Estudio y Trabajo

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Octávio Caumo Serrano – caumo@caumo.com

Tenemos que usar mente y manos simultáneamente

Nosotros somos conscientes de que la Doctrina Espiritista es una ciencia filosófico-moral que necesita ser muy estudiada para ser comprendida. El propio Kardec enfatizó esa necesidad en el prefacio de El Libro de los Espíritus, al decir qué “años son necesarios para formarse un médico (…). ¿Cómo pretenderse en algunas horas adquirir la Ciencia del Infinito?”. Pero él dijo también, definiendo el slogan del Espiritismo, que “fuera de la caridad no hay salvación”.

Nadie puede lamentar la falta de condiciones para aprender. Encuentros, seminarios, congresos, cursos, en-línea o presenciales, revistas, periódicos, libros y exposiciones de nombrados espiritistas están accesibles a todas las personas, porque el Espiritismo es fácil de ser comprendido por los que tienen interés real en el conocimiento. Espiritista que no estudia es simpatizante de la doctrina, no es espiritista. Buscarla por curiosidad o para resolver problemas que no solucionó por su propia capacidad o con la ayuda de su religión tradicional. Oyó hablar de obsesión y se imagina entre las víctimas inocentes, asediadas por los Espíritus. Creen en milagros, olvidando a el básico del Evangelio que “a cada uno será dado según sus obras”. “Hace que el Cielo te ayuda.”

La ayuda sin esfuerzo no es parte de la Justicia de Dios. Ella recompensa los méritos, pero no ofrece inmerecidos privilegios. El arreglo es cosa de los hombres, no del Padre Celestial.

Muchos de nosotros, espiritistas, somos como “míseros”. Salidos de otras religiones creemos que la ida semanal al centro basta para cumplir nuestros deberes cristianos. Asistimos a la exposición, recibimos pase y agua fluidificada y solo volvemos la semana siguiente. Cuando no faltamos porque tenemos fiesta o llueve… o para ahorrar gasolina, pues la crisis está grande. Nada sabemos de la casa, pero el centro abre igualmente para atender una o cien personas.

Mientras el Evangelio no baja de las mentes hacia las manos, nada producimos. El trabajo es la mejor oración. Estudiamos demás mientras las manos herrumbran por la inactividad. Cantamos hosanas, pero ignoramos el problema del vecino o de quien nos ofreció la terapia espiritual en el centro, transfiriendo un poco de su energía para fortalecernos.

Pero como el estudio es también importante para dar las bases del entendimiento, usted que se dice espiritista conteste, sin consultar apuntamientos, estas preguntas elementales: 1. Nombre completo de bautismo de Allan Kardec. 2. Fecha de su nacimiento. 3. Día de su desencarne. 4. ¿Cuándo él lanzó y cuántas preguntas tenía la primera edición de El Libro de los Espíritus? 5. ¿Cuál el nombre de la esposa del Codificador? 6. ¿Cuántos son los libros de la codificación y en qué año fueron lanzados? 7. ¿Usted ya leyó las Obras Póstumas? 8. ¿Y la Reviste Espiritista Allan Kardec? 9. ¿Qué hecho importante ocurrió el 1r de abril de 1858, protagonizado por Allan Kardec? 10. ¿Sabe lo que es el Auto de Fe de Barcelona?

Las respuestas tienen a ver con su interés en conocer un mínimo de la religión que profesa. Es como el católico que necesita conocer la Biblia. El básico del conocimiento.

Después preguntaríamos si además de las reuniones públicas usted participa de algún grupo de estudio de la Doctrina y ya se ofreció para hacer algún trabajo en su institución. ¿Conoce algo de la estructura y qué medios tiene de mantenimiento y supervivencia? ¿O está entre los que entran y salen y ni perciben se hay bombilla quemada, ventilador roto o reloj parado porque la pila agotó? Usan papel higiénico, vasos desechables y reciben el refrigerio de los ventiladores, pero no saben quién paga las cuentas.

No espere ser cobrado ni que insistan para que usted participe de las actividades, sea cual sea su habilidad. Y cuando sea invitado para realizar algún trabajo no se diga sin condiciones. Reencarnamos para aprender y no estamos en el mundo de paseo. La próxima encarnación podrá ser una difícil conquista. Especialmente para quien espere nacer en cuna privilegiada, porque las personas más ricas no quieren saber de hijos. Quieren casas, coches y vida de lujo. Y con los altos costes de los estudios está difícil instruir varios hijos. Va a tener que conformarse en venir como pobre y ser obrero. Puede tener algo mejor si hace por merecerlo; sin desmerecer los obreros, importantes en una sociedad como cualquier doctor, sin embargo, es siempre más sufrido.

Incluya en sus oraciones y Evangelio en el Hogar las vibraciones de amor por la casa que lo acoge, agradecido por lo que recibe y anhelando que sus responsables tengan fuerza y recursos para mantenerla siempre equilibrada. Solo así usted será asistido y tendrá oportunidad de crecer, por el conocimiento y servicio. Las personas desconocen el esfuerzo de los dirigentes para mantener el centro organizado, disciplinado y en condiciones de divulgar el verdadero Evangelio del Señor Jesús. A veces falta incluso el básico para el mantenimiento de la casa. Los ingenieros de obras listas creen que todo se cae del cielo y buscan beneficiarse de ella sin percibir el sacrificio de los administradores y colaboradores. Son exigentes, indisciplinados y se hallan con el derecho de todo recibir sin nada ofrecer. Ni respeto.

¡Lástima qué tantos de nosotros seamos de ese tipo! Aprovechemos la Navidad para analizar cómo fue nuestro año de 2018, contra lo cual tanto reclamamos, y meditar sobre lo que seremos tras el desencarne: ¿Ángeles de guarda o agentes de obsesión de los hombres del mundo?

¡Buen Navidad y feliz 2019!

Revista Internacional de Espiritismo – Deciembre 2018

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El sembrador y la familia

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Plantar semillas y plantar virtudes son cosas similares

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

Cuando alguien va a crear una agricultura, escoge semillas de calidad y define el área y la época del plantío. Sabe que la tierra tendrá de estar lista, limpia y adobada para recibir la siembra. Dando continuidad, cuidará de regarla adecuadamente, ni con poca agua ni encharcarla además del necesario, para que la semilla germine sin pudrirse. Sin embargo, además de las providencias que competen al agricultor, otros factores son importantes para una buena cosecha. Sol, lluvia, frío, calor, según la necesidad de cada planta.

Por eso cada región produce frutos con calidades diferentes. La uva para un buen vino depende no solamente del tipo de tierra, sino del número de meses con baja temperatura para dejarla en condiciones de producir bebida con calidad. Hay plantas que fructifican bajo el suelo; otras en el tronco, como la jabuticaba, o en las copas, como yaca, coco, naranja, okra, jiló y berenjena; otras son las propias hojas, como lechuga, col, repollo y verduras en general. Muchas, como la yuca, la patata, la zanahoria, la remolacha, el rábano, el maní, el espárrago y la cebolla se confunden con sus propias raíces. Lo mismo pasa con la paternidad, entendiéndose padre y madre. La pareja planea la unión y, tras definir las necesidades básicas, evalúa sus condiciones y opta por traer más un Espíritu al mundo, abrigándolo como hijo, para enriquecer el hogar y dar más motivación a la vida de la pareja. Se prepara el ajuar, la cuna y la habitación llena de refinamientos para esperar al ángel que Dios les mandará. ¡El día llega y todo es fiesta! Alegría de padres, abuelos, padrinos y demás familiares envueltos con aquel núcleo.

Comienzan ahora los cargos de mantenimiento y encaminamiento de la nueva criatura. Darle la lecha y ampararla para que tenga reposo y crezca saludable y enseñarle principios básicos de higiene. Pediatra, vacunas, primeros pasos para posibilitar la adaptación en su retorno al mundo. Los padres acompañan la trayectoria aleccionadora, fiscalizan anotaciones, el comportamiento en la escuela, la relación con amigos y maestros, para que el niño se habitúe a tener buenas compañías. Saben lo que hace, con quién se relaciona, qué diversiones tiene como prioridades, tal cual el sembrador que arranca las malas hierbas de la labranza, los brotes ladrones que debilitan la planta, removiendo ramas y hojas secas para que el producto crezca sano. Muchas veces, sin embargo, como ocurre en la labranza, llegan plagas imprevistas. Saltamontes, moscas, heladas o sequías anormales que dañan la siembra. Lo mismo se da con un hijo cuando es asediado por malos hábitos, por amigos nocivos que lo desencadenan, a pesar de toda la plataforma que construimos para que él tuviese seguridad. Cuando menos esperamos, nos damos cuenta de que él no va al estudio para seguir a los amigos, creando problemas para otras personas o envolviéndose en los vicios de los días actuales: juego, bebida, droga, contra los cuales la mayoría de las familias ha perdido las batallas.

Es la hora de la desesperación, con la clásica pregunta: “¿Dónde fue qué yo erré?” Aparentemente teníamos la vida del hijo en nuestras manos y las revelaciones que ahora nos llegan son terribles. La casa queda de piernas para el aire y unos intentan culpar otros. La abuela dice que la hija no cuidó bien de su prole, mientras ésta alega omisión del esposo. No es hora de buscar culpables, sino soluciones. A veces son difíciles de encontrar, dependiendo de cuán lejos el problema ya avanzó. Sin embargo, insistir en la busca de la reparación, exhaustivamente, es el correcto.

En este instante, lo más importante es tener la conciencia tranquila por haber hecho lo mejor, sin omisión. Como el hombre que cuidó de su agricultura y aun así la perdió. El perjuicio existe; sin embargo, su conciencia está en paz. Consciente de que hizo de todo y las contingencias le crearon problemas imprevisibles, no lleva culpa. Lo mismo pasa con los padres, que en ningún momento deberán afligirse imaginando la reprobación de Dios. Nuestros hijos son almas antiguas que regresan a nuevas experiencias y ya traen consigo tendencias, vicios y defectos de otras existencias, no se sabe de dónde y en qué condiciones. Nacen pequeños, de nuevas semillas, exactamente para ser moldeados mientras están bajo la protección del olvido del pasado. Pero ni siempre en una nueva encarnación es posible transformar rudezas arraigadas en bondad, educación, respeto y equilibrio. Esto está bien explicado en El Evangelio Según el Espiritismo, Capítulo XIV, 9, que trata de la ingratitud de los hijos y los lazos de familia.

