Es necesario nacer de nuevo

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“Lo que es nacido de la carne es carne; lo que es nacido del Espíritu es Espíritu” – Juan III 1-2.

Octávio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

Aunque la creencia de la reencarnación sea normal en casi toda la humanidad, quedando la excepción por cuenta de los cristianos no espiritistas, los mecanismos de esa ley aún son mal comprendidos y nos llevan a divagaciones.

Entre los judíos, había entre los fariseos la creencia en la resurrección, a punto de que anhelaban ser enterrados en el camposanto del Valle del Cedrón, en Jerusalén, de dónde emergerían los primeros que fuesen para el mundo celestial al final de los tiempos. Está entre los muros del Templo y el Monte de los Olivos, donde hay muchos túmulos de judíos importantes, incluso el del profeta Zacarías. Es también conocido como el Vale del Juicio, local donde Dios vendría a buscar los escogidos.

Otros religiosos, los saduceos, creían en Dios y en sus recompensas, sin embargo solamente en esta vida. Recibirían por todo el bien que hiciesen aquí mismo en la Tierra. Muertos, nada más les quedaría. Divergencias en el mismo pueblo que se considera el elegido por Dios.

En Brasil, un país de mayoría católica, y también de adeptos de diferentes doctrinas derivadas del cristianismo, como los protestantes con los diferentes segmentos, por ejemplo, la reencarnación es tratada como fantasía. Incluso los médicos que cuidan de las almas, analistas y terapeutas en general, atribuyen todo a los registros del inconsciente. Usan palabras difíciles para explicar lo que no entienden ni están convencidos, porque se quedan sin coraje de admitir su propio desconocimiento en el asunto. Afirman que se alguien ejecuta un instrumento o habla un idioma extranjero es porque ha escuchado en alguna parte, algún día, alguien tocar la música o hablar el idioma. Fue en la convivencia con alguien, una niñera o cualquier situación, por más fortuita que parezca, que el niño registró el hecho que aflora en determinado momento. Pero no explican cómo alguien puede hablar idiomas muertos hay milenios y ni de quien los tendría oído.

Las redes sociales muestran hoy niños con menos de seis años que son verdaderos virtuosos de la música, de la pintura y otras artes. Niños que hablan media docena de idiomas sin nunca haber estudiado o convivido con personas de estos idiomas. Intentar negar no es inteligente. Es preferible investigar; es menos arriesgado. Si no tiene explicación mejor decir no sé. Al final, nadie sabe todo. Peor; lo que sabemos es tan poco que es casi nada.

Hablan de los complejos de Edipo y de Electra, pero no explican las causas. Complejo de Edipo es uno de los conceptos fundamentales de Freud, en psicoanálisis. Se refiere a una fase en el desarrollo infantil en que hay una “disputa” entre el niño del sexo masculino y el progenitor (figura masculina) por el amor de la progenitora (figura femenina). Complejo de Electra fue estudiado por el psiquiatra y psicoterapeuta suizo Carl Gustav Jung, en referencia con el mito griego de Electra. Ésta es una fase del desarrollo psicosexual de los niños del sexo femenino, de acuerdo con el psicoanálisis. Consiste en la etapa en la que la hija pasa a sentirse atraída por el padre, disputando con la madre la atención de este hombre. ¿Cuál la razón? ¿Esto sucede con todas las niñas, sin excepción? Cierto que no.

El Espiritismo explica que muchos problemas de matrimonios del pasado, con la interferencia de amantes que destruyen hogares, provocan necesidades de rescates y los que fallaron vuelven como padres e hijos para ejercitar un amor sublimado, mayor que el amor carnal de los tiempos que se fueron. Pero esto no es regla absoluta. Hay padres e hijos que ningún comprometimiento tienen en este sentido.

Por más que las religiones y los científicos nieguen, más de un ochenta por ciento de las personas, por curiosidad y buen sentido, tienen dudas sobre si ya vivieron antes y se vivirán después. No pretenden aceptar la reencarnación, pero la razón casi que las obliga. Las investigaciones cada vez más afirman que sí y estamos actualmente, según entrevistados de la psicóloga norte-americana Helen Wambach, en el momento de las grandes revelaciones para la humanidad. Ya descubrieron hasta que el corazón tiene neuronas y, por tanto, piensa, así como la mente tiene sentimiento. Los nuevos conocimientos no paran por ahí y se aceleran a cada día, probándonos que sabemos poco o casi nada con respecto a nosotros mismos. Tenemos todo a aprender sobre de dónde vinimos y qué nos espera.

Las iglesias prefieren negar y vender indulgencias, curas, riqueza, comodidades y alegan que necesitar nacer de nuevo se refiere a una renovación de conceptos que debe operarse en cada uno, como cuando Jesucristo dijo a Saulo que él debía matar el hombre viejo que había en él para dejar nacer el hombre nuevo. Sin duda, es también importante renacimiento, pero no fue de ese nacer nuevamente que Jesús habló a Nicodemo.

El propio Jesús al decir que Juan Bautista era Elías que volviera y la humanidad no percibió, deja claro que decía de la reencarnación. Las enseñanzas de Jesús son sencillas y claras, pero como la simplicidad no permite misterios y divagaciones, las iglesias ponen en esto una pizca de misticismo para tener poder espiritual sobre el pueblo. Cuando sepamos que los templos son secundarios y no necesitamos frecuentarlos para hacer el bien, para llegar a Dios y construir nuestro cielo, nos quedaremos menos presos a esos disfraces. Jesucristo está a nuestro lado permanentemente con su Evangelio. Los grupos religiosos solamente valen por lo que nos enseñan de las Leyes Divinas fortaleciendo nuestra fe y no por supuestas ventajas que puedan ofrecer mismo sin que tengamos merecimiento. Milagros sin mérito serían injusticias. Y Dios no comete injusticias.

Salve el Espiritismo: “Fuera de la caridad no hay salvación”. Damos de gracia qué de gracia recibimos. Que Dios nos ayude para no perder jamás ese foco y ese rumbo.

RIE-Revista Internacional de Espiritismo – julio 2017

 

Jesucristo y el espiritismo

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¿Qué utilidad tienen las orientaciones de los Espíritus?

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

“¿Una vez qué Jesucristo ha enseñado las verdaderas Leyes de Dios, cuál es la utilidad de las enseñanzas de los Espíritus? ¿Tienen ellos algo a más que enseñarnos?” Esto fue preguntado en la cuestión 627 de El Libro de los Espíritus.

Considerándose que el Espiritismo es el cristianismo revivido, lo que significa resucitado o remozado, se pone claro que las lecciones de Jesucristo fueron adulteradas a lo largo de estos tiempos, a punto de que el mayor mandamiento – “amad Dios sobre todas las cosas y el prójimo como a ti mismo” – tener prácticamente desaparecido del seno de la humanidad, especialmente donde debía estar más preservado que es en el medio religioso.

Con su ya conocida educación y prudencia, Kardec dice que los espíritus debían aclararnos porque Jesucristo hablaba por alegorías. No quiso decir que el mercantilismo de las doctrinas divide a los hombres porque cada una enfatiza que solamente los seguidores de su iglesia tendrán la salvación. La intención es alejar la competencia. Quien no acepta Jesucristo en la versión de ellos no gana el Cielo. Y esa salvación pasa por las donaciones que crean privilegios según la generosidad de las ofertas. Mejoran hasta la facturación de las empresas de los que más colaboran.

La Doctrina Espiritista, que Kardec catalogó en el capítulo I de El Evangelio Según el Espiritismo como la tercera revelación, viene en un momento cierto cuando el Evangelio de Jesucristo nada más tiene del original enseñado por el Cristo. Los

creyentes se despegaron yendo cada uno para un lado y es por eso que hoy hay una inflación de sectas que nacen a cada día, con nombres esdrújulos incluso, porque las variedades de tiendas pasaron a ser un comercio lucrativo. ¿Amor al prójimo? No ofrece ganancias; mejor amor propio o amor a sí propio.

La Doctrina dictada por los espíritus en los cuatro puntos de la Tierra y organizada por el maestro francés Rivail, posteriormente conocido como Allan Kardec, trae de nuevo la pureza del cristianismo naciente de los tiempos de Pedro, Paulo, João, Santiago, Magdalena y demás seguidores de los primeros siglos. Descarta los rituales, los paramentos, los altares y adornos dorados de los templos y forma núcleos semejantes a la Casa del Camino, ornamentados de sencillez. La belleza está en el servicio prestado gratuitamente, acogiendo personas de todas las doctrinas que anhelan aclararse en la pureza del Evangelio y no en la sociedad religiosa elitista, donde encontramos templos que seleccionan a sus frecuentadores por la posición social que ocupan en la comunidad. ¡Los importantes de la Tierra!

La disculpa que más oimos cuanto a la explanación del Evangelio es que la alegoría de las lecciones de Jesucristo, cuando se servía de parábolas, dificulta el entendimiento de las orientaciones del Maestro. Sin embargo, cuando Él recomendó que amásemos el prójimo como amamos a nosotros mismos y que hiciésemos al otro exactamente lo que gustaríamos que el otro nos hiciese, no lo hizo de forma alegórica, sino clara y directa. Y es exactamente ahí donde más nos alejamos del cristianismo. Quien no es de nuestra iglesia es nuestro enemigo.

Vea que incluso en las parábolas interpretativas hay enunciados que no dejan dudas. La del buen samaritano, por ejemplo, habla de la indiferencia del sacerdote y del levita, religiosos de la elite judía, y del socorro prestado por el hereje samaritano que solamente veía en aquel hombre – que no conocía ni sabía su nombre – su prójimo. Dijo que un hombre bajaba de Jerusalén hacia Jericó; no un rey, un judío, un rico; simplemente un hombre.

La venida del Espiritismo como revelación posterior a Moisés y Jesucristo obedece a una secuencia lógica, pues se Jesucristo completó, ratificó, pero también corrigió orientaciones de Moisés, porque eran de un tiempo ido, así el Espiritismo vino a restaurar las lecciones originales predicadas por el Cristo y adulteradas a lo largo de los siglos. Repitiendo: no por falta de entendimiento, sino que de propósito para sacar provecho de la confusión que las propias doctrinas establecieron. Todo es para la casa de Dios. Coches, tierras, cheques, dinero, tarjetas de crédito. Ciertamente depositados en el Banco de la Divinidad.

