Diferentes cuerpos celestes

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Dice el Espiritismo que luego la Tierra será un planeta de regeneración

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

Clasificación de Allan Kardec define las diferentes categorías de mundos por su finalidad y de acuerdo con el cursillo evolutivo de los Espíritus que lo pueblan. Determina, igualmente, la densidad material de cada mundo, que es lo que define el tipo de cuerpo necesario para vivir en él, cual sea más pesado o más leve.

Cuando se dice que la Tierra es un mundo de pruebas y expiaciones, se presupone que ella es habitada por Espíritus imperfectos que carecen de esmero cultural, moral y espiritual. Ese defecto ni siempre está relacionado con la maldad de los seres, pero, principalmente, con la ignorancia que aún presentan. Nuestros errores son cometidos mucho más por desconocimiento de que por maldad.

Los que hacen mal de propósito son minoría en nuestra sociedad. Lo más común es alguien bienintencionado imaginar que está cierto cuando, en la realidad, actúa equivocadamente. A veces, excesivamente moralista, perjudica las personas más simples, de buena intención, y que aún no tienen condiciones de ser como él le gustaría. Exige del otro lo que ni aun él puede comprender. Para defender la disciplina, deja hasta de practicar la caridad.

Con el cambio de la Tierra de mundo de expiaciones para mundo de regeneración, un poco menos imperfecto del que está el planeta actualmente, quien anhelar vivir en la Nueva Tierra tendrá de ser bien mejor de lo que es ahora. ¿Pero lo qué significa ser mejor, según esta definición?

A nosotros nos parece que bastan algunas virtudes fáciles de ser conseguidas. Por ejemplo: honrar la palabra data como respeto al semejante, puntualidad, asiduidad, perdonar los agravios, vencer el orgullo y el egoísmo, tener paciencia. No se concibe que un espiritista, que se dice candidato a vivir en el mundo nuevo, sea liviano en sus actitudes. Asume un trabajo y no comparece para ejecutarlo; se matricula en un grupo de estudios, pero falta más de que comparece; llega habitualmente atrasado a los compromisos, incluyendo la reunión espiritista que tiene hora establecida para inicio; entre otras cosas más graves.

No se puede, igualmente, tener actitudes de extremo desequilibrio, melindre, ira incontrolada, vanidad pueril y egoísmo contumaz en aquél que se dice candidato a vivir en el mundo nuevo, en la Nueva Tierra. Así como el apego a las posiciones y honrarías del mundo que se quedan por aquí cuando marchamos porque no tienen valor.

La propalada reforma íntima y el desprendimiento de los valores terrenos, tan pregonados por el Espiritismo, tienen por finalidad aconsejarnos a ser mejores mientras caminamos. Quien no si libertar de los defectos mundanales ahora, no tendrá acceso al mundo más purificado, porque él será habitado por personas más simple, más humanas, más fraternas, cuando la solidaridad, que es excepción en el mundo actual, será la regla de la nueva sociedad terráquea.

¿Quién pueda probar qué eso es verdad y va a ocurrir realmente?

Jesucristo dijo que su reino no era de este mundo, que nosotros somos dioses y cuando quisiésemos seríamos tan buenos y perfectos cuanto Él. Completando, Kardec hace la escala de los mundos y explica que ellos se apuran como las personas y la naturaleza determina el nuevo ambiente de vida. Si nos fue advertido que deberíamos guardar tesoros en el cielo, los que son guardados en la Tierra perderán su efecto y serán imprestables para uso en el ambiente renovado del mundo de regeneración.

Para los que creen en la existencia única y que tienen en la muerte el final de la vida, aun cuando acepten la supervivencia del alma, este comentario es pueril. Para nosotros que creemos en la orientación de los Espíritus y prestamos testimonio diariamente, incluso por vasta literatura, que todo sigue un proceso de perfeccionamiento, ser negligente delante de esa posibilidad de crecer ahora puede nos costar dolores inimaginables. A quien más sea dado, más será pedido. Si tenemos el conocimiento y él representa la verdad que liberta, desairar esa advertencia será puro infantilismo; una nueva oportunidad podrá ser demorada y dolorosa.

Es bastante conocido en los medios espiritistas el episodio envolviendo el planeta Capilla, de la Constelación del Cochero. Muchos fueron extraditados hacia la Tierra para ayudar a los habitantes de nuestro planeta con sus conocimientos técnicos y científicos, al mismo tiempo en el que aprendían con los trabajos de caridad a amansar sus corazones y domar su orgullo. El intercambio es perfecto y las oportunidades son datas a los que las conquistan por esfuerzo y determinación.

No hay beatitudes para quien no merece, porque a cada uno será dado según sus obras. Si quiere morar en la Nueva Tierra, construya desde ya su hogar en el nuevo mundo. Aunque que sea, provisionalmente, un hogar fluido de característica espiritual. Más tarde, en el tiempo cierto, será materializado y le dará gran placer. ¡Es cuestión de justicia!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – julio 2018

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Cuidemos del desencarne

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La oportunidad nos fué dada, una vez más, y la echamos en la basura

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

“La muerte es un nacimiento / de la materia hacia la energía. / El inverso de aquel evento / que nos trajo aquí un día.” (Octávio Caúmo Serrano – “Salvemos lo que es eterno”)

Comenzamos pidiendo licencia a la filósofa ruso-americana, Ayn Rand, judía, evasora de la Revolución Rusa de 1917, que llegó a los Estados Unidos en mitad de la década 1920 para divulgar su visión sobre el movimiento revolucionario con conocimiento de causa: “Cuando usted perciba qué para producir necesita lograr la autorización de quien no produce nada; cuando compruebe que el dinero fluye para quien negocie, no con bártulos, pero con favores; cuando perciba que muchos se ponen ricos por el soborno y por influencia, más de que por el trabajo, y que las leyes no nos protegen de ellos, sino al contrario, son ellos que están protegidos de nosotros; cuando perciba qué la corrupción es recompensada y la honestidad se convierte en sacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor de errar, que su sociedad está condenada.” Y nosotros reforzaríamos: podrida.

Esta verdad, a punto de completar cien años, es retrato de la sociedad de nuestro planeta, de este a oeste y de norte a sur, sin exceptuar un solo país, una única civilización, de cualquier tiempo conocido. ¿Qué podemos esperar, entonces, de un porvenir a corto plazo? Respuesta: con base en la fe raciocinada, el caos social, porque no hay la mínima posibilidad de que esta colectividad planetaria salga de la deshonestidad contumaz hacia la reforma moral en un parpadear de ojos. Como dijo Ayn, somos una sociedad condenada que ningún ejemplo histórico bueno va a dejar, en el campo de la moral, para los poblados futuros. Avanzamos cada vez más en tecnologías que usamos para agraviar, falsificar, corromper, punir y, esporádicamente apenas, para enseñar, salvar, ayudar y producir. El tráfico de drogas expande; el prisionero comanda de la celda la criminalidad de las calles; el tránsito mata cada vez más y andar en la calle o quedar en la casa son hoy dos factores de riesgo en la preservación de la vida; hackers invaden nuestra privacidad. ¡Es lo mínimo! Podríamos citar una infinidad de problemas.

Dirán que este relato es pesimista. Sin embargo, afirmamos que es solo un análisis frío del cuadro en que vivimos. A cada día un nuevo señor, otrora respetable, es incluido en la lista de los delincuentes, parias de la sociedad, que empuercan la raza humana, tenida como el más sublime de la creación divina. Un viaje sin vuelta que no puede ser completada en una encarnación. La oportunidad nos fue dada, una vez más, y la echamos en la basura.

¿Cuál vendrá a ser, entonces, el comportamiento de los que ya defienden la decencia, que luchan para mejorar, a pesar de sus fallos? Perseverar. Para los espiritistas, principalmente, las razones son claras. La reencarnación se destina al crecimiento espiritual, cuando tenemos nuevas oportunidades para aprender y reparar equívocos del pasado por la renovación de la experiencia que no fue debidamente asimilada. La Tierra es una escuela, no un parque de diversiones, aunque tenga momentos de diversión, porque para los justos y buenos la dicha ya hace parte de este mundo. Sin embargo, lo fundamental es crecer moralmente para hacer valer la encarnación en este planeta cuando él sea promovido a mundo de regeneración. Será un premio vivir aquí, donde presenciaremos una sociedad honesta, fraterna, competente y avanzada. Vamos a promovernos junto con nuestro mundo. Si así no hacemos, seremos desterrados de aquí en una repetición del episodio con la estrella Capilla. “Quien perseverar hasta el fin será salvo”; palabras de Jesús. Nuestra mayor tarea, por tanto, es el esmero propio. Estamos en el mundo para salvarnos. Y esto significa cambiar cada defecto por una nueva virtud, antagónica. Vencer el orgullo por la práctica de la humildad; vencer el egoísmo por la práctica del desprendimiento; vencer el odio por la práctica del perdón. Y así sucesivamente, con cada defecto que nos atrasa. Impaciencia, no conformación, descreimiento etc., sabiendo que ninguna oveja del rebaño se perderá.

Esperar la ayuda del pastor, sin embargo, no es el suficiente. Debemos nosotros mismos buscar el camino cierto de retorno hacia el Padre. “Hace que el cielo te ayuda” es otra marca registrada del Evangelio de nuestro amoroso Jesucristo.

¿Cómo creer en Dios si no creemos ni en nosotros? Nadie imagina que todo ocurre sin la percepción del Creador. Pero la verdad es que el libre-albedrio es soberano en el hombre. Ni el ángel de la guarda nos ayuda ni el obsesor nos derriba a menos que los aportemos con nuestro deseo. Nuestra voluntad e intención abren el camino de lo que anhelamos a nosotros. Es cuando se aproximan mentor u obsesor para ayudarnos en la ejecución de nuestros planes. Como en la cantoría campesina: damos el mote y ellos crean las rimas.

Que nadie desaliente delante de nuestras palabras, porque éste es un momento cíclico que se repite de tiempos en tiempos. Hora de saneamiento, separación de trigo y cizaña, que acontece siempre en el mundo para el avance del conocimiento moral y tecnológico. Quien vivir en la Tierra de aquí a cincuenta años podrá regocijarse con el planeta renovado. Pero es necesario merecer tal oportunidad. Si la dicha no es de este mundo, podemos comprar ahora los billetes para el gran viaje en dirección al tiempo dichoso que ya está próximo. Por ahora, perseverar en el bien, ayudando lo cuanto pueda, librándose de esa malla de corrupción evolvente, de la cual poca gente escapa. La deshonestidad, que parece sabiduría e inteligencia, no pasa de oro de tonto. Tiene apariencia dorada, pero por adentro es metal herrumbrado.

Cuidemos de nuestra encarnación para tener un productivo desencarne. Esta vida en la materia es un regalo que el Cielo nos ofrece. Sepamos ser gratos y aprovecharla. En El Libro de los Espíritus, cuestión 86, está escrito que el mundo material ni necesitaría existir; André Luiz, por Chico Xavier, nos informa, sin embargo, que esta vida sirve como catalizador (acelerador) para el progreso espiritual. En Evolución en dos mundos, capítulo 19: Alma y Reencarnación – Después de la muerte, él dice: “Al morir físicamente, el hombre que tenga culpas acumuladas sufrirá mucho para libertarse de ellas, siendo que tan pronto se conciencie y se arrepienta, abreviará el sufrimiento, iniciando clases de elevación y reeducación. Quedarse preso al lecho como enfermo, por largo período antecedente a la muerte es bendición, aunque no apreciada, desde que tal tormento sea vivido resignadamente. Ése es bendito tiempo de autoanálisis, qué del contrario, carreará remordimientos después del desencarne. Todos los que actúan con maldad, los viciosos en general, calumniadores y demás criminosos, sin tiempos de auto-examinar y arrepenterse, después de la muerte física purgarán anchos y difíciles tiempos en las zonas espirituales tristes y altamente incómodas. Experimentarán los mismos males que causaron a otras personas.”

Creamos y sigamos enfrente.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – junio 2018

¿Para que sirve un centro espiritista?

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A cada día nos desencantamos más con los espiritistas

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

Pregunta de difícil contestación, porque cada uno tendrá su propio punto de vista. Lo normal es imaginar que el centro espiritista existe para resolver problemas que otras doctrinas no consiguen. Son personas que viven desfilando en los templos cantando y loando y dando una contribución para la prestación del terreno en el cielo, o para que sus negocios prosperen. Cuando perciben, tras años, que perdieron su tiempo y empiezan a tener dificultades de todo tipo, corren hacia el centro espiritista y llevan su paquete de problemas para que los Espíritus resuelvan. Al final, fue Jesús quien enseñó que “pidiendo lograríamos”. Solo que Él dijo también: “hace que el Cielo te ayuda.” Pedimos mucho y hacemos casi nada.

Éste primer grupo es compuesto por personas que llegan al centro espiritista y quieren hacer consulta con médiums incorporados, saber se hay psicógrafos para recibir informaciones de los muertos, no importa quien sean, ya que consideran sabio a todos los Espíritus. Alguien les dijo que sus problemas solo pueden ser producto del acoso de obsesores. Acreditan que con media docena de pases y exposiciones, acompañadas de un cáliz de “agua benta espiritista”, podrán resolver sus dificultades y no perciben qué nunca hicieron la parte que les cabe; frecuentan alguna institución por uno o dos meses y después desaparecen. Por eso el centro es conocido también como casa transitoria adonde muchos van y pocos se quedan. Si no están en el tiempo de despertar, desaparecen. Se resuelven sus problemas, se van. Caso las dificultades persistan, desisten porque el centro no funcionó en su caso, y corren hacia otro centro u otras doctrinas en la búsqueda de milagros.

Otro tipo de participante espiritista es aquél que ya nutre alguna simpatía por la doctrina y ve en ella una lógica que no encontró en su religión. Le gusta el pase semanal y la exposición, los encuentros, seminarios y congresos espiritistas, encantándose con las recetas que los competentes conferencistas ofrecen en esas reuniones extremadamente buscadas. Adquiere muchos libros y vamos a encontrarlo en el centro con el rigor de quien vaya al culto semanal de cualquier iglesia. Entra en el centro y sale, sin saber qué pasa en la casa, como puede aportar o trabajar por su propia mejora. Si llueve, llegar una visita, sea feriado, haya atracción especial en la TV o fiesta en familia, el centro se queda para después. Ésta es una mayoría expresiva.

Hay también aquel tipo de participante que llegó a un despertar más intenso, llevado por problemas o vacíos existenciales, y decide participar en las tareas de la casa. Son conferencistas, pasistas, asistentes, que ya se disponen a hacer algún curso para aprender más sobre el Evangelio e intentar vivirlo. Es la comunidad espiritista que forma la estructura de cada centro. Sin embargo, aún muy templada, pues hacen lo estrictamente necesario. Al salir ni recuerdan de apagar una luz, cerrar una ventana o desenchufar el sonido. Terminado el trabajo salen con la velocidad de un rayo, como si en la casa hubiese algún bicho venenoso. Nunca se ofrecen para nada además de las atribuciones que la casa les ofreció. Por eso el movimiento espiritista aún crece de manera bisoña y toda institución tiene en la espalda de dos o tres toda la carga de trabajo. Analice el centro que usted trabaja y diga si lo que afirmamos es mentira. Si la casa tiene campaña de recaudación de alimentos o cualquiera otra utilidad, nunca se recuerdan de traer un paquete de arroz, un rollo de papel higiénico o vasos desechables que usan toda vez que van a la casa. Perciben que el reloj paró, pero nunca ofrecen una pila. Ni hablamos del mantenimiento con limpieza y reparos físicos. Al final, ya son contribuyentes con su importante trabajo espiritual. Ya dan de sí, no necesitan dar del suyo.

