Ama al prójimo como a ti mismo

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“Ama a tus enemigos” — Mateo (5:44)

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

La humanidad recibió un regalo del Cielo cuando Allan Kardec, después de muchas negaciones, decidió organizar el Espiritismo, a punto de ser bautizado por Camille Flammarion de el buen sentido encarnado”. Cierto todo estaba programado para convencer al sabio a aceptar la tarea, pero el libre albedrio y el deseo de éxito entre los hombres de la Tierra podrían llevarlo a optar por el colegio, su principal aspiración desde que regresó de la Escuela de Pestalozzi, en Yverdun, Suiza. Sin embargo, la razón prevaleció y él optó por aceptar el difícil trabajo junto a los Espíritus, a pesar de los perjuicios materiales que tuvo por los prejuicios e intereses de los equivocados seres humanos de su época, que siguen siendo los mismos en todas las épocas.

Después de lanzar El Libro del Espíritus en 1857 y El Libro de los Médiums en 1861, decidió escribir un libro que vendría a público el 29 de abril de 1864 con el título Imitación del Evangelio Según el Espiritismo. Con nuevo nombre a partir de la tercera edición como El Evangelio Según el Espiritismo, dio un carácter religioso a nuestra doctrina, ya que el Espiritismo fue definido por los Espíritus como la única institución genuinamente humana y divina, según se lee en la introducción de muchas ediciones.

Es en este libro que Kardec realza los principales objetivos de la nueva doctrina, dejando claro que ella ningún conocimiento esconderá de sus practicantes. En ella la fe es raciocinada y no dogmática. Al elaborarlo, el Codificador tuvo el cuidado de escribir un excelente prefacio de su mentor, el Espíritu de Verdad (según muchos espiritistas el propio Jesús dando orientaciones), explicar los objetivos de la obra y poner en sus veintiocho capítulos solamente la parte moral de las enseñanzas del Cristo.

Después de la introducción, habla de la universalidad de las comunicaciones para mostrar que no es doctrina de una solo persona, como el judaísmo, el islamismo, el budismo y el propio cristianismo, pero la enseñanza de los Espíritus de expresiva superioridad, que habitaron las más diferentes razas y religiones y se manifestaron al mismo tiempo entre doctores y analfabetos, religiosos y ateos, en países de diferentes creencias y costumbres. En ningún momento dice que debemos rezar de pie o sentados, en el claro o en la oscuridad, a los viernes, los sábado o domingos, delante imágenes o con ropas propias para los diferentes rituales.

Muestra el Evangelio de Jesús con claridad y explica los términos de la época usados en las parábolas (fariseos, saduceos, samaritanos, escribas, etc.) para que puedan ser interpretadas correctamente, porque en el Espiritismo no hay misterios ni evangelios velados, como los que solo existen en los misales de la Iglesia, como el Evangelio de Tobías, entre otros. En el Espiritismo todo es público y explicado a todos con claridad. No adorna templos con oro, ni usa falso silencio y adoración con segundas intenciones, cuando alaban al Señor, explotan al Señor, pero no siguen al Señor. No aman el prójimo como él proclamó, aunque hagan romerías, procesiones, ofrendas y promesas.

El Espiritismo enfatiza que la reforma moral es el gran tesoro para ser llevado al cielo al final de la jornada terrena. Por eso él atiende eruditos e ignorantes, desde que ambos abran su corazón para sus revelaciones. Tiene como lema “fuera de la caridad no hay salvación”, pertenezca el fiel a cualquier creencia.

Gracias al Espiritismo, también, sabemos que los familiares de esta vida fueron probablemente desafectos de pasadas encarnaciones. Gracias a la misericordia del olvido ignoramos los males que recíprocamente nos hicimos. Esto significa que en la familia de hoy podemos estar reunidos con enemigos de un pasado inmediato o remoto, pero que vamos a depender de la armonización en esta encarnación para quitar fallas antiguas. Amar a los enemigos no es tener paciencia y perdonar el antagonista de otras relaciones sociales o comerciales. El enemigo a que Jesús se ha referido puede ser perfectamente aquella persona que divide la mesa, el lecho y el hogar con nosotros, y por la cual tenemos más tolerancia debido a la consanguinidad. Disculpamos o, por lo menos, aguantamos agresiones de un familiar, lo que no aceptamos cuando viene de un extraño.

Por todas esas atenciones, El Evangelio Según el Espiritismo es un libro que merece toda credibilidad, porque abre totalmente la verdad para todos los que lo consultan con seriedad y deseos de cambios para cumplir bien la tarea que les fue confiada en esta vida. Por eso Kardec fue homenajeado en su sepulcro por importante científico de su época que así se manifestó: “Si fuese Allan Kardec un hombre de ciencia y de cierto no hubiera podido prestar éste primer servicio y dilatarlo hasta muy lejos, como una invitación a todos los corazones. Él, sin embargo, era lo que yo denominaré simplemente el buen sentido encarnado.” (Del discurso pronunciado junto al túmulo de Allan Kardec por Camille Flammarion.)

A ellos nuestros agradecimientos.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – abril 2019

 

Nota del autor: Nicolas Camille Flammarion fue astrónomo, pesquisidor psíquico y divulgador científico francés. Tuvo importante papel en la averiguación y popularización de la astronomía. Recibió notorios premios y fue homenajeado con la nomenclatura oficial de algunos cuerpos celestes.

 

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Fé y buen sentido

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¡Dicen qué Cristo salva! ¿Será? ¿De qué manera se da esa salvación?

Octávio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

Entre las calidades más importantes del hombre de la Tierra, especialmente en este momento apocalíptico, está la fe. La fe que, según la Doctrina de los Espíritus, es resultado del raciocinio. Podemos compararla a la ley de acción y reacción. O siembra y cosecha, que se nos permite sembrar, pero que dará como cosecha la consecuencia de esa plantación. Ni podía ser diferente. En la justicia divina no hay excepciones. Sepamos agradecer por la noche bien dormida y también por haber despertado. Agradezcamos también por el día vivido, por las lecciones aprendidas y por todo bien practicado. Muchos no terminaron el día. Se quedaron por el camino.

En todas las religiones nos dicen que necesitamos tener fe en los Santos, los símbolos, en Jesús o incluso en Dios, como si eso fuese suficiente y todo recibiésemos, independientemente de esfuerzo. Por las redes sociales nos mandan dibujos con bendiciones para nosotros y familia, y aún dicen que si no interrumpimos la corriente tendremos buenas sorpresas; en minutos. Sin embargo, indagamos, ¿Por qué motivo? Que privilegio imaginamos tener nosotros, nuestra familia y nuestros amigos para recibir facilidades ante los percances de la vida, pretendiendo coger lo que nunca plantamos. ¿Recibiremos bendiciones por el simple envío de una figurita? Si fuese verdad sería bueno. El mundo estaría salvo. ¡Ah, humanidad confiada y atrasada! Jesucristo nos enseñó que tendríamos de hacer para que el Cielo nos ayudase. Y con grande misericordia, compensándonos a mil por uno de lo que viniésemos a producir. Pero no dijo a mil por cero. Nunca nos prometió que milagros se caerían del Cielo sin merecerlos.

La Ley de Dios es única para todos los seres y, por lo tanto, no nos trata individualmente. Lo que es cierto en un, es cierto en el otro. Las penalidades delante de los errores de un son iguales a las que punen los errores de otros en idénticas condiciones de discernimiento. No depende de sexo, raza o religión. Dios no hace acepción de personas y, como ya advirtió Jesús, la vara que mide todos los hombres es la misma. Y el criterio también. El bien nos crea méritos y el mal nos retrasa. No es Dios quien nos juzga. Somos juzgados por nuestras propias acciones. Como no es el maestro que nos reprueba; ¡es nuestra incompetencia y desinterés por el aprendizaje!

Cuando oramos a Dios, por nosotros o por los nuestros, imaginamos nuestra plegaria siendo enderezada a un Ser Superior, frente a una inmensa computadora, con super HD y sofisticado programa que nos controla y en el cual cada uno de nosotros es un archivo propio, sea DOC, PDF o algo más sofisticado que aún desconocemos. Y a cada movimiento nuestro, Dios, atento, anota una señal de mérito que nos enaltece o un karma negativo a ser enfrentado aún en esta vida o durante nuestra eternidad espiritual, en momento apropiado. El jugador dice que ganó porque es bendecido por Dios. Imagina que Dios simpatiza con su club y por eso permitió que el otro fuese derrotado. Que tontería. Venció porque tuvo más capacidad o contó con fallos de los mediadores del partido, árbitros que se equivocaron o falsificaron el resultado. Dios no tiene nada con eso.

Recordamos que cierta vez, en 1965, “Dr. Fritz” Espíritu quiso operar Chico Xavier a través del médium no espiritista José Arigó: “Yo te pongo bueno de ese ojo. ¡te hago la cirugía ahora, dijo Arigó!” Chico Xavier le contestó: “No; eso es un reflejo del pasado. Sé que el señor puede arreglar mi ojo. Pero como el compromiso del pasado continuará, va a me aparecer otra enfermedad. Como ya estoy acostumbrado con ésa, yo la prefiero. ¿Por qué yo iría a querer una enfermedad nueva?”

Los Espíritus no están a nuestra disposición para promover curas de enfermedades que no raro necesitan de providencias correctivas para nuestro crecimiento espiritual, lo qué se da por la reparación moral. ¡Por todo eso, es urgente no renunciemos de la precaución! Aunque el exceso en todo sea ruinoso, Kardec endosa nuestra actitud diciendo que “vale más pecar por exceso de prudencia de que por exceso de confianza”.

Chico recibió asistencia de su médico particular hasta desencarnar. Los Espíritus serios no curan cuerpos; curan almas. Cada uno puede curarse con sus propias oraciones y actitudes, sin necesitar encender vela, subir escalones de rodillas, ir a Meca, Medina, Santiago de Compostela, Jerusalén, Vaticano, Templo de Salomón, Fátima, Lourdes, Abadiánia, Juazeiro, Canindé o Aparecida del Norte. Ni a cualquier santuario de cualquier doctrina para dejar allá su paquete de pecados.

Vean lo que está en el texto de Juan, 4:23. Adorar a Dios no depende de un sitio. En la charla con la mujer de la Samaría, Jesús critica la manera como las personas de la época hacían adoración a Dios. Lo importante es adorar a Dios en espíritu y en verdad, y para eso no es necesario un lugar especial. Es en el corazón de todo ser humano que Dios debe ser adorado, y no solamente en un monte o en un templo.

Dios habita en todas las personas que Lo reciben con alegría y hacen de su corazón el altar para Él quedarse. Las personas que adoran el Padre en espíritu y en verdad pueden también usar un lugar para, juntas, fortalecer y renovar su fe. Sin embargo, lo importante es lo que está en el corazón de cada una de ellas y no solamente el lugar. Visitemos esos bellos templos como atracción turística o para orar, pidiendo o agradeciendo, pero no con pagos u ofrendas, que nunca son para Dios.

Antes, sin embargo, se recuerden: nos curamos en la casa mismo. Ore y espere. La cura del cuerpo se da por el saneamiento del alma. Haga el bien que pueda y combata penas y resentimientos, para tener salud. El principal trabajo de Chico fue el alivio a las almas sufridas, la mayoría madres sufridas, y no lo de cuerpos destruidos. El propio Jesús hizo algunas curas en momentos que sirvieron para prestar testimonio del poder de Dios… Fueron pocos “milagros” y muchas predicaciones y consejos. Y en esos casos incluso decía: — Tu fe te curó. Va y no peques más.

Espiritismo no puede ser confundido con curandería. Mismo cuando buscamos el centro en la esperanza de cura de enfermedades físicas, o para aprender sobre el Evangelio a la luz de la Doctrina de los Espíritus, tengamos en miente la regla básica: si hay algún tipo de pago, aunque para la compra de ofrendas, huye. No es Espiritismo.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Marzo 2019

 

Una nota para Dios

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La vida en este mundo es como un espectáculo de teatro: en cada parte cambiamos de ropa y escenario, pero somos el mismo artista

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

Buenos días, mi Padre.

Es Octávio. ¿Recuerdate de mí? Creo que sí, al final soy un de sus hijos, morador de esta favela espiritual llamada a Tierra, donde la miseria, la desigualdad y la deshonestidad están cada vez más grandes. Quiero confesarle que me he empeñado en ser bueno para presentarme como morador de algún condominio mejor, o mismo de esta periferia, cuando hermanos más moralizados decidan fijar residencia por aquí. Vendrán con otras ideas porque son almas mejores y nos ayudarán a construir un nuevo modo de vivir. Más próximo del que se espera de los humanos. Pienso que este tiempo está llegando. Por lo menos espero…

Sé que soy un poco culpable por ese desajuste general, porque a veces también fracaso en el propósito de amar el prójimo. Confieso que me esfuerzo. Pero no es fácil, mi Padre. Mucha gente mala atormentando los que quieren ser correctos. Y los que dirigen, los que tienen el poder, son los peores. Las personas de bien, honestas, trabajadoras, están siendo agredidas y ellos nada hacen. No sé por qué el Señor les deja en esas funciones si ellos no las ejecutan bien. ¿Es para testar nuestra fe? ¿Nuestra paciencia? ¿Nuestro coraje? Si es por eso, está bien. ¡Pero qué no es fácil resistir, no es! Tenemos que matar un león al día. En el sentido figurado, desde luego, ¡porque matar, jamás! ¡Matar, ni la esperanza de las personas!

La vida en este mundo es como un espectáculo de teatro: en cada intervalo cambiamos de ropa y escenario, pero somos el mismo artista. ¡Ora héroe, ora villano! En el porvenir habrá una galería con nuestros retratos de cada encarnación y sabremos como vivimos en cada intervalo por los mundos materiales. Así constataremos las razones de nuestras tristezas y alegrías. Observaremos nuestros papeles, haciendo el bien u omisos delante el mal. Entenderemos el origen de las virtudes y defectos que aún tenemos y de los cuales nos enorgullecemos o avergonzamos. Es difícil comprender, aunque teniendo Jesús dejado todo muy claro. Pero nosotros no creemos.

Después de un tiempo en mi religión tradicional, donde nos ponen sin preguntar y que es exigida para estudiar, casar etc., descubrí una doctrina interesante. Creo que el Señor ya oyó hablar: Espiritismo. Hizo tanto sentido que empecé a estudiarla y acabé uno de sus adeptos. Llegué hasta a fundar una casa para llevar el conocimiento dejado por Allan Kardec, aquél que tan bien tradujo Jesucristo, para las personas que viven sufriendo y explicándoles que la solución para sus problemas está en el trabajo que harán en favor de los otros. Ayudando serán ayudadas. Me gustó cuando el Espiritismo enseñó que “fuera de la caridad no hay salvación” y también cuando informó que el verdadero espiritista sería conocido por su “transformación moral y por el esfuerzo que hace para combatir sus malas inclinaciones”. Me puse encantado porque no nos llama pecadores y dice que solo el esfuerzo para ser mejor ya agrada a Usted, mi Padre. Sé que siempre lleva en cuenta nuestras intenciones, aunque que los actos sean fallos.

El mal es que trabajo en un centro de personas que tienen vida relativamente buena y que, aunque quejosas como todo terráqueo, gozan de muchos privilegios, qué, por veces, estorban sus vidas. Cualquier fiesta, evento, feriado prolongado, allá se van ellas para sus viajes de recreo, casas de campo o de playa, dejando para después los compromisos asumidos con el centro espiritista. Trabajan porque quieren; no son forzados. Pero aún no entendieron que no trabajan para Usted, Padre, ni para Jesús o para el Espiritismo. Trabajan a ellos. Por eso, se creen en el derecho de ir cuando quieren. El centro no es prioridad para ellos. Hoy van de coche, moran cerca y faltan mucho. En el próximo acto, en el nuevo papel que tendrán en el teatro de la vida, vivirán en el mato, sin luz e irán a pie para el centro, que va a ser muy distante de su casa. Pero las necesidades y los dolores serán tantos que tendrán de rendirse y aceptar el sacrificio.

Por ahora, el Espiritismo pierde de goleada para los espiritistas y sus eventos. Hoy nosotros vemos: Navidad 8 x Espiritismo 1; Fútbol 5 x Espiritismo 0; Cumpleaños 6 x Espiritismo 2; Feriado 4 x Espiritismo 1. Y así va. El Espiritismo no hace un único punto. ¿Será qué va a acabar rebajado? Jamás. Incluso sin la colaboración de los espiritistas el Espiritismo va a crecer mucho y ayudar a la humanidad. Ya nos han dicho que él prosperaría a pesar de los espiritistas. Oí hablar qué alguien dijo esta frase: “Con los espiritistas, sin los espiritistas, ¡a pesar de los espiritistas!” Si no dijo podría haber dicho… Es muy procedente.

En la nueva encarnación todo va a pasar al revés. Por eso es qué es bueno el centro espiritista con trabajadores pobres que no tienen condiciones de ir siempre de paseo. Solo la concienciación nada puede hacer por nosotros. No entendemos aún el “espíritu de la cosa”, ni los privilegios que nortean nuestras vidas, ni las razones de más una encarnación. ¡Somos apóstoles del Cristo, pero no percibimos ni actuamos cómo tal! ¡Lo dejamos siempre solo!

Bien. Yo solo quería charlar un poco y desahogar. Espero que el Señor se recuerde quien yo soy y tenga paciencia con éste su hijo también aún lleno de fallos. ¡Su bendición, Padre!

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Febrero 2019

 

Las aflicciones y el porvenir

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No podemos hilarnos en creencias irracionales e inconsistentes

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

Aprendemos por el Evangelio del Cristo y Señor que cada uno recibirá según sus obras. Hacer para que el Cielo nos ayude; a mil por uno. O sea, a ejemplo de la multiplicación de los panes y de los peces hecha por Jesús, nadie multiplica partiendo del cero. Es preciso que haya en cada uno de nosotros un mínimo de esfuerzo para ser aumentado por la misericordia del Cielo. El propio Pedro ya dijo, en su primera epístola, que el amor cubre a la multitud de pecados. Pero es preciso, por lo menos, ¡una gota de amor!

Qué se ve, en términos de divulgación de lo que nos compete para ser felices, no está compatible con las recomendaciones de Jesús. Nos hablan qué es necesario tener fe, sin nos explicar cómo lograrla y vivirla. Nos informan qué si nos afiliamos a determinada doctrina religiosa, pagando por las bondades que anhelamos, seremos inmediatamente atendidos y recompensados. Es un procedimiento tan simplista como declarar extinta la inflación en un país simplemente igualando la moneda nacional a la norteamericana, sin la adopción de medidas que de hecho corrijan la economía. No es necesario decir que, a largo plazo, la equiparación no se sostendrá y traerá terribles consecuencias a su pueblo.

Si las soluciones para salir de la miseria, de la ignorancia y de la maldad fueran tan fáciles, podríamos exportar esa tecnología milagrosa y acabar con los flagelos de la humanidad. Si bastase ser socio o adepto de una iglesia para conquistar la dicha y transformar las personas en criaturas de bien, sería algo fácil de providenciarse. ¡Cada presidio de este país sería transformado en una iglesia y la criminalidad desaparecería!

El hablar manso y hermoso y la simple lectura de capítulos y versículos convenientes de las escrituras sagradas, se constituyen convincentes argumentos para quien guste de vivir en la ilusión. Si leemos atentamente el Evangelio, veremos que Jesucristo nunca nos ofreció la salvación, entendida cómo la conquista de la dicha sin esfuerzo. Qué Él ha dicho y las escrituras reproducen es: “Nadie va al Padre a no ser por mí. Porque yo soy el camino, la verdad y la vida.” O sea, sin seguir sus orientaciones. “Si alguien quiere venir después de mí, que niegue a sí mismo, tome su cruz, día tras día, y me siga.” Lucas 9:23. Nunca prometió cargarnos en sus brazos como dice el mensaje “huellas en la arena”, un sentimentalismo de la poesía musicada.

Siempre que nos ofrezcan facilidades y conquistas sin nuestra efectiva colaboración, desconfiemos. Nada es fácil en este mundo. Nada se transforma en un pase de magia. Cambiar carácter, corregir errores y combatir defectos, librarse de los vicios y matar el hombre viejo para renacer como Paulo al libertarse del viejo Saulo son batallas hercúleas, tareas que ni siempre se concluyen en una única encarnación en mundos de pruebas y expiaciones como es nuestro planeta. Es preciso mucha persistencia para bisoñas conquistas qué nos llevan, incluso a los que conocen, a titubear frente a las dificultades para dar algunos pequeños pasos hacia la frente y hacia el alto.

Los Espíritus ya informaron que hay cuatro etapas para arreglar un error. La primera es reconocerlo. La segunda es el arrepentimiento. La tercera es la retractación, que nos lleva al pedido de disculpas, cuando aún posible. Y el último y definitivo es la reparación, si aún hay tiempo. Si alguna etapa se queda sin solución el rescate no se hará y la pendencia tendrá de ser resuelta por otros medios o con otras personas, que nos impondrán dificultades iguales a las que causamos a los otros. Nadie piense que esto es un castigo. Es renovación del aprendizaje para avanzar en la dirección de mundos más perfectos. El propio Jesús ya nos advirtió que nadie saldría de aquí mientras no quitase hasta el último centavo. Nadie va a una fiesta con ropa desaseada o rota. ¡Y la conquista del reino de los Cielos es para ser festejada con vestimentas apropiadas!

2019 llegó y los próximos trescientos sesenta cinco días y seis horas traerán nuevas oportunidades para que ascendamos algunos escalones en la escalera del perfeccionamiento moral, visando a la conquista de sitios de paz. No adelanta querer penetrar en los mundos superiores, ya dijo Emmanuel, si estamos huérfanos de sintonía con esos lugares. Es cuestión de afinidad. La sintonía y la atracción se dan por los deseos y calidades comunes. Sin choques. Los afines se atraen. Como la parábola de la Vestidura Nupcial: quien no esté adecuadamente vestido, de cuerpo y alma, no puede entrar.

Nunca pierda su fe en la certeza de que Dios, el Padre perfecto, quiere lo mejor para sus hijos. ¡Pero a ejemplo de los padres de la Tierra, muchas veces para educarlos es necesario decirles un sonoro NO! Puede no agradar, pero es lo que debe ser hecho. También Dios, cuando nos contraria lo hace por nuestro bien. Hasta la muerte, tan temida, es una invención de Dios. Luego no puede ser algo malo. Es, como el propio sufrimiento, solamente mal comprendida.

El nuevo mundo está se formando y brevemente los buenos podrán respirar de su aire más perfumado. ¡Paciencia y perseverancia porque los tiempos ya llegaron!

Feliz Año Nuevo.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – enero 2019

Estudio y Trabajo

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Octávio Caumo Serrano – caumo@caumo.com

Tenemos que usar mente y manos simultáneamente

Nosotros somos conscientes de que la Doctrina Espiritista es una ciencia filosófico-moral que necesita ser muy estudiada para ser comprendida. El propio Kardec enfatizó esa necesidad en el prefacio de El Libro de los Espíritus, al decir qué “años son necesarios para formarse un médico (…). ¿Cómo pretenderse en algunas horas adquirir la Ciencia del Infinito?”. Pero él dijo también, definiendo el slogan del Espiritismo, que “fuera de la caridad no hay salvación”.

Nadie puede lamentar la falta de condiciones para aprender. Encuentros, seminarios, congresos, cursos, en-línea o presenciales, revistas, periódicos, libros y exposiciones de nombrados espiritistas están accesibles a todas las personas, porque el Espiritismo es fácil de ser comprendido por los que tienen interés real en el conocimiento. Espiritista que no estudia es simpatizante de la doctrina, no es espiritista. Buscarla por curiosidad o para resolver problemas que no solucionó por su propia capacidad o con la ayuda de su religión tradicional. Oyó hablar de obsesión y se imagina entre las víctimas inocentes, asediadas por los Espíritus. Creen en milagros, olvidando a el básico del Evangelio que “a cada uno será dado según sus obras”. “Hace que el Cielo te ayuda.”

La ayuda sin esfuerzo no es parte de la Justicia de Dios. Ella recompensa los méritos, pero no ofrece inmerecidos privilegios. El arreglo es cosa de los hombres, no del Padre Celestial.

Muchos de nosotros, espiritistas, somos como “míseros”. Salidos de otras religiones creemos que la ida semanal al centro basta para cumplir nuestros deberes cristianos. Asistimos a la exposición, recibimos pase y agua fluidificada y solo volvemos la semana siguiente. Cuando no faltamos porque tenemos fiesta o llueve… o para ahorrar gasolina, pues la crisis está grande. Nada sabemos de la casa, pero el centro abre igualmente para atender una o cien personas.

Mientras el Evangelio no baja de las mentes hacia las manos, nada producimos. El trabajo es la mejor oración. Estudiamos demás mientras las manos herrumbran por la inactividad. Cantamos hosanas, pero ignoramos el problema del vecino o de quien nos ofreció la terapia espiritual en el centro, transfiriendo un poco de su energía para fortalecernos.

