries