Por el árbol se conoce el fruto

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El capítulo XXI del Evangelio Según el Espiritismo trata de este asunto.

Octávio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

La forma de Jesús enseñar mostraba una didáctica que podría ser aplicada en todos los tiempos. Cuando Él hablaba, doctores y pescadores lo entendían igualmente. Por eso, casi siempre, se servía de asuntos conocidos por todos, como la naturaleza, la familia y las costumbres de su época.

Al enseñar que cuando vemos un fruto saludable podemos deducir que él vino de una buena planta, quiso compararnos a la naturaleza, mostrando que una persona con hábitos cordiales, atentos y generosos solo puede ser una persona buena. El inverso también es verdad. De una persona bruta es más justo que esperemos maneras groseras, mal educadas, agresivas. Cada uno actúa según su índole, que es resultado del progreso que ya tenga alcanzado y de los valores que realmente le importan.

El capítulo XXI del Evangelio Según el Espiritismo aborda la cuestión de los falsos profetas y advierte para que nos cuidemos contra sus actos. Informa que ellos son astuciosos y consiguen engañar hasta los escogidos, o sea, hasta los más prudentes y esclarecidos.

Vivimos rodeados de ellos, cuando no, también, aunque sin percibir, somos uno de ellos. ¿Cuándo actuamos cómo un falso profeta, indagarán? Cuando nos apresuramos en dar consejos sobre asuntos que desconocemos, o sabemos solo superficialmente, o cuando inducimos una persona a errores o la elogiamos con falsedad. También cuando matamos la esperanza y la ilusión de alguien, desalentándolo de intentar algo que represente progreso o esperanza en su vida, porque también ya hemos sido mal sucedidos. Si nos dimos mal, decidimos que todos los otros también no tendrán éxito en casos similares, lo que no es verdad.

Sin darnos cuenta, somos más previsibles y vulnerables de lo que imaginamos. Alguien que conoce la índole humana es capaz de hacer revelaciones sobre nosotros que nosotros mismos desconocemos. Ya dijo un pensador: “Qué él es grita tan alto que ni escucho lo que él dice.” Un ejemplo:

Vamos a consultar una señora que lee la suerte por las manos, por las cartas, por los “búzios” o por la bola de cristal, y ella luego de inicio ya revela que estamos viviendo un tiempo de aflicción, inseguridad y desarmonía en el hogar – si llevamos una alianza que le facilite la observación. Ante la afirmativa, decimos a todos que aquella señora es un prodigio y que adivina la vida de las personas. ¡Sin embargo, ella solo dijo que vivimos afligidos! ¿Quién no vive? Que tenemos desentendimientos en el hogar. Pero ¿dónde encontramos un matrimonio de total armonía? ¿Inseguros? ¿Quién vive con seguridad en estos tiempos de corrupción, deshonestidad, desempleo y criminalidad sin frenos? Y el simple hecho de buscarla para tener consejos ya nos identifica como una persona que está con problemas o necesita de orientación.

Cuidemos para no ser ese falso profeta. Tenemos un día de Espiritismo y hacemos discursos doctrinarios, queriendo convertir la humanidad, cuando aún no convertimos ni a nosotros mismos. Queremos adoctrinar el mundo, para salvarlo, pero siquiera conseguimos salvar a nosotros mismos. ¿Si ni Jesucristo fue unanimidad, por qué pretender ser más competente qué Él? Contestamos precipitadamente a cualquiera pregunta porque tenemos dificultad para decir “no sé”, cual si fuésemos obligados a entender de todo.

Me recuerdo de un hecho con el médium Divaldo Pereira Franco, en São Paulo, alrededor de los años 1970. Era el orador oficial del evento que conmemoraba el cumpleaños de la práctica del Evangelio en el Hogar.

Alojado en el centro de la capital, ya que iba a hacer la conferencia en el Palacio Mauá (Viaducto Doña Paulina, 80), cerca de la Plaza João Mendes, decidió pasear el sábado por la tarde en la calle hermosa del Centro: la Barón de Itapetininga. Aún no existían shoppings centers. Caminando (en aquel tiempo si podía hacer eso), miraba las tiendas, cuando vio una señora muy elegante y se encantó con la figura. La miró, admirado, cuando ella se viró y le dijo:

– ¿Qué está mirando?

– Nada, señora.

– Si me mira, le golpeo con este paraguas.

Inmediatamente él le pregunta:

– ¿Por qué Usted pelea con su marido y quiere descontar en mí?

Sorpresa, la señora indaga como Divaldo podría saber que ella si desentendiera con el esposo. Él le dice que es por ser espiritista, baiano, y estaba en São Paulo para una conferencia sobre religión y espiritualidad; que ella fuese a asistir, porque estaba muy nerviosa y le haría bien. Enseguida, cada un siguió su rumbo.

Contando el episodio a sus amigos, preguntaron si fue la mentora Joanna de Ángelis que le informó sobre el problema de la señora.

– No – dijo el médium –, no ha sido necesario. Fue simple cuestión de observación. Solamente tres cosas definen todos los traumas del ser humano: problemas de salud, de dinero y de amor. La humanidad entera tiene sus dificultades ligadas a esos tres flagelos. Observé la señora, con buen color, saludable, y no me pareció que su problema fuese con la salud. Elegante, con abrigo de piel, joyas; el problema seguramente no era dinero. Solo podía ser el amor. Miré en la mano izquierda y vi su alianza. Deduje: es el marido. Chuté y acerté.

Este ejemplo de Divaldo nos sirve de alerta para que sepamos que, mientras conversamos, un buen observador lee nuestros ojos, nuestra faz, nuestros gestos, nuestro cuerpo y hace nuestro retrato con mucha fidelidad, sin necesitar de las informaciones que le damos.

Cuidado con los falsos profetas. Sin embargo, principalmente, ¡cuidado para no ser uno de ellos!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – febrero 2018

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Me permitan ser espiritista

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Por la diversidad de pensamientos es normal haber distintas religiones.

Octávio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

Vivimos una fase de gran desarrollo científico y tecnológico. Los hallazgos y actualizaciones de procesos y conocimientos evolucionan en una velocidad que la mayoría no puede acompañar. De allí el gran desajuste entre las personas y la facilidad como somos convencidos y engañados por aquéllos que mejor manejan palabras y conceptos.

Aunque haya muchas personas desencantadas con los métodos de divulgación religiosa – y este número crece día a día –, es nuestra opinión que tener fe es importante para consuelo en los momentos de dificil prueba. Si no creemos que hay un poder más arriba de los hombres, que todo organiza y todo gobierna, el desánimo tomará cuenta de nosotros porque nos sentiremos impotentes para combatir, por uno mismo, todo el mal que hay en la Tierra.

Ocurre que hay doctrinas que nos prohíben de pensar, exigiendo la aceptación de dogmas, y otras que condicionan nuestra dicha al valor de las contribuciones pecuniarias que ofertemos a nuestro Dios. De otro lado, hay también las que anhelan que nuestra fe sea producto de la razón y nada se nos cobran para que de ellas participemos.

En todas hay diferentes tipos de adeptos. El pasivo: va al culto de su institución una vez por semana, convicto de que atendió a todos sus deberes religiosos; no se envuelve en la organización. El sin compromiso: aparece una vez u otra y, casi siempre, cuando tiene un problema. Por fin, el actuante: participa de las actividades de la entidad, donándose según su capacidad y según las oportunidades que la propia institución ofrece. Son los celadores del templo, los auxiliares en las ceremonias, los buenos propagandistas de su fe y están siempre dispuestos para lo que de ellos se necesite.

Qué se ve actualmente, sin embargo, es un compromiso mercantilista que supera en mucho el espiritual. Las diferentes doctrinas buscan reclutar fieles, sacándolos de una “rival”, como si fuese una competencia que trajese pérdidas, lo que transforma las corrientes religiosas en enemigas. Y para eso no establecen pudor ni criterio. Mienten y adulteran, porque los objetivos deben ser atendidos por cualquier medio.

Ya pasé por situaciones extrañas al declinar mi corriente de fe, porque las personas tienen grande prejuicio contra el Espiritismo, sin tener siquiera vago conocimiento de los postulados doctrinarios. Cierta fecha, un profesional que ha ido hacer trabajos de mantenimiento en nuestro centro se sorprendió cuando vio sillas en el salón. Él imaginaba, según sus líderes le enseñaron, que allí sería un “terrero”. Él no sabe que el Espiritismo no usa danzas, bebidas, ofrendas, uniformes, velas, inciensos, gallina negra, buzios o bola de cristal. Quien usa esos aparatos en sus rituales son las doctrinas afrobrasileñas, que ya existían antes del Espiritismo. Esta palabra fue usada por primera vez por Allan Kardec, el Codificador de la doctrina, en el prefacio de El Libro de los Espíritus, escrito en 1857. Antes existía espiritualismo y sus adeptos eran los espiritualistas. No eran espiritistas porque esta palabra también no existía. Es otro neologismo creado por Kardec. Hasta mismo entre los espiritistas vemos algunos decir que la Biblia no prohibía el Espiritismo. No podía prohibir ni aprobar porque el Espiritismo no existía cuando ella fue escrita. Quieren hablar de “mediumnidad” (primigenia) y dicen Espiritismo.

Los espiritistas debemos dar a los otros el derecho de profesar la fe que más atienda a sus aspiraciones y que sirvan para mejorarlos como personas. Igualmente nos cabe exigir que nos permitan tener nuestras propias convicciones. Si profesionalmente cada un presenta su vocación, espiritualmente se da lo mismo. No cometamos los errores de los ya sobrepasados currículos escolares que dan clases sobre el cuerpo humano para quien anhele ser contador y explicaciones de geografía para quien vaya a estudiar medicina. El mundo actual exige que seamos prácticos, objetivos y racionales. Quien quiera rellenarse de cultura inútil, busque el internet que irá a encontrar de todo. Todavía, para una preparación seria de lo que usaremos en la profesión que escogemos, hay que tener más rigor.