Por fin, existen los participantes que tienen el ideal espiritista ya muy arraigado y se dedican a la causa y a la casa con grande interés. Cuita que muchos de ellos anhelan cargos y puestos de relevancia, porque como presidente o director del centro pueden ostentar una autoridad que nunca tuvieron en la vida social o personal, ya que sus voces no son respetadas, muchas veces, ni en su propio hogar. Son más teoréticos que realizadores. Aún pecan por la ligereza de lo no cumplir con la palabra empeñada, aún discriminan cofrades de la suya o de otras instituciones, forman clanes personales, se apegan a las posiciones que no aguantan dejar. se perpetúan en los puestos y, como en un reinado, solo abdican por desencarne o grave enfermedad. No pasan de personas comunes rotuladas como espiritistas. Y son casi siempre muy respetadas. se transforman en gurús que no consiguen guiar ni a sí propios.

Nos perdonen el rigor del análisis, en la cual intentamos no incluirnos, sin conseguir, pero el movimiento espiritista podría ser mucho más dinámico, actuante, si hiciésemos del Espiritismo nuestra prioridad de vida y no fuésemos espiritistas de fachada apenas – y mucho mal – adentro del centro. Si fuésemos ejemplos de conducta y lisura y nuestros intereses personales fuesen secundarios delante de los intereses de la causa que profesamos, si dispensásemos los inciensos y cuidásemos más de nuestro carácter, a fin de ejemplarizar en las acciones con igual énfasis que empleamos en los discursos, con certeza aportaríamos mucho para el fortalecimiento del movimiento espiritista.

¿En cuál de estos grupos se encuadra usted, caro lector, en el movimiento espiritista de su comunidad?

RIE Revista Internacional de Espiritismo – mayo 2018

 

Un regalo de Dios

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“Y yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Consolador.” – João 14:16.

Octávio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

Habiendo llegado día dieses, precisamente el 18 de abril de 1857 – porque 160 años es nada cuando se analiza el contexto de la historia –, el Espiritismo, doctrina organizada por el pedagogo Denizard Rivail, nuestro Kardec, no fue aún asimilado por el hombre de nuestro tiempo.

Equivocado, imagina que él está en la Tierra para resolver problemas financieros y materiales de diferentes órdenes, incluyendo los de salud. Busca el Espiritismo para beneficiarse de las curas mediúmnicas, porque aún no comprendió que la enfermedad es reflejo de un desajuste del Espíritu que anima su cuerpo. Si supiese, comprendería que cada uno puede ser su propio médico y que los grandes males de la humanidad no están en el clima, en los alimentos impropios, en la polución de aguas y aire o en las plagas, pero en la propia mente, porque es el pensamiento que nos hace saludables o enfermos, felices o infelices.

Cuando Jesucristo digo que rogaría al Padre que nos enviase el Consolador, lo que ha ocurrido casi veinte siglos después, sabía que todo necesita venir a su tiempo. Largos períodos se pasaron entre Moisés y Jesús, sin que llevemos en cuenta las primeras revelaciones a Abraham y demás patriarcas, pues Moisés ya encontró el Dios Creador asimilado por su pueblo. El materialismo dogmático de los dioses mitológicos de Grecia y de las idolatrías de Egipto ya estaban superados. El Dios Espíritu ya había sido comprendido, a pesar de ser considerado un protector particular del pueblo judío. Siquiera el nativo de la Samaria tenía derecho a la protección que tenían el judío y el galileo. Dios no era de los gentiles. Postura pretenciosa, pero comprensible. Si hasta hoy hay quien afirme que solo en su iglesia es posible encontrar la salvación, fácil imaginar cómo sería veinte siglos pasados.

El Espiritismo vino a traer lucidez para la comprensión de la Ley de Dios, que nos ha sido claramente recordada por Jesús, ya que ella está desde siempre grabada en nuestro inconsciente, como afirma la cuestión 621 de El Libro de los Espíritus. No entendemos correctamente como se procesa en nosotros mismos la ley de causa y efecto, porque si hubiésemos entendido no nos causaríamos tanto sufrimiento con el desajuste de nuestros pensamientos.

Sufriendo por los males que los otros nos causan, no percibimos qué nuestra defensa consiste en vivir arriba de ese charco, para que la basura no respingue en nosotros. El mal del agravio no está en la carga de maldad que el otro nos echa, sino en la receptividad que damos a la actitud de él. Si decidimos que no es con nosotros y no asimilemos la agresión, ella no nos hará mal. Sin embargo, se somos equivocados cuanto a nosotros mismos, iremos a valorar y ampliar el mal que ella puede provocar. Vamos a sufrir no por la actitud del agresor, sino por nuestra propia inseguridad.