Entre las difíciles misiones que tenemos en la Tierra está la formación de un hogar. Como madre o padre. Nunca es batalla que se vence anticipadamente. Hay hechos que llegan cuando estamos desprevenidos, invigilantes, excesivamente confiados debido a la genética. Pero el ADN sólo transmite a los hijos las características físicas. Moral y carácter son forjados; no se pueden dejar como herencia o repasar en testamento. Y es preciso que las dos partes sintonicen, tal cual el maestro y sus alumnos. Un transmite su conocimiento y los otros asimilan o no. Por eso hay tanta desigualdad entre los discípulos de una misma clase, como hay entre los hijos de los mismos padres.

Empeñémonos en ser buenos labradores, pero roguemos a Dios que nos ofrezca lluvias de entendimiento para que los hijos puedan bañarse en las bendiciones de la educación y de la bondad. Y que aleje de nuestra labranza familiar los vientos fuertes y sus resacas que todo destruyen, dejándonos impotentes ante la violencia de las grandes intemperies.

RIE Revista Internacional de Espiritismo – Noviembre 2018

Enemigos de la doctrina

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Los espiritistas tienen siempre la preocupación de defender el Espiritismo

Octavio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

En éste 3 de octubre, cuando conmemoramos el 214º aniversario del nacimiento del codificador Allan Kardec, nos viene a la mente el cuidado que él tuvo para que la doctrina fuese divulgada con criterio, buen sentido y verdad. Después de negarse en organizarla, debido a sus múltiples trabajos, aceptó codificar las revelaciones de los Espíritus lanzándolas en el primero ejemplar del Libro de los Espíritus, el 18 de abril de 1857, considerado hoy la cartilla de la doctrina, porque trajo las primeras noticias de un mundo hasta entonces desconocido.

Pasados 161 años y analizando el progreso del Espiritismo, constatamos que él creció y se esparció por el mundo. Eso se dio por la actuación de los Espíritus y, también, por la determinación de ciertos seguidores del Codificador, que por la literatura o palabra hablada se encargaron de llevar las noticias a los cuatro puntos del planeta. Ahora, con la modernidad que nos regaló el internet, TV y otros medios modernos de divulgación, las noticias se esparcen más deprisa.

Como esta doctrina no defiende a sí el derecho de creencia salvadora, ya que el propio Kardec creó un slogan definiendo que “fuera de la caridad no habría salvación”, todo lo que ella ofrece es gratis — aunque en los días actuales se hagan muchos eventos con tasas de participación no muy accesibles a las personas menos privilegiadas. Aun así, todo es espontáneo y va quien quiera y quien puede. Aquél que solamente se beneficia de la casa espiritista para oír el Evangelio, recibir un pase y luchar por su mejora física y espiritual, puede hacerlo gratuitamente.

Esta gratuidad enoja algunas doctrinas que se alimentan de pulposas recaudaciones entre los fieles, con la venta de privilegios sin los cuales nadie se salvará. Basta frecuentar estas iglesias, dar su contribución y la salvación está garantizada. Lamentablemente los más pobres, como no pueden pagar, están impedidos de entrar en el “reino del cielo”, aunque se porten como discípulos de Jesucristo.

¿Serán ésos, sin embargo, los grandes enemigos de la Doctrina? Pensamos que no, pues no pueden nos hacer ningún mal ni consiguen interferir en nuestro deseo de progreso. Intentan nos menoscabar y agredir, pero sus argumentaciones son inconsistentes. Los enemigos que más nos desestimulan a buscar nuevos caminos de dicha están adentro del movimiento y de las casas espiritistas. Cierta vez oí una frase, que no sé si alguien realmente la dijo, pero se ha sido dicha sería pertinente; afirma que “el Espiritismo iría a desarrollarse con los espiritistas, sin los espiritistas y a pesar de los espiritistas”. Es decir, no obstante los espiritistas, porque no han entendido a que se destina el Espiritismo, hagan casi todo equivocado, aun así el Espiritismo crecería.

¿por qué tal observación? Porque la mayoría de nosotros espiritistas predicamos una cosa y vivimos otra. La palabra amor es aventada en las exposiciones como la salvación del mundo. Realmente el amor cubre una multitud de pecados, según Pedro en su primera epístola, reforzando lecciones de Jesús cuando afirmó que sus discípulos serían reconocidos por lo mucho que se amasen. El amor cura alma y cura cuerpos. Lamentablemente, no es lo que se ve entre los convivientes espiritistas, ni aun adentro de su propio centro. Celos, maledicencias y críticas malignas. Desatenciones con los dolores y flagelaciones de los compañeros que muchas veces pasan por seria dificultad, sin el conocimiento o amparo de los “cofrades”.

La gravedad del problema se pone más evidente cuando somos un tribuno, que ocupa el espacio gentilmente cedido por la casa para discurrir sobre el Evangelio, dando énfasis al amor al prójimo, que, en la práctica, nunca ofrecemos. Somos arrogantes, acomplejados, metidos a maestros de Espiritismo; prescribimos a los otros las recetas que no aplicamos en nosotros mismos; ofrecemos palabras groseras con la mansedumbre de un sacerdote. Muchas veces combatimos el humo con el paquete de cigarrillos en el bolsillo o hablamos contra el alcohol solo faltando brindar a Jesús con un vaso de aguardiente. Recuerdo un pensamiento de la poetisa goiana Cora Coralina, que publicó su primer libro de poemas a los 70 años: “Feliz aquél que transfiere lo que sabe… Feliz aquél que transfiere lo que sabe y aprende lo que enseña.” O sea, que pasa de la teoría a la práctica, del discurso al ejemplo. ¡Cómo somos pocos en el Espiritismo! Porque somos pocos entre los hombres…

Quien aleja a sus amigos de la “salvación” son los propios espiritistas. Comentamos las bellezas de las exposiciones, pero, mismo después de diez, quince, veinte años de doctrina continuamos neuróticos, impacientes, ansiosos, llenos de dolor e ira, asumiendo compromisos que no honramos y con dificultad para perdonar las faltas ajenas. El otro raciocina qué si el centro no pudo cambiarnos después de tantos años de casa, no debe ser una buena religión y, fatalmente, no deberá solucionar sus problemas y angustias. No fuimos la inspiración para que uno más buscase nuestra religión.

Si pensamos que podemos engañar, desistan. Somos más transparentes de que imaginamos y observados con un rigor que ni sabemos. Cuando predicamos la doctrina no somos nosotros que hablamos; es el propio Espiritismo que por nosotros allí está representado. Seremos juzgados por lo que decimos y mostramos en nombre de la doctrina. Oremos y vigiemos para no destruir lo que Kardec y muchos otros misioneros construyeron a lo largo del tiempo.

Quien anhelar un nombre en quien pueda inspirarse, sin menosprecio de ninguno otro, lea la historia del Dr. Bezerra de Menezes y sabrán lo que es la fe de la convicción.

Al hablar que somos espiritistas, primero mostremos. El ejemplo es la única didáctica realmente convincente. Y aprovecho para decir a los lectores, antes que me juzguen pretencioso, que cuando escribo textos como éste no me dirijo a nadie. Me sirvo de ellos para la auto-reflexión.

Y que Dios nos ayude.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Octubre 2018

Que la mano izquierda no sepa lo que hace la derecha

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El Evangelio de Jesús no es una vana filosofía

Octávio Caúmo Serrano       caumo@caumo.com

La Buena Noticia dejada por Nuestro Señor es un código de ética y de moral, indispensable a nuestro crecimiento espiritual. Por lo tanto, no basta decorar las enseñanzas de Jesucristo; es fundamental aplicarlas en nuestro cotidiano.

La expresión “no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha” (Mateo 6:3) es una figura de lenguaje usado por Jesús para enseñarnos la importancia de la modestia, que combate a la vanidad. Está en el Capítulo XIII del Evangelio Según el Espiritismo.

Luego de inicio, recomienda que hagamos el bien sin ostentación y sin esperar el reconocimiento de los mortales, porque debemos cambiar el elogio provisorio y dudoso de los hombres por la gloria eterna de Dios. Todo el bien que hacemos se queda impregnado en nuestra alma de manera inalienable. Si recibimos ya en la Tierra la recompensa, cuando no necesitamos este agradecimiento, nada más tendremos a recibir en el mundo espiritual, cuando podremos necesitar, de verdad, de alguna compensación por nuestros ademanes; sea por nuestra necesidad, sea como un atenuante que compense algún fallo que cometemos.

Todo aquél que enaltece a sí mismo ya recibió el pago por su gesto. Sin embargo, debemos hacer el favor, sea de que naturaleza sea, de tal forma que preservemos el beneficiado, no lo menoscabando o apocando, en respeto al momento difícil que el otro puede estar viviendo. Recomiendan los Espíritus que debemos practicar la caridad de modo a parecer al otro que nosotros es que la estamos recibiendo. Un día entenderemos qué eso no es solo apariencia, sino realidad, porque el mayor beneficiado por un favor prestado es el propio agente. Solo cuando damos es que recibimos de verdad. Si necesitamos ser incensados, demostramos complejo de superioridad y descreimiento en la vida futura, pues esos tesoros que producimos en la Tierra se transformarán en tesoros del cielo si no son cancelados aquí mismo.

Cierta vez un espiritista del Sur, que predicaba en el Nordeste, con tema específico en diferentes centros, fue presentarse en nuestra casa a pedido de una compañera que cedió a él su día de hablar. Abrimos excepción y tuvimos el cuidado de decirle que él no recibiría aplausos, por más que su discurso pudiera agradar. Quiso saber por qué y nosotros le informamos que no era hábito en nuestra casa aplaudir a los oradores. Sin embargo, él insistió: — ¿Por qué? Dijimos que el orador espiritista no es un artista, aunque muchos se presenten como tal, y que nada trae de nuevo que no haya sido enseñado por otros antes de él, especialmente Jesucristo. Él sí merece nuestros aplausos y agradecimientos. Guarde para recibir los aplausos en el Cielo. El hizo una buena exposición, pero no fue aplaudido. Agradecemos y dijimos que el trabajo había sido bueno. No se quedó muy satisfecho, pero seguimos nuestros principios cuanto al asunto.

Lo que debemos resaltar es que Dios ve más la intención que el hecho. Por ejemplo, si contamos a alguien sobre el bien que hacemos para motivarlo a hacer lo mismo, y no por exhibicionismo, será siempre lícito. Cuántas personas desean ayudar y no saben cómo. El óbolo de la viuda, mencionado por Jesús en ese mismo capítulo XIII, luego en seguida al ejemplo de aquella señora benefactora anónima en el capítulo “Infortunios Ocultos”, es un ejemplo de que muchas veces el poco vale más que lo mucho. Y hay quien no haga nada porque no puede hacer algo expresivo. Ya dice el pueblo que “el poco con Dios es mucho”.

Un ejemplo de óbolo de la viuda es el trabajo del voluntario espiritista que ofrece la exposición evangélica, el pase amoroso o el texto divulgado por los medios de comunicación. Por mayor y más brillante que sea su tarea y esfuerzo, será una gota para matar la sed de esta humanidad sufrida. Y cuanto mayor sea la modestia en la ejecución del trabajo, más aprovechable será para quien lo haga y para quien lo reciba.

Raciocinando de esa manera, no nos decepcionaremos con la ingratitud, porque el agradecimiento es también una forma de finiquitar el favor recibido. Si se queda pendiente, el problema se restringe al ingrato por no ser agradecido. Quien hizo el favor será siempre acreedor del bien ofrecido y recibirá en el momento de más necesidad.

Guarden como remembranza ésta nuestra trova para nunca olvidar de que nuestros hechos de bondad no dependen de religión o de cualquiera otra circunstancia: En el acto de caridad / que saca el hombre del suelo / Dios reconoce la bondad / sea un ateo, sea un cristiano.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Setiembre 2018

 

Espiritismo o curandería

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Jesucristo fue el médico de las almas, no de los cuerpos

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

La Doctrina Espiritista aboga a sí misma el derecho de ser el Consolador prometido por Jesús, porque sintoniza con lo que fue relatado en el Evangelio de San Juan, cuando nuestro Cristo habría dicho que rogaría al Padre para que nos enviase otro consolador. Atentemos para la íntegra del enunciado: “3 – Si me amáis, guardáis mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y Él os dará otro consolador, para que se quede eternamente con ustedes, el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve, ni lo conoce. Pero vosotras lo conoceréis, porque él se quedará con ustedes y estará en vosotros. – Pero el Consolador, que es el Espírito Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todas las cosas, y os hará recordar de todo qué os he dicho. (San Juan, XIV: 15 a 17 26)”

¿Qué fue qué nos enseñó Jesucristo cuándo estuvo entre nosotros, básicamente? Que es importante que amemos el prójimo, sea amigo o desafecto, pariente o extraño, de cualquier raza, edad, religión o ideología política. Simplemente el próximo. Porque amar es atributo de los buenos y quien ama es feliz. Más de que quien es amado. Que debemos hacer a los otros solamente lo que nos gustaría recibir si estuviésemos en situación idéntica. nos enseñó esto en la parábola del Buen Samaritano, con toda clareza.

Que debemos esforzarnos y dar el mejor de nosotros, como relató en la parábola de los trabajadores de la última hora al demostrar que el esfuerzo fue recompensado como el trabajo y los que estaban presentes hasta la última hora recibieron lo mismo que los que llegaron a la primera, aunque estuviesen menos tiempo a la disposición del empleador. Valió la voluntad y la calidad del trabajo.

Que debemos perdonar sin restricciones, cuando enseñó a Pedro que no son siete, sino setenta veces siete veces cada agravio recibido. O sea, siempre.

Muchos, sin embargo, preguntarán: ¿Pero Jesús no curó cuerpos? Resucitó Lázaro, curó el ciego y el paralítico, ¿la mujer con hemorragia, el hijo del centurión, el leproso? Sí, pero para provocar la creencia de los que dudaban. Mandó lanzar la red donde había piscis, multiplicó los panes para alimentar la multitud, caminó sobre el Mar de la Galilea, transformó agua en vino. Pero hizo eso esporádicamente durante su apostolado. Cualquier médium de la Tierra, los varios que recibieron Dr. Fritz o nuestro buen Juan de Abadiánia, para nombrar solo dos, hacen cientos de veces a cada mes más curas que Jesús en toda su peregrinación por el planeta.

Sin embargo, hombre alguno jamás dijo las maravillas que Jesucristo nos dejó como enseñanzas siempre actuales y a las cuales no caben retoques. “Conoceréis la verdad y ella os hará libres.”