No tuve la suerte de nacer espiritista. Solo descubrí el Espiritismo hay cuarenta y cinco años, con treinta y ocho de edad, por curiosidad, para ver se encontraba respuestas que mi doctrina, donde fui matriculado por mero tradicionalismo, no me daba. Y entonces encontré el verdadero sentido de la vida, la razón de las desigualdades humanas y la diversidad de carácter de las personas, todo explicado con lógica incontestable que cultivo, divulgo y estudio cada vez más, sin cualquier fanatismo. No trompeteo sobre mi creencia sin que sea pedido. Sin embargo, también no me hurto de dar todas las explicaciones y testimonios siempre que mi fe es posta a la prueba o es indagada.

¡Dejen me ser espiritista! Agradezco a los que intentan salvarme, aconsejando mi transferencia hacia su iglesia, pero por ahora me quedo por aquí, aunque sepa que el propio Espiritismo, y ya nos advirtió Allan Kardec, es una doctrina evolucionista y, por lo tanto, no está listo y acabado. Así como Jesús habló poco para los de su tiempo, usando incluso las parábolas, porque ellos no pudieron entender más sobre las cosas del cielo, también la doctrina de los Espíritus nos trajo solamente las informaciones que podemos comprender con nuestra actual inteligencia y conocimientos básicos. Hasta que vivamos todo qué ella nos enseña, aún siglos pasarán. Pero día llegará que todo necesitará de nueva actualización y el Padre, así como envió el Consolador Prometido, en la figura del Espiritismo, mandará un “upgrade” con detalles más avanzados sobre la doctrina de Jesucristo.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Enero 2018

No basta leer el Evangelio

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“Cuando alimentaste uno de mis pequeños, era a mí que lo hacías.” (Jesús)

Octávio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

Cierta vez oí del preclaro amigo Eder Favaro, actuante y laborioso cofrade espiritista, algo así: “Ya no basta distribuir mensajes espiritistas; es la hora de ser nosotros el mensaje.”

Ciertamente él no invalidaba el fecundo y pionero trabajo del Grupo Espiritista “Los Mensajeros”, creado por José Gonçalves Pereira, en la Federación Espiritista del Estado de São Paulo (FEESP), el 18 de abril de 1953, exclusivamente para la edición de mensajes – esos “papelitos” distribuidos en los centros espiritistas que transmiten sabiduría y socorro y que ya salvaron la vida de muchos, evitando suicidios, asesinatos y regenerando personas de mala conducta. Uno de los supervisores de los asuntos a divulgar era el propio Chico Xavier, el primero a recibir los lotes de cada mes. Brazo derecho de Gonçalves, el también amigo Miguel Pereira nos contaba muchas historias sobre el asunto.

Qué Eder quiso decir, y lo dijo, es que la única manera de convencer alguien es con el ejemplo. Muestre en usted lo que anhela aconsejar al otro. Sin eso, sus palabras no serán oídas y sus escritos no dejarán raíces en los lectores. Hace mucho tiempo circula una frase que ya fue atribuida a diferentes autores; entre ellos, André Luiz, Francisco de Asís y Madre Teresa. Pero, independientemente del autor y del enunciado, vamos a transcribir su esencia: “Ve como vives; quizás seas el único Evangelio que tu hermano pueda leer.” Ya se dice popularmente que un gramo de ejemplo vale más que una tonelada de consejos.

La llegada del Espiritismo al planeta atiende a la promesa hecha por Jesucristo de que rogaría al Padre que nos enviase el consolador a fin de que él restableciese las verdades que los hombres adulteraron a lo largo de veinte siglos, teniendo la humanidad se apartado de las orientaciones primeras dejadas por Jesús con su forma sencilla de vivir y enseñar. La doctrina que es de los Espíritus no vino a construir templos de piedra ni monumentos que honren sus seguidores, sino vino a popularizar el cristianismo, sacándolo de las clausuras y llevándola a la calle, haciéndolo accesible al entendimiento de sabios y legos, de doctores y analfabetos. Vino a auxiliar los desheredados de la suerte, incluso sabiendo que también éstos cumplen expiación para corregir fallos pasados. Vino también para aclarar los privilegiados de la economía que han cerrados los ojos espirituales y solo ven en vuelta del propio ombligo, ignorando las miserias del mundo. El templo ahora es el propio hombre.

El mensaje de los Espíritus vino a mostrar que la fe se percibe por la conducta del hombre en sus momentos más penosos, cuando, sin lamentar, comprende que finiquita deudas dolorosas que él mismo contrajo. Y se alegra, porque cuando paga un poco la deuda se reduce. Además, es en uno de eses papelitos, llamados mensajes, que Meimei, Espíritu, divulga por Chico Xavier la extraordinaria página “Confía siempre”. Dice ella que los mayores desheredados son los que pierden la confianza en Dios y en sí mismos, porque “no hay mayor infortunio que sufrir la privación de la fe y proseguir viviendo”.

El Espiritismo clasifica su divulgación como expresivo gesto de caridad para que un número más grande de personas pueda beneficiarse de sus enseñanzas. Pero se entienda como divulgación no solamente los escritos, las conferencias o encuentros, pero el comportamiento que cada miembro de su comunidad presente a la sociedad, especialmente en los momentos de dificultad o convulsión social, manteniéndose equilibrado y fugando al lugar común de la agresividad, de la sedición insensata y del negativismo, destructor hasta de las propias aspiraciones humanas. El hombre que profesa esa creencia tiene el deber de ser el fiel de la balanza para restablecer el equilibrio en los momentos de desorden.

Aunque sin recordar la fuente, leí u oí una asertiva que dice que el Espiritismo se esparcirá por toda la humanidad, con los espiritistas, sin los espiritistas, a pesar de los espiritistas. Aparenta ser una afirmación grosera contra los seguidores de Kardec, pero si la frase existe de verdad, no es de todo infundada. Nosotros, los espiritistas, dejamos a desear cuando se trata de prestar testimonio de la doctrina con acciones, desde nuestro propio hogar. Somos los que más alejan a los familiares de nuestra religión por no mostrar en la práctica lo que el Espiritismo nos enseña, a fin de convencer a los demás a seguir por el mismo camino. También le gusta demostrar conocimiento citando bibliografía con capítulos y versículos, pero solo en la teoría. Este comentario sirve a mí también como caparazón. Soy todavía como Paulo de Tarso que el bien que anhelaba no hacía, pero el mal que no quería, ése es lo que hacía. Pero, me espejando en él, también busco levantar después de cada caída y empeñarme para que sean cada vez más espaciadas. Mi gratitud al Espiritismo es tal que me asusta solo de pensar en macularlo.

Al fin de más un año, otra Navidad llega para rememorar la visita de Jesús a nuestro hogar y más un año que comienza para que hagamos promesas de modificación de carácter, a fin de crecer para servir, sabiendo que al hacer por el prójimo somos los primeros beneficiados. Es el mayor regalo que esperamos de Papá Noel: esta concienciación.

Felices fiestas a todos los que hacen esta elocuente Casa Editora, a los lectores y un especial agradecimiento a los que nos acompañan en la Revista Internacional de Espiritismo, todos los meses, en ésta nuestra caminata que ya llega a veintiocho años en la columna que se nos es reservada y que buscamos honrar.

Revista Internacional de Espiritismo – Deciembre 2017

Invitación a la disciplina

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En favor del Espiritismo, respeto y atención.

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

Nuestro centro espiritista, pequeño y modesto, “Los Esênios”, fue fundado en Paraíba en 1997 y desde el inicio implantamos reglas de disciplina, copiando la institución fundada en 1982 en São Paulo: iniciamos las reuniones en la hora establecida, cuando cerramos la puerta, no permitiendo la entrada de retardatarios; no hacemos excepciones.

Hay otras exigencias. Por ejemplo, que no se usen ropas sensuales, porque no son propias para reuniones de este tipo, especialmente las espiritistas, porque conocemos la actuación de la espiritualidad inferior que se prevalece de la invigilância de los desavisados para esparcir negatividades, llenando las personas de pensamientos malos. Bezerra de Menezes y Luiz Sergio tienen páginas a ese respeto. Pedimos que se sienten por orden de llegada para que unas no molesten a las otras. Que no conversen ni desaprovechen el tiempo de oración y agradecimiento con la manipulación de los celulares, que, allí, son altamente inconvenientes. Si nos ocupamos más con las noticias y las redes sociales, los buenos espíritus nos abandonan y van a cuidar a quien esté realmente interesado. Todo a su tiempo, a la hora y local propios.

A las personas que llegan por primera vez al centro y van con ropas impropias o escotadas, ofrecemos un chal, discreto, absolutamente limpio, dando a ella la opción de usarlo o no participar de la reunión. En el inicio, como tenemos ampliamente divulgado en nuestro blog en  internet y en la puerta de llegada, no permitíamos la entrada de personas en esas circunstancias. Sin embargo, para no decepcionar a los que desconocían las exigencias, ya que no son habituales en la mayoría de las casas espiritistas o templos de cualquier doctrina, decidimos por la alternativa del abrigo temporal y ofrecemos nuestro folleto, publicado en la RIE de noviembre de 2006, “Un Centro Diferente” [1], para que sepan las razones que nos llevaron a tal procedimiento.

Como norma, las personas aceptan nuestra solicitación sin problema. Sin embargo, una vez u otra, hay alguien que no se pone de acuerdo con nuestra manera de administrar la casa. Son personas que no les gustan ser contrariadas, pues se enojan. No son fieles en el poco, pero quieren recibir mucho de Dios. Y hay quien diga que no entiende porque tanta exigencia, qué no se ve en otros centros. Exactamente porque si el dirigente espiritista es el guardián de la doctrina en su centro, debe seguir rigurosamente las orientaciones del Espiritismo para evitar obsesiones gratuitas, por medio de providencias simples. Si nadie se exhibe con sensualidad y actitudes provocantes, los pensamientos frívolos se quedarán lejos de nuestra mente. Sin embargo, si el escenario está delante de nosotros, ya aprendemos con Jesús, quien quiera que lance la primera piedra. Somos todos aún vulnerables a estas ocurrencias.

Quien va al centro no atiende a una invitación de la institución, sino de Jesucristo, del Evangelio o de su propio sufrimiento. Nadie está obligado a permanecer o entrar en un ambiente que lo desagrade. Si no concuerda con las reglas hay muchos otros centros como alternativa. Cada actitud implantada en nuestra casa fue resultado de análisis, estudio de pros y contras para que no agraviásemos los visitantes, pero para que también no contrariásemos la doctrina. No queremos una casa llena de personas engañándose, sino de criaturas que aprovechen ese sublime y raro instante semanal para colocar más un ladrillo en el edificio de su casa mental, edificándola en la roca y no en arenas movedizas.

Cuando Emmanuel comenzó su trabajo con Chico, luego aclaró que exigía de él como elemento básico que hubiese disciplina en la obra que realizarían. La naturaleza da ejemplos todos los días. Si el sol nació hoy en determinada hora, minutos y segundos, en este mismo día, en el año próximo, nacerá otra vez en esta misma hora.  ¿Alguien se atreve a decir qué es por acaso qué eso acontece hay milenios sin fallar nunca? Cuando plantamos semillas fructíferas en un pomar sabemos, de antemano, cuanto tiempo tardarán a producir y la cantidad de frutas que cogeremos. Hay los que venden la cosecha anticipadamente. Las mareas ascienden y bajan a cada seis horas. La mujer tiene su hijo después de nueve lunas. ¿No es muy organizado para ser confundido con el acaso?

La disciplina de la comida, del sueño, del ocio, del estudio muestra que nuestra salud depende de ella. Todos los excesos nos perjudican, adoleciéndonos. El mismo se da con nuestro comportamiento al manejar un vehículo, al caminar en la calle, al usar un autobús o ejecutar un trabajo. Tenemos compañeros a nuestro lado en todas las situaciones, con derechos y deberes iguales a los nuestros. ¡A ellos, lo que queremos a nosotros!

Cuando vamos a un centro para energizarnos espiritualmente, es necesario despojarse de quejas o prejuicios, exigencias o reclamaciones, respetando la casa a concentrándonos solamente en el auxilio que buscamos, sabiendo que simultáneamente somos usados para donar y servir, sin perjuicio para nuestra salud. Al contrario, recibiendo renovadas las eventuales donaciones que uno cogió de nosotros.

Ayude siempre. Ofrezca lo que pueda a la institución que tan bien lo recibe. Pero si no puede donar nada material, dé su respeto, su silencio, su buena vibración y su disciplina. Sin percibir, será ejemplo para muchos que están a su lado y lo observan sin que usted ni siquiera perciba.

¡Qué Dios nos ayude!

  1. Documento disponible en: https://essenios.files.wordpress.com/2008/10/um-centro-diferente2.pdf

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Noviembre 2017

Somos todos divinos

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Como hijos de Dios, tenemos Su ADN.

Octavio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

A pesar de nuestras limitaciones como espíritus imperfectos, que aún necesitan vivir en mundos de pruebas y expiaciones para acelerar su mejora, en la esencia tenemos todos los ingredientes necesarios para ser semejantes al nuestro Creador. “Sois dioses” (Juan 10:34) es una afirmativa de Jesucristo muy utilizada en el medio espiritista para generar motivación y esperanza. Es acompañada, en general, del complemento: “pueden hacer lo que yo hago y mucho más…” (Juan 14:12).

Aprendemos que fuimos criados por Dios a Su imagen y semejanza y, por lo tanto, tenemos en nosotros los atributos necesarios para ser tratados como tal. ¿Entonces por qué somos aún tan imperfectos? No es una respuesta fácil, pero en rápidas palabras podemos contestar: somos educados para todo, menos para ser hijos espirituales del Creador. Nos enseñan las ciencias de los hombres, sin enseñarnos la ciencia de Dios. Nos educan para ser, doctores, buenos comerciantes, tribunos, pero no nos educan para ser correctos, honestos, respetuosos. No hacemos cursos para aprender a disculpar – más que esto, a perdonar –, a tener paciencia – que es una de las vertientes de la fe –, a no ser envidiosos y celosos. Aprendemos a hacer caridad, sin embargo no somos caritativos con nosotros; no nos consideramos como hijos de Dios.

Nos enseñan a ser intrépidos y valientes en cuanto al vigor físico. Tenemos de ejercitarnos, seleccionar alimentos, hacer regímenes, pero poco nos enseñan en cuanto al coraje que necesitamos para vencer nuestros defectos morales. Nos recomiendan el amor-propio y pocos nos hablan sobre amor al prójimo; enfatizan que no debemos llevar ofensas para casa, pero no nos informan que perdonar es la manera más fácil de ser feliz. Cuidamos con celo y requinte de la casa donde moramos y no damos el mismo trato a la casa mental, al corazón y a la conciencia que viven en nosotros y de los cuales no podemos apartarnos, pues nos acompañan donde quiera que estemos.

Nos recomiendan que necesitáramos ser selectivos en el trato con las amistades a fin de no comprometernos con personas de dudosa aptitud. No nos enseñan, sin embargo, que nuestros pensamientos abren totalmente las puertas de nuestra alma para que espíritus inoportunos e inconvenientes penetren a la voluntad. Según sentimos y pensamos, elegimos el tipo de visitas que recibimos en nuestra casa mental. Lo que determina esa ligazón es la sintonía; automáticamente.