El Espiritismo no exige de nosotros santificación de noche al día, porque sabe que no tenemos condición de conseguirla. El Plan de Dios respeta el habitante de la Tierra y su inferioridad por ser habitante de un mundo de pruebas y expiaciones, que no es una casa de Santos. Quiere solamente que tengamos buenas intenciones y voluntad de crecer, proponiéndonos recursos para ser a cada día un poco mejores. Sin prisa, porque si intentemos atropellar el tiempo y las condiciones vamos a tropezar y no saldremos del lugar. Día a día, mes a mes, año a año, encarnación a encarnación. Despacio, pero siempre. Hacia la frente y al alto.

En vez de pretender enseñar siempre, ya que sabemos casi nada, vamos a usar el mayor tiempo para aprender. Lo que sabemos, distribuimos naturalmente por ejemplos y actitudes que nos identifiquen como persona diferente delante de las dificultades. No perderemos la calma, a pesar de haber motivos para tanto. Sabremos que todo es sólo por un poco. Si hasta la reencarnación es efímera ante la eternidad, imaginemos los pequeños percances del día a día. Son átimos, milésimos de segundos en la conta del tiempo de Dios.

Nada vale nuestra tristeza, nuestro sufrimiento, nuestra angustia. Nada acaba, nada perece; todo simplemente se transforma. Y nosotros, hombres comunes, estamos caminando hacia la angelitud. Podemos acelerar ese tiempo si solo valoramos lo que tiene valor real y no lo que simplemente sirve de ornamento fútil para la vida en la Tierra. Toda una reencarnación representa algunos minutos espirituales. Los tesoros de la Tierra, ya enseñó Jesús, el ladrón roba, la polilla corroe y la herrumbre consume. Cuando vayamos a la espiritualidad serán valores retenidos como contrabando en la frontera del plano espiritual. Por qué, entonces, ¿nos desgastar tanto en su conquista? Vamos a usarlos en la medida que tengan utilidad. ¡Y solo cuando puedan si transformar de tesoros de la Tierra en tesoros del Cielo!

Concluyendo, el mejor proceso de tratamiento y cura para una persona es el estudio. Fue lo que nos enseñó Jesucristo: “Conoceréis la verdad y la verdad os libertará” (João 8:32). ¿De qué verdad nos hablaba El? Ciertamente la qué nos informa quién somos, de dónde vinimos, ¡por qué, para qué y para dónde iremos cómo seres eternos! Entendido eso, los dolores pierden el poder y pasan a ser recursos de crecimiento. Más importante que curarlas es entenderlas y aprovecharlas. Y, al final, ¡curarán por sí mismas!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – abril 2018

 

Una buena religión

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“La mejor religión es aquélla que te hace ser una persona mejor.” (Dalai Lama)

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

En El Libro de los Espíritus fue preguntado a los orientadores, en la cuestión de número 842, sobre la mejor religión. En la íntegra, la pregunta formulada fue la siguiente: “?Por qué indicios se podrá reconocer, entre todas las doctrinas qué alimentan la pretensión de ser la expresión única de la verdad, la qué tiene el derecho de presentarse cómo tal?”

La respuesta, fundamentada en el buen sentido, fue la siguiente:

“Será aquélla que más hombres de bien y menos hipócritas haga, esto es, por la práctica de la ley de amor en su mayor pureza y en su más amplia aplicación. Ése es la señal por qué reconoceréis que una doctrina es buena, visto que toda doctrina que tenga por efecto sembrar la desunión y establecer una línea de separación entre los hijos de Dios, no puede dejar de ser falsa y perniciosa.” (grifo nuestro)

¿Por qué buscamos una religión? Hay varias respuestas. Sin embargo, las principales serían: Tenemos problemas y vamos a buscar soluciones para nuestros males; o por un vacío interior que nos lleva a querer un poco de paz. Puede ser también por el temor a Dios, sin sentido, creyendo que seremos punidos por no profesar alguna doctrina. Sin embargo, la religión es un medio, no un fin. Debe orientar para la lucha y no resolver nuestros problemas de manera milagrosa, porque es al luchar contra nuestros defectos que nos modificamos para mejor.

Se concluye que todo aquél que afirmar que solo en su iglesia está la salvación es alguien equivocado. Sería como garantizar que solo su profesión es buena, solo su verdad es cierta, solo su inteligencia es superior o solo su club puede ser campeón. Como habitantes de un mundo de pruebas y expiaciones, qué nos identifica como de poca evolución, no se puede pretender hombres perfectos en este “hábitat”. Nos referimos también a los iconos venerados en la Tierra, no importa el segmento a que pertenezcan. Los sabios del mundo tienen solamente fragmentos de la sabiduría que alcanzarán un día adentro de las Leyes Universales.

El Espiritismo ganó, gracias a la capacidad de su organizador, Allan Kardec, un slogan de total sentido: “Fuera de la caridad no hay salvación.” Tal afirmación deja claro que la creencia es secundaria, porque lo importante es hacer el bien. Fundamental es el hombre ser bueno y honesto, incluso consigo mismo. Podemos engañar a los otros hombres, pero no a Dios y a nosotros mismos. Lean el mensaje del Espíritu José Bré, en El Cielo e Infierno, Capítulo III, sobre la verdadera honestidad. Vale la pena.

