Invitación a la disciplina

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En favor del Espiritismo, respeto y atención.

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

Nuestro centro espiritista, pequeño y modesto, “Los Esênios”, fue fundado en Paraíba en 1997 y desde el inicio implantamos reglas de disciplina, copiando la institución fundada en 1982 en São Paulo: iniciamos las reuniones en la hora establecida, cuando cerramos la puerta, no permitiendo la entrada de retardatarios; no hacemos excepciones.

Hay otras exigencias. Por ejemplo, que no se usen ropas sensuales, porque no son propias para reuniones de este tipo, especialmente las espiritistas, porque conocemos la actuación de la espiritualidad inferior que se prevalece de la invigilância de los desavisados para esparcir negatividades, llenando las personas de pensamientos malos. Bezerra de Menezes y Luiz Sergio tienen páginas a ese respeto. Pedimos que se sienten por orden de llegada para que unas no molesten a las otras. Que no conversen ni desaprovechen el tiempo de oración y agradecimiento con la manipulación de los celulares, que, allí, son altamente inconvenientes. Si nos ocupamos más con las noticias y las redes sociales, los buenos espíritus nos abandonan y van a cuidar a quien esté realmente interesado. Todo a su tiempo, a la hora y local propios.

A las personas que llegan por primera vez al centro y van con ropas impropias o escotadas, ofrecemos un chal, discreto, absolutamente limpio, dando a ella la opción de usarlo o no participar de la reunión. En el inicio, como tenemos ampliamente divulgado en nuestro blog en  internet y en la puerta de llegada, no permitíamos la entrada de personas en esas circunstancias. Sin embargo, para no decepcionar a los que desconocían las exigencias, ya que no son habituales en la mayoría de las casas espiritistas o templos de cualquier doctrina, decidimos por la alternativa del abrigo temporal y ofrecemos nuestro folleto, publicado en la RIE de noviembre de 2006, “Un Centro Diferente” [1], para que sepan las razones que nos llevaron a tal procedimiento.

Como norma, las personas aceptan nuestra solicitación sin problema. Sin embargo, una vez u otra, hay alguien que no se pone de acuerdo con nuestra manera de administrar la casa. Son personas que no les gustan ser contrariadas, pues se enojan. No son fieles en el poco, pero quieren recibir mucho de Dios. Y hay quien diga que no entiende porque tanta exigencia, qué no se ve en otros centros. Exactamente porque si el dirigente espiritista es el guardián de la doctrina en su centro, debe seguir rigurosamente las orientaciones del Espiritismo para evitar obsesiones gratuitas, por medio de providencias simples. Si nadie se exhibe con sensualidad y actitudes provocantes, los pensamientos frívolos se quedarán lejos de nuestra mente. Sin embargo, si el escenario está delante de nosotros, ya aprendemos con Jesús, quien quiera que lance la primera piedra. Somos todos aún vulnerables a estas ocurrencias.

Quien va al centro no atiende a una invitación de la institución, sino de Jesucristo, del Evangelio o de su propio sufrimiento. Nadie está obligado a permanecer o entrar en un ambiente que lo desagrade. Si no concuerda con las reglas hay muchos otros centros como alternativa. Cada actitud implantada en nuestra casa fue resultado de análisis, estudio de pros y contras para que no agraviásemos los visitantes, pero para que también no contrariásemos la doctrina. No queremos una casa llena de personas engañándose, sino de criaturas que aprovechen ese sublime y raro instante semanal para colocar más un ladrillo en el edificio de su casa mental, edificándola en la roca y no en arenas movedizas.

Cuando Emmanuel comenzó su trabajo con Chico, luego aclaró que exigía de él como elemento básico que hubiese disciplina en la obra que realizarían. La naturaleza da ejemplos todos los días. Si el sol nació hoy en determinada hora, minutos y segundos, en este mismo día, en el año próximo, nacerá otra vez en esta misma hora.  ¿Alguien se atreve a decir qué es por acaso qué eso acontece hay milenios sin fallar nunca? Cuando plantamos semillas fructíferas en un pomar sabemos, de antemano, cuanto tiempo tardarán a producir y la cantidad de frutas que cogeremos. Hay los que venden la cosecha anticipadamente. Las mareas ascienden y bajan a cada seis horas. La mujer tiene su hijo después de nueve lunas. ¿No es muy organizado para ser confundido con el acaso?

La disciplina de la comida, del sueño, del ocio, del estudio muestra que nuestra salud depende de ella. Todos los excesos nos perjudican, adoleciéndonos. El mismo se da con nuestro comportamiento al manejar un vehículo, al caminar en la calle, al usar un autobús o ejecutar un trabajo. Tenemos compañeros a nuestro lado en todas las situaciones, con derechos y deberes iguales a los nuestros. ¡A ellos, lo que queremos a nosotros!

Cuando vamos a un centro para energizarnos espiritualmente, es necesario despojarse de quejas o prejuicios, exigencias o reclamaciones, respetando la casa a concentrándonos solamente en el auxilio que buscamos, sabiendo que simultáneamente somos usados para donar y servir, sin perjuicio para nuestra salud. Al contrario, recibiendo renovadas las eventuales donaciones que uno cogió de nosotros.