El Espiritismo habla en un lenguaje sin preámbulos, directa y que cabe en la razón de las personas poco cultas de la misma forma como puede ser entendido por los doctores. Podemos alegar que no creemos o no estamos dispuestos al rigor de nuestra reforma interior. Sin embargo, jamás que no comprendemos. Emmanuel, en el libro El Consolador, pregunta 210, dice que el Espiritismo no necesita de los intelectuales de la Tierra, sino que ellos es que deben encontrar soporte en el Espiritismo para más bien ejecutar su progreso. Así como hizo Jesucristo que convocó su apostolado entre los hombres simples; pescadores, publicanos, etc. No buscó los doctores del Templo de Jerusalén, porque ellos nada entendían del reino que estaba siendo anunciado. La charla con Nicodemo es una comprobación.

Hay una plegaria, la Oración de la Sabiduría, que dice: “Dame, Señor, ¡inteligencia para entender, no las cosas difíciles y sencillas de ser comprendidas, sino que las cosas más simple y tan difíciles de ser entendidas!” Por eso cuando preguntaron a Emmanuel lo que era la Biblia, él contesto: “La Biblia es el amor…”. Y replicaron: “¿Pero por qué ella es tan grande?” Y el guía de Chico Xavier contestó: “¡Para explicar el amor! Del amor, ni definirlo sabemos.”

Esperamos haber dejado claro que los espíritus tenían de venir a restaurar lo que los hombres destruyeron. Con el Espiritismo solo es engañado quien quiera o es un ingenuo queriendo aprovecharse.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – junio 2017

 

Amigos de sangre y parientes de corazón

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Octavio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

Debemos tener dos tipos de amigos: los que nos enseñan algo o nos ayudan y los que aprenden con nosotros o aceptan nuestra ayuda.

La vida es corta para perder tiempo. No somos domadores para exigir del otro, a la fuerza, qué él no anhela hacer, aceptar o aprender. De la misma forma que somos como deseamos, respetemos el libre albedrío de las personas, dejándolas que sean como prefieren. Nadie puede obligar el otro a ser su amigo, amarlo o a concordar con sus puntos de vista, a menos que se conciencie que el cambio le será benéfico. Si aún no comprendió, vamos  entregarlo al tiempo que es un maestro convincente. La naturaleza, el dolor y el porvenir muestran lo que ni siempre uno consigue.

Para mejor entendimiento, consultemos El Libro de los Espíritus en las cuestiones relativas a los ángeles guardianes, preguntas 489 a 521, con destaque para la amplia cuestión 495, de autoría de los lúcidos San Luiz y San Agustín, ambos de activa participación en los trabajos de la Codificación del Espiritismo. Tenemos ahí una orientación segura de cual deba ser nuestro comportamiento delante de alguien rebelde que se recusa a ser ayudado.

Eso vale para un desconocido, un pariente y incluso un hijo, después de alcanzar la edad adulta. Mientras es pequeño y no tiene capacidad para decidir sobre su futuro cabe a nosotros encaminarlo, orientarlo e incentivarlo. Sin embargo, una vez mayor debemos darle el derecho al libre albedrío para que haga como mejor le parezca. Así como el ángel de guarda, nunca dejemos de ser un hombro a su disposición y tengamos siempre el tiempo que él necesita para desahogar o pedir ayuda; sin embargo, ahora la situación se invierte. El viene a buscar orientación y socorro cuando le parezca necesario y no cuando nosotros imaginamos que él necesita. Mientras el sufrimiento no hace su parte, nuestro argumento será inconsistente. Es preciso que él se conciencie de sus limitaciones y de la importancia de la ayuda que podemos le dar. Caso se considere autosuficiente, dejemos que decida por sí propio. Y si es efectivamente independiente como piensa, debemos conmemorar. Antes de ser nuestro hijo, es un hijo de Dios; un hermano que camina con nosotros en los meandros del mundo material. Un espíritu individual con derechos y deberes; plantando y cosechando como todos nosotros. Si él tiene éxito nos pondremos felices. Si fracasa, tendrá de recomenzar sus experiencias nuevamente. ¡Es de la Ley!

Ni siempre tenemos el respeto de nuestros hijos y somos para ellos orientadores competentes. Es común que quieran para sí una vida que nada tiene de parecida con la nuestra o con la que les propusimos seguir en su senda. No es anormal que nos consideren retrógrados y sin ninguna inspiración u originalidad para añadirles algún progreso. No somos un buen ejemplo, según su análisis. Paramos en el tiempo o estamos en la edad de la piedra. No adelanta dar puñetazo en punta de cuchillo. Vamos nos herir sin ninguna utilidad. Como Jesucristo ya prometió que ninguna oveja del rebaño se perderá, andando más despacio o más deprisa, ellos también llegarán al punto más alto de la perfección posible a los humanos. Unos tardarán más otros menos, pero nadie será abandonado. Todos tienen, sin excepción, un ángel protector a inspirarles en el camino hacia el bien. Unos oyen mejor, otros son medio sordos, pero todos llegarán a su apogeo.