Por lo tanto, cierto está el Espiritismo cuando dice que el verdadero espiritista puede ser reconocido por su “transformación moral y por el esfuerzo que hace para domeñar sus malas inclinaciones” (El Evangelio Según el Espiritismo, Cap. XVII, artículo 4 – Los buenos espiritistas). No es por las curas que hace, pases que aplica o reuniones asistidas. El servicio al cuerpo por la fluidoterapia sin el acompañamiento de las lecciones del Evangelio, utilizado actualmente hasta por el SUS, tiene solución parcial del problema. Sin la reforma del hombre la cura nunca es completa.

Qué el centro espiritista, espiritista de verdad, debe hacer por su frecuentador es enfatizar la vivencia del Evangelio, la verdadera cura que el Espiritismo ofrece a sus adeptos. Lo que vemos es una inversión. Centro que hace curas del físico vive lleno y en las reuniones de estudio recibe siempre poca gente. Las personas frecuentan sus templos de las más distintas doctrinas para orar y loar el Señor, pero cuando están enfermas del cuerpo corren hacia el Espiritismo. Esa historia de amor al prójimo no es llevada muy en serio. Aún somos más por el amor propio. Por eso, la humanidad está se destruyendo en el colectivo. Cuerpos saludables, siempre bien cuidados, aderezados, y almas desaliñadas que no se encajan en la belleza de las vestiduras. Jóvenes que gastan horas para arreglar los pelos y cutis en los institutos de belleza, llenándose de anillos por el cuerpo todo, hacen dibujos en la piel como cuero de cobra, aguantando el dolor de las agujas, pero que no aguantan una clase de una hora sobre el Evangelio de Jesús. Los valores están alterados.

Como el cuerpo físico es el templo del Espíritu, un alma saludable siempre reflejará su belleza en el cuerpo material. El cuerpo enfermo es señal de alma adolecida.

Me recuerdo que hace muchos años la reviste de las Casas André Luiz publicó el soneto Cuerpo y Alma, del poeta Olavo Bilac, que reproducimos abajo:

Si tienes un alma y esa alma criatura,
Que te fue data como un grande bien,
Quiere un día ascender, ganar altura,
Ser un astro en el más allá…

Tienes un cuerpo y un cuerpo que busca
Arrastrar en el fango que del instinto viene;
Cuando sin dolor tragarlo la noche oscura
Será fango también.

En esa finalidad, atiende, ¡Oh loco!
Cuerpo y alma son tuyos: la babosa y el astro;
Un quiere ascender y el otro andar de rastro.

Lo que sorprende, y es en que me espanto,
Que del cuerpo que es nada, cuidas tanto
Y del alma que es todo cuidas poco.

Vamos a rever nuestras intenciones en relación al Espiritismo, esta doctrina consoladora, pero también redentora, en cuanto a lo que ella puede efectivamente ofrecernos. Si buscamos la cura definitiva, que es la del alma, o simplemente la provisoria, que es la del cuerpo.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – agosto 2018

Diferentes cuerpos celestes

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Dice el Espiritismo que luego la Tierra será un planeta de regeneración

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

Clasificación de Allan Kardec define las diferentes categorías de mundos por su finalidad y de acuerdo con el cursillo evolutivo de los Espíritus que lo pueblan. Determina, igualmente, la densidad material de cada mundo, que es lo que define el tipo de cuerpo necesario para vivir en él, cual sea más pesado o más leve.

Cuando se dice que la Tierra es un mundo de pruebas y expiaciones, se presupone que ella es habitada por Espíritus imperfectos que carecen de esmero cultural, moral y espiritual. Ese defecto ni siempre está relacionado con la maldad de los seres, pero, principalmente, con la ignorancia que aún presentan. Nuestros errores son cometidos mucho más por desconocimiento de que por maldad.

Los que hacen mal de propósito son minoría en nuestra sociedad. Lo más común es alguien bienintencionado imaginar que está cierto cuando, en la realidad, actúa equivocadamente. A veces, excesivamente moralista, perjudica las personas más simples, de buena intención, y que aún no tienen condiciones de ser como él le gustaría. Exige del otro lo que ni aun él puede comprender. Para defender la disciplina, deja hasta de practicar la caridad.

Con el cambio de la Tierra de mundo de expiaciones para mundo de regeneración, un poco menos imperfecto del que está el planeta actualmente, quien anhelar vivir en la Nueva Tierra tendrá de ser bien mejor de lo que es ahora. ¿Pero lo qué significa ser mejor, según esta definición?

A nosotros nos parece que bastan algunas virtudes fáciles de ser conseguidas. Por ejemplo: honrar la palabra data como respeto al semejante, puntualidad, asiduidad, perdonar los agravios, vencer el orgullo y el egoísmo, tener paciencia. No se concibe que un espiritista, que se dice candidato a vivir en el mundo nuevo, sea liviano en sus actitudes. Asume un trabajo y no comparece para ejecutarlo; se matricula en un grupo de estudios, pero falta más de que comparece; llega habitualmente atrasado a los compromisos, incluyendo la reunión espiritista que tiene hora establecida para inicio; entre otras cosas más graves.