Parte de la culpa cabe a los que abolieron la reencarnación de las orientaciones de Jesucristo. Nosotros, los cristianos, volvimos a tener contacto con esa verdad solamente con la codificación del Espiritismo, en 1857. Hubiésemos sido enterados antes, con la conciencia de ya haber vivido otras veces en la Tierra, ciertamente nuestro comportamiento sería otro. Cuando la reencarnación sea aceptada y utilizada por los hombres del mundo, convictos de que todo lo que hacen revierte sobre ellos mismos, tendremos más cuidado con nuestras deshonestidades, mentiras, agresividades y nos empeñaremos en hacer el bien para alcanzar más deprisa planos más felices.

“Nadie saldrá de aquí mientras no pagar hasta el último centavo”, advirtió Jesucristo. De nada vale morir y volver a aquí sin desvencijarse de este mundo que nos aprisiona, porque la vida futura nada tendrá de diferente de esta contra la cual tanto exigimos. Reencarnamos como oportunidad de mejoría. Si dejamos el tiempo pasar, como se dice popularmente, la cola anda y nosotros quedamos parados.

Jamás alguien nos dijo que el mundo material no deba ser aprovechado, incluso en los placeres que ofrece. La vida es agradable y bella. Vean que hasta la relación sexual es placentera. Fuese dolorida, traumática y el mundo estaría despoblado. La comida encuentra en las varias partes de la lengua la respuesta de cada paladar: dulce, salado, picante, etc. Los ojos, además de permitir que nos orientemos en la caminata, nos permiten ver las bellezas de la naturaleza. El olfato nos da oportunidad de sentir el aroma de las flores y de los perfumes. Tenemos todos nosotros derecho a estos placeres. Son creaciones del Padre, para nuestro deleite.

Pero el mundo material nos ofrece también ciertas infelicidades resultantes de pasados engaños y es en esa hora que debemos estar atentos a la solidaridad. No podemos nos sentir confortables delante del sufrimiento ajeno. Tenemos de minorar los dolores del prójimo, porque nuestra insensibilidad ante el flagelo de un hermano deja registrada en nuestra alma esa indiferencia que un día se volverá contra nosotros. Ésta es la razón porque el número de sufridores en la Tierra es muy grande. Casi de forma unánime, porque incluso los abastados tienen desajustes morales y espirituales. Nunca hubo tanto estrés, depresión, esquizofrenia y personas desajustados por el acoso de entidades obsesivas. El pánico es uno de los síndromes más comunes de la actualidad.

Nos asemejamos a las serpientes que cuando necesitan crecer abandonan la piel vieja y después que aumentan de tamaño se revisten de una nueva casca. Matemos el hombre viejo y permitamos que nazca en nosotros el hombre nuevo, como recomendó Jesús al apóstol Paulo de Tarso, mientras aún era Saulo, seguidor de Moisés y acosador de los cristianos, equivocadamente. Hace mucho tiempo que estamos preguntando en el silencio, como Saulo en la carretera de Damasco: “¿Qué quieres de mí, Señor?” Y si pudiésemos oír, ciertamente escucharíamos Cristo a decirnos: “¡Quiero qué dejes de sufrir por la ignorancia y falta de coraje para libertarte del atraso! Sufres por tu voluntad, porque no es para esto que Dios te creó.”

Si todo es apenas por un poco, si quién nace va a morir y quién muere vuelve a nacer, ¿por qué no dejar nuestro ser divino nacer inmediatamente aún en esta encarnación? ¿Por qué morir y enseguida tener de renacer si ya estamos en el mundo rodeado de todos los recursos necesarios para que saboreemos esta dicha?

 RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Octubre 2017

Padres e hijos

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Octávio Caumo Serrano – caumo@caumo.com

Es primavera. Cuidemos a nuestros hijos; semillas, flores y frutos de nuestro árbol.

Educar hijos es una de las misiones más difíciles. ¿Ninguna novedad, cierto?

Mi padre era un hombre de un metro y sesenta que pasó a ser un albañil después de haber sido dispensado de una industria de telas en São Carlos (SP), donde fue promovido a supervisor, pero no pudo asumir el cargo por ser analfabeto.

Vivió poco. Solamente cincuenta y cuatro años. Partió en 1957 después de muchos y largos períodos de enfermedades, especialmente con ulceraciones de estómago. Sin embargo, a pesar de esas limitaciones, al desencarnar dejó su esposa en casa propia, construida a las tardes, después del trabajo, por más de diez años de lucha. Fue en un terreno de ocho por veintitrés metros, comprado en cien prestaciones, en Jabaquara, un barrio de periferia en São Paulo. Ha dejado un hijo de veintitrés años (yo), diplomado en contabilidad, y mi hermano de dieciséis, ya trabajando y estudiando. Más tarde sería un abogado. Ambos trabajamos desde los diez años sin nunca sentirnos víctimas de la explotación infantil. Ayudamos con placer el mantenimiento de la familia y nos transformamos en personas de bien, que siempre se agradaron por el trabajo. Y el padre nunca se subvirtió por ser un sin-tierra.