Sabemos cómo eso entristece a los padres, principalmente cuando se sienten incapaces para guiar a sus hijos y ayudarlos a encontrar el camino del bien. Sin embargo, si hemos hecho lo mejor que sabíamos o pudimos, dejando muchas veces nuestra propia comodidad para ayudar a los hijos, Dios reconocerá nuestros esfuerzos y nos premiará, aun cuando no tenemos éxito,  pues no dependió de nosotros. No hubo negligencia, sino imposibilidad o inexperiencia para alcanzar los objetivos. No se puede abrir la cabeza del otro y poner adentro qué él necesita. Incluso porque ni siempre tenemos certeza de lo que él realmente quiere. Hacemos conforme nuestro entendimiento y capacidad qué ni siempre es suficiente. El importante, todavía, ¡es hacer lo mejor qué sabemos y podemos, pues tendremos la conciencia en paz!

Es muy difícil participar de la vida de otro espíritu que, muchas veces, ni él sabe bien lo que desea para sí. Tenemos de ser como el sembrador que lanza la semilla y sabe que su germinación dependerá de la tierra, del adobo, del riego, del clima y del tiempo propio de cada planta. Sabe que puede sembrar. Sin embargo nunca tiene la certeza de que lo irá  cosechar. Nosotros, los humanos, necesitamos tener la certeza de que vamos poner la cabeza en la almohada y dormir, porque estamos en paz con la Ley Divina.

En este mes en el que se conmemora en Brasil el Día de las Madres, escribimos este mensaje para que ellas hagan lo mejor que puedan para sus hijos, pero no se desesperen si no tienen éxito. La voluntad de un termina donde comienza la voluntad del otro. ¡Dios bendiga las madres, los padres, los hijos y los amigos de verdad!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – mayo 2017

Trabajo y evolución

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Desarrollo material y crecimiento espiritual.

Octavio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

Cuando estudiábamos el Capítulo XXV del Evangelio Según el Espiritismo, “Busquéis y hallaréis”, con sus subtítulos “ Ayuda te y el cielo te ayudará”, “Miréis las aves del campo”, etc., meditamos mucho sobre nuestro viaje por la Tierra y constatamos como ella es sacrificial. Entendemos, por otro lado, que no podría ser diferente, porque somos espíritus imperfectos y habitamos en un planeta de pruebas y expiaciones en proceso de aprendizaje.

Observamos que cuando Jesucristo dijo y darse os a”, “busquéis y hallaréis”, “batáis y abrirse os a”, él no resaltó que debemos pedir solamente lo qué nos haga bien espiritualmente. Pedimos lo que anhelamos, aunque Dios nos dé solamente lo que necesitamos. Por eso ni siempre nos gusta la forma como Dios nos atiende. Pedimos una cruz pequeña, sin embargo él nos da hombros fuertes; pedimos a Él que solucione nuestros problemas, pero Él nos da discernimiento para que nosotros mismos los resolvamos; pedimos facilidades y Él nos ofrece el trabajo que lleva al aprendizaje.

En el Evangelio se pone claro que precisamos de la actividad como recurso para desarrollo del propio intelecto. Es con las experiencias que hacemos, buscando resolver problemas que crecemos. De allí la comprobación de la anterioridad de las almas y del acúmulo de conocimientos que llevamos hacia la espiritualidad, que nos sirven de guía en la vuelta al mundo material. Si al morir el alma ella si acabase, todas las almas nacerían sin  cualquier conocimiento. La humanidad permanecería siempre igual porque el aprendizaje de una vida se perdería. Nunca saldríamos de la infancia espiritual.

Todavía, a pesar de ser almas milenarias, aprendemos casi nada. Y como necesitamos mantener la supervivencia material, alimentándonos, vistiéndonos, abrigándonos, estudiando, y eso solo conseguimos con las ganancias del trabajo, descuidamos del crecimiento espiritual, porque éste exige de nosotros virtudes aún no conquistadas. La fe aún no se impregnó en nuestro ser. Y es ella que nos haría entender la importancia de virtudes como resignación, humildad, paciencia y desprendimiento. Peleamos con las mismas armas de los otros y somos lo opuesto de lo que debemos ser: impacientes, orgullosos, egoístas, prepotentes, belicosos, defendiéndonos con uñas y dientes, como hacen los leones que se matan por un pedazo de la caza.

Nos explica Kardec, en el referido capítulo, que el hombre en la infancia de la Humanidad solo aplica su inteligencia en la busca de alimentos, en medios de preservarse de las intemperies y defenderse de los enemigos. Pero como él tiene el deseo constante de mejorar es impelido a pesquisas para mejorar su situación. De allí las invenciones que surgen en el mundo permanentemente, siempre en el sentido de dar al hombre conforto para su progreso y bienestar. Él realza, sin embargo, que el progreso que el hombre realiza individualmente durante su permanencia en la Tierra es insignificante y hasta imperceptible para muchos. No es sin más ni más que los espíritus ya enseñan que el reconocimiento de un defecto es indicación de evolución. Nadie imagina que en una, o en diez encarnaciones, el hombre pueda dejar de ser inferior, librándose de la mayoría de los defectos que tiene el ser humano actual. Ni hablamos de la esclavitud a los vicios (tabaco, alcohol, sensualidad, gula, drogas), ya que ésos son más fáciles de vencer porque están fuera del hombre. Los defectos están en el alma; son miasmas espirituales y solamente con el esfuerzo de modificación interior, como enseña el Espiritismo, es posible eliminarlos. Se combate el defecto sustituyéndolo por una virtud. O somos una cosa u otra. Para tener éxito, intentemos comenzar por los menos graves como la impaciencia, la insatisfacción, el dolor íntimo. Vencidos éstos, elijamos otros igualmente graves y les combatamos uno a uno.