Ayude siempre. Ofrezca lo que pueda a la institución que tan bien lo recibe. Pero si no puede donar nada material, dé su respeto, su silencio, su buena vibración y su disciplina. Sin percibir, será ejemplo para muchos que están a su lado y lo observan sin que usted ni siquiera perciba.

¡Qué Dios nos ayude!

  1. Documento disponible en: https://essenios.files.wordpress.com/2008/10/um-centro-diferente2.pdf

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Noviembre 2017

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Somos todos divinos

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Como hijos de Dios, tenemos Su ADN.

Octavio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

A pesar de nuestras limitaciones como espíritus imperfectos, que aún necesitan vivir en mundos de pruebas y expiaciones para acelerar su mejora, en la esencia tenemos todos los ingredientes necesarios para ser semejantes al nuestro Creador. “Sois dioses” (Juan 10:34) es una afirmativa de Jesucristo muy utilizada en el medio espiritista para generar motivación y esperanza. Es acompañada, en general, del complemento: “pueden hacer lo que yo hago y mucho más…” (Juan 14:12).

Aprendemos que fuimos criados por Dios a Su imagen y semejanza y, por lo tanto, tenemos en nosotros los atributos necesarios para ser tratados como tal. ¿Entonces por qué somos aún tan imperfectos? No es una respuesta fácil, pero en rápidas palabras podemos contestar: somos educados para todo, menos para ser hijos espirituales del Creador. Nos enseñan las ciencias de los hombres, sin enseñarnos la ciencia de Dios. Nos educan para ser, doctores, buenos comerciantes, tribunos, pero no nos educan para ser correctos, honestos, respetuosos. No hacemos cursos para aprender a disculpar – más que esto, a perdonar –, a tener paciencia – que es una de las vertientes de la fe –, a no ser envidiosos y celosos. Aprendemos a hacer caridad, sin embargo no somos caritativos con nosotros; no nos consideramos como hijos de Dios.

Nos enseñan a ser intrépidos y valientes en cuanto al vigor físico. Tenemos de ejercitarnos, seleccionar alimentos, hacer regímenes, pero poco nos enseñan en cuanto al coraje que necesitamos para vencer nuestros defectos morales. Nos recomiendan el amor-propio y pocos nos hablan sobre amor al prójimo; enfatizan que no debemos llevar ofensas para casa, pero no nos informan que perdonar es la manera más fácil de ser feliz. Cuidamos con celo y requinte de la casa donde moramos y no damos el mismo trato a la casa mental, al corazón y a la conciencia que viven en nosotros y de los cuales no podemos apartarnos, pues nos acompañan donde quiera que estemos.

Nos recomiendan que necesitáramos ser selectivos en el trato con las amistades a fin de no comprometernos con personas de dudosa aptitud. No nos enseñan, sin embargo, que nuestros pensamientos abren totalmente las puertas de nuestra alma para que espíritus inoportunos e inconvenientes penetren a la voluntad. Según sentimos y pensamos, elegimos el tipo de visitas que recibimos en nuestra casa mental. Lo que determina esa ligazón es la sintonía; automáticamente.

Parte de la culpa cabe a los que abolieron la reencarnación de las orientaciones de Jesucristo. Nosotros, los cristianos, volvimos a tener contacto con esa verdad solamente con la codificación del Espiritismo, en 1857. Hubiésemos sido enterados antes, con la conciencia de ya haber vivido otras veces en la Tierra, ciertamente nuestro comportamiento sería otro. Cuando la reencarnación sea aceptada y utilizada por los hombres del mundo, convictos de que todo lo que hacen revierte sobre ellos mismos, tendremos más cuidado con nuestras deshonestidades, mentiras, agresividades y nos empeñaremos en hacer el bien para alcanzar más deprisa planos más felices.

“Nadie saldrá de aquí mientras no pagar hasta el último centavo”, advirtió Jesucristo. De nada vale morir y volver a aquí sin desvencijarse de este mundo que nos aprisiona, porque la vida futura nada tendrá de diferente de esta contra la cual tanto exigimos. Reencarnamos como oportunidad de mejoría. Si dejamos el tiempo pasar, como se dice popularmente, la cola anda y nosotros quedamos parados.

Jamás alguien nos dijo que el mundo material no deba ser aprovechado, incluso en los placeres que ofrece. La vida es agradable y bella. Vean que hasta la relación sexual es placentera. Fuese dolorida, traumática y el mundo estaría despoblado. La comida encuentra en las varias partes de la lengua la respuesta de cada paladar: dulce, salado, picante, etc. Los ojos, además de permitir que nos orientemos en la caminata, nos permiten ver las bellezas de la naturaleza. El olfato nos da oportunidad de sentir el aroma de las flores y de los perfumes. Tenemos todos nosotros derecho a estos placeres. Son creaciones del Padre, para nuestro deleite.