Pero como el estudio es también importante para dar las bases del entendimiento, usted que se dice espiritista conteste, sin consultar apuntamientos, estas preguntas elementales: 1. Nombre completo de bautismo de Allan Kardec. 2. Fecha de su nacimiento. 3. Día de su desencarne. 4. ¿Cuándo él lanzó y cuántas preguntas tenía la primera edición de El Libro de los Espíritus? 5. ¿Cuál el nombre de la esposa del Codificador? 6. ¿Cuántos son los libros de la codificación y en qué año fueron lanzados? 7. ¿Usted ya leyó las Obras Póstumas? 8. ¿Y la Reviste Espiritista Allan Kardec? 9. ¿Qué hecho importante ocurrió el 1r de abril de 1858, protagonizado por Allan Kardec? 10. ¿Sabe lo que es el Auto de Fe de Barcelona?

Las respuestas tienen a ver con su interés en conocer un mínimo de la religión que profesa. Es como el católico que necesita conocer la Biblia. El básico del conocimiento.

Después preguntaríamos si además de las reuniones públicas usted participa de algún grupo de estudio de la Doctrina y ya se ofreció para hacer algún trabajo en su institución. ¿Conoce algo de la estructura y qué medios tiene de mantenimiento y supervivencia? ¿O está entre los que entran y salen y ni perciben se hay bombilla quemada, ventilador roto o reloj parado porque la pila agotó? Usan papel higiénico, vasos desechables y reciben el refrigerio de los ventiladores, pero no saben quién paga las cuentas.

No espere ser cobrado ni que insistan para que usted participe de las actividades, sea cual sea su habilidad. Y cuando sea invitado para realizar algún trabajo no se diga sin condiciones. Reencarnamos para aprender y no estamos en el mundo de paseo. La próxima encarnación podrá ser una difícil conquista. Especialmente para quien espere nacer en cuna privilegiada, porque las personas más ricas no quieren saber de hijos. Quieren casas, coches y vida de lujo. Y con los altos costes de los estudios está difícil instruir varios hijos. Va a tener que conformarse en venir como pobre y ser obrero. Puede tener algo mejor si hace por merecerlo; sin desmerecer los obreros, importantes en una sociedad como cualquier doctor, sin embargo, es siempre más sufrido.

Incluya en sus oraciones y Evangelio en el Hogar las vibraciones de amor por la casa que lo acoge, agradecido por lo que recibe y anhelando que sus responsables tengan fuerza y recursos para mantenerla siempre equilibrada. Solo así usted será asistido y tendrá oportunidad de crecer, por el conocimiento y servicio. Las personas desconocen el esfuerzo de los dirigentes para mantener el centro organizado, disciplinado y en condiciones de divulgar el verdadero Evangelio del Señor Jesús. A veces falta incluso el básico para el mantenimiento de la casa. Los ingenieros de obras listas creen que todo se cae del cielo y buscan beneficiarse de ella sin percibir el sacrificio de los administradores y colaboradores. Son exigentes, indisciplinados y se hallan con el derecho de todo recibir sin nada ofrecer. Ni respeto.

¡Lástima qué tantos de nosotros seamos de ese tipo! Aprovechemos la Navidad para analizar cómo fue nuestro año de 2018, contra lo cual tanto reclamamos, y meditar sobre lo que seremos tras el desencarne: ¿Ángeles de guarda o agentes de obsesión de los hombres del mundo?

¡Buen Navidad y feliz 2019!

Revista Internacional de Espiritismo – Deciembre 2018

El sembrador y la familia

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Plantar semillas y plantar virtudes son cosas similares

Octávio Caúmo Serrano | caumo@caumo.com

Cuando alguien va a crear una agricultura, escoge semillas de calidad y define el área y la época del plantío. Sabe que la tierra tendrá de estar lista, limpia y adobada para recibir la siembra. Dando continuidad, cuidará de regarla adecuadamente, ni con poca agua ni encharcarla además del necesario, para que la semilla germine sin pudrirse. Sin embargo, además de las providencias que competen al agricultor, otros factores son importantes para una buena cosecha. Sol, lluvia, frío, calor, según la necesidad de cada planta.

Por eso cada región produce frutos con calidades diferentes. La uva para un buen vino depende no solamente del tipo de tierra, sino del número de meses con baja temperatura para dejarla en condiciones de producir bebida con calidad. Hay plantas que fructifican bajo el suelo; otras en el tronco, como la jabuticaba, o en las copas, como yaca, coco, naranja, okra, jiló y berenjena; otras son las propias hojas, como lechuga, col, repollo y verduras en general. Muchas, como la yuca, la patata, la zanahoria, la remolacha, el rábano, el maní, el espárrago y la cebolla se confunden con sus propias raíces. Lo mismo pasa con la paternidad, entendiéndose padre y madre. La pareja planea la unión y, tras definir las necesidades básicas, evalúa sus condiciones y opta por traer más un Espíritu al mundo, abrigándolo como hijo, para enriquecer el hogar y dar más motivación a la vida de la pareja. Se prepara el ajuar, la cuna y la habitación llena de refinamientos para esperar al ángel que Dios les mandará. ¡El día llega y todo es fiesta! Alegría de padres, abuelos, padrinos y demás familiares envueltos con aquel núcleo.