El mundo material es importante porque es en él que hacemos fundamentales experiencias. Es la ganancia de uno que ofrece el empleo al otro; es la inteligencia del jefe que comanda la actividad coherente del subordinado. Esta dualidad, cuando ejercida con equilibrio, nada tiene de nociva. Un patrón humano tiene un auxiliar dedicado; un servidor eficiente tendrá siempre un señorío generoso.

Un día me contaron un historia que reproduzco como ilustración: un hombre pescaba con caña y un empresario le preguntó: “¿Qué cantidad de peces piensa pescar?”. “Uno”, dijo el hombre, “para mi almuerzo”. “¿por qué no pesca dos? Vendería uno y podría comprar más cañas de pesca”. “¿Para qué?”, le preguntó el pescador. “Ora, para ganar dinero. Con el tiempo usted compraría una canoa, un barco motorizado y finalmente uno de estos pesqueros de alto-mar”. “¿Y después?”, preguntó el pescador. “Ganaría mucho dinero se pondría riquísimo y no necesitaría hacer más nada”. El hombre lo miró y dijo: “Pero yo ya no estoy haciendo nada”.

Desconocía la diferencia entre no hacer nada ociosamente y ganar el derecho de no hacer nada, después de luchas, conquistas y crecimiento intelectual. Para quien cree en vida única él está cierto. Sin embargo se consideremos la importancia de la reencarnación él está perdiendo más una oportunidad.

Hasta las aves, como enseñó Jesucristo, cuentan con las ofrendas de Dios. Pero no están exentas del esfuerzo para sacar el alimento de la fuente de la naturaleza. Está ahí toda la diferencia entre no hacer nada, porque es perezoso, ¡y conquistar el derecho de no hacer nada! Por lo menos para sobrevivir. Porque aunque no necesite del trabajo para sostenerse el hombre debe trabajar para servir, o del contrario atrofia el físico y herrumbra la inteligencia.

Todas esas orientaciones nos llegaron con clareza por el Espiritismo, doctrina codificada por Allan Kardec, que conmemora 160 años en éste 18 de abril. Oremos por él y agradezcamos a los espíritus que le dictaron la Codificación.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – abril 2017

El tiempo de los dolores

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Hay tantas razones para agradecer y tan pocas para quejarse, pero nosotros nos concentramos en las pequeñas infelicidades.

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

O deberíamos dar como título “¿El mundo de los dolores?” Preferimos usar “el tiempo” por su relatividad. Es algo que en verdad no existe y solo es percibido por las mentes humanas, especialmente mientras encarnadas. Es común en las reuniones de adoctrinamiento de espíritus que oigamos a alguien que ha desencarnado hace mucho, siglos incluso, referirse a lo pasado como siendo ahora. Relata su día a día vivido en tiempos remotos cual si los hechos estuviesen ocurriendo en aquel momento. ¡Podríamos decir qué él se perdió en el tiempo o se perdió del tiempo!

Todo es un constante venir a ser y nada sufre interrupción por acontecimientos del cotidiano que, a veces, por nuestra pequeña capacidad de raciocinio, los definimos como tragedias. Todos los días el sol del oriente se transfiere para el occidente, cambiando de lugar con la luna, para en el día siguiente regresar como lo hiciera en la noche pasada; desde que el mundo es mundo y lo será por toda la eternidad. Un día nuestro planeta desaparecerá, porque todo lo que nace un día muere, dure más o dure menos. El espíritu, al contrario, es inmortal, por eso sobreviviremos.»

Hoy el asunto de los medios de comunicación, de las calles, de los hogares, de la sociedad, es la crisis. Nadie percibe qué es una crisis igual a las que vivimos desde otros tiempos: para los pobres, desheredados y explotados; para los perezosos que se abaten y se entregan ante las más pequeñas dificultades; para los flacos que anhelan lograr todo con facilidad.

La crisis real a ser lamentada es la crisis de moral y de vergüenza que hay en la humanidad y que es tan percibida en esta nuestra maravillosa tierra del Crucero.

Hay tantas razones para agradecer y tan pocas para quejarse, pero nosotros nos concentramos en las pequeñas infelicidades. Tenemos miente sana y podemos planear nuestra propia directriz; sin embargo no percibimos qué solo por eso somos felices. Cuando nacemos, nuestros padres ciertamente se pusieron ansiosos para vernos y conferir si estábamos perfectos. Unos estaban enteros físicamente, otros no, pero todos estaban completos como almas eternas y podrían aprovechar su encarnación aunque con limitaciones físicas. Por eso las redes sociales exhiben vídeos de deficientes que tienen miembros de menos, incluso ceguera, pero que abren sus propios caminos como tenacidad y viven con alegría, agradecidos por la vida dando ejemplo a los que son cobardes.