Pero el mundo material nos ofrece también ciertas infelicidades resultantes de pasados engaños y es en esa hora que debemos estar atentos a la solidaridad. No podemos nos sentir confortables delante del sufrimiento ajeno. Tenemos de minorar los dolores del prójimo, porque nuestra insensibilidad ante el flagelo de un hermano deja registrada en nuestra alma esa indiferencia que un día se volverá contra nosotros. Ésta es la razón porque el número de sufridores en la Tierra es muy grande. Casi de forma unánime, porque incluso los abastados tienen desajustes morales y espirituales. Nunca hubo tanto estrés, depresión, esquizofrenia y personas desajustados por el acoso de entidades obsesivas. El pánico es uno de los síndromes más comunes de la actualidad.

Nos asemejamos a las serpientes que cuando necesitan crecer abandonan la piel vieja y después que aumentan de tamaño se revisten de una nueva casca. Matemos el hombre viejo y permitamos que nazca en nosotros el hombre nuevo, como recomendó Jesús al apóstol Paulo de Tarso, mientras aún era Saulo, seguidor de Moisés y acosador de los cristianos, equivocadamente. Hace mucho tiempo que estamos preguntando en el silencio, como Saulo en la carretera de Damasco: “¿Qué quieres de mí, Señor?” Y si pudiésemos oír, ciertamente escucharíamos Cristo a decirnos: “¡Quiero qué dejes de sufrir por la ignorancia y falta de coraje para libertarte del atraso! Sufres por tu voluntad, porque no es para esto que Dios te creó.”

Si todo es apenas por un poco, si quién nace va a morir y quién muere vuelve a nacer, ¿por qué no dejar nuestro ser divino nacer inmediatamente aún en esta encarnación? ¿Por qué morir y enseguida tener de renacer si ya estamos en el mundo rodeado de todos los recursos necesarios para que saboreemos esta dicha?

 RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Octubre 2017

Padres e hijos

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Octávio Caumo Serrano – caumo@caumo.com

Es primavera. Cuidemos a nuestros hijos; semillas, flores y frutos de nuestro árbol.

Educar hijos es una de las misiones más difíciles. ¿Ninguna novedad, cierto?

Mi padre era un hombre de un metro y sesenta que pasó a ser un albañil después de haber sido dispensado de una industria de telas en São Carlos (SP), donde fue promovido a supervisor, pero no pudo asumir el cargo por ser analfabeto.

Vivió poco. Solamente cincuenta y cuatro años. Partió en 1957 después de muchos y largos períodos de enfermedades, especialmente con ulceraciones de estómago. Sin embargo, a pesar de esas limitaciones, al desencarnar dejó su esposa en casa propia, construida a las tardes, después del trabajo, por más de diez años de lucha. Fue en un terreno de ocho por veintitrés metros, comprado en cien prestaciones, en Jabaquara, un barrio de periferia en São Paulo. Ha dejado un hijo de veintitrés años (yo), diplomado en contabilidad, y mi hermano de dieciséis, ya trabajando y estudiando. Más tarde sería un abogado. Ambos trabajamos desde los diez años sin nunca sentirnos víctimas de la explotación infantil. Ayudamos con placer el mantenimiento de la familia y nos transformamos en personas de bien, que siempre se agradaron por el trabajo. Y el padre nunca se subvirtió por ser un sin-tierra.

Aparentemente, eso nada tiene de anormal. Sin embargo, lo que deseo destacar son las lecciones que él, asesorado por la madre, nos ha dado. En los días actuales hay didácticas para orientar en la enseñanza de los niños, con fórmulas para no traumatizarlas. Sin embargo, están cada dia más sin educación. ¿Por qué? No es pregunta de fácil contestación. Sin embargo, la primera que nos viene a la mente es porque decimos y no mostramos. Falsificamos, peleamos en el hogar, fumamos y tomamos alcohólicos, pero no queremos que nuestros hijos sean viciados, falsos o violentos.

Me gusta hacer poemas y muchos de los que tengo son descripciones de fragmentos de la vida de mi padre, porque él me dio grandes ejemplos cuando pudo testimoniar sus actitudes delante las dificultades. No hablaba; mostraba por decisiones. Nunca me dio una tapa. No porque yo fuese un ángel, sino porque el método que él usaba era el del ejemplo y no de la conversación vacía o de la represión por el temor.

Observen esta incoherencia.

Cierta fecha, yo venía de Peruíbe, playa del litoral de São Paulo, hacia la Capital y enfrenté el gran tráfico de la vieja autopista Pedro Taques. Me recordé de un amigo que hacía predicaciones en su iglesia y que decidió no respetar la cola de autos transitando por el acoso de la carretera. Como de hábito, el policía lo paró y la actitud natural era mandar el apresurado regresar por la otra pista hasta llegar nuevamente al fin de la cola. Aquel día, fue diferente, me contó él. Habló con la autoridad y resolvió el problema. Prosiguió viaje con la ayuda de la autoridad que lo encajó en la cola principal.

Su hijo de doce años, que estaba en el banco trasero, al presenciar la escena, le preguntó: “Padre. ¿Usted no dio dinero al policía, dio?”. Antes que él contestase, el hijo continuó: “Usted, no, padre. Usted que enseña a los otros lo que es cierto y errado no podía haber dado dinero a él.” Mi amigo me confesó que nunca una actitud suya le causó tanto arrepentimiento. Jamás volvió a tener la admiración del niño en sus trabajos de orientador. ¡Se cayó del pedestal dónde el hijo lo colocara!