Aparentemente, eso nada tiene de anormal. Sin embargo, lo que deseo destacar son las lecciones que él, asesorado por la madre, nos ha dado. En los días actuales hay didácticas para orientar en la enseñanza de los niños, con fórmulas para no traumatizarlas. Sin embargo, están cada dia más sin educación. ¿Por qué? No es pregunta de fácil contestación. Sin embargo, la primera que nos viene a la mente es porque decimos y no mostramos. Falsificamos, peleamos en el hogar, fumamos y tomamos alcohólicos, pero no queremos que nuestros hijos sean viciados, falsos o violentos.

Me gusta hacer poemas y muchos de los que tengo son descripciones de fragmentos de la vida de mi padre, porque él me dio grandes ejemplos cuando pudo testimoniar sus actitudes delante las dificultades. No hablaba; mostraba por decisiones. Nunca me dio una tapa. No porque yo fuese un ángel, sino porque el método que él usaba era el del ejemplo y no de la conversación vacía o de la represión por el temor.

Observen esta incoherencia.

Cierta fecha, yo venía de Peruíbe, playa del litoral de São Paulo, hacia la Capital y enfrenté el gran tráfico de la vieja autopista Pedro Taques. Me recordé de un amigo que hacía predicaciones en su iglesia y que decidió no respetar la cola de autos transitando por el acoso de la carretera. Como de hábito, el policía lo paró y la actitud natural era mandar el apresurado regresar por la otra pista hasta llegar nuevamente al fin de la cola. Aquel día, fue diferente, me contó él. Habló con la autoridad y resolvió el problema. Prosiguió viaje con la ayuda de la autoridad que lo encajó en la cola principal.

Su hijo de doce años, que estaba en el banco trasero, al presenciar la escena, le preguntó: “Padre. ¿Usted no dio dinero al policía, dio?”. Antes que él contestase, el hijo continuó: “Usted, no, padre. Usted que enseña a los otros lo que es cierto y errado no podía haber dado dinero a él.” Mi amigo me confesó que nunca una actitud suya le causó tanto arrepentimiento. Jamás volvió a tener la admiración del niño en sus trabajos de orientador. ¡Se cayó del pedestal dónde el hijo lo colocara!

Las actitudes de mi padre fueron siempre al revés. Cierta vez faltó comida en la casa porque el patrón no pagó en el día cierto, pero él tenía un dinero reservado para la prestación de una bomba de pozo. Cuando yo le sugerí que en aquel fin de semana usase ese dinero, él se quedó bravo. En mi poema digo así:

– En mis diez años de edad, con mucha serenidad, le hablé usando criterio. – Se calme, padre, ante el hecho; usted es un hombre derecho y Dios protege quien es serio. – Al final, en el cajón, de la cómoda marrón, usted tiene reservado el valor de la prestación, de la bomba de don Juan; pague unos días retrasados…

– Ese ya no tengo yo, enojado contestó, Aunque yo coma en el pasto; y no quiero discusión, después que está en el cajón, Ya no  pertenece a mí!

¡Me quedé todo embobado, vendo el gigante tumbado! Mi ojo todavía marea… Qué lección tuvo aquel día, Ah Dios mío, ¡Virgen Maria!… ¡Su bendición, dónde esté!

Ya a los siete años, cuando le presenté el primer boletín para hablarle de mi anotaciones de la escuela (todas muy buenas), miró y me devolvió. “Muy bien, siempre que quiera me hable de su boletín, pero no es obligado a hacerlo. Tu estudias para ti, no estudias para mí. ¡Luego corresponde a ti cuidar de tu boletín!” ¡Digan si no es sabiduría! Tuvo la confianza de poner en los hombros de un niño la noción de responsabilidad. Nunca traicione a mi padre, avergonzándolo de alguna manera. Fue mi amigo y mi mayor fan.

Qué falta estos días son ejemplos de conducta. Menos vicios, menos peleas, menos mentiras, menos egoísmo y vanidad. Predicando una cosa y viviendo el inverso. ¿Se recuerdan dela conocida historia del teléfono?

El padre explicaba a su hijo que era feo mentir. El teléfono llama y el niño atiende. – Padre, es para usted; el tío Juan. – ¡Dile qué yo no estoy!…

Allá se fue su hermoso tratado sobre la mentira llevado por la avalancha. No tenemos que decir al hijo lo que queremos que él haga. Es necesario mostrar en nosotros lo que anhelamos que él sea. Pocos hacemos eso, lamentablemente… Pienso que está ahí nuestro mayor fracaso como educadores. La tarea es difícil. Sin embargo nuestra culpa también es grande.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Septiembre 2017

 

 

 

 

Jesús, los Esenios y nosotros

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Qué la historia no cuenta o los hombres desconocen.