Comienzan ahora los cargos de mantenimiento y encaminamiento de la nueva criatura. Darle la lecha y ampararla para que tenga reposo y crezca saludable y enseñarle principios básicos de higiene. Pediatra, vacunas, primeros pasos para posibilitar la adaptación en su retorno al mundo. Los padres acompañan la trayectoria aleccionadora, fiscalizan anotaciones, el comportamiento en la escuela, la relación con amigos y maestros, para que el niño se habitúe a tener buenas compañías. Saben lo que hace, con quién se relaciona, qué diversiones tiene como prioridades, tal cual el sembrador que arranca las malas hierbas de la labranza, los brotes ladrones que debilitan la planta, removiendo ramas y hojas secas para que el producto crezca sano. Muchas veces, sin embargo, como ocurre en la labranza, llegan plagas imprevistas. Saltamontes, moscas, heladas o sequías anormales que dañan la siembra. Lo mismo se da con un hijo cuando es asediado por malos hábitos, por amigos nocivos que lo desencadenan, a pesar de toda la plataforma que construimos para que él tuviese seguridad. Cuando menos esperamos, nos damos cuenta de que él no va al estudio para seguir a los amigos, creando problemas para otras personas o envolviéndose en los vicios de los días actuales: juego, bebida, droga, contra los cuales la mayoría de las familias ha perdido las batallas.

Es la hora de la desesperación, con la clásica pregunta: “¿Dónde fue qué yo erré?” Aparentemente teníamos la vida del hijo en nuestras manos y las revelaciones que ahora nos llegan son terribles. La casa queda de piernas para el aire y unos intentan culpar otros. La abuela dice que la hija no cuidó bien de su prole, mientras ésta alega omisión del esposo. No es hora de buscar culpables, sino soluciones. A veces son difíciles de encontrar, dependiendo de cuán lejos el problema ya avanzó. Sin embargo, insistir en la busca de la reparación, exhaustivamente, es el correcto.

En este instante, lo más importante es tener la conciencia tranquila por haber hecho lo mejor, sin omisión. Como el hombre que cuidó de su agricultura y aun así la perdió. El perjuicio existe; sin embargo, su conciencia está en paz. Consciente de que hizo de todo y las contingencias le crearon problemas imprevisibles, no lleva culpa. Lo mismo pasa con los padres, que en ningún momento deberán afligirse imaginando la reprobación de Dios. Nuestros hijos son almas antiguas que regresan a nuevas experiencias y ya traen consigo tendencias, vicios y defectos de otras existencias, no se sabe de dónde y en qué condiciones. Nacen pequeños, de nuevas semillas, exactamente para ser moldeados mientras están bajo la protección del olvido del pasado. Pero ni siempre en una nueva encarnación es posible transformar rudezas arraigadas en bondad, educación, respeto y equilibrio. Esto está bien explicado en El Evangelio Según el Espiritismo, Capítulo XIV, 9, que trata de la ingratitud de los hijos y los lazos de familia.

Entre las difíciles misiones que tenemos en la Tierra está la formación de un hogar. Como madre o padre. Nunca es batalla que se vence anticipadamente. Hay hechos que llegan cuando estamos desprevenidos, invigilantes, excesivamente confiados debido a la genética. Pero el ADN sólo transmite a los hijos las características físicas. Moral y carácter son forjados; no se pueden dejar como herencia o repasar en testamento. Y es preciso que las dos partes sintonicen, tal cual el maestro y sus alumnos. Un transmite su conocimiento y los otros asimilan o no. Por eso hay tanta desigualdad entre los discípulos de una misma clase, como hay entre los hijos de los mismos padres.

Empeñémonos en ser buenos labradores, pero roguemos a Dios que nos ofrezca lluvias de entendimiento para que los hijos puedan bañarse en las bendiciones de la educación y de la bondad. Y que aleje de nuestra labranza familiar los vientos fuertes y sus resacas que todo destruyen, dejándonos impotentes ante la violencia de las grandes intemperies.

RIE Revista Internacional de Espiritismo – Noviembre 2018

Enemigos de la doctrina

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Los espiritistas tienen siempre la preocupación de defender el Espiritismo

Octavio Caumo Serrano | caumo@caumo.com

En éste 3 de octubre, cuando conmemoramos el 214º aniversario del nacimiento del codificador Allan Kardec, nos viene a la mente el cuidado que él tuvo para que la doctrina fuese divulgada con criterio, buen sentido y verdad. Después de negarse en organizarla, debido a sus múltiples trabajos, aceptó codificar las revelaciones de los Espíritus lanzándolas en el primero ejemplar del Libro de los Espíritus, el 18 de abril de 1857, considerado hoy la cartilla de la doctrina, porque trajo las primeras noticias de un mundo hasta entonces desconocido.

Pasados 161 años y analizando el progreso del Espiritismo, constatamos que él creció y se esparció por el mundo. Eso se dio por la actuación de los Espíritus y, también, por la determinación de ciertos seguidores del Codificador, que por la literatura o palabra hablada se encargaron de llevar las noticias a los cuatro puntos del planeta. Ahora, con la modernidad que nos regaló el internet, TV y otros medios modernos de divulgación, las noticias se esparcen más deprisa.