Las actitudes de mi padre fueron siempre al revés. Cierta vez faltó comida en la casa porque el patrón no pagó en el día cierto, pero él tenía un dinero reservado para la prestación de una bomba de pozo. Cuando yo le sugerí que en aquel fin de semana usase ese dinero, él se quedó bravo. En mi poema digo así:

– En mis diez años de edad, con mucha serenidad, le hablé usando criterio. – Se calme, padre, ante el hecho; usted es un hombre derecho y Dios protege quien es serio. – Al final, en el cajón, de la cómoda marrón, usted tiene reservado el valor de la prestación, de la bomba de don Juan; pague unos días retrasados…

– Ese ya no tengo yo, enojado contestó, Aunque yo coma en el pasto; y no quiero discusión, después que está en el cajón, Ya no  pertenece a mí!

¡Me quedé todo embobado, vendo el gigante tumbado! Mi ojo todavía marea… Qué lección tuvo aquel día, Ah Dios mío, ¡Virgen Maria!… ¡Su bendición, dónde esté!

Ya a los siete años, cuando le presenté el primer boletín para hablarle de mi anotaciones de la escuela (todas muy buenas), miró y me devolvió. “Muy bien, siempre que quiera me hable de su boletín, pero no es obligado a hacerlo. Tu estudias para ti, no estudias para mí. ¡Luego corresponde a ti cuidar de tu boletín!” ¡Digan si no es sabiduría! Tuvo la confianza de poner en los hombros de un niño la noción de responsabilidad. Nunca traicione a mi padre, avergonzándolo de alguna manera. Fue mi amigo y mi mayor fan.

Qué falta estos días son ejemplos de conducta. Menos vicios, menos peleas, menos mentiras, menos egoísmo y vanidad. Predicando una cosa y viviendo el inverso. ¿Se recuerdan dela conocida historia del teléfono?

El padre explicaba a su hijo que era feo mentir. El teléfono llama y el niño atiende. – Padre, es para usted; el tío Juan. – ¡Dile qué yo no estoy!…

Allá se fue su hermoso tratado sobre la mentira llevado por la avalancha. No tenemos que decir al hijo lo que queremos que él haga. Es necesario mostrar en nosotros lo que anhelamos que él sea. Pocos hacemos eso, lamentablemente… Pienso que está ahí nuestro mayor fracaso como educadores. La tarea es difícil. Sin embargo nuestra culpa también es grande.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Septiembre 2017

 

 

 

 

Jesús, los Esenios y nosotros

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Qué la historia no cuenta o los hombres desconocen.

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

En el desierto de la Judea comenzaron a prepararse los caminos para la gran visita de Jesús de Nazaret. Viviendo en el monasterio del Qum Ran, cerca del Mar Muerto, y en otros esparcidos por toda Palestina, los Esenios vivían con sobriedad y fraternidad. Asistían a todos, independientemente de creencia, color, raza o parentesco. Trataban a cualquiera  como a un hermano. Más tarde, ésa fue la máxima de Jesucristo cuando nos recomendó: “Ama al prójimo como a ti mismo.” Y para aclarar lo que debemos entender por prójimo, explicó a Nicodemo, el doctor de la ley judaica, con la parábola del Buen Samaritano. Dijo que un hombre seguía de Jerusalén hacia Jericó, descendiendo por una pequeña sierra, llena de salteadores, sin hacer mención en cuanto al nombre o posición social del viajante. Solamente aclaró que los religiosos (sacerdote y levita) no se preocuparon en prestar socorro al infeliz; fue un discriminado hereje de la Samaria que lo ayudó, dejando claro que no es el rótulo de la creencia que mide nuestro verdadero valor en el campo de la caridad.

Entre los misterios sobre Jesús se incluye el desconocimiento sobre su vida de los 13 a los 30 años. Unos dicen que salió del país y otros que Él tenía vivido entre los Esenios. Como no hay registros históricos oficiales, todo se queda en el campo de la especulación y qué nos queda es analizar, por buen sentido, lo que podría ser verdad.

La semejanza de la vida de los Esenios con lo que predicó Jesús es grande, qué nos lleva a creer que, por lo menos, hubo de la parte de Jesús contacto con ellos. Gratz afirma que Juan Bautista, “la voz que clamaba del desierto aplanando los caminos del Señor”, era esenio. Que esa comunidad era formada por personas diferentes no quedan dudas. El rey de la Prusia, escribiendo a Voltaire, afirma: “Jesucristo fue un Esenio.” Las costumbres también eran semejantes; la reunión de los Esenios en las comidas recuerda la cena final que Jesús tuvo con sus apóstoles.