No se puede, igualmente, tener actitudes de extremo desequilibrio, melindre, ira incontrolada, vanidad pueril y egoísmo contumaz en aquél que se dice candidato a vivir en el mundo nuevo, en la Nueva Tierra. Así como el apego a las posiciones y honrarías del mundo que se quedan por aquí cuando marchamos porque no tienen valor.

La propalada reforma íntima y el desprendimiento de los valores terrenos, tan pregonados por el Espiritismo, tienen por finalidad aconsejarnos a ser mejores mientras caminamos. Quien no si libertar de los defectos mundanales ahora, no tendrá acceso al mundo más purificado, porque él será habitado por personas más simple, más humanas, más fraternas, cuando la solidaridad, que es excepción en el mundo actual, será la regla de la nueva sociedad terráquea.

¿Quién pueda probar qué eso es verdad y va a ocurrir realmente?

Jesucristo dijo que su reino no era de este mundo, que nosotros somos dioses y cuando quisiésemos seríamos tan buenos y perfectos cuanto Él. Completando, Kardec hace la escala de los mundos y explica que ellos se apuran como las personas y la naturaleza determina el nuevo ambiente de vida. Si nos fue advertido que deberíamos guardar tesoros en el cielo, los que son guardados en la Tierra perderán su efecto y serán imprestables para uso en el ambiente renovado del mundo de regeneración.

Para los que creen en la existencia única y que tienen en la muerte el final de la vida, aun cuando acepten la supervivencia del alma, este comentario es pueril. Para nosotros que creemos en la orientación de los Espíritus y prestamos testimonio diariamente, incluso por vasta literatura, que todo sigue un proceso de perfeccionamiento, ser negligente delante de esa posibilidad de crecer ahora puede nos costar dolores inimaginables. A quien más sea dado, más será pedido. Si tenemos el conocimiento y él representa la verdad que liberta, desairar esa advertencia será puro infantilismo; una nueva oportunidad podrá ser demorada y dolorosa.

Es bastante conocido en los medios espiritistas el episodio envolviendo el planeta Capilla, de la Constelación del Cochero. Muchos fueron extraditados hacia la Tierra para ayudar a los habitantes de nuestro planeta con sus conocimientos técnicos y científicos, al mismo tiempo en el que aprendían con los trabajos de caridad a amansar sus corazones y domar su orgullo. El intercambio es perfecto y las oportunidades son datas a los que las conquistan por esfuerzo y determinación.

No hay beatitudes para quien no merece, porque a cada uno será dado según sus obras. Si quiere morar en la Nueva Tierra, construya desde ya su hogar en el nuevo mundo. Aunque que sea, provisionalmente, un hogar fluido de característica espiritual. Más tarde, en el tiempo cierto, será materializado y le dará gran placer. ¡Es cuestión de justicia!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – julio 2018

Cuidemos del desencarne

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La oportunidad nos fué dada, una vez más, y la echamos en la basura

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

“La muerte es un nacimiento / de la materia hacia la energía. / El inverso de aquel evento / que nos trajo aquí un día.” (Octávio Caúmo Serrano – “Salvemos lo que es eterno”)

Comenzamos pidiendo licencia a la filósofa ruso-americana, Ayn Rand, judía, evasora de la Revolución Rusa de 1917, que llegó a los Estados Unidos en mitad de la década 1920 para divulgar su visión sobre el movimiento revolucionario con conocimiento de causa: “Cuando usted perciba qué para producir necesita lograr la autorización de quien no produce nada; cuando compruebe que el dinero fluye para quien negocie, no con bártulos, pero con favores; cuando perciba que muchos se ponen ricos por el soborno y por influencia, más de que por el trabajo, y que las leyes no nos protegen de ellos, sino al contrario, son ellos que están protegidos de nosotros; cuando perciba qué la corrupción es recompensada y la honestidad se convierte en sacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor de errar, que su sociedad está condenada.” Y nosotros reforzaríamos: podrida.

Esta verdad, a punto de completar cien años, es retrato de la sociedad de nuestro planeta, de este a oeste y de norte a sur, sin exceptuar un solo país, una única civilización, de cualquier tiempo conocido. ¿Qué podemos esperar, entonces, de un porvenir a corto plazo? Respuesta: con base en la fe raciocinada, el caos social, porque no hay la mínima posibilidad de que esta colectividad planetaria salga de la deshonestidad contumaz hacia la reforma moral en un parpadear de ojos. Como dijo Ayn, somos una sociedad condenada que ningún ejemplo histórico bueno va a dejar, en el campo de la moral, para los poblados futuros. Avanzamos cada vez más en tecnologías que usamos para agraviar, falsificar, corromper, punir y, esporádicamente apenas, para enseñar, salvar, ayudar y producir. El tráfico de drogas expande; el prisionero comanda de la celda la criminalidad de las calles; el tránsito mata cada vez más y andar en la calle o quedar en la casa son hoy dos factores de riesgo en la preservación de la vida; hackers invaden nuestra privacidad. ¡Es lo mínimo! Podríamos citar una infinidad de problemas.