En este mes, recordamos el Codificador Allan Kardec, una vez más, porque fue el 31 de marzo de 1869, con poco más de sesenta y cuatro años, que él ha desencarnado por el rompimiento de un aneurisma. Fulminado, cuando lleno de entusiasmo, preparaba el cambio de la Sociedad Parisiense de Estudios Espiritistas para un sitio más amplio, a fin de dinamizar la divulgación del Espiritismo. ¿Por qué su vida fue cortada en un momento tan importante para él y para la humanidad, qué tanto bebía de las revelaciones de los espíritus traídas por su intermedio? Ciertamente porque el tiempo que él tenía para la tarea a que vino ya se había agotado y también porque lo que había sido revelado ya era suficiente para un gran avance en la sociedad de nuestro tiempo que, lamentablemente, aún no aplica en el día a día la sabiduría propuesta por los espíritus.

El estudio serio, asiduo y secuenciado de esta Doctrina lleva el hombre a un entendimiento sobre sí que aun  jamás había tenido. Ninguna explicación para la muerte es tan lúcida como la información espiritista. Todo es consecuencia de actos anteriores, en la aplicación clara de la ley de acción y reacción que tiene grandes implicaciones cuando se trata de ademanes espirituales. Causa y efecto o sembradura y cosecha serían sinónimas de la primera. Nadie sufre por los males causados por los otros, ni paga deudas que no haya contraído. Ya dijo Jesucristo a sus seguidores cuando le preguntaron sobre el ciego que él había curado si el pecado fuera de él o de sus padres. Él explica que venía de vida pasada. Como aclaración delante de legos, dijo que ni él ni sus padres eran causadores de aquel mal, sino que era necesario que la ley si cumpliese. Habla claramente de errores pasados de aquella misma alma que ahora vivía en otro cuerpo.

El mundo de los dolores o el tiempo de los dolores tienen más a ver con las acciones que generan consecuencias malas de lo que con fatalidad o algo impredecible u ocasional. Es como en la lección que explica que el buen árbol es conocido por los frutos que producen y vice versa.

Ninguno de nosotros necesita temer la crisis, desde que se empeñe con esfuerzo y honestidad en la conquista de sus necesidades, comedidamente, sin exagero. Y de la misma forma que la dicha no está en la llegada, sino en el trayecto, si luchamos por algo y no tenemos éxito ya ganamos la experiencia por el esfuerzo de la lucha. Será nuestra mejor conquista. Ésa el ladrón no roba, la herrumbre no corroe, la polilla no come y los regímenes políticos no consiguen destruir. Como luego nos vamos de aqui, nos calificamos a volver más competentes y con más méritos para una nueva vida que, luego más, tendremos que vivir. Si somos agentes activos en la mejoría del mundo nos calificamos a vivir en un lugar mejor que éste de lo cual tanto exigimos. Y él no tiene culpa, pues es el reflejo de los hombres que lo habitan. El mundo en que vivimos es la suma de las conciencias humanas. Si bien observado, considerándose la manera como lo tratamos, él hasta que es muy generoso con esta mal agradecida humanidad teniendo que recobrarse todos los días para sanar las destrucciones causadas por los hombres.

No hable de crisis. Sonría a produzca. Produzca riqueza, produzca amigos, amor y simpatía. Tenga la conciencia en paz y todo lo más deje por cuenta de Dios. Él resuelve.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Marzo 2017

Falsos cristos y falsos profetas

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“Amados, no creáis en todos los espíritus; probéis si ellos vienen de Dios” – Juan 4:1.

Octávio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

 

Al estudiar el capítulo XXI de El Evangelio Según el Espiritismo, nos viene a la mente como somos inocentes al permitir que falsos profetas tengan éxito. Al consultar a los desencarnados, Kardec raciocinó que ellos eran las almas de los hombres que murieron y, por lo tanto, no tenían toda sabiduría. Puro buen sentido.

Encantados con el término profeta, que en las viejas escrituras designa a los llamados por Dios para revelar el porvenir a los hombres, pasamos a ser creientes, sin buen análisis, cayendo en trampas. De allí viene el origen de los falsos profetas que, según las advertencias de Mateo y Marcos, engañarán hasta los escogidos. Nuestra buena fe es tan sin criterio que entregamos nuestra vida, el bien más precioso que tenemos, a cualquiera de esos supuestos emisarios. El líder religioso, el patrón, el político, el falso amigo… Dice el pueblo que para cada inteligente hay diez tontos. Los sabidos siempre tendrán oportunidades para utilizar su falta de honradez, porque son hábiles y saben como explotar la credulidad de las personas simples. Hasta los inteligentes son engañados porque ellos son convincentes; encarnados y desencarnados.

¿Dónde están los falsos profetas? En todas los sitios. En los medios de comunicación irresponsables, en la política deshonesta, en las religiones mercantilistas, que se proliferan en abundancia en el planeta. Es por eso que todos quieren tener una emisora de radio o TV, es por esta razón que los partidos políticos llegaron a un número que nadie puede memorizar y es por ese motivo que nace todo día una iglesia nueva, hablando mal de las otras, intentando eliminar la concurrencia para tener una parte mayor de cada pastel. Quien tenga curiosidad entre en los programas de pesquisa del internet y investigue “falsos profetas”. Tendrán vídeos y películas para asistir por un mes mostrando el entrenamiento que los jefes religiosos hacen con sus colaboradores para asaltar con más facilidad y convencimiento el ingenuo que busca  vencer en la vida sin hacer fuerza.