Escritores acreditados de la época, como Filón de Alexandria, habló de los Esenios: “Son como Santos que habitan en muchas aldeas y villas de Palestina. Se unen por asociaciones voluntarias más de lo que por lazos de familia. Quieren mejor practicar la virtud y el amor entre las criaturas; en sus casas no hay grito o tumulto; cuando un habla los otros oyen respetuosamente; es un silencio que causa grande conmoción al visitante. Moderan la cólera y sostienen la paz. Lo que dicen vale por un juramento porque, afirmaban, solo necesita jurar quien es mentiroso.” Edmund Wilson, periodista del The New York Times, en serie de reportajes sobre los documentos encontrados en 1947, cerca del Mar Muerto, escribe: “El Convento, ese edificio de piedras junto a las aguas amargas del Mar Muerto, con su horno, tinteros, piscinas sacras y túmulos, es, quizá más de lo que Belém y Nazaret la cuna del cristianismo.”

Los principios de vida de los Esenios eran los mismos predicados por Jesús: amor al prójimo, vida simple y desapego a los bártulos materiales. En los fines de semana estudiaban las escrituras y el que más sabia explicaba para los demás todo qué no fuera entendido debido a la simbología de las lecciones. Como hacía Jesús cuando se reunía con sus discípulos en Cafarnaúm, en la casa de la suegra de Pedro, para explicar las bellezas del reino de los Cielos. Sin embargo, los Esenios exigían que los instructores fuesen igualmente superiores en las costumbres y en los ejemplos. El poder del instructor independe de preparación cultural. Así, si no es capaz de enseñar ejemplificando, cualquier lego puede desempeñar sus funciones. (¡grifo nuestro!)

Por eso, Hempel en 1951 escribió: “Aclarada el origen de los cristianos. El cristianismo es apenas Esenio. Esenio o cristiano es lo mismo.” Aún ahora, cuando el Espiritismo está entre nosotros, vemos las orientaciones de la espiritualidad superior confirmando los principios esenios de hacer el bien sin mirar a quien. Mostrando que todo es viejo y todo se renueva con la evolución del entendimiento.

Sin pretender inventar novedades, recomendamos que las personas lean sobre la vida de esa comunidad que vivió alejada de la opulencia y de los conflictos políticos y religiosos de Jerusalén, recogiéndose en la región inhospitalaria del desierto de la Judea cerca a la legendaria ciudad de Jericó, la más antigua del planeta entre las que tienen más de diez mil años. Tierra del publicano regenerado, nuestro estimado Zaqueo, que así como Magdalena, a cierta altura de la vida, estaba inconformado con la manera como vivía; sintiendo un vacío existencial, asciende en un sicómoro (árbol de la región) para ver a Jesús que visitaba su ciudad y orientarse con Él sobre lo que hacer para redimirse de los errores que creía haber cometido. Es un momento raro que acontece en la vida de todos nosotros y es necesario estar atento en la hora de ese llamado. Y caso tengamos la sinceridad de Zaqueo no necesitamos buscar el Cristo en los templos, porque Él nos visitará en nuestra propia casa como hizo con aquel hombre, proporcionándole extrema dicha. Para que Jesús entre en nuestra vida basta abrirle la puerta de nuestro corazón. Una puerta que solo se abre de adentro para afuera.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – agosto 2017

Es necesario nacer de nuevo

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“Lo que es nacido de la carne es carne; lo que es nacido del Espíritu es Espíritu” – Juan III 1-2.

Octávio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

Aunque la creencia de la reencarnación sea normal en casi toda la humanidad, quedando la excepción por cuenta de los cristianos no espiritistas, los mecanismos de esa ley aún son mal comprendidos y nos llevan a divagaciones.

Entre los judíos, había entre los fariseos la creencia en la resurrección, a punto de que anhelaban ser enterrados en el camposanto del Valle del Cedrón, en Jerusalén, de dónde emergerían los primeros que fuesen para el mundo celestial al final de los tiempos. Está entre los muros del Templo y el Monte de los Olivos, donde hay muchos túmulos de judíos importantes, incluso el del profeta Zacarías. Es también conocido como el Vale del Juicio, local donde Dios vendría a buscar los escogidos.

Otros religiosos, los saduceos, creían en Dios y en sus recompensas, sin embargo solamente en esta vida. Recibirían por todo el bien que hiciesen aquí mismo en la Tierra. Muertos, nada más les quedaría. Divergencias en el mismo pueblo que se considera el elegido por Dios.

En Brasil, un país de mayoría católica, y también de adeptos de diferentes doctrinas derivadas del cristianismo, como los protestantes con los diferentes segmentos, por ejemplo, la reencarnación es tratada como fantasía. Incluso los médicos que cuidan de las almas, analistas y terapeutas en general, atribuyen todo a los registros del inconsciente. Usan palabras difíciles para explicar lo que no entienden ni están convencidos, porque se quedan sin coraje de admitir su propio desconocimiento en el asunto. Afirman que se alguien ejecuta un instrumento o habla un idioma extranjero es porque ha escuchado en alguna parte, algún día, alguien tocar la música o hablar el idioma. Fue en la convivencia con alguien, una niñera o cualquier situación, por más fortuita que parezca, que el niño registró el hecho que aflora en determinado momento. Pero no explican cómo alguien puede hablar idiomas muertos hay milenios y ni de quien los tendría oído.