El Espiritismo no tiene como meta hacer prosélitos, sino que divulgar el Evangelio de forma objetiva, repitiendo las lecciones de Jesús en un lenguaje inteligible a la cual todos, independientemente del grado de instrucción, tengan acceso. No es el propósito del Espiritismo ampliar el número de frecuentadores de centros para igualarse a las masas de otras religiones, incluso porque es una doctrina que nada cobra por los servicios que ofrece. Da de gracia qué de gracia recibió. Si el movimiento viene creciendo es porque su mensaje tiene sentido.

El Espiritismo invita a conocer sus postulados todo aquél que no encuentra, en su doctrina actual, las respuestas para las cuestiones que lo dejan infeliz. No le pide que sea espiritista ni que abandone su creencia, herencia, muchas veces, de tradición familiar. Le pide simplemente que sea un investigador de las lecciones que él le ofrece y raciocine a respeto. Confiera, él mismo, si el Espiritismo lo atiende y aclara sus dudas. Conociendo, por lo menos, tendrá más condiciones de ser criterioso cuando decida combatirlo o criticarlo.

En ese contexto, Erasto es uno de aquéllos a quien podemos llamar de sabio y gran conocedor de la fenomenología mediúmnica. Es considerado por Allan Kardec como un Espíritu que ha producido comunicaciones de mucha lógica, algunas de ellas presentes en El Evangelio Según el Espiritismo y por todo el Libro de los Médiums. Al aparecer una nueva opinión, dijo Erasto, por menos que os parezca dudosa, la paséis por el tamiz de la razón y de la lógica. Todo qué la razón y el buen sentido reprueban, rechacéis valientemente. “Más vale rechazar diez verdades que admitir un único embuste, una única teoría falsa.” Esto deja claro que el Espiritismo no anhela imponernos conceptos dogmáticos, basados en fe ciega, pero nos quiere discutiendo hasta entender con clareza y concordemos por la lógica y por el buen sentido. “Si un día la ciencia probar que el Espiritismo está equivocado, nos quedemos con la ciencia”, ya nos aconsejó el Codificador. Dijo él que el Espiritismo se ajustará a la ciencia porque el “Espiritismo está lejos de haber dicho la última palabra, en cuanto a sus consecuencias, pero es inquebrantable en su base, porque ella se asienta sobre los hechos.”[1] Es la doctrina que mejor contesta nuestros actuales cuestionamientos, pero como todo avanza, el Espiritismo también es una doctrina evolutiva. Él solo dijo lo que ya podemos entender.

Por esta razón, en el prefacio del Libro de los Espíritus, Allan Kardec dijo que ésta es una doctrina para ser bastante estudiada. “Años son precisos para formarse un médico (…). ¿Cómo pretenderse en algunas horas adquirir la Ciencia del Infinito?” Asuntos serios deben ser tratados con seriedad. “¡Espiritistas!, os améis, es la primera enseñanza. Os instruís, es la segunda. Todas las verdades son encontradas en el Cristianismo; los errores que en él crearon raíz son de origen humano. Y además del túmulo, en que creíbles lo nada, voces os vienen a clamar: ¡Hermanos! nada perece. ¡Jesucristo es el vencedor del mal, sed los vencedores de la impiedad!”[2]

Si usted no estudia no es espiritista; es solamente un simpatizante de la doctrina y merece ser engañado. ¡Suerte a todos!

 

  1. KARDEC, Allan. Revista Espiritista. Febrero de 1865. “De la Perpetuidad del Espiritismo”, § 13.
  2. KARDEC, Allan. El Evangelio Según el Espiritismo. Por el Espíritu de Verdad. Cap. VI, ítem 5. Paris, 1860.
  3. RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Marzo 2018

Por el árbol se conoce el fruto

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El capítulo XXI del Evangelio Según el Espiritismo trata de este asunto.

Octávio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

La forma de Jesús enseñar mostraba una didáctica que podría ser aplicada en todos los tiempos. Cuando Él hablaba, doctores y pescadores lo entendían igualmente. Por eso, casi siempre, se servía de asuntos conocidos por todos, como la naturaleza, la familia y las costumbres de su época.

Al enseñar que cuando vemos un fruto saludable podemos deducir que él vino de una buena planta, quiso compararnos a la naturaleza, mostrando que una persona con hábitos cordiales, atentos y generosos solo puede ser una persona buena. El inverso también es verdad. De una persona bruta es más justo que esperemos maneras groseras, mal educadas, agresivas. Cada uno actúa según su índole, que es resultado del progreso que ya tenga alcanzado y de los valores que realmente le importan.

El capítulo XXI del Evangelio Según el Espiritismo aborda la cuestión de los falsos profetas y advierte para que nos cuidemos contra sus actos. Informa que ellos son astuciosos y consiguen engañar hasta los escogidos, o sea, hasta los más prudentes y esclarecidos.