Dirán que este relato es pesimista. Sin embargo, afirmamos que es solo un análisis frío del cuadro en que vivimos. A cada día un nuevo señor, otrora respetable, es incluido en la lista de los delincuentes, parias de la sociedad, que empuercan la raza humana, tenida como el más sublime de la creación divina. Un viaje sin vuelta que no puede ser completada en una encarnación. La oportunidad nos fue dada, una vez más, y la echamos en la basura.

¿Cuál vendrá a ser, entonces, el comportamiento de los que ya defienden la decencia, que luchan para mejorar, a pesar de sus fallos? Perseverar. Para los espiritistas, principalmente, las razones son claras. La reencarnación se destina al crecimiento espiritual, cuando tenemos nuevas oportunidades para aprender y reparar equívocos del pasado por la renovación de la experiencia que no fue debidamente asimilada. La Tierra es una escuela, no un parque de diversiones, aunque tenga momentos de diversión, porque para los justos y buenos la dicha ya hace parte de este mundo. Sin embargo, lo fundamental es crecer moralmente para hacer valer la encarnación en este planeta cuando él sea promovido a mundo de regeneración. Será un premio vivir aquí, donde presenciaremos una sociedad honesta, fraterna, competente y avanzada. Vamos a promovernos junto con nuestro mundo. Si así no hacemos, seremos desterrados de aquí en una repetición del episodio con la estrella Capilla. “Quien perseverar hasta el fin será salvo”; palabras de Jesús. Nuestra mayor tarea, por tanto, es el esmero propio. Estamos en el mundo para salvarnos. Y esto significa cambiar cada defecto por una nueva virtud, antagónica. Vencer el orgullo por la práctica de la humildad; vencer el egoísmo por la práctica del desprendimiento; vencer el odio por la práctica del perdón. Y así sucesivamente, con cada defecto que nos atrasa. Impaciencia, no conformación, descreimiento etc., sabiendo que ninguna oveja del rebaño se perderá.

Esperar la ayuda del pastor, sin embargo, no es el suficiente. Debemos nosotros mismos buscar el camino cierto de retorno hacia el Padre. “Hace que el cielo te ayuda” es otra marca registrada del Evangelio de nuestro amoroso Jesucristo.

¿Cómo creer en Dios si no creemos ni en nosotros? Nadie imagina que todo ocurre sin la percepción del Creador. Pero la verdad es que el libre-albedrio es soberano en el hombre. Ni el ángel de la guarda nos ayuda ni el obsesor nos derriba a menos que los aportemos con nuestro deseo. Nuestra voluntad e intención abren el camino de lo que anhelamos a nosotros. Es cuando se aproximan mentor u obsesor para ayudarnos en la ejecución de nuestros planes. Como en la cantoría campesina: damos el mote y ellos crean las rimas.

Que nadie desaliente delante de nuestras palabras, porque éste es un momento cíclico que se repite de tiempos en tiempos. Hora de saneamiento, separación de trigo y cizaña, que acontece siempre en el mundo para el avance del conocimiento moral y tecnológico. Quien vivir en la Tierra de aquí a cincuenta años podrá regocijarse con el planeta renovado. Pero es necesario merecer tal oportunidad. Si la dicha no es de este mundo, podemos comprar ahora los billetes para el gran viaje en dirección al tiempo dichoso que ya está próximo. Por ahora, perseverar en el bien, ayudando lo cuanto pueda, librándose de esa malla de corrupción evolvente, de la cual poca gente escapa. La deshonestidad, que parece sabiduría e inteligencia, no pasa de oro de tonto. Tiene apariencia dorada, pero por adentro es metal herrumbrado.

Cuidemos de nuestra encarnación para tener un productivo desencarne. Esta vida en la materia es un regalo que el Cielo nos ofrece. Sepamos ser gratos y aprovecharla. En El Libro de los Espíritus, cuestión 86, está escrito que el mundo material ni necesitaría existir; André Luiz, por Chico Xavier, nos informa, sin embargo, que esta vida sirve como catalizador (acelerador) para el progreso espiritual. En Evolución en dos mundos, capítulo 19: Alma y Reencarnación – Después de la muerte, él dice: “Al morir físicamente, el hombre que tenga culpas acumuladas sufrirá mucho para libertarse de ellas, siendo que tan pronto se conciencie y se arrepienta, abreviará el sufrimiento, iniciando clases de elevación y reeducación. Quedarse preso al lecho como enfermo, por largo período antecedente a la muerte es bendición, aunque no apreciada, desde que tal tormento sea vivido resignadamente. Ése es bendito tiempo de autoanálisis, qué del contrario, carreará remordimientos después del desencarne. Todos los que actúan con maldad, los viciosos en general, calumniadores y demás criminosos, sin tiempos de auto-examinar y arrepenterse, después de la muerte física purgarán anchos y difíciles tiempos en las zonas espirituales tristes y altamente incómodas. Experimentarán los mismos males que causaron a otras personas.”

Creamos y sigamos enfrente.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – junio 2018

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