Las redes sociales muestran hoy niños con menos de seis años que son verdaderos virtuosos de la música, de la pintura y otras artes. Niños que hablan media docena de idiomas sin nunca haber estudiado o convivido con personas de estos idiomas. Intentar negar no es inteligente. Es preferible investigar; es menos arriesgado. Si no tiene explicación mejor decir no sé. Al final, nadie sabe todo. Peor; lo que sabemos es tan poco que es casi nada.

Hablan de los complejos de Edipo y de Electra, pero no explican las causas. Complejo de Edipo es uno de los conceptos fundamentales de Freud, en psicoanálisis. Se refiere a una fase en el desarrollo infantil en que hay una “disputa” entre el niño del sexo masculino y el progenitor (figura masculina) por el amor de la progenitora (figura femenina). Complejo de Electra fue estudiado por el psiquiatra y psicoterapeuta suizo Carl Gustav Jung, en referencia con el mito griego de Electra. Ésta es una fase del desarrollo psicosexual de los niños del sexo femenino, de acuerdo con el psicoanálisis. Consiste en la etapa en la que la hija pasa a sentirse atraída por el padre, disputando con la madre la atención de este hombre. ¿Cuál la razón? ¿Esto sucede con todas las niñas, sin excepción? Cierto que no.

El Espiritismo explica que muchos problemas de matrimonios del pasado, con la interferencia de amantes que destruyen hogares, provocan necesidades de rescates y los que fallaron vuelven como padres e hijos para ejercitar un amor sublimado, mayor que el amor carnal de los tiempos que se fueron. Pero esto no es regla absoluta. Hay padres e hijos que ningún comprometimiento tienen en este sentido.

Por más que las religiones y los científicos nieguen, más de un ochenta por ciento de las personas, por curiosidad y buen sentido, tienen dudas sobre si ya vivieron antes y se vivirán después. No pretenden aceptar la reencarnación, pero la razón casi que las obliga. Las investigaciones cada vez más afirman que sí y estamos actualmente, según entrevistados de la psicóloga norte-americana Helen Wambach, en el momento de las grandes revelaciones para la humanidad. Ya descubrieron hasta que el corazón tiene neuronas y, por tanto, piensa, así como la mente tiene sentimiento. Los nuevos conocimientos no paran por ahí y se aceleran a cada día, probándonos que sabemos poco o casi nada con respecto a nosotros mismos. Tenemos todo a aprender sobre de dónde vinimos y qué nos espera.

Las iglesias prefieren negar y vender indulgencias, curas, riqueza, comodidades y alegan que necesitar nacer de nuevo se refiere a una renovación de conceptos que debe operarse en cada uno, como cuando Jesucristo dijo a Saulo que él debía matar el hombre viejo que había en él para dejar nacer el hombre nuevo. Sin duda, es también importante renacimiento, pero no fue de ese nacer nuevamente que Jesús habló a Nicodemo.

El propio Jesús al decir que Juan Bautista era Elías que volviera y la humanidad no percibió, deja claro que decía de la reencarnación. Las enseñanzas de Jesús son sencillas y claras, pero como la simplicidad no permite misterios y divagaciones, las iglesias ponen en esto una pizca de misticismo para tener poder espiritual sobre el pueblo. Cuando sepamos que los templos son secundarios y no necesitamos frecuentarlos para hacer el bien, para llegar a Dios y construir nuestro cielo, nos quedaremos menos presos a esos disfraces. Jesucristo está a nuestro lado permanentemente con su Evangelio. Los grupos religiosos solamente valen por lo que nos enseñan de las Leyes Divinas fortaleciendo nuestra fe y no por supuestas ventajas que puedan ofrecer mismo sin que tengamos merecimiento. Milagros sin mérito serían injusticias. Y Dios no comete injusticias.

Salve el Espiritismo: “Fuera de la caridad no hay salvación”. Damos de gracia qué de gracia recibimos. Que Dios nos ayude para no perder jamás ese foco y ese rumbo.

RIE-Revista Internacional de Espiritismo – julio 2017

 

Jesucristo y el espiritismo

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¿Qué utilidad tienen las orientaciones de los Espíritus?

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

“¿Una vez qué Jesucristo ha enseñado las verdaderas Leyes de Dios, cuál es la utilidad de las enseñanzas de los Espíritus? ¿Tienen ellos algo a más que enseñarnos?” Esto fue preguntado en la cuestión 627 de El Libro de los Espíritus.

Considerándose que el Espiritismo es el cristianismo revivido, lo que significa resucitado o remozado, se pone claro que las lecciones de Jesucristo fueron adulteradas a lo largo de estos tiempos, a punto de que el mayor mandamiento – “amad Dios sobre todas las cosas y el prójimo como a ti mismo” – tener prácticamente desaparecido del seno de la humanidad, especialmente donde debía estar más preservado que es en el medio religioso.