Aún funciona la venta por 10 de un billete de lotería premiado con 100. Un inteligente se da cuenta de la ingenuidad de un tonto que se juzga sabido y, por codicia, aprovecha para lucrar. Cuando se ve escarnecido, reclama, aunque sea tan deshonesto como el otro. Si el primero le propuso vender por 10 lo qué valía 100 y  él aceptó rápidamente quedarse con los 100 pagando solamente 10, mereció ser engañado. Como un empresario que da dinero para la iglesia en la ilusión de que Dios aumentará su facturación. Aun cuando sea ineficiente como industrial y no modernizó su parque productivo, solo porque da dinero para la iglesia, Dios va a recompensarlo mandando clientes para adquirir sus productos. ¿Los qué no pueden pagar van a la falencia? Pero en el Cielo no hay banco y Dios no vive de intereses. Solamente alguien mucho ingenuo para creer en esas tonterías.

Incluso en el Espiritismo, donde el dinero no es común, el falso profeta se alimenta de la vanidad. Pregunten algo y él tendrá siempre una respuesta que resuelve cualquier problema. ¿Por qué las personas quieren aún hablar con los espíritus, hacer preguntas sobre su pasado y su porvenir, después de conocer el Evangelio de Jesucristo? “Hace que el Cielo te ayuda”; “a quien tomarte el manto da también la túnica”; “si alguien te obliga a caminar mil pasos, va con él dos mil”; “vende todo lo que tienes y me sigue”. El Espiritismo no promete salvación sino por prestación de servicios: “fuera de la caridad no hay salvación”.

André Luiz explicó que preguntas tontas son contestadas por espíritus inferiores que se sienten importantes por orientar. Espíritu Superior cuida de la colectividad, no de la individualidad. Al menos que uno tenga misión relevante y merezca un guía que lo asesore: Kardec y el Espíritu de Verdad, Chico Xavier y Emmanuel y otros bienhechores cuyos mentores ni se presentaron, pero fatalmente ellos los tuvieron; Gandhi, Luther King, Mandela, Teresa de Calcutá, Dulce da Bahia y tantos otros.

El verdadero espiritista nunca será un falso profeta;  “es reconocido por su transformación moral y por el esfuerzo que hace en el combate a sus malas inclinaciones”. No se reconoce el espiritista verdadero por los pases que aplica o recibe, por las exposiciones que hace o asiste, por los atributos mediúmnicos, sino por lo bueno que con eso construye, abarcando las diferentes formas de caridad y luchando para salir del mundo con un carácter mejor de lo que llegó cuando fue premiado con nueva reencarnación. Quien prestigia los falsos profetas son los ingenuos verdaderos. Y como éstos son mayoría, llenan las iglesias alimentando los deshonestos, eligen políticos corruptos que les ofrecen ventajas con facilidad y compran mercaderías adulteradas. Y son ésos los que hacen corrientes en defensa de la honestidad, exigen la renuncia de los que trampean y posan como personas de bien. Pero se prevalecen del amigo para, en una cola, pasar en la frente de quien llegó primero.

Lo que observamos es un deterioro en nuestra humanidad en términos de carácter. La deshonestidad y la manía de llevar ventaja a cualquier precio se encuentra en el ADN de la mayoría de nosotros, siendo casi siempre transmitida por genética, a pesar de agraviarnos si alguien nos diga eso. Cuando nos analicemos con rigor veremos que es una lamentable realidad y un impedimento para que seamos solidarios y fraternos, sin que seamos al mismo tiempo un majadero y un falso profeta. Oremos y vigiemos. Pero con un rigor que nunca usamos hasta ahora. Los tiempos están en el fin; ¡es necesario correr!

Qué nos estimula a la continuación de la lucha es saber que el comando sigue en las manos de Dios. Los verdaderos profetas, organizadores de la nueva Tierra de regeneración, ya están naciendo o programándose. Hagamos por merecer nuestra permanencia por aquí; encarnados o candidatos a una nueva vida en este mundo después de renovado. Vamos crear mérito para eso.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Febrero 2017

 

La misión del Espiritismo

1 Comentário

 

¡Un prefacio de luz para un libro que alumbra!

Octávio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

Analicemos el Prefacio del Evangelio Según el Espiritismo, este mensaje de amor dirigido a todos los hombres, que define claramente por qué vinimos al mundo. La Doctrina de los Espíritus llegó en hora cierta, para restablecer verdades que se perdieron a lo largo del tiempo, derrotados por intereses mezquinos, equivocados y separatistas.

“Los Espíritus del Señor, que son las virtudes de los cielos, como un inmenso ejército que se mueve al recibir el orden de comando, se esparcen sobre toda la Tierra. Semejantes a estrellas cadentes, vienen a alumbrar el camino y abrir los ojos de los ciegos.

“Yo os digo, en verdad, que son llegados los tiempos en que todas las cosas deben ser restablecidas en su verdadero sentido, para disipar las tinieblas, aturullar los orgullosos y glorificar los justos.