Vivimos rodeados de ellos, cuando no, también, aunque sin percibir, somos uno de ellos. ¿Cuándo actuamos cómo un falso profeta, indagarán? Cuando nos apresuramos en dar consejos sobre asuntos que desconocemos, o sabemos solo superficialmente, o cuando inducimos una persona a errores o la elogiamos con falsedad. También cuando matamos la esperanza y la ilusión de alguien, desalentándolo de intentar algo que represente progreso o esperanza en su vida, porque también ya hemos sido mal sucedidos. Si nos dimos mal, decidimos que todos los otros también no tendrán éxito en casos similares, lo que no es verdad.

Sin darnos cuenta, somos más previsibles y vulnerables de lo que imaginamos. Alguien que conoce la índole humana es capaz de hacer revelaciones sobre nosotros que nosotros mismos desconocemos. Ya dijo un pensador: “Qué él es grita tan alto que ni escucho lo que él dice.” Un ejemplo:

Vamos a consultar una señora que lee la suerte por las manos, por las cartas, por los “búzios” o por la bola de cristal, y ella luego de inicio ya revela que estamos viviendo un tiempo de aflicción, inseguridad y desarmonía en el hogar – si llevamos una alianza que le facilite la observación. Ante la afirmativa, decimos a todos que aquella señora es un prodigio y que adivina la vida de las personas. ¡Sin embargo, ella solo dijo que vivimos afligidos! ¿Quién no vive? Que tenemos desentendimientos en el hogar. Pero ¿dónde encontramos un matrimonio de total armonía? ¿Inseguros? ¿Quién vive con seguridad en estos tiempos de corrupción, deshonestidad, desempleo y criminalidad sin frenos? Y el simple hecho de buscarla para tener consejos ya nos identifica como una persona que está con problemas o necesita de orientación.

Cuidemos para no ser ese falso profeta. Tenemos un día de Espiritismo y hacemos discursos doctrinarios, queriendo convertir la humanidad, cuando aún no convertimos ni a nosotros mismos. Queremos adoctrinar el mundo, para salvarlo, pero siquiera conseguimos salvar a nosotros mismos. ¿Si ni Jesucristo fue unanimidad, por qué pretender ser más competente qué Él? Contestamos precipitadamente a cualquiera pregunta porque tenemos dificultad para decir “no sé”, cual si fuésemos obligados a entender de todo.

Me recuerdo de un hecho con el médium Divaldo Pereira Franco, en São Paulo, alrededor de los años 1970. Era el orador oficial del evento que conmemoraba el cumpleaños de la práctica del Evangelio en el Hogar.

Alojado en el centro de la capital, ya que iba a hacer la conferencia en el Palacio Mauá (Viaducto Doña Paulina, 80), cerca de la Plaza João Mendes, decidió pasear el sábado por la tarde en la calle hermosa del Centro: la Barón de Itapetininga. Aún no existían shoppings centers. Caminando (en aquel tiempo si podía hacer eso), miraba las tiendas, cuando vio una señora muy elegante y se encantó con la figura. La miró, admirado, cuando ella se viró y le dijo:

– ¿Qué está mirando?

– Nada, señora.

– Si me mira, le golpeo con este paraguas.

Inmediatamente él le pregunta:

– ¿Por qué Usted pelea con su marido y quiere descontar en mí?

Sorpresa, la señora indaga como Divaldo podría saber que ella si desentendiera con el esposo. Él le dice que es por ser espiritista, baiano, y estaba en São Paulo para una conferencia sobre religión y espiritualidad; que ella fuese a asistir, porque estaba muy nerviosa y le haría bien. Enseguida, cada un siguió su rumbo.

Contando el episodio a sus amigos, preguntaron si fue la mentora Joanna de Ángelis que le informó sobre el problema de la señora.

– No – dijo el médium –, no ha sido necesario. Fue simple cuestión de observación. Solamente tres cosas definen todos los traumas del ser humano: problemas de salud, de dinero y de amor. La humanidad entera tiene sus dificultades ligadas a esos tres flagelos. Observé la señora, con buen color, saludable, y no me pareció que su problema fuese con la salud. Elegante, con abrigo de piel, joyas; el problema seguramente no era dinero. Solo podía ser el amor. Miré en la mano izquierda y vi su alianza. Deduje: es el marido. Chuté y acerté.

Este ejemplo de Divaldo nos sirve de alerta para que sepamos que, mientras conversamos, un buen observador lee nuestros ojos, nuestra faz, nuestros gestos, nuestro cuerpo y hace nuestro retrato con mucha fidelidad, sin necesitar de las informaciones que le damos.

Cuidado con los falsos profetas. Sin embargo, principalmente, ¡cuidado para no ser uno de ellos!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – febrero 2018

Me permitan ser espiritista

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Por la diversidad de pensamientos es normal haber distintas religiones.

Octávio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

Vivimos una fase de gran desarrollo científico y tecnológico. Los hallazgos y actualizaciones de procesos y conocimientos evolucionan en una velocidad que la mayoría no puede acompañar. De allí el gran desajuste entre las personas y la facilidad como somos convencidos y engañados por aquéllos que mejor manejan palabras y conceptos.

Aunque haya muchas personas desencantadas con los métodos de divulgación religiosa – y este número crece día a día –, es nuestra opinión que tener fe es importante para consuelo en los momentos de dificil prueba. Si no creemos que hay un poder más arriba de los hombres, que todo organiza y todo gobierna, el desánimo tomará cuenta de nosotros porque nos sentiremos impotentes para combatir, por uno mismo, todo el mal que hay en la Tierra.