Con su ya conocida educación y prudencia, Kardec dice que los espíritus debían aclararnos porque Jesucristo hablaba por alegorías. No quiso decir que el mercantilismo de las doctrinas divide a los hombres porque cada una enfatiza que solamente los seguidores de su iglesia tendrán la salvación. La intención es alejar la competencia. Quien no acepta Jesucristo en la versión de ellos no gana el Cielo. Y esa salvación pasa por las donaciones que crean privilegios según la generosidad de las ofertas. Mejoran hasta la facturación de las empresas de los que más colaboran.

La Doctrina Espiritista, que Kardec catalogó en el capítulo I de El Evangelio Según el Espiritismo como la tercera revelación, viene en un momento cierto cuando el Evangelio de Jesucristo nada más tiene del original enseñado por el Cristo. Los

creyentes se despegaron yendo cada uno para un lado y es por eso que hoy hay una inflación de sectas que nacen a cada día, con nombres esdrújulos incluso, porque las variedades de tiendas pasaron a ser un comercio lucrativo. ¿Amor al prójimo? No ofrece ganancias; mejor amor propio o amor a sí propio.

La Doctrina dictada por los espíritus en los cuatro puntos de la Tierra y organizada por el maestro francés Rivail, posteriormente conocido como Allan Kardec, trae de nuevo la pureza del cristianismo naciente de los tiempos de Pedro, Paulo, João, Santiago, Magdalena y demás seguidores de los primeros siglos. Descarta los rituales, los paramentos, los altares y adornos dorados de los templos y forma núcleos semejantes a la Casa del Camino, ornamentados de sencillez. La belleza está en el servicio prestado gratuitamente, acogiendo personas de todas las doctrinas que anhelan aclararse en la pureza del Evangelio y no en la sociedad religiosa elitista, donde encontramos templos que seleccionan a sus frecuentadores por la posición social que ocupan en la comunidad. ¡Los importantes de la Tierra!

La disculpa que más oimos cuanto a la explanación del Evangelio es que la alegoría de las lecciones de Jesucristo, cuando se servía de parábolas, dificulta el entendimiento de las orientaciones del Maestro. Sin embargo, cuando Él recomendó que amásemos el prójimo como amamos a nosotros mismos y que hiciésemos al otro exactamente lo que gustaríamos que el otro nos hiciese, no lo hizo de forma alegórica, sino clara y directa. Y es exactamente ahí donde más nos alejamos del cristianismo. Quien no es de nuestra iglesia es nuestro enemigo.

Vea que incluso en las parábolas interpretativas hay enunciados que no dejan dudas. La del buen samaritano, por ejemplo, habla de la indiferencia del sacerdote y del levita, religiosos de la elite judía, y del socorro prestado por el hereje samaritano que solamente veía en aquel hombre – que no conocía ni sabía su nombre – su prójimo. Dijo que un hombre bajaba de Jerusalén hacia Jericó; no un rey, un judío, un rico; simplemente un hombre.

La venida del Espiritismo como revelación posterior a Moisés y Jesucristo obedece a una secuencia lógica, pues se Jesucristo completó, ratificó, pero también corrigió orientaciones de Moisés, porque eran de un tiempo ido, así el Espiritismo vino a restaurar las lecciones originales predicadas por el Cristo y adulteradas a lo largo de los siglos. Repitiendo: no por falta de entendimiento, sino que de propósito para sacar provecho de la confusión que las propias doctrinas establecieron. Todo es para la casa de Dios. Coches, tierras, cheques, dinero, tarjetas de crédito. Ciertamente depositados en el Banco de la Divinidad.

El Espiritismo habla en un lenguaje sin preámbulos, directa y que cabe en la razón de las personas poco cultas de la misma forma como puede ser entendido por los doctores. Podemos alegar que no creemos o no estamos dispuestos al rigor de nuestra reforma interior. Sin embargo, jamás que no comprendemos. Emmanuel, en el libro El Consolador, pregunta 210, dice que el Espiritismo no necesita de los intelectuales de la Tierra, sino que ellos es que deben encontrar soporte en el Espiritismo para más bien ejecutar su progreso. Así como hizo Jesucristo que convocó su apostolado entre los hombres simples; pescadores, publicanos, etc. No buscó los doctores del Templo de Jerusalén, porque ellos nada entendían del reino que estaba siendo anunciado. La charla con Nicodemo es una comprobación.

Hay una plegaria, la Oración de la Sabiduría, que dice: “Dame, Señor, ¡inteligencia para entender, no las cosas difíciles y sencillas de ser comprendidas, sino que las cosas más simple y tan difíciles de ser entendidas!” Por eso cuando preguntaron a Emmanuel lo que era la Biblia, él contesto: “La Biblia es el amor…”. Y replicaron: “¿Pero por qué ella es tan grande?” Y el guía de Chico Xavier contestó: “¡Para explicar el amor! Del amor, ni definirlo sabemos.”

Esperamos haber dejado claro que los espíritus tenían de venir a restaurar lo que los hombres destruyeron. Con el Espiritismo solo es engañado quien quiera o es un ingenuo queriendo aprovecharse.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – junio 2017

 

Amigos de sangre y parientes de corazón

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Octavio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

Debemos tener dos tipos de amigos: los que nos enseñan algo o nos ayudan y los que aprenden con nosotros o aceptan nuestra ayuda.