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

En el desierto de la Judea comenzaron a prepararse los caminos para la gran visita de Jesús de Nazaret. Viviendo en el monasterio del Qum Ran, cerca del Mar Muerto, y en otros esparcidos por toda Palestina, los Esenios vivían con sobriedad y fraternidad. Asistían a todos, independientemente de creencia, color, raza o parentesco. Trataban a cualquiera  como a un hermano. Más tarde, ésa fue la máxima de Jesucristo cuando nos recomendó: “Ama al prójimo como a ti mismo.” Y para aclarar lo que debemos entender por prójimo, explicó a Nicodemo, el doctor de la ley judaica, con la parábola del Buen Samaritano. Dijo que un hombre seguía de Jerusalén hacia Jericó, descendiendo por una pequeña sierra, llena de salteadores, sin hacer mención en cuanto al nombre o posición social del viajante. Solamente aclaró que los religiosos (sacerdote y levita) no se preocuparon en prestar socorro al infeliz; fue un discriminado hereje de la Samaria que lo ayudó, dejando claro que no es el rótulo de la creencia que mide nuestro verdadero valor en el campo de la caridad.

Entre los misterios sobre Jesús se incluye el desconocimiento sobre su vida de los 13 a los 30 años. Unos dicen que salió del país y otros que Él tenía vivido entre los Esenios. Como no hay registros históricos oficiales, todo se queda en el campo de la especulación y qué nos queda es analizar, por buen sentido, lo que podría ser verdad.

La semejanza de la vida de los Esenios con lo que predicó Jesús es grande, qué nos lleva a creer que, por lo menos, hubo de la parte de Jesús contacto con ellos. Gratz afirma que Juan Bautista, “la voz que clamaba del desierto aplanando los caminos del Señor”, era esenio. Que esa comunidad era formada por personas diferentes no quedan dudas. El rey de la Prusia, escribiendo a Voltaire, afirma: “Jesucristo fue un Esenio.” Las costumbres también eran semejantes; la reunión de los Esenios en las comidas recuerda la cena final que Jesús tuvo con sus apóstoles.

Escritores acreditados de la época, como Filón de Alexandria, habló de los Esenios: “Son como Santos que habitan en muchas aldeas y villas de Palestina. Se unen por asociaciones voluntarias más de lo que por lazos de familia. Quieren mejor practicar la virtud y el amor entre las criaturas; en sus casas no hay grito o tumulto; cuando un habla los otros oyen respetuosamente; es un silencio que causa grande conmoción al visitante. Moderan la cólera y sostienen la paz. Lo que dicen vale por un juramento porque, afirmaban, solo necesita jurar quien es mentiroso.” Edmund Wilson, periodista del The New York Times, en serie de reportajes sobre los documentos encontrados en 1947, cerca del Mar Muerto, escribe: “El Convento, ese edificio de piedras junto a las aguas amargas del Mar Muerto, con su horno, tinteros, piscinas sacras y túmulos, es, quizá más de lo que Belém y Nazaret la cuna del cristianismo.”

Los principios de vida de los Esenios eran los mismos predicados por Jesús: amor al prójimo, vida simple y desapego a los bártulos materiales. En los fines de semana estudiaban las escrituras y el que más sabia explicaba para los demás todo qué no fuera entendido debido a la simbología de las lecciones. Como hacía Jesús cuando se reunía con sus discípulos en Cafarnaúm, en la casa de la suegra de Pedro, para explicar las bellezas del reino de los Cielos. Sin embargo, los Esenios exigían que los instructores fuesen igualmente superiores en las costumbres y en los ejemplos. El poder del instructor independe de preparación cultural. Así, si no es capaz de enseñar ejemplificando, cualquier lego puede desempeñar sus funciones. (¡grifo nuestro!)

Por eso, Hempel en 1951 escribió: “Aclarada el origen de los cristianos. El cristianismo es apenas Esenio. Esenio o cristiano es lo mismo.” Aún ahora, cuando el Espiritismo está entre nosotros, vemos las orientaciones de la espiritualidad superior confirmando los principios esenios de hacer el bien sin mirar a quien. Mostrando que todo es viejo y todo se renueva con la evolución del entendimiento.

Sin pretender inventar novedades, recomendamos que las personas lean sobre la vida de esa comunidad que vivió alejada de la opulencia y de los conflictos políticos y religiosos de Jerusalén, recogiéndose en la región inhospitalaria del desierto de la Judea cerca a la legendaria ciudad de Jericó, la más antigua del planeta entre las que tienen más de diez mil años. Tierra del publicano regenerado, nuestro estimado Zaqueo, que así como Magdalena, a cierta altura de la vida, estaba inconformado con la manera como vivía; sintiendo un vacío existencial, asciende en un sicómoro (árbol de la región) para ver a Jesús que visitaba su ciudad y orientarse con Él sobre lo que hacer para redimirse de los errores que creía haber cometido. Es un momento raro que acontece en la vida de todos nosotros y es necesario estar atento en la hora de ese llamado. Y caso tengamos la sinceridad de Zaqueo no necesitamos buscar el Cristo en los templos, porque Él nos visitará en nuestra propia casa como hizo con aquel hombre, proporcionándole extrema dicha. Para que Jesús entre en nuestra vida basta abrirle la puerta de nuestro corazón. Una puerta que solo se abre de adentro para afuera.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – agosto 2017

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