Como esta doctrina no defiende a sí el derecho de creencia salvadora, ya que el propio Kardec creó un slogan definiendo que “fuera de la caridad no habría salvación”, todo lo que ella ofrece es gratis — aunque en los días actuales se hagan muchos eventos con tasas de participación no muy accesibles a las personas menos privilegiadas. Aun así, todo es espontáneo y va quien quiera y quien puede. Aquél que solamente se beneficia de la casa espiritista para oír el Evangelio, recibir un pase y luchar por su mejora física y espiritual, puede hacerlo gratuitamente.

Esta gratuidad enoja algunas doctrinas que se alimentan de pulposas recaudaciones entre los fieles, con la venta de privilegios sin los cuales nadie se salvará. Basta frecuentar estas iglesias, dar su contribución y la salvación está garantizada. Lamentablemente los más pobres, como no pueden pagar, están impedidos de entrar en el “reino del cielo”, aunque se porten como discípulos de Jesucristo.

¿Serán ésos, sin embargo, los grandes enemigos de la Doctrina? Pensamos que no, pues no pueden nos hacer ningún mal ni consiguen interferir en nuestro deseo de progreso. Intentan nos menoscabar y agredir, pero sus argumentaciones son inconsistentes. Los enemigos que más nos desestimulan a buscar nuevos caminos de dicha están adentro del movimiento y de las casas espiritistas. Cierta vez oí una frase, que no sé si alguien realmente la dijo, pero se ha sido dicha sería pertinente; afirma que “el Espiritismo iría a desarrollarse con los espiritistas, sin los espiritistas y a pesar de los espiritistas”. Es decir, no obstante los espiritistas, porque no han entendido a que se destina el Espiritismo, hagan casi todo equivocado, aun así el Espiritismo crecería.

¿por qué tal observación? Porque la mayoría de nosotros espiritistas predicamos una cosa y vivimos otra. La palabra amor es aventada en las exposiciones como la salvación del mundo. Realmente el amor cubre una multitud de pecados, según Pedro en su primera epístola, reforzando lecciones de Jesús cuando afirmó que sus discípulos serían reconocidos por lo mucho que se amasen. El amor cura alma y cura cuerpos. Lamentablemente, no es lo que se ve entre los convivientes espiritistas, ni aun adentro de su propio centro. Celos, maledicencias y críticas malignas. Desatenciones con los dolores y flagelaciones de los compañeros que muchas veces pasan por seria dificultad, sin el conocimiento o amparo de los “cofrades”.

La gravedad del problema se pone más evidente cuando somos un tribuno, que ocupa el espacio gentilmente cedido por la casa para discurrir sobre el Evangelio, dando énfasis al amor al prójimo, que, en la práctica, nunca ofrecemos. Somos arrogantes, acomplejados, metidos a maestros de Espiritismo; prescribimos a los otros las recetas que no aplicamos en nosotros mismos; ofrecemos palabras groseras con la mansedumbre de un sacerdote. Muchas veces combatimos el humo con el paquete de cigarrillos en el bolsillo o hablamos contra el alcohol solo faltando brindar a Jesús con un vaso de aguardiente. Recuerdo un pensamiento de la poetisa goiana Cora Coralina, que publicó su primer libro de poemas a los 70 años: “Feliz aquél que transfiere lo que sabe… Feliz aquél que transfiere lo que sabe y aprende lo que enseña.” O sea, que pasa de la teoría a la práctica, del discurso al ejemplo. ¡Cómo somos pocos en el Espiritismo! Porque somos pocos entre los hombres…

Quien aleja a sus amigos de la “salvación” son los propios espiritistas. Comentamos las bellezas de las exposiciones, pero, mismo después de diez, quince, veinte años de doctrina continuamos neuróticos, impacientes, ansiosos, llenos de dolor e ira, asumiendo compromisos que no honramos y con dificultad para perdonar las faltas ajenas. El otro raciocina qué si el centro no pudo cambiarnos después de tantos años de casa, no debe ser una buena religión y, fatalmente, no deberá solucionar sus problemas y angustias. No fuimos la inspiración para que uno más buscase nuestra religión.

Si pensamos que podemos engañar, desistan. Somos más transparentes de que imaginamos y observados con un rigor que ni sabemos. Cuando predicamos la doctrina no somos nosotros que hablamos; es el propio Espiritismo que por nosotros allí está representado. Seremos juzgados por lo que decimos y mostramos en nombre de la doctrina. Oremos y vigiemos para no destruir lo que Kardec y muchos otros misioneros construyeron a lo largo del tiempo.

Quien anhelar un nombre en quien pueda inspirarse, sin menosprecio de ninguno otro, lea la historia del Dr. Bezerra de Menezes y sabrán lo que es la fe de la convicción.

Al hablar que somos espiritistas, primero mostremos. El ejemplo es la única didáctica realmente convincente. Y aprovecho para decir a los lectores, antes que me juzguen pretencioso, que cuando escribo textos como éste no me dirijo a nadie. Me sirvo de ellos para la auto-reflexión.

Y que Dios nos ayude.

RIE – Revista Internacional de Espiritismo – Octubre 2018

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