La vida es corta para perder tiempo. No somos domadores para exigir del otro, a la fuerza, qué él no anhela hacer, aceptar o aprender. De la misma forma que somos como deseamos, respetemos el libre albedrío de las personas, dejándolas que sean como prefieren. Nadie puede obligar el otro a ser su amigo, amarlo o a concordar con sus puntos de vista, a menos que se conciencie que el cambio le será benéfico. Si aún no comprendió, vamos  entregarlo al tiempo que es un maestro convincente. La naturaleza, el dolor y el porvenir muestran lo que ni siempre uno consigue.

Para mejor entendimiento, consultemos El Libro de los Espíritus en las cuestiones relativas a los ángeles guardianes, preguntas 489 a 521, con destaque para la amplia cuestión 495, de autoría de los lúcidos San Luiz y San Agustín, ambos de activa participación en los trabajos de la Codificación del Espiritismo. Tenemos ahí una orientación segura de cual deba ser nuestro comportamiento delante de alguien rebelde que se recusa a ser ayudado.

Eso vale para un desconocido, un pariente y incluso un hijo, después de alcanzar la edad adulta. Mientras es pequeño y no tiene capacidad para decidir sobre su futuro cabe a nosotros encaminarlo, orientarlo e incentivarlo. Sin embargo, una vez mayor debemos darle el derecho al libre albedrío para que haga como mejor le parezca. Así como el ángel de guarda, nunca dejemos de ser un hombro a su disposición y tengamos siempre el tiempo que él necesita para desahogar o pedir ayuda; sin embargo, ahora la situación se invierte. El viene a buscar orientación y socorro cuando le parezca necesario y no cuando nosotros imaginamos que él necesita. Mientras el sufrimiento no hace su parte, nuestro argumento será inconsistente. Es preciso que él se conciencie de sus limitaciones y de la importancia de la ayuda que podemos le dar. Caso se considere autosuficiente, dejemos que decida por sí propio. Y si es efectivamente independiente como piensa, debemos conmemorar. Antes de ser nuestro hijo, es un hijo de Dios; un hermano que camina con nosotros en los meandros del mundo material. Un espíritu individual con derechos y deberes; plantando y cosechando como todos nosotros. Si él tiene éxito nos pondremos felices. Si fracasa, tendrá de recomenzar sus experiencias nuevamente. ¡Es de la Ley!

Ni siempre tenemos el respeto de nuestros hijos y somos para ellos orientadores competentes. Es común que quieran para sí una vida que nada tiene de parecida con la nuestra o con la que les propusimos seguir en su senda. No es anormal que nos consideren retrógrados y sin ninguna inspiración u originalidad para añadirles algún progreso. No somos un buen ejemplo, según su análisis. Paramos en el tiempo o estamos en la edad de la piedra. No adelanta dar puñetazo en punta de cuchillo. Vamos nos herir sin ninguna utilidad. Como Jesucristo ya prometió que ninguna oveja del rebaño se perderá, andando más despacio o más deprisa, ellos también llegarán al punto más alto de la perfección posible a los humanos. Unos tardarán más otros menos, pero nadie será abandonado. Todos tienen, sin excepción, un ángel protector a inspirarles en el camino hacia el bien. Unos oyen mejor, otros son medio sordos, pero todos llegarán a su apogeo.

Sabemos cómo eso entristece a los padres, principalmente cuando se sienten incapaces para guiar a sus hijos y ayudarlos a encontrar el camino del bien. Sin embargo, si hemos hecho lo mejor que sabíamos o pudimos, dejando muchas veces nuestra propia comodidad para ayudar a los hijos, Dios reconocerá nuestros esfuerzos y nos premiará, aun cuando no tenemos éxito,  pues no dependió de nosotros. No hubo negligencia, sino imposibilidad o inexperiencia para alcanzar los objetivos. No se puede abrir la cabeza del otro y poner adentro qué él necesita. Incluso porque ni siempre tenemos certeza de lo que él realmente quiere. Hacemos conforme nuestro entendimiento y capacidad qué ni siempre es suficiente. El importante, todavía, ¡es hacer lo mejor qué sabemos y podemos, pues tendremos la conciencia en paz!

Es muy difícil participar de la vida de otro espíritu que, muchas veces, ni él sabe bien lo que desea para sí. Tenemos de ser como el sembrador que lanza la semilla y sabe que su germinación dependerá de la tierra, del adobo, del riego, del clima y del tiempo propio de cada planta. Sabe que puede sembrar. Sin embargo nunca tiene la certeza de que lo irá  cosechar. Nosotros, los humanos, necesitamos tener la certeza de que vamos poner la cabeza en la almohada y dormir, porque estamos en paz con la Ley Divina.

En este mes en el que se conmemora en Brasil el Día de las Madres, escribimos este mensaje para que ellas hagan lo mejor que puedan para sus hijos, pero no se desesperen si no tienen éxito. La voluntad de un termina donde comienza la voluntad del otro. ¡Dios bendiga las madres, los padres, los hijos y los amigos de verdad!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – mayo 2017

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