“Las grandes voces del cielo resuenan como el toque de la trompeta, y los coros de los ángeles se reúnen. Hombres, nosotros os convidamos al divino concierto: que vuestras manos tomen la lira, que vuestras voces se unan, y, en un himno sagrado, se extiendan y vibren, de un extremo del Universo al otro.

“Hombres, hermanos amados, estamos juntos de vosotras. Os améis también unos a los otros y digáis del fondo de vuestro corazón, haciendo la voluntad del Padre que está en el Cielo: ¡Señor! ¡Señor! Y podréis entrar en el Reino de los Cielos”. (El Espíritu De Verdad)

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Este alerta traído por el guía espiritual de Allan Kardec deja establecido que el Espiritismo vino a renovar el hombre, haciéndolo entender quién sea y cual su función en el mundo de los “vivos”. Crecer y renovarse para volverse cristiano.

Los recursos de que se sirve el Espiritismo son la divulgación de las verdades que nos dan conocimiento claro de quien somos nosotros, qué nos compete hacer en este breve momento de nuestra eternidad y para donde iremos después de aquí.

Aunque sea laudable el trabajo de caridad material ejecutado por las entidades espiritistas, cuando distribuyen ropas, alimentos, curas espirituales, no es ésta la prioridad de la Doctrina de los Espíritus. Ella no vino a cuidar de los cuerpos, sino de las almas. El Evangelio de Jesucristo que tuvo su esencia renovada y actualizada por el Espiritismo, dice lo mismo. “¡Va y no peques más”; “nadie saldrá de aquí mientras no pague hasta el último ceitil”; “Ama el próximo cómo a ti mismo!”.

El servicio a las necesidades básicas del hombre es de la alzada de todas las personas, independientemente de su creencia. Es un deber individual del ser humano que pretenda ostentar el título de cristiano. Ser espiritista es eficiente recurso para alcanzar ese objetivo, sin embargo, cuando los poderes constituidos cumplan integralmente su deber social, las necesidades materiales del hombre estarán plenamente atendidas. Quedará a él, en ese momento, la tarea del propio esmero, lo que no puede ser transferida a terceros. Esta hora que el Espiritismo muestra su verdadera fuerza. Tiene las más claras recetas para la conocida reforma íntima del hombre, que nada más es de lo que la construcción de su buen carácter.

La vivencia del Espiritismo por el propio hombre irá a hacerlo mejor a cada día. Hemos usado tiempo demás intentando aplicar la doctrina en los otros, con sabias recetas de reforma moral para los que nos oyen, olvidándonos de vivirlas en nosotros mismos. La vieja frase aún es válida: “Entramos en el Espiritismo, sin embargo el Espiritismo aún no entró en nosotros”; “Haga lo que yo digo, pero no haga lo que yo hago”, si es que anhela mejorarse. Tribunos teoréticos de discursos envidiables, que manejamos el verbo con sabiduría y elocuencia, seguimos pecando en las más elementales actitudes. Hasta nuestra mansedumbre es muchas veces mentirosa, artificial. No resiste a la más pequeña contrariedad, porque nos sentimos los dueños de la verdad.

Muchos de nosotros que hacemos discursos con recetas para arreglo de la humanidad deberíamos ser oyentes en vez de aconsejadores. Quizá aprendiésemos más si parásemos para pensar honestamente e hiciésemos el autoanálisis propuesta en la pregunta 919a del Libro de los Espíritus. De corderos tenemos solamente la piel.

Este escrito no se destina a la condena de nadie; es mea-culpa para nuestra propia ponderación porque, a veces, viviendo distraídos perdemos nuestro mejor momento. Arrebatamos con el conocimiento y el entusiasmo fácil para divulgarlos, con frases de efecto y expresiva citación bibliográfica, dejamos pasar, distraídos, su vivencia. Y cuando alguien elogia nuestra facilidad de comunicación aumenta aún más el peligro. Nos sentimos como faros para la humanidad y ni percibimos qué aún no alumbramos ni a nosotros mismos.

Como ejemplo de lo que dijimos, reproducimos nuestro soneto “Predicaciones” de la página 16 del libro Luz en el Túnel de 1998, nuestro primer libro de poesías editado en João Pessoa (PB): “Cuando me pongo en la tribuna a dar consejo / Voy informando de paciencia y caridad / para que un día todo la comunidad / Sea feliz y a mí me tenga como espejo. / Lamentablemente, ésta no es la realidad. / El tiempo pasa y yo ya soy un hombre viejo / Y, sin embargo, casi nunca soy coherente / Entre qué enseño y lo que vivo, de verdad. / Pero yo espero que aquél que hoy me escucha / Gane coraje para seguir en su lucha / Y sepa siempre perdonar el enemigo. / De mi parte, cargando la cruz al dorso / Intento vivir, y esto me cuesta un grande esfuerzo, / Aún que sea sólo el diez por ciento de lo que digo”.

Que Dios me ayude para que yo consiga aplicar en mí un poco del discurso que ofrezco a los otros. En mi comportamiento en el hogar, en el trabajo, en la escuela, en la calle o en la agrupación religiosa donde hago mis más importantes experiencias de amor al prójimo. Que mi teoría sea vivida en la práctica. ¡Ah, Dios mío! Fortalezca me para que yo consiga. ¡Feliz Año Nuevo!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Enero 2017

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