Ocurre que hay doctrinas que nos prohíben de pensar, exigiendo la aceptación de dogmas, y otras que condicionan nuestra dicha al valor de las contribuciones pecuniarias que ofertemos a nuestro Dios. De otro lado, hay también las que anhelan que nuestra fe sea producto de la razón y nada se nos cobran para que de ellas participemos.

En todas hay diferentes tipos de adeptos. El pasivo: va al culto de su institución una vez por semana, convicto de que atendió a todos sus deberes religiosos; no se envuelve en la organización. El sin compromiso: aparece una vez u otra y, casi siempre, cuando tiene un problema. Por fin, el actuante: participa de las actividades de la entidad, donándose según su capacidad y según las oportunidades que la propia institución ofrece. Son los celadores del templo, los auxiliares en las ceremonias, los buenos propagandistas de su fe y están siempre dispuestos para lo que de ellos se necesite.

Qué se ve actualmente, sin embargo, es un compromiso mercantilista que supera en mucho el espiritual. Las diferentes doctrinas buscan reclutar fieles, sacándolos de una “rival”, como si fuese una competencia que trajese pérdidas, lo que transforma las corrientes religiosas en enemigas. Y para eso no establecen pudor ni criterio. Mienten y adulteran, porque los objetivos deben ser atendidos por cualquier medio.

Ya pasé por situaciones extrañas al declinar mi corriente de fe, porque las personas tienen grande prejuicio contra el Espiritismo, sin tener siquiera vago conocimiento de los postulados doctrinarios. Cierta fecha, un profesional que ha ido hacer trabajos de mantenimiento en nuestro centro se sorprendió cuando vio sillas en el salón. Él imaginaba, según sus líderes le enseñaron, que allí sería un “terrero”. Él no sabe que el Espiritismo no usa danzas, bebidas, ofrendas, uniformes, velas, inciensos, gallina negra, buzios o bola de cristal. Quien usa esos aparatos en sus rituales son las doctrinas afrobrasileñas, que ya existían antes del Espiritismo. Esta palabra fue usada por primera vez por Allan Kardec, el Codificador de la doctrina, en el prefacio de El Libro de los Espíritus, escrito en 1857. Antes existía espiritualismo y sus adeptos eran los espiritualistas. No eran espiritistas porque esta palabra también no existía. Es otro neologismo creado por Kardec. Hasta mismo entre los espiritistas vemos algunos decir que la Biblia no prohibía el Espiritismo. No podía prohibir ni aprobar porque el Espiritismo no existía cuando ella fue escrita. Quieren hablar de “mediumnidad” (primigenia) y dicen Espiritismo.

Los espiritistas debemos dar a los otros el derecho de profesar la fe que más atienda a sus aspiraciones y que sirvan para mejorarlos como personas. Igualmente nos cabe exigir que nos permitan tener nuestras propias convicciones. Si profesionalmente cada un presenta su vocación, espiritualmente se da lo mismo. No cometamos los errores de los ya sobrepasados currículos escolares que dan clases sobre el cuerpo humano para quien anhele ser contador y explicaciones de geografía para quien vaya a estudiar medicina. El mundo actual exige que seamos prácticos, objetivos y racionales. Quien quiera rellenarse de cultura inútil, busque el internet que irá a encontrar de todo. Todavía, para una preparación seria de lo que usaremos en la profesión que escogemos, hay que tener más rigor.

No tuve la suerte de nacer espiritista. Solo descubrí el Espiritismo hay cuarenta y cinco años, con treinta y ocho de edad, por curiosidad, para ver se encontraba respuestas que mi doctrina, donde fui matriculado por mero tradicionalismo, no me daba. Y entonces encontré el verdadero sentido de la vida, la razón de las desigualdades humanas y la diversidad de carácter de las personas, todo explicado con lógica incontestable que cultivo, divulgo y estudio cada vez más, sin cualquier fanatismo. No trompeteo sobre mi creencia sin que sea pedido. Sin embargo, también no me hurto de dar todas las explicaciones y testimonios siempre que mi fe es posta a la prueba o es indagada.

¡Dejen me ser espiritista! Agradezco a los que intentan salvarme, aconsejando mi transferencia hacia su iglesia, pero por ahora me quedo por aquí, aunque sepa que el propio Espiritismo, y ya nos advirtió Allan Kardec, es una doctrina evolucionista y, por lo tanto, no está listo y acabado. Así como Jesús habló poco para los de su tiempo, usando incluso las parábolas, porque ellos no pudieron entender más sobre las cosas del cielo, también la doctrina de los Espíritus nos trajo solamente las informaciones que podemos comprender con nuestra actual inteligencia y conocimientos básicos. Hasta que vivamos todo qué ella nos enseña, aún siglos pasarán. Pero día llegará que todo necesitará de nueva actualización y el Padre, así como envió el Consolador Prometido, en la figura del Espiritismo, mandará un “upgrade” con detalles más avanzados sobre la doctrina de Jesucristo.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Enero 2018

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